domingo, 30 de mayo de 2010

TE VEEEEOOOOOOO.....



"Te veeeeooooooo...."

Parece mentira, el terror que pueden producir estas dos palabras... Pero me siguen causando espanto, y me entran sudores fríos, incluso tengo pesadillas, cada vez que las escucho... No importa que sea en la tele, en el cine, o peor aún, en vivo y en directo, como dicen algunos... Y siempre tengo que mirar detrás de mí si estoy en la calle, o encerrarme en casa, con todas las puertas y ventanas cerradas, mientras busco la protección de la esquina norte de mi dormitorio, al mismo tiempo que pongo en mi regazo al osito Boris... y tengo al alcance de la mano la ballesta, con el virote en posición de disparo...

Y todo comenzó por una de esas estúpida cita a ciegas, que organiza una empresa de solteros, cuyo nombre no voy a mencionar... Me gustó su perfil: "Mujer pelirroja, treinta años, amante de la música (sobre todo Mecano), la pintura (El Greco, Goya) y el cine (sobre todo en blanco y negro), busca varón heterosexual para amistad o relación seria. Me apasiona viajar por todo el mundo, y comer bien (no soporto la "nouvelle cuisine"). Abstenerse signos Géminis y Escorpio." Como yo soy Cáncer, el escollo del signo estaba superado, y en lo demás... sería cuestión de verlo en detalle... Por eso, me decidí a enviarle una invitación de amistad, aunque realmente no contaba con demasiadas posibilidades...Su foto me gustó, esos ojos negros, profundos, la piel muy blanca, el pelo rojo...

Sin embargo, dos días después, me confirma su amistad, empezamos a chatear, a contarnos pequeños detalles de nuestras vidas, y parece que nos sentimos a gusto. LLega, por fin, el momento de vernos en persona... Quedamos en la cafetería de los cines Lumière, que nos pilla cerca a los dos, y donde están proyectando "Le salaire de la peur" (El salario del miedo), una de esas reposiciones interesantes que nos gustan a los dos... Es un poco más pequeña de lo que imaginaba, no llega al metro sesenta, y enseguida pienso que tendré que agacharme para besarla... También es mucho más fuerte, porque su apretón de manos casi me tritura los dedos... El pelo es, evidentemente, teñido... Pero es su mirada lo que me inquieta vagamente... Hay algo en el fondo de sus ojos que no me termina de cuadrar... Nos tomamos un refresco en la barra, que está casi desierta por la hora (las cuatro de la tarde de un lunes de mayo) y, como al parecer hay "buen feeling" entre nosotros, compramos las entradas, y entramos en la sala...

Estamos practicamente solos, y nos ponemos en la fila ocho, centrados... Yo he visto la película varias veces, y siempre me ha gustado... Por lo que aprovecho para estudiar sus reacciones: miedo, intranquilidad, malestar, tristeza... Todas ellas perfectamente justificables, menos una: odio... Odio contra el protagonista, en el momento culminante de la peli, cuando está llegando al pozo petrolífero en llamas... Cuando termina el pase, ya la conozco lo suficiente para proponerle otra cita, con película si lo prefiere... Y quedamos al lunes siguiente, en el pequeño cine estudio Doré, donde proyectan otra joya del cine: "Drácula" (la buena, la de Bela Lugosi)...

Durante el resto de la semana, seguimos chateando en los foros, hermanamos las cuentas del capapocha, intercambiamos fotos y recuerdos y canciones... Y, aunque sigo notando algo en ella que no me acaba de cuadrar, lo achaco a mi falta de experiencia con mujeres, porque he salido un poco tocado de un noviazgo demasiado largo que ha conducido a un matrimonio demasiado corto... y una separación bastante complicada... Pero creo que con Nerea, las cosas pueden ser diferentes...

La segunda cita es un éxito absoluto, y después de la película, nos vamos a dar un paseo por los alrededores del cine, y terminamos en el Retiro, disfrutando de la relativa tranquilidad de una barca en medio del lago... Anochece lentamente, y el sol refulge en su media melena, de un modo vagamente inquietante... Su esbozo de sonrisa no contribuye a hacer que me sienta más seguro... Pero cuando se sienta a mi lado y, girando suavemente el cuello, me roba un beso, creo que lo nuestro puede funcionar... Decidimos vernos ese domingo, en el Jardín Tropical de la Estación de Atocha...

Hace mucho calor, en todo caso, más del que yo imaginaba, y la neblina de los aspersores no contribuye precisamente a refrescar la atmósfera... Noto que empiezo a sudar, que la camisa vaquera se me pega a la piel, y casi puedo visualizar los gruesos goterores de sudor que se escurren a lo largo de mi espalda... y me arrepiento una vez más de no haberme puesto un calzado más cómodo, pues las botas de trabajo me están dando mucho calor... Aunque me olvido de todo cuando la veo a ella: un vestido hippy, sandalias blancas anudadas a los tobillos, y un pequeño bolso la convierten en la típica ibicenca exquisita... Dos besos en la mejilla, y uno en los labios, sellan nuestro encuentro... Es la primera vez que almorzamos juntos, y me sorprende un poco la manera que tiene de comer el sandwich mixto con huevo, con cuchillo y tenedor, que limpia afanosa antes de usarlos con una toallita desechable, igual que el borde del vaso y el cuello de la botella de Pepsi... Por lo demás, la cita transcurre con normalidad, y terminamos con un apasionado beso, de los que involucran a todo el cuerpo en un intento de fusión, que es bien acogido por los turistas...

La semana siguiente, el último domingo de mayo, viene a comer a mi casa... Preparo una lubina a la sal, una buena ensalada, y una selección de helados, pues me ha dicho que le encantan... No parece entusiasmarle el pescado ni la ensalada, pero repite varias veces el postre... lo que es curioso, parece que no le gusta comer... Terminamos en el sofá del comedor, viendo el principio de "El hombre elefante"... y luego, sobre la alfombra, me demuestra que es una auténtica tigresa... Hacemos el amor fieramente, como si nos fuera la vida en ello, y durante toda la semana tengo el recordatorio de sus uñas grabadas en mi espalda...

Una semana después, aprovechando que los dos librabamos, nos fuimos a un hotelito de turismo rural cerca de Ávila... El lugar es maravilloso, a la orilla de un pantano... La puesta de sol y el amanecer son espectaculares: las vemos juntos, desde la zona zen.. y durante el resto de la noche, no dormimos demasiado, la verdad: es como si la luna llena, o la proximidad del agua, o la cena a base de frutas exóticas, el jacuzzi caliente con vistas al exterior, en cierto modo despiertan todos nuestros instintos más primarios... incluyendo el de morder.... Una cosa son los chupetones, pero los mordiscos que me propina Nerea mientras hacemos el amor tienen más de apareamiento y de instinto, que de mimos o caricias... A la mañana siguiente, habiendo dormido lo justo para no estrellarnos con el coche, desayunamos en la Posada, y volvemos a Madrid... La dejo en su casa, un chalecito adosado en el barrio de Canillejas... pero no me invita a entrar...

Por motivos de trabajo, no nos vemos de nuevo hasta primeros de julio, y tras su llamada telefónica, me invita a ir a su casa, "siempre y cuando traigas una buena provisión de helado"... Hago un alto en una conocida heladería de la calle Alcalá, y sigo mi ruta hasta su casa... Son las cinco de la tarde cuando llamo a la puerta, pero tarda unos minutos en salir a recibirme, y cuando lo hace, me cuesta reconocerla: se ha teñido el pelo de negro, salvo unas mechas del tono anterior, y tiene aspecto de no haber dormido en unos cuantos días... De su cuerpo se desprende un inquietante olor... Pero afortunadamente, en cuanto ha guardado el helado, me propone que nos bañemos juntos a la luz de las velas... Fue un rato memorable...

La casa no es muy grande, consta de cocina (que no parece haber sido muy utilizada), un amplio cuarto de baño (con la enorme bañera de forja y patas de león), un salón práctimante vacío (salvo un equipo de música, un home cinema y una tele de plasma), un gran dormitorio en dos ambientes y un pasillo que comunica todas las habitaciones... No salimos de su casa en todo el fin de semana... salvo para comprar helado... y un poco de Betadine, pues las costumbres alimenticias de Nerea siguen siendo, como poco, extrañas: es heladívora, y frugívora... El resto de su dieta lo constituyen una amplia colección de pastillas, para suplir, creo, sus carencias alimenticias... Y me temo que mi sangre: en la noche del viernes 2 de julio, mientras retozábamos entre las sábanas negras, me dice: "¿No te importa que te corte, verdad?"... Y sin mediar palabra, saca un pequeño puñal de debajo de la almohada, y me corta en el cuello... para luego, pegar sus labios a la herida, y empezar a lamer, golosa, mi sangre... Como ella me está montando, no tengo defensa, y al intentar zafarme, ella contrae los músculos de su vagina, al mismo tiempo que me sujeta con las manos sobre mis hombros... No me queda más remedio que esperar a que se sacie...

Pero lo más extraño de aquella velada no fue precisamente eso... sino que por alguna extraña razón, no me fui de su casa... Y pasamos juntos todo el fin de semana, entre juegos amatorios, mordiscos, y grandes cantidades de helado, porque solamente dejaba la casa para ir a comprar más suministros... Al menos, tenía una buena cafetera, buenas tazas, y cosa rara, un paquete de Blue Mountain, "herencia de un antiguo novio"...

Nos separamos el domingo por la tarde, con una nueva sesión de películas en blanco y negro, helado de chocolate negro puro con frambuesas... y por supuesto, sexo... Nunca he tenido una amante más exigente, ni que me deje más agotado, que Nerea... Aunque supongo que no debería verla más veces... Porque me está siguiendo...

La primera vez, el lunes por la tarde, había conseguido aparcar el coche cerca de mi portal (nada fácil en pleno barrio de Salamanca), y me pareció verla en un portal, en la otra acera, acechando mi llegada a casa... El martes por la mañana, a las seis y media, cuando cojo el coche y me rigijo a la N-2, la veo por el rabillo del ojo... Esa misma tarde, a las dos, noto que un coche verde oscuro (el color de la inteligencia, según Robert de Niro en "Los padres de ella") me está siguiendo desde el aparcamiento de empleados de la Bosch... El miércoles, la veo al salir de casa, en el mercado, en la escuela de mi hijo (estoy divorciado), en mi portal... Allí es donde me dice, por primera vez, esas dos palabras: "Te veeeooooo...", aunque luego me da un gran beso, y se las arregla para meterse en el portal conmigo... Salimos medio desnudos del ascensor... y justamente cuando estoy metiendo la llave en la cerradura, mientras con la otra procuro mantenerla a la suficiente distancia para maniobrar, la puerta se abre desde dentro... Es Roxana, mi asistenta (tal vez debería decir "ex-asistenta"), una chica colombiana, muy guapa, que limpia casas para pagarse sus clases de actriz... Si las miradas matasen, creo que Roxana habría muerto en el acto: nunca hasta ese momento había visto tanto odio en una sola ojeada...

Unos minutos después, mientras estamos luchando en la ducha, me dice: "Te gusta mucho tu asistenta, ¿verdad? Desde luego tiene un cuerpazo, no me extrañaría nada que te la hubieras tirado ya en media casa, ¿verdad?" Vale, es cierto que en alguna ocasión, antes de conocerla bien a Roxana y a su familia, me parecía una mujer atractiva y deseable, pero son ya muchos años trabajando juntos, y así se lo dije a Nerea... aunque no pareció muy convencida... Hasta el mes de septiembre, seguimos en el mismo plan: los fines de semana juntos, en su casa o en la mía, y alguna que otra cita fogosa en cualquier parte: en los probadores de un Carrefour, el aseo de un bar de carretera, incluso un tunel de lavado automático...

Jamás, en toda la vida, había tenido semejante sobredosis de sensaciones, caricias, mordiscos, abrazos, arañazos... Un viernes de octubre, me invitó a su casa, y desde el primer momento, comprobé que estaba sucediendo algo extraño... Ella estaba vestida con una especie de camisola de color blanco, iba descalza; y en cuanto traspasé el umbral, me hizo descalzarme, me desnudó con manos expertas, y me condujo a la ducha... No, aquella vez no hubo sexo: me frotó enérgicamente con un guante de crin por todas partes (y todas son eso, todas), y me entregó una burda túnica de lino como la suya, como única vestimenta... En el salón, un brasero de picón era la única luz, pues todas las ventanas estaban cerradas, y densas nubes de incienso subían desde los pebeteros de los cuatro costados... El dormitorio también estaba en penumbras, con sábanas de lino pulcramente dobladas por las esquinas superiores, y Nerea había instalado una mosquitera desde el techo... "Este fin de semana, tenemos que purificarnos en cuerpo y alma... Yo te ayudaré..."

Seguramente puso algo extraño en los braseros, pues no recuerdo más que algunos datos confusos, de cánticos, invocaciones, algo parecido a Sacred Spirits resonando por todas las partes de la casa, ceremonias de sangre, incluyendo la decapitación de una gallina con los dientes... No recuerdo si había más gente con nosotros, aunque en diversas ocasiones percibí caras y cuerpos espectrales que nos miraban desde las zonas de sombra... Fueron demasiadas horas en blanco, incluso aunque pretenda olvidar algunas de las cosas, no puedo ni debo perdonar que me utilizase de aquella manera, que tomase el control de mi vida... Decidí que debía separarme de ella... Y así se lo dije: "Nerea, creo que debemos tomarnos un tiempo de reflexión... No me gusta entregar el control a nadie, me ha costado mucho ser independiente..."

No respondí a sus llamadas durante dos días... pero ella siguió llamándome... por la mañana, por la tarde, y por la noche... Al salir a la calle, la veo, apostada frente a mi casa... y de mi trabajo...y haciendo la compra... ¡incluso se ha colado en la consulta del dentista, mientras me estaba haciendo una endodoncia! Algunas veces, simplemente me llama... y no dice nada... Pero otras, doce "Te veeeeooooooo...". Roxana ya no viene a mi casa... Dice que tiene miedo, y con dos hijos, no le compensa lo poco que yo le pago... Viene a mis reuniones de negocios, se sienta a mi lado en el cine (un par de filas delante o detrás)... Parece que toda su vida se centrase exclusivamente en mí, que yo fuera todo su universo... He arrancado el teléfono de la pared... He cambiado varias veces de número de móvil, sin resultado: en pocas horas, la escucho de nuevo... He inhabilitado el telefonillo, para que no me siga torturando en mitad de la siesta o de la noche.... Vivo en un tercero, mas de todas formas, la sigo oyendo, o intuyendo, cuando desde el portal de enfrente me dice....

"Te veeeeeooooooo......."

martes, 4 de mayo de 2010

LA REINA DEL BAILE

¿Dónde está el límite entre la "normalidad" y la "popularidad"? ¿Qué tipo de pequeños sacrificios está dispuesta a hacer una chica normalita pero profundamente envidiosa, con tal de ser la reina del baile? ¿Y qué ayuda podría obtener de tres extrañas tías, con fama de brujas?


Clotilde es una chica normalita, aquí la puedes ver, con su vestido en ocres y naranjas, recién nombrada "Reina del Baile" de su promoción, y esperando recibir en breve el homenaje de sus compañeros de clase... Por fin, en el último año de instituto (ha estado en el Colegio de Niños Dotados Juní Serra casi toda su vida), verá recompensados todos sus esfuerzos, sus arduas labores de segundona, incluso su patético servilismo hacia aquellas personas dotadas de mayor belleza...


Si bien es cierto que ha tenido que hacer trampas para lograrlo... Ayer por la tarde, antes incluso de ponerse a rebuscar en las estanterías un vestido que le quedase bien (su madre es la dueña de una sastrería en el centro del casco antiguo, y pone a sus disposición a su mejor costurera para ultimar el arreglo), Clotilde (también responde cuando la llaman Cloti... o Tilde, que es lo más habitual) se ha pasado por la tienda de sus tías Úrsula, Desi y Pilar, por si acaso le podían echar una mano: necesitaba una poción mágica que le permitiera de alguna manera influir en la elección de la Reina del Baile, pues de lo contrario se sentiría completamente frustrada el resto de su vida...


"Por favor, titas - les dijo, casi con lágrimas en los ojos - todo el mundo dice que, además de vuestro negocio de dietas homeopáticas, plantas medicinales y remedios para la piel, vosotras tenéis también una línea de productos en internet, llamada "las tres brujas cabras", en la que facilitáis filtros de amor, pociones, recetas... ¿De verdad que no podéis darme una solución? Tampoco es algo tan difícil conquistar la voluntad de 300 personas para que hagan lo que tú quienes...."
"No me parece una buena idea", dijo Úrsula, "las cosas tienen que ser como tienen que ser..."
"Es muy peligroso", insiste Desi (por Desiderata), "imagínate que no calibras bien la dosis, y te encuentras con una situación incontrolable"...
"¿300 personas, dices?", reflexiona Pilar.... "bueno, podría resultar interesante..."


"¿Nos perdonas un momento, querida?", comenta Úrsula, llevando a las demás hacia la trastienda... Y allí permanecen, durante casi media hora, y Clotilde sólo puede captar algunas hebras de la conversación... "es una locura..."; "de ninguna manera.... "; "la Alta Magia no está hecha para que la usen niñas bobas..."; "es cierto, se puede hacer, pero es muy peligroso..." Y con cada palabra, Clotilde permanece allí, expectante... hasta que al final, vuelven a salir las tres, y con expresión muy seria y compungida, Úrsula le dice: "Clotilde, podría hacerse, pero es muy peligroso, una fórmula de Alta Magia Nivel Cuatro, y no vale la pena desperdiciar talento en ello... Si quieres, te podemos preparar un perfume a base de almizcle de murciélago, canela y ruibarbo, que te mejore el cutis... Pero otra cosa, no..."


Claro, os podréis imaginar su sorpresa cuando, una hora más tarde, Juanito, el chico para todo del herbolario le trae un misterioso paquete perfectamente protegido dentro de un saquito negro de terciopelo, al mismo tiempo que una nota, escrita en pergamino... Ansiosa, se lleva los dos preciados objetos a su dormitorio, se sienta en la mesa de estudio tras apartar los libros y apuntes de un manotazo, y desenrolla el pergamino, leyendo lo siguiente...


"Querida sobrina: comprendo muy bien lo que estás sintiendo en este momento, yo también deseaba a toda costa ser la Reina del Baile... pero no lo conseguí... y a partir de ese momento, mi vida ha ido cuesta abajo, y no quiero que a ti te suceda lo mismo. Por eso, te facilito una receta ancestral, cuya única dificultad estriba en conocer el número exacto de invitados, pues tendrás que completar la fórmula con la décima parte de gotas de sangre y la centésima de pelos de tu vello púbico que el número de invitados previstos. El objetivo del mejunge, que tendrás que cocer durante tres horas a partir de la medianoche en un pequeño pebetero de cobre como el que te regalé el año pasado, con medio litro de agua y otro medio de albariño, es provocar en todas las personas que la prueben una inmediata atracción hacia , que las llevará de manera inconsciente a realizar tus deseos más secretos... ¡Debes ser muy atenta con las proporciones! La pócima, cuyos ingredientes no tienes por qué conocer, hay que mezclarla con el ponche sin alcohol, y de esa manera te nombrarán Reina... Tampoco debes olvidar que, en cuanto tengas ocasión, tienes que decirle a la gente lo que deseas, pues de lo contrario, el conjuro no será válido. Besos de tu tita Desi. ¡AH! Y procura ponerte un vestido en tonos ocres y rojizos, pues realzará el efecto de la pócima."


Clotilde, tan aplicada en todo, relee atentamente la nota, antes de cerrar la puerta de su dormitorio y, bajándose ligeramente la cinturilla de las braguitas, empieza a cortarse aplicadamente treinta pelillos, pero cuando le faltan diez para terminar, piensa que no estaría mal añadir unos cuantos, y así potenciar el efecto... Y lo mismo le pasa con la sangre... ¿Para qué andarse con tonterías, contando gotitas? Directamente, coge una de las jeringuillas de su padre el practicante, se saca diez centímetros cúbicos de sangre, y lo añade al caldero... Como los pelos con la sangre tienen mala pinta, le añade un vaso colmado de Albariño y lo pasa todo por la batidora... Acto seguido, se toma ella otro vaso de Albariño bien frío, otro para el pebetero, vuelca el saquito y comienza, con las campanadas de medianoche, la operación "pócima secreta" ya estaba en marcha... Por la mañana, Clotilde la traspasa a una petaca de plata con ayuda de un embudo, y luego se va corriendo a la tienda de su madre donde, misteriosamente, aparece un vestido en los tonos deseados, que además le queda bastante bien... En un tiempo record, la modista termina el arreglo, y Clotilde ya está lista para echarse una buena siesta, y acudir por la noche al Gran Baile...


Son las diez y media de la noche, cuando ella, oliendo por todas partes a Faralla, y con un leve toque de maquillaje en los labios, hace su entrada "triunfal" en lo que durante todo el año es el gimnasio polivalente, y que ahora han decorado para la ocasión con una serie de butacones para los profesores y los Reyes del Baile, una gran mesa de contrachapado con los habituales manteles de papel, cubiertos de platos de patatas fritas, panchitos, cortezas... y sobre todo, una GRAN sopera con el cóctel, un misterioso mejunge de tono rojizo... Aprovechando un momento en que nadie parecía estar mirando, Clotilde vacía la petaca, y se funde con los chavales que estaban intentando bailar algunos temas nostálgicos: Adamo, Danny Daniel, Mocedades... y alguna canción de Julio Iglesias...


Al margen de cual fuese su auditorio, Clotilde sigue con su campaña, comentando a todo el mundo que sería su mayor ilusión en esta vida que la escogieran como Reina del Baile, que el Rey le da igual, como si quieren poner al conserje o al profesor de mates... Al principio, la gente la mira con cara rara... pero según va avanzando la velada (y disminuyendo el nivel de la sopera), algunas personas empiezan a mirarla con la mirada un poco turbia, como si no se enterasen demasiado bien de lo que estaba pasando... Cerca ya de la una de la madrugada, cuando solo queda un culín de ponche, Clotilde está sentada en un sillón, mientras todos los asistentes a la fiesta (al final, 250) van desfilando delante de ella, proyectando sus sombras en la pared, y caminando de manera extraña... Y susurrando su nombre... Y la nombran Reina del Baile... Pero no como ella quisiera...


Nadie sabe exactamente lo que sucedió aquella noche... Pues solo se han conocido sus consecuencias.... Solo Clotilde y sus tías saben realmente lo ocurrido... Clotilde ha tenido un extraño bebé, que fue concebido en medio de una placentera noche de orgía, durante la cual solamente tuvo que señalar con el dedo a los varones que más le gustaban, para que la satisfacieran de todas las maneras posibles sobre las colchonetas del gimnasio... Y para que no se aburrieran demasiado, todas las demás personas presentes en la fiesta, incluso el conserje y la cocinera, se fueron montando sus fiestecitas privadas... Pero sigue siendo igual de cierto que aquél año, en aquél instituto de la pequeña ciudad de Galicia, se disparó la natalidad... bueno, y las enfermedades de transmisión sexual... porque ¿Quién le explica a un zombi sediento de sexo cómo ponerse un condón?


La moraleja de esta historia: si haces un filtro amoroso, respeta las proporciones, las cantidades, los ingredientes, los procedimientos... Porque Clotilde tuvo mucha suerte... Con haber añadido cinco centímetros cúbicos de sangre, al margen de todo lo que ella había completado de su parte, y el conjuro no era tan divertido... Era la fórmula del Holocausto Caníbal... Aunque la fiesta habría resultado completamente inolvidable...

sábado, 17 de abril de 2010

UNIDAD ESPECIAL 619/2034


Cosas de niños, desde luego... ¿Quién le va a tener miedo a una niña de once o doce años, con esa sonrisa tan dulce, y esos ojos tan.... especiales? ¿Qué puede temer un adulto, sobre todo si se encuentra en una situación de poder, de alguien tan inocente, y tan puro? Bueno... nunca olvideis una cosa: las apariencias engañan..


"Mírame a los ojos... y dime que no me deseas... Dime que no te gusto, desde el primer día que entraste en mi clase, con tus libros y manuales... ¿Lo recuerdas, verdad? Porque yo sí lo tengo muy presente, cada vez que miro el pequeño tatuaje... que tengo junto al ombligo..."


Y cómo no hacerlo, cómo olvidar aquella primera semana de clases... Intento responderle... pero no puedo hacerlo... Siento una enorme laxitud, un gran cansancio, según van pasando los minutos... allí estamos los dos, confinados en el estrecho espacio del cuarto de baño de profesores, aunque ella parece distinta, más madura... o tal vez será por el extraño colgante que cuelga de su cuello... que incluso parece empezar a brillar con más fuerza, a medida que se me escapa, lentamente, la vida del cuerpo...


"Nunca me gustaste, profe... es algo intutitivo, tal vez... O quizás sea una reacción del hipotálamo... Los niños, aunque pienses lo contrario, no somos tontos: por ejemplo, nos damos cuenta de las miradas de los adultos, las interpretamos... Otra cosa muy distinta es que estemos dispuestos, o no, a hacernos los tontos, para conseguir nuestros objetivos... Por eso, durante aquellas dos primeras clases de tu asignatura, me dí cuenta de que respondías directamente a las preguntas de todos los niños, y de todas las niñas.... Menos a la de Natalia Estefanía... y a la mía..."


No lo puedo evitar... me gusta fijarme en las caras de mis alumnos mientras estoy dando una clase... es algo gratificante, incluso cuando llevas tantos años en la enseñanza, el sentirte querido, respetado, aunque sea por un tiempo, lo que tardas en explicar una compleja ecuación de matemáticas, o una fórmula química... No, no tiene mucho glamour ninguna de mis asignaturas, lo sabes o no, y ya está... Vale, también reconozco que me gusta retener en mi memoria las caras de las niñas más hermosas, como la suya... Y como mucho, al pasar entre las filas de pupitres, acariciar cariñosamente una o dos cabezas, pasando suavemente la mano... Pero sin mala intención, que un profesor de instituto tiene que pensar muy bien todo lo que hace, al menos, en el aula.... Si pudiera respirar mejor... Si me dejase levantar las manos y aflojarme un poco la cuerda...


"Yo tengo muy buenos contactos, profe, y desde hace algún tiempo, te estábamos vigilando... Porque la tensión ha estado subiendo dentro de tí durante demasiados años... Y lo que al principio no era más que una manifestación de cariño hacia algunas de tus alumnas de primero y segundo de la ESO, con el paso del tiempo, se habría convertido en algo más... ¿No te atreverás ahora a negarme que, después de seis meses de clase, una de tus mayores obsesiones era precisamente el acercarte a Natalia Estefanía... sin testigos molestos, verdad? ¿Y no me dirás que nunca te has dado cuenta, en las últimas dos semanas, de que jamás os dejaba solos?"


Es cierto, ni siquiera en las tutorías me dejaba a solas con ella... con mi Natalia Estefanía... Al principio, creía que era una coincidencia, cosa de amistad infantil, ya sabes... Pero ahora comprendo que se trataba de una maniobra perfectamente estudiada... Porque yo estaba perdiendo completamente el control: soñaba con ella, con acariciarla, con besarla... y en mis más brutales fantasías, le descubría un poco los mundos eróticos de los adultos... pasito a pasito, como un juego... comose hace siempre, cuando te colocas en una posición de autoridad... Meterme en su vida no sería demasiado complicado, y seguro que en un momento dado, a través de las tutorías y de las clases particulares que daríamos en su casa, conseguiría ir dándolePero claro, lo realmente peligroso es que si daba un paso tan importante con esa astuta zorrita, que en el fondo solo estaba interesada en manipularme para mejorar sus notas... si me ponía en sus manos de una manera tan total... al final, tendría que ser realista: mi única opción habría sido matarla antes de terminar el curso, para que no se atreviera a decirle nada a sus padres durante el verano...


"Tú lo sabes perfectamente: alguien tan controlador, tan calculador como tú, no habría tenido más opción que la de matar a Natalia Estefanía... Y al hacerlo, habrías descubierto un nuevo mundo de placeres, esas horas tranquilas con su cadáver, en tu casa, preparándola para vuestro último encuentro... Y después, en el descampado, el fuego habría calcinado su cuerpo... Durante unos meses, habrías respirado, tranquilo... Y con el comienzo del nuevo curso, repetirías la misma dinámica, en otro instituto... Y eso es algo que no podíamos permitir que sucediera...

Por eso, debo comunicarte que, tras revisar atentamente tu caso, la Junta Temporal de Control ha decidido que lo más adecuado era ejecutarte en tu espacio/tiempo, antes de que matases a tu primera víctima, Natalia Estefanía, de once años de edad, descubriendo al mismo tiempo tu vena sádica, pedófila y manipuladora, que te llevaría, en el momento de tu captura en 2018, a tener a tus espaldas más de treinta violaciones y asesinatos a niñas menores de 14 años. Las primeras, como Natalia, las escogerías entre tus alumnas, o entre las de tu instituto, pero con el paso de los años, incluso robarías una niña de las manos de su madre en una feria (Felicity), o en un centro comercial (Candela)...


Hoy, 4 de diciembre de 2009, serás ejecutado en consonancia con los crímenes que en el futuro se te imputarán, y el procedimiento aplicado será la asfixia erótica, en el servicio de profesores de la cuarta planta, con una cuerda al cuello desde el anclaje elevado de la cisterna, los pantalones y calzoncillos bajados, y tu cuaderno de clases con las fotos de tus alumnos sobre las rodillas... Tu cadáver será descubierto el martes 9, y se convertirá en el mayor escándalo del IES durante años... Y tu nombre engrosará las leyendas urbanas... ¿Estás listo para morir, verdad? De todas formas, tampoco tienes otra opción...


Bueno, solo una cosa más: ni soy una niña, ni tengo 11 años, ni siquiera existo corporalmente en tu tiempo. Soy un agente de la Unidad Especial anti Crímenes Violentos, y mi única función en este tiempo era hacer justicia... o más bien, persuadirte para que tú mismo hicieras lo más adecuado... Y salvar vidas, las de 30 niñas a las que tú no habrías dado ninguna oportunidad de seguir viviendo... "


Y por eso, Juan O. fue ejecutado, de manera humillante, y su último pensamiento fue que al menos, se había puesto los calcetines nuevos y la ropa interior limpia... ¿Moraleja de la historia? Nunca te fíes de una niña de once años... ni de cualquier otra edad... Lo mismo esa criatura de cara angelical no es más que un señuelo...

viernes, 9 de abril de 2010

DAÑOS Y PERJUICIOS...

Tal y como dice el cuento, cualquier persona tiene un límite en aquello que está dispuesto a aguantar por un motivo u otro... Ya sea por convicción social, por convencimiento, por un cambio en las circunstancias, siempre puede llegar el momento de decir "BASTA"... Y cuando eso pasa, los roles se pueden invertir drásticamente... Como Claudia y Eduardo... bueno, y también Laura...
"Y esta es mi última palabra", me dijiste, al mismo tiempo que salías de casa dando un portazo, con tus aires de gallito enfurecido, y pavoneándote casi... al mismo tiempo que flexionabas los nudillos, tal vez para desentumecerlos...



Pero claro, lo que no podías suponer, es que realmente serían tus últimas palabras, al menos en nuestra casa... porque los gritos agónicos, tus "¡por piedad, estro es un error, nosotros no tenemos dinero!" o cuando decías "¡Los vecinos del tercero B, esos tienen mucho dinero!", creo que realmente no cuentan para nada...


Nunca piensas que es algo que te pueda pasar a , que vayas a repetir esquemas, que te vayan a reducir a una piltrafa lastimera, que encontrarás a alguien en tu vida que te pueda terminar destrozando, en todos los aspectos, y mucho menos que a tus treinta y pico de años vas a permitir que te masacren la vida, las ilusiones, todo...


Vale que nos casamos por tus padres, a quienes hacía mucha ilusión que nosotros también mantuviéramos la tradición familiar, en la pequeña ermita a las afueras del pueblo, junto al Prado de San Antonio... Precisamente allí, entre gramíneas y olivares (a los que soy alérgica), y con la amenaza de alguna casual avispa o abeja (que tampoco me sientan bien, precisamente...), con la voz agarrotada no solo por la lógica emoción, sino por el puro miedo (nadie se acordó de decirme que la puta ermita es famosa por sus arañas...) y tras un noviazgo de apenas seis meses, nos dimos el "Sí, quiero", solos con el cura y los testigos, mientras los doscientos treinta y siete invitados (quince por mi parte) nos aplaudían y jaleaban, coreando eso de "¡Que viva el señorito Eduardo!" y el bonito "¡Y que viva Claudia, su santa esposa... que menuda joya se lleva!"...
No, el tiempo que pasamos juntos, nunca pensé que podía conocerte tan poco... Cuando perdías los nervios y le dabas un puñetazo a la pared, sin causa justificada, pensaba que era tu naturaleza, pero que la culpa la tenía el puto Barça, cada vez que pateaba a tu santo Real Madrid... Aquella vez que te picaste con otro coche en la R-5, y que le perseguiste a más de 150 dándole luces y casi nos matamos, lo achaqué a tu trabajo como broker en el Santander... Cuando te pusiste de los nervios porque yo no quería irme de vacaciones con tu madre a la playa, otro puñetazo casi revienta la puerta del ropero...
Pero cuando ya nos casamos, desde la misma noche de bodas, comprendí que tal vez me había equivocado... tremendamente... Tú estabas borracho como una cuba, después de tantos brindis, a mí me dolía la cabeza, pero aun así, te empeñaste en consumar el matrimonio... como si no lo hubiéramos consumado antes... Cuando te dije que no me apetecía, que me dolía muchísimo la cabeza, tu respuesta fue darme un tremendo bofetón "Pa que se te pasen esos aires de grandeza", lanzarme sobre la cama, y sin molestarte ni en desvertirme o en hacerlo tú, me subiste el vestido por encima de la cabeza, te bajaste los pantalones, y a lo bruto, como el cerdo que desde luego eras, terminaste la faena en menos de dos minutos, y luego, a trompicones te volviste al banquete, para celebrar tu triunfo...
Claro, muy bonito... ¿Pero a quién le importa la novia, la recién casada? ¿Quién se molesta en averiguar si pasa algo malo?¿Quién me ayuda a levantarme de la cama, a quitarme el vestido mancillado, y me mete desnuda en el jacuzzi, y me lava suavemente la cara, la cabeza, la espalda...?¿Quién arruina su vestido cuando me empeño en abrazarla recién salida del agua, antes incluso de secarme? Por supuesto, mi amiga Laura...
Ella me ayudó después, escuchándome, consolándome, cada vez que las cosas no te salían bien el trabajo, y en vez de un beso de buenas noches, te desquitabas dándome un puñetazo en el estómago... Ella me acompañó a Urgencias la primera vez que me partiste la ceja, para certificar que me había golpeado con una puerta... Ella también se encargó de acompañarme a otro Hospital, cuando me "caí por las escaleras del sótano, y me partí las costillas"... Laura, siempre Laura, era curioso comprobar que, cuanto más imbécil, prepotente y agresivo te volvías tú, más necesidad de cariño, de apoyo, podía satisfacer con ella...

Pasaron los meses, y aunque no me prohibiste hacerlo, al final, perdí el contacto con casi todos mis amigos... entre otras cosas, porque no me apetecía que me vieran las huellas de los golpes... Yo seguía con mi trabajo de administrativa en una empresa de seguros, y tus mayores palizas, al ser los viernes por la noche, no me afectaban demasiado ni interferían con mis obligaciones laborales... A veces, yo pensaba que era culpa mía, que te había provocado por algún comportamiento, que la cena no estaba a tu gusto de sal, que los macarrones con tomate no eran tan buenos como los de tu madre...

Lo más increíble es que, al final, siempre te justificaba de alguna manera, siempre... Y me tragaba el orgullo, y las violaciones, y las vejaciones, pues de todas formas eso era lo que tú querías de tu amante esposa... Y ese era mi rol, más bien era tu saco de arena que tu compañera... Una vez más, de no haber sido por Laura, por su apoyo, sus consejos, su lealtad, no habría podido superar aquella primavera... ¿Que si yo sabía que Laura era lesbiana? Al principio no, pero de todas formas, habiendo estado juntas toda la vida, tampoco me importaba...

Posiblemente, la situación se habría mantenido así mucho más tiempo, de no haber sido por el embarazo... Y por tu puta manía de golpearme en el vientre... por el motivo habitual: no deja huellas visibles en primavera... Cualquier otra cosa, habría podido soportarla, Eduardo, menos que pusieras en peligro aquella criatura, de cuya existencia ni siquiera estabas enterado... La derrota del Madrid te hizo mucho daño... y a mí también... si no me hubiera podido escapar de la casa, un adosado con pretensiones elitistas en la Alameda de Osuna, descolgándome por la ventana del baño... Y una vez más, Laura vino a buscarme a la gasolinera... Y fue entonces cuando decidí que ya estaba harta...

Con la "oleada de robos en la zona de Barajas", de la que tanto hablaban en los periódicos, surgió en un nuevo miedo: el que asaltasen nuestra casa, se bebiesen tu colección de botellas de cerveza de importación, robasen tus preciados trofeos deportivos de toda una vida (campeonato de chapas, lanzamiento de frisbee, esquiador acuático y otras mierdas por el estilo), y de repente, empezaste a preocuparte por nuestra seguridad... Durante unos días, llamaste a varias empresas de seguridad... y por no variar, contrataste el servicio más básico posible, con la más cutre de ellas...

Por aquellas fechas, ya estábamos terminando el plan, para darte tu merecido... Y por eso, esta noche, aprovechando que los vecinos estaban fuera, han venido Laura... y su grupo de amigos... Si lo piensas fríamente, Eduardo, es lo mejor que te podía pasar... Unos desconocidos han entrado en tu casa, reventando la ventana del cuarto de baño de la primera planta... Luego, se han divido en dos equipos, y mientras uno de ellos se dedicaba al saqueo (pero sin causar demasiados destrozos, pues de todas formas, te recuerdo que son amigos...), el segundo ha subido a nuestro dormitorio de la segunda planta, donde me han golpeado varias veces con fuerza en la cara, el cuello, el pecho (pero me han parecido caricias, comparado con tus palizas), me han sentado y atado en una silla... y me han obligado a presenciar todas las torturas que te han infligido, para que les dijeras la contraseña de la caja fuerte, los números de cuenta del banco, las llaves del Ferrari...

Y se han empleado a fondo, claro...

Y tenías los brazos rotos, las rodillas descoyuntadas, los dedos de las manos aplastados por el bate de béisbol, el mismo que luego han usado para sodomizarte, mientras estabas atado, impotente, sobre la cama... y para mayor humillación, te lo van a dejar colocado a plena vista, para que esa sea tu última imagen en este planeta...

Pero ahora, cariño, tengo que terminar con esta charada... Por eso, voy a usar este revolver que me ha dejado Laura, para ejecutarte a la antigua usanza: un disparo en la nuca, y terminar la pesadilla...

Adiós, cariño... disfruta en el Infierno... Y dentro de un rato, haciendo un tremendo esfuerzo, llorando con desgarro, conseguiré arrastrarme con la silla y todo hasta el teléfono... y llamaré a Urgencias... y esperaré a que lleguen todos... para ayudarme...

Una buena venganza... inteligente... bien planificada y mejor realizada... Con un hermoso bonus: el Santander le había contratadoEduardo un jugoso Seguro de Vida, por lo que la desconsolada viuda, acompañada de su "querida amiga Laura", cobró casi un millón de euros, y pudo cambiar por completo su vida...

lunes, 5 de abril de 2010

LO SIENTO, QUERIDA... OTRO ERA MI DESEO...

Tu sombra baila, se mueve, se desliza como una serpiente, ondula como el agua, jugando con las lamas de la persiana, con la luz de la media tarde, mientras suena Joe Cocker, quien te va indicando claramente qué partes de tu cuerpo puedes dejar cubiertas, y en tu caso, ni siquiera llevas sombrero...


Buscando nuevas experiencias para darle un poco más de ánimo, de vidilla, a nuestra relación, nos hemos preparado a conciencia, nuestros cuerpos y nuestras mentes, para averiguar, incluso haciendonos preguntas en sueños, qué tipo de fantasía era la que más nos iba a gustar... De alguna manera, has comprendido lo del baile a contraluz, con mi canción favorita, incluso has aprendido una coreografía, y te empiezas a desvestir muy lentamente, sin prisa... Incluso a pesar mío, me excito a verte, tan débil y a la vez tan fuerte, tan incitante, que logras reavivar en mí algunos rescoldos de viejas brasas... Pues por mucho que dicen que "el que tuvo, retuvo"... hay algunas cosas que mejoran con el tiempo... y un poco de ayuda quirúrgica... y tú no eres la excepción... Y me excito viendote completamente desnuda, salvo por las medias y el liguero...


Y mantendré la ilusión de tu fantasía, cariño... Me habrás visto completamente rasurado, hasta el último pelo... y vestido con la faldita de romano... y el casco... y el gladius... y las sandalias de legionario... Y de toda esa parafernalia me iré desprendiendo, mientras me acerque lentamente a la cama... Con la rosa en la mano izquierda, pues quieres sentir su tacto... y la cuerda de piano dispuesta entre las dos... Preparada para llevarte hasta el límite de la asfixia erótica, como ya hemos hecho antes en este hotel... Durante meses lo he estado preparando todo, querida... LLegando cada vez un poquito más cerca de la muerte... un poquito más entregado en el juego...


Y tal vez, esta tarde, me decida a dar el último paso... y te quite la venda de los ojos con los dientes... para leer la comprensión en tus ojos... y correrme dentro de tí, mientras tu cuerpo se retuerce con los estertores de la muerte... Y solo cuando todo rastro de vida haya abandonado tu preciado cuerpo... Levantaré el auricular, para avisar a la Recepción de un "desgraciado accidente..."


Ya sé que tú pretendías mejorar nuestra vida sexual con una pequeña fantasía... y por eso te has preparado tan duramente... Pero lo siento, querida... Otro era mi deseo...

martes, 23 de marzo de 2010

LA GARGANTILLA NEGRA



Busco tu recuerdo entre las sombras de un aciago atardecer de invierno, y tan solo recuerdo tu perfume, tu olor a Nenuco... y a canela...



Lo que empezó siendo el típico "favor a la hermana pequeña de un amigo que quiere hacerse un book pero no tiene dinero... y como tú haces buenas fotos", se convierte en una experiencia que puede marcar tu vida entera... y un poco más...


Sí, por supuesto, fue una tarde entera, en el Parque Del Retiro, haciendo más de doscientas fotos, para escoger finalmente unas treinta... Pero la mayor sorpresa fue el conocerla... Elisa... Una hermosa muñequita rubia, menuda, exquisitamente formada, con unos increíbles ojos verde esmeralda, labios escasamente perfilados... y los dientes más blancos que he visto en toda mi vida... Eso por no mencionar sus piernas, perfectas... Realmente, con su sonrisa, iluminaba el mundo... Y todo colaboraba incluso el otoño, con los ocres y los rojos de la naturaleza, todo el entorno se había puesto de acuerdo para que Elisa estuviera radiante...


Siempre tan previsora, y dispuesta a aprovechar lo más posible aquellas horas, se había traído una maleta entera llena de ropa, para poder escoger la que más le favoreciera: el banco sobre el que la abrimos terminó pareciendo un mercadillo de ropa de segunda mano... Afortunadamente, estaba abierta una de las cafeterías junto al parque, y fueron tan majos que incluso nos guardaron la maleta detrás de la barra... Vale, no fue solo una cuestión de "ser majos", sino de los 50 euros que les ofrecí por el "favor", aunque de todas formas creo que aumentaron mucho las consumiciones... solamente por ver a Elisa...


Ella tenía un gusto increíble, un ojo para los complementos, para las texturas, para aquello que "le quedaba bien", que simplemente fue cuestión de escoger los diversos sitios, y hacer las fotos... y poco más... Recuerdo perfectamente cada modelo, aunque por supuesto tengo mis favoritos... Como aquél vestido de lino blanco, largo, con un fajín de color granate, sandalias de cuero, y un sombrero de paja, que realmente no se puso... Aquél primer plano de su torso y su cara, junto al lago, con el sol reflejándose en el agua... Otro modelo, con vaqueros, blusa de cuadros rojos y blancos entreabierta, y botas de cow-boy, apoyada contra una da las farolas... O con la falda ibicenca en azules y turquesas, y la parte superior del bikini negro... Elisa iba escogiendo cada uno de los estilos, y en cierto modo, todos los parroquianos se quedaban en suspenso cada vez que ella entraba al servicio a cambiarse... Fueron siete conjuntos, de muchos estilos... Pero el último, el que generó incluso una pequeña ovación, fue el vestido de noche azúl petróleo, de cuello barco, adornado con una gargantilla de cristal de Swaroski y pendientes a juego... Como había poca luz en el exterior, Antonio, el encargado de la cafetería encendió sus propias farolas, y aprovechando que había un poco de niebla, aquella última foto de Elisa quedó realmente espectacular...
Después de darle las gracias efusivamente por toda la ayuda prestada y deslizarle otro billete de 50 en la mano, Elisa y yo recogimos toda la ropa, la guardamos en la maleta, y ya con el sol menguante, y con su ropa de calle (vaqueros, jersey de cuello vuelto negro, chupa de cuero, y el pelo suelto), le hice una última foto de perfil, un contraluz tan forzado que solo se ve el negro, y que ilustra estas líneas... Me dió un fuerte abrazo, pegándose tan completamente a mí, que mi única intención era mimarla, protegerla, que mis casi cuarenta ños le sirvieran de refugio en sus dieciocho recién cumplidos... Quedamos en vernos cinco días después, en mi casa...
Pero nunca acudió... Y yo me olvidé temporalmente de las fotos, pues de todas formas ya tenía bastante con mi propio trabajo, como para andar preocupándome por una "muñequita linda, de cabellos de oro..." ¡Qué equivocado estaba!
Me enteré de lo sucedido una semana más tarde... Mientras se dirigía al acceso del metro de Retiro, ya en el subterráneo, uno de los presuntos "humanos" que se refugian del frío y de la lluvia en aquella zona se encaprichó de la maleta y de su contenido ("paa mi mujé", explicaría más tarde a la Policía... cuando ni siquiera estaba casado, ni tenía pareja)... Y no se le ocurrió mejor manera de conseguirlo que levantarse detrás de Elisa y, sin pronunciar una sola palabra, sujetarle la barbilla hacia arriba, y rebanarle el cuello con una antigua navaja de barbero... Y ella se quedó tendida en el suelo, en medio de un oscuro charco de sangre que iba creciendo rápidamente (le cortó la carótida y la femoral), y en poco más de tres minutos, lo que tardaron en llegar los vigilantes del metro y en llamar al 112, ella murió, rodeada por un pequeño grupo de curiosos que no sabía qué hacer... Y su asesino seguía allí, tranquilamente, acunando la maleta de Elisa, como si fuera el mayor trofeo... No se resistió al arresto, según me contaron Juan era el producto de la política de vaciar los centros psiquiátricos de los años 90, y consideraron que era apto para ser reinsertado en sociedad... a pesar de estar diagnosticado con esquizofrenia paranoide con picos de intensa agresividad... le condenaron a treinta años por el asesinato de Elisa...
En cuanto me enteré de la historia, recordé las fotos, que no había visto desde la sesión de aquella tarde, pensando en seleccionar las mejores, para entregarselas a mi amigo... Encendí el ordenador y cargué las tarjetas de memoria de las cámaras, esperando que el sistema de reconocimiento y de compensación automática de la luz sería suficiente para darle aquél tono de blanco y negro tradicional que yo deseaba obtener... Pero, cuando llevaba vistas una treintena, comprendí que, al menos esas fotos, no se las podría entregar a mi amigo... Pues en el cuello de Elisa aparecía una extraña gargantilla de color negro, que iba creciendo lentamente de foto en foto, a medida que avanzaba la tarde... Bastante asustado, pero sobre todo para descartar una sospecha que mi mente racional no podía, no quería, admitir, reconvertí las fotos a su color habitual...
La gargantilla no era negra, sino roja... Y casaba exactamente con el corte que el mendigo esquizofrénico (Juan) le había causado a Elisa con su navaja de barbero... Y a medida que iba avanzando la tarde, al aproximarse la hora de la muerte, la sangre iba resbalando desde su cuello, impregnando su ropa, foto a foto....
No sé, tal vez si yo hubiera mirado antes las fotos, por ejemplo en uno de mis ataques de perfeccionismo, aunque fuera en el visor digital de mi cámara, podría haber sospechado algo... O también podría haberla acompañado al metro... O llevarla a su casa con mi moto, no sé, cualquier cosa... Pero no hice nada... No podía hacer nada... He intentado, con la ayuda de varios amigos informáticos, retocar aquellas fotos que me gustan más, aunque sea una de cada pase, pero no es posible.... La gargantilla sangrienta sale en todas ellas...
Seguro que si miras de cerca la foto, si te esfuerzas lo suficiente, podrás ver el corte en el cuello de Elisa, y la sangre derramándose lentamente... Porque aquella fue la última foto de la tarde... Unos minutos antes de su muerte...

EL FINAL DE LA BATALLA



Negros pensamientos rondan su alma en aquella gris mañana de martes, tras ella, desesperación, soledad, tristeza, desprecio y ausencia... Frente a ella, el vacío, y la nada...




¿Sueña acaso con un mañana mejor, más cálido, más dulce o tierno, que su presente sórdido, triste y desangelado, sin amor ni odio, y sin vida?




¿Qué la espera, al cruzar ese umbral? ¿Qué necesita? ¿Qué desea? ¿Qué ansia la consume, y le hace sentir tan mal? ¿O se siente bien?




Todo sería más sencillo si tuviera un nombre… Y viene a mi recuerdo uno que hace años que no pronuncio… Silvia…




Y tampoco estaría de más una cara… Sabemos que es de piel muy blanca, por sus brazos y su fino cuello… Sabemos que el pelo es negro azabache, algo ondulado en las puntas, tal vez lo tiene liso, pero se le ha mojado durante una tormenta invernal… Y es posible imaginar el resto de su cara… Las cejas, firmes, valientes, estilizadas, y muy negras… Los ojos, no puede ser de otra manera, intensamente verdes, con cierto punto de tristeza en ellos… Por sus mejillas, tersas, sin maquillar, han corrido algunas lágrimas hace poco… y seguirán deslizándose hacia su pequeña nariz, algo respingona, que se estremece con la extraña composición de olores que provienen del otro lado… En sus labios, turgentes y exquisitos, perfilados de negro, se esboza una pequeña sonrisa de triunfo… o de tristeza… Sus dientes son como perlas… Sigamos bajando por su cuello, largo, ágil, que se podría abarcar con una sola mano… Y sus pechos, a través del encaje, parecen melocotones maduros… Su cintura es estrecha, y sus caderas, proporcionadas, tiemblan ligeramente… De sus piernas, poco sabemos, pero si guardan las mismas proporciones que sus largos y fibrosos brazos, serán largas, firmes, y bien torneadas… Y sus pies, poco más del 38, aunque con las botas que lleva, altas, de cuero negro, atadas con lazos negros, y unas medias de rejilla, es difícil hacerse una idea concreta…




¿Y qué me decís del compañero alado? Posiblemente sea un cuervo, por la forma de las alas, del pico, y también es lo más acorde con el paisaje… Aunque sea solamente en homenaje a Poe, que sea entonces un cuervo…




Sabiendo quienes son, faltan dos cosas: de dónde vienen, y adónde van… Están en el umbral de una construcción de piedra o de ladrillo, posiblemente una iglesia, una cripta, un antiguo monasterio, o tal vez una ruina, una puerta enrejada, que separa dos trozos de nada, con un muro de aire…



De su destino, nada sabemos, tal vez recurriendo a la visión del cuervo nos hagamos una idea…



Y vemos a la derecha lo que pudo ser un antiguo cementerio… en el que se halla librado hace poco una cruenta batalla, en la que han participado los vivos y los muertos… La artillería, las granadas, han destrozado tumbas y mausoleos, lanzando por los aires restos de piedra, de mármol, de forja y de cuerpos… Un soldado parece dormir, apoyado en los restos de un árbol, pero al acercarse con un planeo, vemos que le falta un brazo, y no le queda sangre en el cuerpo… Desde lo alto de una lápida, el cuervo contempla los restos de los combatientes, evaluando con cual de ellos se alimentará después… No hay ninguna pista sobre el momento, pues todos los muertos llevan el mismo uniforme mimetizado, el mismo calzado y equipo, incluyendo el casco…




Pero a la izquierda, solo hay una pared de piedra, un pequeño y angosto camino, hacia las profundidades de un precipicio, cuyo fondo está cubierto por la niebla…. Y es hacia aquella zona donde se dirige Silvia… Y empieza su descenso hacia la niebla…




La visibilidad es tan escasa, que en varias ocasiones tiene que detenerse brevemente, pero la fría piedra la acompaña en todo el descenso, hacia la oscuridad y hacia la nada… De vez en cuando, su botas dejan un breve surco rojizo sobre la superficie de piedra, en aquellas zonas donde la sangre, que con tanta prodigalidad ha corrido durante la batalla del cementerio, ha salido despedida… igual que algún que otro miembro, sobre todo manos y brazos… Es imprevisible el efecto de una granada sobre un cuerpo… ni dónde van a terminar sus partes…. Suavemente, pero con disgusto, Silvia aparta una cabeza, que se encuentra en medio del camino… Y sigue bajando…




En un momento dado, aparece un resplandor verdoso entre la niebla, y ella sabe que está llegando a su destino… En lo más profundo de la garganta, donde también se notan las marcas de la reciente batalla, se han reunido los Pastores de Almas… Y en cuanto se alcanza el número adecuado, seis hombres y seis mujeres, comienzan los ritos, y los cantos, y los movimientos rítmicos, y las voces guturales entonan un lenguaje primitivo, anterior a todos, y al mismo tiempo, aglutinador…



Y la tierra responde con un profundo murmullo…. Y se abre una sima en el fondo del precipicio… Y los muertos se alzan de los lugares donde han caído… y emprenden el descenso… entre dos o tres ayudan a quienes no pueden caminar… y olvidadas las rencillas, los soldados del nuevo ejército bajan lentamente, y saltan a lo más profundo de la sima… Cuando ya no falta nadie, ni siquiera algún trozo de un cuerpo, o el resto de un arma, cuando ya han sido enterrados de nuevo todos los cadáveres del cementerio, regresa la calma…




En las profundidades, el conjuro termina… La tierra se cierra de nuevo sobre los dos ejércitos… De la fosa común salen las almas de todos los muertos… Y emprenden su camino… Hacia el recuerdo… o hacia la nada…




Silvia y los demás pastores de almas, cumplida su misión, pero con el cansancio lógico de tantas horas de trabajo, emprenden el regreso al mundo de los vivos… Al pasar por delante del monumento al Angel Custodio, todos se inclinan, con una leve reverencia… Y se diría que la estatua de piedra, por unos segundos, les sonríe…