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martes, 4 de mayo de 2010

LA REINA DEL BAILE

¿Dónde está el límite entre la "normalidad" y la "popularidad"? ¿Qué tipo de pequeños sacrificios está dispuesta a hacer una chica normalita pero profundamente envidiosa, con tal de ser la reina del baile? ¿Y qué ayuda podría obtener de tres extrañas tías, con fama de brujas?


Clotilde es una chica normalita, aquí la puedes ver, con su vestido en ocres y naranjas, recién nombrada "Reina del Baile" de su promoción, y esperando recibir en breve el homenaje de sus compañeros de clase... Por fin, en el último año de instituto (ha estado en el Colegio de Niños Dotados Juní Serra casi toda su vida), verá recompensados todos sus esfuerzos, sus arduas labores de segundona, incluso su patético servilismo hacia aquellas personas dotadas de mayor belleza...


Si bien es cierto que ha tenido que hacer trampas para lograrlo... Ayer por la tarde, antes incluso de ponerse a rebuscar en las estanterías un vestido que le quedase bien (su madre es la dueña de una sastrería en el centro del casco antiguo, y pone a sus disposición a su mejor costurera para ultimar el arreglo), Clotilde (también responde cuando la llaman Cloti... o Tilde, que es lo más habitual) se ha pasado por la tienda de sus tías Úrsula, Desi y Pilar, por si acaso le podían echar una mano: necesitaba una poción mágica que le permitiera de alguna manera influir en la elección de la Reina del Baile, pues de lo contrario se sentiría completamente frustrada el resto de su vida...


"Por favor, titas - les dijo, casi con lágrimas en los ojos - todo el mundo dice que, además de vuestro negocio de dietas homeopáticas, plantas medicinales y remedios para la piel, vosotras tenéis también una línea de productos en internet, llamada "las tres brujas cabras", en la que facilitáis filtros de amor, pociones, recetas... ¿De verdad que no podéis darme una solución? Tampoco es algo tan difícil conquistar la voluntad de 300 personas para que hagan lo que tú quienes...."
"No me parece una buena idea", dijo Úrsula, "las cosas tienen que ser como tienen que ser..."
"Es muy peligroso", insiste Desi (por Desiderata), "imagínate que no calibras bien la dosis, y te encuentras con una situación incontrolable"...
"¿300 personas, dices?", reflexiona Pilar.... "bueno, podría resultar interesante..."


"¿Nos perdonas un momento, querida?", comenta Úrsula, llevando a las demás hacia la trastienda... Y allí permanecen, durante casi media hora, y Clotilde sólo puede captar algunas hebras de la conversación... "es una locura..."; "de ninguna manera.... "; "la Alta Magia no está hecha para que la usen niñas bobas..."; "es cierto, se puede hacer, pero es muy peligroso..." Y con cada palabra, Clotilde permanece allí, expectante... hasta que al final, vuelven a salir las tres, y con expresión muy seria y compungida, Úrsula le dice: "Clotilde, podría hacerse, pero es muy peligroso, una fórmula de Alta Magia Nivel Cuatro, y no vale la pena desperdiciar talento en ello... Si quieres, te podemos preparar un perfume a base de almizcle de murciélago, canela y ruibarbo, que te mejore el cutis... Pero otra cosa, no..."


Claro, os podréis imaginar su sorpresa cuando, una hora más tarde, Juanito, el chico para todo del herbolario le trae un misterioso paquete perfectamente protegido dentro de un saquito negro de terciopelo, al mismo tiempo que una nota, escrita en pergamino... Ansiosa, se lleva los dos preciados objetos a su dormitorio, se sienta en la mesa de estudio tras apartar los libros y apuntes de un manotazo, y desenrolla el pergamino, leyendo lo siguiente...


"Querida sobrina: comprendo muy bien lo que estás sintiendo en este momento, yo también deseaba a toda costa ser la Reina del Baile... pero no lo conseguí... y a partir de ese momento, mi vida ha ido cuesta abajo, y no quiero que a ti te suceda lo mismo. Por eso, te facilito una receta ancestral, cuya única dificultad estriba en conocer el número exacto de invitados, pues tendrás que completar la fórmula con la décima parte de gotas de sangre y la centésima de pelos de tu vello púbico que el número de invitados previstos. El objetivo del mejunge, que tendrás que cocer durante tres horas a partir de la medianoche en un pequeño pebetero de cobre como el que te regalé el año pasado, con medio litro de agua y otro medio de albariño, es provocar en todas las personas que la prueben una inmediata atracción hacia , que las llevará de manera inconsciente a realizar tus deseos más secretos... ¡Debes ser muy atenta con las proporciones! La pócima, cuyos ingredientes no tienes por qué conocer, hay que mezclarla con el ponche sin alcohol, y de esa manera te nombrarán Reina... Tampoco debes olvidar que, en cuanto tengas ocasión, tienes que decirle a la gente lo que deseas, pues de lo contrario, el conjuro no será válido. Besos de tu tita Desi. ¡AH! Y procura ponerte un vestido en tonos ocres y rojizos, pues realzará el efecto de la pócima."


Clotilde, tan aplicada en todo, relee atentamente la nota, antes de cerrar la puerta de su dormitorio y, bajándose ligeramente la cinturilla de las braguitas, empieza a cortarse aplicadamente treinta pelillos, pero cuando le faltan diez para terminar, piensa que no estaría mal añadir unos cuantos, y así potenciar el efecto... Y lo mismo le pasa con la sangre... ¿Para qué andarse con tonterías, contando gotitas? Directamente, coge una de las jeringuillas de su padre el practicante, se saca diez centímetros cúbicos de sangre, y lo añade al caldero... Como los pelos con la sangre tienen mala pinta, le añade un vaso colmado de Albariño y lo pasa todo por la batidora... Acto seguido, se toma ella otro vaso de Albariño bien frío, otro para el pebetero, vuelca el saquito y comienza, con las campanadas de medianoche, la operación "pócima secreta" ya estaba en marcha... Por la mañana, Clotilde la traspasa a una petaca de plata con ayuda de un embudo, y luego se va corriendo a la tienda de su madre donde, misteriosamente, aparece un vestido en los tonos deseados, que además le queda bastante bien... En un tiempo record, la modista termina el arreglo, y Clotilde ya está lista para echarse una buena siesta, y acudir por la noche al Gran Baile...


Son las diez y media de la noche, cuando ella, oliendo por todas partes a Faralla, y con un leve toque de maquillaje en los labios, hace su entrada "triunfal" en lo que durante todo el año es el gimnasio polivalente, y que ahora han decorado para la ocasión con una serie de butacones para los profesores y los Reyes del Baile, una gran mesa de contrachapado con los habituales manteles de papel, cubiertos de platos de patatas fritas, panchitos, cortezas... y sobre todo, una GRAN sopera con el cóctel, un misterioso mejunge de tono rojizo... Aprovechando un momento en que nadie parecía estar mirando, Clotilde vacía la petaca, y se funde con los chavales que estaban intentando bailar algunos temas nostálgicos: Adamo, Danny Daniel, Mocedades... y alguna canción de Julio Iglesias...


Al margen de cual fuese su auditorio, Clotilde sigue con su campaña, comentando a todo el mundo que sería su mayor ilusión en esta vida que la escogieran como Reina del Baile, que el Rey le da igual, como si quieren poner al conserje o al profesor de mates... Al principio, la gente la mira con cara rara... pero según va avanzando la velada (y disminuyendo el nivel de la sopera), algunas personas empiezan a mirarla con la mirada un poco turbia, como si no se enterasen demasiado bien de lo que estaba pasando... Cerca ya de la una de la madrugada, cuando solo queda un culín de ponche, Clotilde está sentada en un sillón, mientras todos los asistentes a la fiesta (al final, 250) van desfilando delante de ella, proyectando sus sombras en la pared, y caminando de manera extraña... Y susurrando su nombre... Y la nombran Reina del Baile... Pero no como ella quisiera...


Nadie sabe exactamente lo que sucedió aquella noche... Pues solo se han conocido sus consecuencias.... Solo Clotilde y sus tías saben realmente lo ocurrido... Clotilde ha tenido un extraño bebé, que fue concebido en medio de una placentera noche de orgía, durante la cual solamente tuvo que señalar con el dedo a los varones que más le gustaban, para que la satisfacieran de todas las maneras posibles sobre las colchonetas del gimnasio... Y para que no se aburrieran demasiado, todas las demás personas presentes en la fiesta, incluso el conserje y la cocinera, se fueron montando sus fiestecitas privadas... Pero sigue siendo igual de cierto que aquél año, en aquél instituto de la pequeña ciudad de Galicia, se disparó la natalidad... bueno, y las enfermedades de transmisión sexual... porque ¿Quién le explica a un zombi sediento de sexo cómo ponerse un condón?


La moraleja de esta historia: si haces un filtro amoroso, respeta las proporciones, las cantidades, los ingredientes, los procedimientos... Porque Clotilde tuvo mucha suerte... Con haber añadido cinco centímetros cúbicos de sangre, al margen de todo lo que ella había completado de su parte, y el conjuro no era tan divertido... Era la fórmula del Holocausto Caníbal... Aunque la fiesta habría resultado completamente inolvidable...