domingo, 30 de mayo de 2010

TE VEEEEOOOOOOO.....



"Te veeeeooooooo...."

Parece mentira, el terror que pueden producir estas dos palabras... Pero me siguen causando espanto, y me entran sudores fríos, incluso tengo pesadillas, cada vez que las escucho... No importa que sea en la tele, en el cine, o peor aún, en vivo y en directo, como dicen algunos... Y siempre tengo que mirar detrás de mí si estoy en la calle, o encerrarme en casa, con todas las puertas y ventanas cerradas, mientras busco la protección de la esquina norte de mi dormitorio, al mismo tiempo que pongo en mi regazo al osito Boris... y tengo al alcance de la mano la ballesta, con el virote en posición de disparo...

Y todo comenzó por una de esas estúpida cita a ciegas, que organiza una empresa de solteros, cuyo nombre no voy a mencionar... Me gustó su perfil: "Mujer pelirroja, treinta años, amante de la música (sobre todo Mecano), la pintura (El Greco, Goya) y el cine (sobre todo en blanco y negro), busca varón heterosexual para amistad o relación seria. Me apasiona viajar por todo el mundo, y comer bien (no soporto la "nouvelle cuisine"). Abstenerse signos Géminis y Escorpio." Como yo soy Cáncer, el escollo del signo estaba superado, y en lo demás... sería cuestión de verlo en detalle... Por eso, me decidí a enviarle una invitación de amistad, aunque realmente no contaba con demasiadas posibilidades...Su foto me gustó, esos ojos negros, profundos, la piel muy blanca, el pelo rojo...

Sin embargo, dos días después, me confirma su amistad, empezamos a chatear, a contarnos pequeños detalles de nuestras vidas, y parece que nos sentimos a gusto. LLega, por fin, el momento de vernos en persona... Quedamos en la cafetería de los cines Lumière, que nos pilla cerca a los dos, y donde están proyectando "Le salaire de la peur" (El salario del miedo), una de esas reposiciones interesantes que nos gustan a los dos... Es un poco más pequeña de lo que imaginaba, no llega al metro sesenta, y enseguida pienso que tendré que agacharme para besarla... También es mucho más fuerte, porque su apretón de manos casi me tritura los dedos... El pelo es, evidentemente, teñido... Pero es su mirada lo que me inquieta vagamente... Hay algo en el fondo de sus ojos que no me termina de cuadrar... Nos tomamos un refresco en la barra, que está casi desierta por la hora (las cuatro de la tarde de un lunes de mayo) y, como al parecer hay "buen feeling" entre nosotros, compramos las entradas, y entramos en la sala...

Estamos practicamente solos, y nos ponemos en la fila ocho, centrados... Yo he visto la película varias veces, y siempre me ha gustado... Por lo que aprovecho para estudiar sus reacciones: miedo, intranquilidad, malestar, tristeza... Todas ellas perfectamente justificables, menos una: odio... Odio contra el protagonista, en el momento culminante de la peli, cuando está llegando al pozo petrolífero en llamas... Cuando termina el pase, ya la conozco lo suficiente para proponerle otra cita, con película si lo prefiere... Y quedamos al lunes siguiente, en el pequeño cine estudio Doré, donde proyectan otra joya del cine: "Drácula" (la buena, la de Bela Lugosi)...

Durante el resto de la semana, seguimos chateando en los foros, hermanamos las cuentas del capapocha, intercambiamos fotos y recuerdos y canciones... Y, aunque sigo notando algo en ella que no me acaba de cuadrar, lo achaco a mi falta de experiencia con mujeres, porque he salido un poco tocado de un noviazgo demasiado largo que ha conducido a un matrimonio demasiado corto... y una separación bastante complicada... Pero creo que con Nerea, las cosas pueden ser diferentes...

La segunda cita es un éxito absoluto, y después de la película, nos vamos a dar un paseo por los alrededores del cine, y terminamos en el Retiro, disfrutando de la relativa tranquilidad de una barca en medio del lago... Anochece lentamente, y el sol refulge en su media melena, de un modo vagamente inquietante... Su esbozo de sonrisa no contribuye a hacer que me sienta más seguro... Pero cuando se sienta a mi lado y, girando suavemente el cuello, me roba un beso, creo que lo nuestro puede funcionar... Decidimos vernos ese domingo, en el Jardín Tropical de la Estación de Atocha...

Hace mucho calor, en todo caso, más del que yo imaginaba, y la neblina de los aspersores no contribuye precisamente a refrescar la atmósfera... Noto que empiezo a sudar, que la camisa vaquera se me pega a la piel, y casi puedo visualizar los gruesos goterores de sudor que se escurren a lo largo de mi espalda... y me arrepiento una vez más de no haberme puesto un calzado más cómodo, pues las botas de trabajo me están dando mucho calor... Aunque me olvido de todo cuando la veo a ella: un vestido hippy, sandalias blancas anudadas a los tobillos, y un pequeño bolso la convierten en la típica ibicenca exquisita... Dos besos en la mejilla, y uno en los labios, sellan nuestro encuentro... Es la primera vez que almorzamos juntos, y me sorprende un poco la manera que tiene de comer el sandwich mixto con huevo, con cuchillo y tenedor, que limpia afanosa antes de usarlos con una toallita desechable, igual que el borde del vaso y el cuello de la botella de Pepsi... Por lo demás, la cita transcurre con normalidad, y terminamos con un apasionado beso, de los que involucran a todo el cuerpo en un intento de fusión, que es bien acogido por los turistas...

La semana siguiente, el último domingo de mayo, viene a comer a mi casa... Preparo una lubina a la sal, una buena ensalada, y una selección de helados, pues me ha dicho que le encantan... No parece entusiasmarle el pescado ni la ensalada, pero repite varias veces el postre... lo que es curioso, parece que no le gusta comer... Terminamos en el sofá del comedor, viendo el principio de "El hombre elefante"... y luego, sobre la alfombra, me demuestra que es una auténtica tigresa... Hacemos el amor fieramente, como si nos fuera la vida en ello, y durante toda la semana tengo el recordatorio de sus uñas grabadas en mi espalda...

Una semana después, aprovechando que los dos librabamos, nos fuimos a un hotelito de turismo rural cerca de Ávila... El lugar es maravilloso, a la orilla de un pantano... La puesta de sol y el amanecer son espectaculares: las vemos juntos, desde la zona zen.. y durante el resto de la noche, no dormimos demasiado, la verdad: es como si la luna llena, o la proximidad del agua, o la cena a base de frutas exóticas, el jacuzzi caliente con vistas al exterior, en cierto modo despiertan todos nuestros instintos más primarios... incluyendo el de morder.... Una cosa son los chupetones, pero los mordiscos que me propina Nerea mientras hacemos el amor tienen más de apareamiento y de instinto, que de mimos o caricias... A la mañana siguiente, habiendo dormido lo justo para no estrellarnos con el coche, desayunamos en la Posada, y volvemos a Madrid... La dejo en su casa, un chalecito adosado en el barrio de Canillejas... pero no me invita a entrar...

Por motivos de trabajo, no nos vemos de nuevo hasta primeros de julio, y tras su llamada telefónica, me invita a ir a su casa, "siempre y cuando traigas una buena provisión de helado"... Hago un alto en una conocida heladería de la calle Alcalá, y sigo mi ruta hasta su casa... Son las cinco de la tarde cuando llamo a la puerta, pero tarda unos minutos en salir a recibirme, y cuando lo hace, me cuesta reconocerla: se ha teñido el pelo de negro, salvo unas mechas del tono anterior, y tiene aspecto de no haber dormido en unos cuantos días... De su cuerpo se desprende un inquietante olor... Pero afortunadamente, en cuanto ha guardado el helado, me propone que nos bañemos juntos a la luz de las velas... Fue un rato memorable...

La casa no es muy grande, consta de cocina (que no parece haber sido muy utilizada), un amplio cuarto de baño (con la enorme bañera de forja y patas de león), un salón práctimante vacío (salvo un equipo de música, un home cinema y una tele de plasma), un gran dormitorio en dos ambientes y un pasillo que comunica todas las habitaciones... No salimos de su casa en todo el fin de semana... salvo para comprar helado... y un poco de Betadine, pues las costumbres alimenticias de Nerea siguen siendo, como poco, extrañas: es heladívora, y frugívora... El resto de su dieta lo constituyen una amplia colección de pastillas, para suplir, creo, sus carencias alimenticias... Y me temo que mi sangre: en la noche del viernes 2 de julio, mientras retozábamos entre las sábanas negras, me dice: "¿No te importa que te corte, verdad?"... Y sin mediar palabra, saca un pequeño puñal de debajo de la almohada, y me corta en el cuello... para luego, pegar sus labios a la herida, y empezar a lamer, golosa, mi sangre... Como ella me está montando, no tengo defensa, y al intentar zafarme, ella contrae los músculos de su vagina, al mismo tiempo que me sujeta con las manos sobre mis hombros... No me queda más remedio que esperar a que se sacie...

Pero lo más extraño de aquella velada no fue precisamente eso... sino que por alguna extraña razón, no me fui de su casa... Y pasamos juntos todo el fin de semana, entre juegos amatorios, mordiscos, y grandes cantidades de helado, porque solamente dejaba la casa para ir a comprar más suministros... Al menos, tenía una buena cafetera, buenas tazas, y cosa rara, un paquete de Blue Mountain, "herencia de un antiguo novio"...

Nos separamos el domingo por la tarde, con una nueva sesión de películas en blanco y negro, helado de chocolate negro puro con frambuesas... y por supuesto, sexo... Nunca he tenido una amante más exigente, ni que me deje más agotado, que Nerea... Aunque supongo que no debería verla más veces... Porque me está siguiendo...

La primera vez, el lunes por la tarde, había conseguido aparcar el coche cerca de mi portal (nada fácil en pleno barrio de Salamanca), y me pareció verla en un portal, en la otra acera, acechando mi llegada a casa... El martes por la mañana, a las seis y media, cuando cojo el coche y me rigijo a la N-2, la veo por el rabillo del ojo... Esa misma tarde, a las dos, noto que un coche verde oscuro (el color de la inteligencia, según Robert de Niro en "Los padres de ella") me está siguiendo desde el aparcamiento de empleados de la Bosch... El miércoles, la veo al salir de casa, en el mercado, en la escuela de mi hijo (estoy divorciado), en mi portal... Allí es donde me dice, por primera vez, esas dos palabras: "Te veeeooooo...", aunque luego me da un gran beso, y se las arregla para meterse en el portal conmigo... Salimos medio desnudos del ascensor... y justamente cuando estoy metiendo la llave en la cerradura, mientras con la otra procuro mantenerla a la suficiente distancia para maniobrar, la puerta se abre desde dentro... Es Roxana, mi asistenta (tal vez debería decir "ex-asistenta"), una chica colombiana, muy guapa, que limpia casas para pagarse sus clases de actriz... Si las miradas matasen, creo que Roxana habría muerto en el acto: nunca hasta ese momento había visto tanto odio en una sola ojeada...

Unos minutos después, mientras estamos luchando en la ducha, me dice: "Te gusta mucho tu asistenta, ¿verdad? Desde luego tiene un cuerpazo, no me extrañaría nada que te la hubieras tirado ya en media casa, ¿verdad?" Vale, es cierto que en alguna ocasión, antes de conocerla bien a Roxana y a su familia, me parecía una mujer atractiva y deseable, pero son ya muchos años trabajando juntos, y así se lo dije a Nerea... aunque no pareció muy convencida... Hasta el mes de septiembre, seguimos en el mismo plan: los fines de semana juntos, en su casa o en la mía, y alguna que otra cita fogosa en cualquier parte: en los probadores de un Carrefour, el aseo de un bar de carretera, incluso un tunel de lavado automático...

Jamás, en toda la vida, había tenido semejante sobredosis de sensaciones, caricias, mordiscos, abrazos, arañazos... Un viernes de octubre, me invitó a su casa, y desde el primer momento, comprobé que estaba sucediendo algo extraño... Ella estaba vestida con una especie de camisola de color blanco, iba descalza; y en cuanto traspasé el umbral, me hizo descalzarme, me desnudó con manos expertas, y me condujo a la ducha... No, aquella vez no hubo sexo: me frotó enérgicamente con un guante de crin por todas partes (y todas son eso, todas), y me entregó una burda túnica de lino como la suya, como única vestimenta... En el salón, un brasero de picón era la única luz, pues todas las ventanas estaban cerradas, y densas nubes de incienso subían desde los pebeteros de los cuatro costados... El dormitorio también estaba en penumbras, con sábanas de lino pulcramente dobladas por las esquinas superiores, y Nerea había instalado una mosquitera desde el techo... "Este fin de semana, tenemos que purificarnos en cuerpo y alma... Yo te ayudaré..."

Seguramente puso algo extraño en los braseros, pues no recuerdo más que algunos datos confusos, de cánticos, invocaciones, algo parecido a Sacred Spirits resonando por todas las partes de la casa, ceremonias de sangre, incluyendo la decapitación de una gallina con los dientes... No recuerdo si había más gente con nosotros, aunque en diversas ocasiones percibí caras y cuerpos espectrales que nos miraban desde las zonas de sombra... Fueron demasiadas horas en blanco, incluso aunque pretenda olvidar algunas de las cosas, no puedo ni debo perdonar que me utilizase de aquella manera, que tomase el control de mi vida... Decidí que debía separarme de ella... Y así se lo dije: "Nerea, creo que debemos tomarnos un tiempo de reflexión... No me gusta entregar el control a nadie, me ha costado mucho ser independiente..."

No respondí a sus llamadas durante dos días... pero ella siguió llamándome... por la mañana, por la tarde, y por la noche... Al salir a la calle, la veo, apostada frente a mi casa... y de mi trabajo...y haciendo la compra... ¡incluso se ha colado en la consulta del dentista, mientras me estaba haciendo una endodoncia! Algunas veces, simplemente me llama... y no dice nada... Pero otras, doce "Te veeeeooooooo...". Roxana ya no viene a mi casa... Dice que tiene miedo, y con dos hijos, no le compensa lo poco que yo le pago... Viene a mis reuniones de negocios, se sienta a mi lado en el cine (un par de filas delante o detrás)... Parece que toda su vida se centrase exclusivamente en mí, que yo fuera todo su universo... He arrancado el teléfono de la pared... He cambiado varias veces de número de móvil, sin resultado: en pocas horas, la escucho de nuevo... He inhabilitado el telefonillo, para que no me siga torturando en mitad de la siesta o de la noche.... Vivo en un tercero, mas de todas formas, la sigo oyendo, o intuyendo, cuando desde el portal de enfrente me dice....

"Te veeeeeooooooo......."

martes, 4 de mayo de 2010

LA REINA DEL BAILE

¿Dónde está el límite entre la "normalidad" y la "popularidad"? ¿Qué tipo de pequeños sacrificios está dispuesta a hacer una chica normalita pero profundamente envidiosa, con tal de ser la reina del baile? ¿Y qué ayuda podría obtener de tres extrañas tías, con fama de brujas?


Clotilde es una chica normalita, aquí la puedes ver, con su vestido en ocres y naranjas, recién nombrada "Reina del Baile" de su promoción, y esperando recibir en breve el homenaje de sus compañeros de clase... Por fin, en el último año de instituto (ha estado en el Colegio de Niños Dotados Juní Serra casi toda su vida), verá recompensados todos sus esfuerzos, sus arduas labores de segundona, incluso su patético servilismo hacia aquellas personas dotadas de mayor belleza...


Si bien es cierto que ha tenido que hacer trampas para lograrlo... Ayer por la tarde, antes incluso de ponerse a rebuscar en las estanterías un vestido que le quedase bien (su madre es la dueña de una sastrería en el centro del casco antiguo, y pone a sus disposición a su mejor costurera para ultimar el arreglo), Clotilde (también responde cuando la llaman Cloti... o Tilde, que es lo más habitual) se ha pasado por la tienda de sus tías Úrsula, Desi y Pilar, por si acaso le podían echar una mano: necesitaba una poción mágica que le permitiera de alguna manera influir en la elección de la Reina del Baile, pues de lo contrario se sentiría completamente frustrada el resto de su vida...


"Por favor, titas - les dijo, casi con lágrimas en los ojos - todo el mundo dice que, además de vuestro negocio de dietas homeopáticas, plantas medicinales y remedios para la piel, vosotras tenéis también una línea de productos en internet, llamada "las tres brujas cabras", en la que facilitáis filtros de amor, pociones, recetas... ¿De verdad que no podéis darme una solución? Tampoco es algo tan difícil conquistar la voluntad de 300 personas para que hagan lo que tú quienes...."
"No me parece una buena idea", dijo Úrsula, "las cosas tienen que ser como tienen que ser..."
"Es muy peligroso", insiste Desi (por Desiderata), "imagínate que no calibras bien la dosis, y te encuentras con una situación incontrolable"...
"¿300 personas, dices?", reflexiona Pilar.... "bueno, podría resultar interesante..."


"¿Nos perdonas un momento, querida?", comenta Úrsula, llevando a las demás hacia la trastienda... Y allí permanecen, durante casi media hora, y Clotilde sólo puede captar algunas hebras de la conversación... "es una locura..."; "de ninguna manera.... "; "la Alta Magia no está hecha para que la usen niñas bobas..."; "es cierto, se puede hacer, pero es muy peligroso..." Y con cada palabra, Clotilde permanece allí, expectante... hasta que al final, vuelven a salir las tres, y con expresión muy seria y compungida, Úrsula le dice: "Clotilde, podría hacerse, pero es muy peligroso, una fórmula de Alta Magia Nivel Cuatro, y no vale la pena desperdiciar talento en ello... Si quieres, te podemos preparar un perfume a base de almizcle de murciélago, canela y ruibarbo, que te mejore el cutis... Pero otra cosa, no..."


Claro, os podréis imaginar su sorpresa cuando, una hora más tarde, Juanito, el chico para todo del herbolario le trae un misterioso paquete perfectamente protegido dentro de un saquito negro de terciopelo, al mismo tiempo que una nota, escrita en pergamino... Ansiosa, se lleva los dos preciados objetos a su dormitorio, se sienta en la mesa de estudio tras apartar los libros y apuntes de un manotazo, y desenrolla el pergamino, leyendo lo siguiente...


"Querida sobrina: comprendo muy bien lo que estás sintiendo en este momento, yo también deseaba a toda costa ser la Reina del Baile... pero no lo conseguí... y a partir de ese momento, mi vida ha ido cuesta abajo, y no quiero que a ti te suceda lo mismo. Por eso, te facilito una receta ancestral, cuya única dificultad estriba en conocer el número exacto de invitados, pues tendrás que completar la fórmula con la décima parte de gotas de sangre y la centésima de pelos de tu vello púbico que el número de invitados previstos. El objetivo del mejunge, que tendrás que cocer durante tres horas a partir de la medianoche en un pequeño pebetero de cobre como el que te regalé el año pasado, con medio litro de agua y otro medio de albariño, es provocar en todas las personas que la prueben una inmediata atracción hacia , que las llevará de manera inconsciente a realizar tus deseos más secretos... ¡Debes ser muy atenta con las proporciones! La pócima, cuyos ingredientes no tienes por qué conocer, hay que mezclarla con el ponche sin alcohol, y de esa manera te nombrarán Reina... Tampoco debes olvidar que, en cuanto tengas ocasión, tienes que decirle a la gente lo que deseas, pues de lo contrario, el conjuro no será válido. Besos de tu tita Desi. ¡AH! Y procura ponerte un vestido en tonos ocres y rojizos, pues realzará el efecto de la pócima."


Clotilde, tan aplicada en todo, relee atentamente la nota, antes de cerrar la puerta de su dormitorio y, bajándose ligeramente la cinturilla de las braguitas, empieza a cortarse aplicadamente treinta pelillos, pero cuando le faltan diez para terminar, piensa que no estaría mal añadir unos cuantos, y así potenciar el efecto... Y lo mismo le pasa con la sangre... ¿Para qué andarse con tonterías, contando gotitas? Directamente, coge una de las jeringuillas de su padre el practicante, se saca diez centímetros cúbicos de sangre, y lo añade al caldero... Como los pelos con la sangre tienen mala pinta, le añade un vaso colmado de Albariño y lo pasa todo por la batidora... Acto seguido, se toma ella otro vaso de Albariño bien frío, otro para el pebetero, vuelca el saquito y comienza, con las campanadas de medianoche, la operación "pócima secreta" ya estaba en marcha... Por la mañana, Clotilde la traspasa a una petaca de plata con ayuda de un embudo, y luego se va corriendo a la tienda de su madre donde, misteriosamente, aparece un vestido en los tonos deseados, que además le queda bastante bien... En un tiempo record, la modista termina el arreglo, y Clotilde ya está lista para echarse una buena siesta, y acudir por la noche al Gran Baile...


Son las diez y media de la noche, cuando ella, oliendo por todas partes a Faralla, y con un leve toque de maquillaje en los labios, hace su entrada "triunfal" en lo que durante todo el año es el gimnasio polivalente, y que ahora han decorado para la ocasión con una serie de butacones para los profesores y los Reyes del Baile, una gran mesa de contrachapado con los habituales manteles de papel, cubiertos de platos de patatas fritas, panchitos, cortezas... y sobre todo, una GRAN sopera con el cóctel, un misterioso mejunge de tono rojizo... Aprovechando un momento en que nadie parecía estar mirando, Clotilde vacía la petaca, y se funde con los chavales que estaban intentando bailar algunos temas nostálgicos: Adamo, Danny Daniel, Mocedades... y alguna canción de Julio Iglesias...


Al margen de cual fuese su auditorio, Clotilde sigue con su campaña, comentando a todo el mundo que sería su mayor ilusión en esta vida que la escogieran como Reina del Baile, que el Rey le da igual, como si quieren poner al conserje o al profesor de mates... Al principio, la gente la mira con cara rara... pero según va avanzando la velada (y disminuyendo el nivel de la sopera), algunas personas empiezan a mirarla con la mirada un poco turbia, como si no se enterasen demasiado bien de lo que estaba pasando... Cerca ya de la una de la madrugada, cuando solo queda un culín de ponche, Clotilde está sentada en un sillón, mientras todos los asistentes a la fiesta (al final, 250) van desfilando delante de ella, proyectando sus sombras en la pared, y caminando de manera extraña... Y susurrando su nombre... Y la nombran Reina del Baile... Pero no como ella quisiera...


Nadie sabe exactamente lo que sucedió aquella noche... Pues solo se han conocido sus consecuencias.... Solo Clotilde y sus tías saben realmente lo ocurrido... Clotilde ha tenido un extraño bebé, que fue concebido en medio de una placentera noche de orgía, durante la cual solamente tuvo que señalar con el dedo a los varones que más le gustaban, para que la satisfacieran de todas las maneras posibles sobre las colchonetas del gimnasio... Y para que no se aburrieran demasiado, todas las demás personas presentes en la fiesta, incluso el conserje y la cocinera, se fueron montando sus fiestecitas privadas... Pero sigue siendo igual de cierto que aquél año, en aquél instituto de la pequeña ciudad de Galicia, se disparó la natalidad... bueno, y las enfermedades de transmisión sexual... porque ¿Quién le explica a un zombi sediento de sexo cómo ponerse un condón?


La moraleja de esta historia: si haces un filtro amoroso, respeta las proporciones, las cantidades, los ingredientes, los procedimientos... Porque Clotilde tuvo mucha suerte... Con haber añadido cinco centímetros cúbicos de sangre, al margen de todo lo que ella había completado de su parte, y el conjuro no era tan divertido... Era la fórmula del Holocausto Caníbal... Aunque la fiesta habría resultado completamente inolvidable...