lunes, 6 de agosto de 2012

ESTACIONES...

"Próxima estación... Opera... Correspondencia con línea 2 y ramal norte..."

Debo confesarte varias cosas, la primera de ellas que, en el fondo, no soporto el metro... Odio el hacinamiento de los cuerpos, los olores y mentes, los pisotones, apretones, codazos y demás incomodidades... Pero también, muy a mi pesar, debo admitir algo: que no puedo vivir sin él... Es mi coto de caza particular porque... ¿en qué otro lugar podría encontrar tanta gente, tan atareada, tan preocupada, que ni siquiera se dan cuenta de que les estás robando aquello que más atesoran? Nada, ni su dinero, su trabajo, su ropa o su familia esclavizan más, ni los hacen más fácilmente manipulables a las personas que sus emociones y sus sentimientos... El deseo y el miedo son mis objetivos favoritos, sin descartar la lujuria... Siempre he sido un ladrón bastante especial...

"Próxima estación... La Latina..."

A veces me pregunto quién o qué soy realmente... Desde que dejé de sentir (¿pero alguna vez tuve sentimientos?), me alimento de vosotros... El dolor, el miedo, el terror, la locura, la desesperación o la pasión son algunos de mis platos favoritos... Vivo de ellos, observo, vigilo y, aunque resultan mucho más nutritivos en su estado puro, no dudo en provocarlos, metiéndome en vuestras mentes... Igual que hice contigo... Es muy fácil, fíjate...

"Próxima estación... Puerta de Toledo..."

Fíjate en él... Está allí sentado, fingiendo leer un libro, cuando en realidad no puede quitarle los ojos de encima a esa belleza latina que está sentada al otro lado del pasillo... Lleva ya un buen rato mirándola, devorándola con la mirada, y no puede quitársela de la cabeza... Lo sé... Y ella también le ha visto, y piensa en él... Al cerrar los ojos, los dos sueñan con la misma escena, que se levantan de sus bancos, juntan las manos en el centro del pasillo, sus labios se rozan con un beso... Sería tan fácil darles un empujoncito... Demasiado romántico y empalagoso para mí... Verás cómo hago que ella se baje en la próxima estación, aunque todavía le faltan cuatro para la suya, porque de repente tiene la impresión de que él la mira con los ojos de un depredador... Sería tan fácil convertir esa mirada en algo más... Pero estoy ocupado contigo...

"Próxima estación... Acacias... Correspondencia con línea 3..."

Te lo dije... Ahora él se siente estúpido, frustrado, imbécil por no haberle dicho lo que sentía... Y ella respira aliviada, como habiéndose librado de un depredador.... Y todas esas sensaciones son para mí un lujazo... Lástima no haber podido insuflar algo de odio en la mirada del chico... Y haber fomentado el temor en la de la chica... Ahora él se siente dolido, despreciado, miserable, por haber desperdiciado una oportunidad de sentir... Lo siento, amigo, tus problemas ya me aburren, así que hazme el favor de cambiarte de vagón...

"Próxima estación... Pirámides..."

Es fácil meterse en vuestros cerebros y alimentar el miedo que anida, siempre, en vuestro interior... A no ser lo bastante bueno en el trabajo, lo bastante agresivo para conseguir vuestras metas, lo bastante proactivo y asertivo... Una simple mirada basta para trazar el vínculo... Veamos qué otros sentimientos tenemos en el menú del día... ¿Aburrimiento? No me interesa... ¿Tristeza? Demasiado común... ¿Locura? Eso me trae muy buenos recuerdos... Le conocí una noche, como esta... Viajaba en el último vagón, llevaba una navaja en el bolsillo y demasiada droga en el cerebro para saber lo que quería en realidad... Yo me metí en su cabeza, y le dí la idea de matar a alguien, incluso le ayudé a escoger su víctima: uno de esos camellos que rondan por los túneles de Diego de León... Aunque hubiera servido cualquier otra persona...

"Próxima estación... Marqués de Vadillo..."

Resultó muy interesante asistir al encuentro, desde una prudencial distancia... Se dirigió hacia él, tal vez su camello habitual, y sin mediar palabra, le asestó un navajazo en el pecho... y luego, otro... y otro más... ¿El resultado? Una de mis mejores y más sabrosas comidas, un agridulce cóctel de emociones en estado puro: el terror en los ojos del camello; la locura que yo alimentaba en el cerebro del yonki; el miedo a ser cogido y, por encima de todo, el sordo y húmedo rumor de la hoja clavándose una y otra vez, el aroma dulzón y embriagador de la sangre recién derramada... Llegaron los vigilantes, opuso resistencia... Los golpes llovieron sobre su corrompido cuerpo, hicieron falta cuatro de ellos para reducirle... Y yo lo vi todo, y disfruté intensamente...

"Próxima estación... Urgel..."

Recuerdo uno de mis viajes... Por aquél entonces, estaba en América, la patria de las hamburguesas, la comida basura, el ketchup y los rifles de repetición... Con sus derechos constitucionales a comprar armas de fuego, es mucho más sencillo... Le encontré vagando por las calles, y descubrí en él un asesino en potencia, intensamente frustrado por su situación laboral y familiar... Fue muy fácil: le acompañé a su casa a media tarde, incluso le ayudé a escoger las armas (un fusil de repetición y dos pistolas del calibre 45), que guardó en una bolsa de deporte, y después le seguí hasta la azotea del centro comercial...

"Próxima estación... Oporto..."

En la azotea, el aire estaba impregnado del olor a caucho recalentado y a alquitrán del revestimiento... pero al cabo de unos minutos, los superaba el aroma de la cordita y de la pólvora.. Él disparaba lenta, metódicamente, y gracias a la mira telescópica, al silenciador y a su excelente puntería (era uno de esos veteranos de la Guerra del Golfo), diez personas cayeron al suelo casi sin causar alarma... Fue una buena tarde para mí... Más de veinte muertos (casi todos ellos con el cráneo reventado), una treintena de heridos graves, otros veinte leves... Al final, cuando sus manos ya no podían casi sentir el cañón de las armas, le obligué a meterse el último revolver en la boca, y a invertir en él la última bala, mientras que las fuerzas del orden se preparaban para el asalto final...

"Próxima estación... Vista Alegre..."

Aquí, en Madrid, también he "trabajado" bastante sabes... El famoso mendigo asesino fue uno de mis alumnos más aventajados... Un par de veces se escapó a mi control, se lo contó a las monjas de un convento, a la Policía, que algo dentro de él le llevaba a torturar y a matar a sus semejantes, arrojando los restos a un pozo... ¡Nadie le creyó!... Hasta que encontraron los cuerpos, y entonces ya había dejado de serme útil... Al final, le dejé libre: me aburría su forma tosca y poco refinada de matar...

"Próxima estación... Carabanchel..."

Me alimento del odio, de la muerte lenta y agónica, del sufrimiento... En los negocios y en el sexo, también funcionan mis poderes... Me he acostado con más seres humanos de ambos sexos de los que puedo o quiero recordar, seduciéndolos en fiestas, cines, teatros, iglesias... Incluso recuerdo una chica muy joven, casi una niña, que se convirtió en una de mis mejores asesinas, porque nadie podía sospechar que tras esa apariencia angelical se podía esconder una depravada y refinada asesina...

"Próxima estación... Aluche... Correspondencia con línea 10..."

En el fondo, os desprecio, meros sacos de sentimientos, emociones y temores... Pero os necesito para alimentarme... Nunca pensé que un humano lograría meterse en mi cerebro, como tú lo has hecho... Cometiste el error de mirarme a los ojos, y desde entonces, has caído en mis manos... ¿Nunca te dijeron que es de mala educación el mirar fijamente a los ojos a la gente en el metro? Yo te enseñaré un par de cosas esta tarde... Conocerás a una de mis discípulas más aventajadas... Y descubrirás que el dolor, la tortura y el sadismo no tienen límites... Y saciaré mi hambre... Has llegado al final de tu trayecto...




viernes, 13 de julio de 2012

EN LA CIUDAD...

Cada noche, o al menos con demasiada frecuencia, me asalta el mismo sueño... oscuro y difícil de describir, carente de sentido narrativo, pero que no deja de tener una cierta lógica espacial... En este sueño recorro, pero como si estuviera haciendo un viaje astral, en distintas alturas, y más bien como una mirada pura e incorpórea, o casi como una cámara de televisión que como un ser viviente, una ciudad inmensa... La ciudad no tiene límites visibles, tiene una topografía monótona y repetitiva, dividida en formas geométricas más que en barrios, y animada de una circulación intensa...
Millares de seres van y vienen, entran y salen de edificios idénticos, ascendiendo por largas avenidas rectilíneas, bajando bajo la tierra a través de las bocas de metro para volver a la superficie en otro lugar, de manera incesante y sin objetivo aparente...

Si yo, o más bien esa mirada incorpórea en la que me había transformado, bajaba desde las alturas para mirar de cerca aquellas avenidas, comprobaba que aquellos hombres y mujeres no se distinguían los unos de los otros por ningún rasgo en particular, todos tenían la piel blanca, los ojos azules, pálidos, perdidos... ojos color cielo, pero que parecían no ver...

La ciudad está recorrida por numerosas vías (de tren, de metro, quién sabe...), por las que se desplazaban unos pequeños trenes (parecidos al metro ligero de Madrid), que se paraban en determinados puntos, para vomitar un flujo de pasajeros que siempre eran reemplazados, hasta donde se perdía la vista...

Durante las noches siguientes, llegué a entrar en algunos de esos edificios, que tanto me habían llamado la atención por su uniformidad... Largas filas de personas se movían entre inmensas mesas comunes, donde servían extraños alimentos de aspecto poco apetitoso, y las letrinas, comiendo y defecando como si fuera lo más natural del mundo... Sobre largas filas de literas, las personas hacían su vida, fornicando a la vista de los demás, con total indiferencia... y nacían niños en las salas de los hospitales colectivos... Los niños jugaban en las calles, de vez en cuando alguno de ellos era atropellado por los trenes, pero a nadie parecía importarle... Y cuando los niños habían crecido lo suficiente, salían a ocupar su lugar entre las filas de aquellas personas anónimas de ojos azul cielo y pieles blancas, en aquella ciudad casi ideal entre la que no existían los sentimientos, ni los miedos... La ciudad de la ausencia de sentimientos y de problemas, porque tampoco había lugar para las ambiciones ni los miedos...

Poco a poco, en los distintos viajes, a base de observarlo todo desde distintos puntos de vista, se desprendía una especie de orden de aquél maremagnum en apariencia indescifrable: imperceptiblemente, una cierta cantidad de personas terminaban siempre estando en el mismo lugar, y entraban al fin dentro de algunas de aquellas edificaciones sin ventanas en las que se acostaban en las literas, para morir sin una palabra, sin mirar atrás...

Unos especialistas de la muerte, vestidos de gris oscuro venían entonces y cogían a aquellos que podían contribuir todavía a mantener el extraño ritmo de la ciudad, luego, sus cuerpos eran quemados dentro de unos grandes hornos que servían al mismo tiempo para calentar el agua caliente distribuida por las canalizaciones; sus huesos, o lo que quedaba de ellos, eran triturados y utilizados luego como material para construir nuevas casas o pavimentar las calles; el humo procedente de los crematorios se alza en el cielo gris, mezclándose con el de las chimeneas de las fábricas vecinas, como formando un río lento y solemne...

Y en aquél momento del sueño, cuando me elevaba de nuevo en el cielo gris, mirando desde arriba la extraña ciudad, conseguía distinguir un cierto equilibrio en lo que estaba mirando: la cantidad de nacimientos, en los paritorios, igualaba el número de defunciones... Y la sociedad se auto-regulaba, se auto-reproducía, dentro de un equilibrio perfecto, siempre igual pero siempre en movimiento, sin producir ningún excedente y sin sufrir ninguna disminución o modificación...

Y al despertar, me parecía evidente que aquellos sueños, extraños, perturbadores pero al mismo tiempo serenos y desapasionados, representaban la ciudad perfecta, que había alcanzado la perfección, la auto-regulación, funcionando perfectamente.... Pero al mismo tiempo perfectamente inútil, porque a pesar de este movimiento de personas, de trenes, de calles y de largas avenidas...

Desprovista de sus oropeles, de sus ansias y de su vana agitación, la vida humana se resumía más o menos de la misma manera: fornicar, nacer, morir, desaparecer... Una vez que se habían reproducido, perdían su utilidad, al haber cumplido la obligación de la especie, más o menos siguiendo la consigna del "creced y multiplicaos"... Y en cuanto a la finalidad de los seres humanos, de los extraños y apáticos habitantes de la ciudad perfecta que noche tras noche se ofrecía a mis cansados ojos, no era otra que levantarse cada mañana y proseguir con la rutina...

Pero si se observaba todo aquello de forma desapasionada, como yo creía poder hacerlo, la inutilidad de todos aquellos esfuerzos era evidente, igual que la reproducción misma de sus habitantes, porque no servía a otra cosa que para mantener en marcha el mismo esquema...

Y entonces me planteaba una pregunta... Si toda aquella ciudad, con su rígida organización, su violencia absurda, el reaprovechamiento macabro de las materias primas, su jerarquía meticulosa, no sería más que una metáfora, una "reductio ad absurdum", de nuestra vida cotidiana.... como habitantes involuntarios de una gran ciudad como Madrid o Barcelona...

En la ciudad...

lunes, 19 de marzo de 2012

PUENTE DE SUEÑOS ROTOS

(Reflexiones in situ. Extractos del atestado policial) "Nos presentamos en la vivienda de Claudio G.P. de 34 años, residente en la calle Espíritu Santo nº XX, en un pequeño piso de alquiler. Nos facilita la entrada el portero de la vivienda, que también lleva el mantenimiento del edificio... El saloncito parece un altar, pues decenas de fotos, casi todas ellas de la misma chica rubia, ojos azules, piel moreda, aproximadamente un metro setenta, unos cincuenta y cinco kilos de peso (nota: investigar posible acoso). La mayor parte de las fotos están pinchadas en el ángulo de la pared que separa el salón del dormitorio. Unas seis decenas de pequeñas velas, rojas y blancas, repartidas sobre la cómoda donde se encuentra la foto de más tamaño, iluminan la estancia. El aire está cargado con el olor a cera, a ceniza, y a incienso. Delante del altarcito, sentado en la posición del loto, se encuentra el jóven, vestido con un chándal gris con capucha, camiseta blanca, y calcetines blancos. No parece tener signos vitales externos, pero un reconocimiento más detallado permite localizar un débil pulso carotídeo. Los servicios de emergencia acuden con rapidez, y lo llevan al hospital más cercano. Mientras tanto, intento comprender lo que ha podido pasar esta noche en este piso céntrico. Al desplazar el cuerpo, aparece, a la altura de su mano derecha, una pequeña grabadora, con la luz roja parpadeando. La recojo, y por si contiene información de utilidad, la ensobro y me la llevo a la Comisaría."
















(Cinta de la grabadora. En Comisaría). "Esta noche lo voy a intentar, ya estoy cansado de tus silencios, de tus mensajes que espero cada mañana al llegar a la oficina, esos cinco minutos de espera, antes de que lleguen los compañeros, son lo mejor del día... Esa dulce espera... Paso toda la noche soñando contigo, imaginando que tendré noticias tuyas, casi siempre salto de la cama y voy corriendo a la ducha, me visto, desayuno y cojo el metro... Sí, podría revisar el correo desde casa, solamente serían un par de minutos, pero no quiero disminuir la magia... Hace dos meses que te cambiaron a otra sucursal del banco, por petición propia, y desde entonces, Minerva, no te imaginas cuantas veces he lamentado el haber sido tan cordial, tan atento, y tan respetuoso contigo, un amigo tan fiel... Cuando lo que sentía era algo tan distinto...









Desde el primer momento, desde la primera vez que te veo, me quedo absolutamente deslumbrado por tus ojos verde botella, tu larga melena rubia, tu piel bronceada, tu cuerpo delgado y atlético, tus labios carnosos... Nos presenta el jefe de personal: "Minerva, éste es Claudio, tu nuevo compañero. Espero que le irás enseñando el centro, le explicarás sus funciones, y conseguirás que se sienta a gusto entre nosotros. Bueno, os dejo." Debo reconocer que no recuerdo casi nada de lo que me dices aquella tarde del mes de marzo, cuando me llevas por las dos plantas de la empresa, situada en la Torre del Real Madrid. En esos momentos, todo mi ser está centrado en tí, en la dulzura un poco ronca de tu voz, en la forma en que el sol se reflejaba en tu melena dorada, en el movimiento de tus caderas dentro del traje de chaqueta gris marengo, la curva de tus pechos bajo la blusa blanca, los reflejos de la seda en tus piernas, y la forma en que toda tú eres perfecta... Durante esa presentación inicial de los distintos jefes de departamento con los que podría tener trato por mi condición de auditor externo, debo reconocer que no me entero de casi nada... Solamente tengo ojos y oídos para tí... pero mi lengua se la ha comido el gato... y creo que se me nota mucho, porque de repente, te das la vuelta, me tomas del brazo y me preguntas: "¿Te has enterado de algo de lo que te he dicho?" Yo me quedo quieto, y posiblemente se me ponen coloradas las puntas de las orejas (como me pasa siempre que me emociono), porque lo siguiente que oigo es tu hermosa, suave, cristalina, etérea risa, y luego me dices: "Bueno, mejor lo repasamos mientras tomamos una taza de café... pero de la máquina, no... mejor en la cafetería de la planta baja..."









Ese fue el primero de muchos cafés, a veces, incluso dos o tres, casi siempre solos, en la cafetería, mirando pasar a la gente como si fueran los peces del Acuario de Donosti... Pensandolo fríamente, aquellos fueron los mejores tiempos de nuestra "no-relación", los dos primeros meses, mientras me ibas poniendo al día de las características especiales del cliente, de lo que esperaba de nosotros como auditores externos ("confidencialidad, ante todo, confidencialidad", me recordabas impostando la voz para imitar al jefe de Personal...), del funcionamiento de la empresa (una filial del National Nederlanden), de tu novio el periodista (¡cómo no ibas a tenerlo!)... Mientras aumentaba nuestro nivel de confianza, yo iba asumiendo el papel de amigo comprensivo, experimentado, leal y fiel... Ya que no me ves de otra manera, al menos puedo estar a tu lado, escucharte, disfrutar con tu presencia, con tu risa...









Poco a poco, me he acostumbrado a mi papel, con el paso de los meses, algunos compañeros pensaban, al vernos tanto tiempo juntos, por nuestros paseos, nuestras escapadas al cercano centro comercial, alguna peli los viernes de verano, que entre nosotros había algo más... Por desgracia, nunca hubo nada más... tú pronunciaste las odiosas palabras, que tan experto me he vuelto en escuchar: "Sabes, Claudio, tengo muchísima suerte de que seas mi amigo, si no fuera por tí..." Y con cada una de esas palabras, me ibas dejando muy claro mi lugar en tu mundo, que no era, ni de lejos, el que yo había imaginado..." (fin de la primera cinta).









(Testimonio de la vecina del tercero interior derecha) "Claudio es un chico formal, educado, siempre atento, siempre colaborador con los vecinos, incluso cuando volvía a su casa, después de todo el día trabajando, siempre saludaba, llamaba a mi puerta con los nudillos, de esa forma suya tan peculiar, para saber que estaba bien... Un par de veces en semana, casi siempre los martes y los viernes, me ayuda con la compra, a subir las dos botellas de leche, la verdura, el embutido, y luego se quedaba unos minutos a tomár un café de puchero, como el de antes, si quieren les preparo un poco, señores comisarios, ah, perdón, señor inspector y señor agente... Claudio siempre me dice que le recuerdo mucho a su abuela, y por eso me tiene tanto cariño, y yo a él... Por eso, cuando le veo tan afectado por el mal de amores, que ni come, ni duerme, ni descansa, siempre Minerva esto, Minerva aquello, Minerva me ha dicho, Minerva ha hecho, me decido a ayudarle, de la mejor manera que sé: con un filtro amoroso especial, elaborado con la mejor tradición de las meigas gallegas, con eleboro, cardamomo, valeriana, camomila (por el sabor), raices de mandrágora, algo de beleño, otro poco de adormidera, y unas cuantas plantas más, que no puedo citar, pues algunas de ellas no son demasiado legales, me temo, pero sí lo eran en los tiempos de mi bisabuela.... Sí, señor inspector, le dí la poción hace dos días, con la instrucción de que antes sacara del cajón negro la otra mitad del amuleto que le dió a la mujer de sus pensamientos, para que entre los dos, a la luz de las velas y de la luna llena, efectuara el conjuro del puente de sueños, y consiguiera, al menos en parte, su objetivo. Minerva, ni le quiere, ni le ha querido, ni le querrá jamás, Claudio es a sus ojos solamente un buen amigo, y nada más, y nunca será otra cosa, si no hubiera dejado pasar tanto tiempo desde el momento en que se conocieron, si no hubiera tenido tanto miedo al rechazo, si no se hubiera metido de lleno en su papel no deseado, igual ayudado por la magia gallega... Pero ahora es demasiado tarde, ¿verdad?, hasta para un filtro amoroso, para que funcione, tiene que haber una mínima parte de amor por las dos partes, y por eso fabriqué para Claudio, primero los dos amuletos gemelos, que ella tiene desde hace más de seis meses pegado sobre su pecho, y luego el filtro del puente de sueños, para que al menos pasasen juntos una noche y un amanecer, pero claro, las cosas no siempre salen como uno desea..."



(Pensamientos de Claudio en el Hospital) "Algo tenía que salir mal... si es que soy un desgraciado... Lo preparo todo concienzudamente, espero lo necesario, realizo ejercicios de meditación contando los puntos del gotelé hasta llegar a mil... todo ello, por supuesto, a la luz de las velas... las dihosas velas... las seis docenas de velas... Me parecían muchas, para mi apartamento de 40 metros... De todas formas, me tomé el bebedizo a las doce menos cuarto... Al principio, nada... Sigo meditando... Es curioso... en la zona superior derecha del salón, veo un puntito muy brillante... luego otro... y otro... y otro más.... es media pared, la que se ha puesto a brillar fuertemente... y termina dibujando una puerta... Aunque mi cuerpo sigue sentado, lo estoy viendo perfectamente... ahora, me levanto, voy hacia la puerta de luz... la abro... detrás de ella, un puente colgante, de cuerda y bambú, sobre un gran abismo... hay viento... el puente se balancea con cada ráfaga... alcanzo el otro extremo... otra puerta... parece de armario, de esas de listoncitos, como en las películas americanas... Veo una cama grande, de matrimonio, con baldaquino de forja negro, un cobertor de color crudo con algunas grecas azules, varios cojines a juego a los piés, y muchos peluches, casi todos ositos, en el cabecero... Veo dos puertas, un gran espejo, una mesilla y un galán de noche a juego... La luz de la luna llena inunda la estancia¿Dónde estoy?



Se abre una puerta, oigo pasos, encienden una luz en la mesilla de noche... Es ella... ELLA... Minerva... Qué guapa está, con su traje de chaqueta color gris marengo, su blusa de seda blanca, las medias color humo, y sus zapatos de tacón... Parece cansada, pero a pesar de todo, la encuentro super atractiva... ¡Entonces lo comprendo todo! ¡El hechizo del puente de sueños ha funcionado, y estoy en su dormitorio! Y lo mejor de todo, ella no puede verme... Salgo del armario... y me siento en la silla... que empiece la función... Sólo me faltan dos cosas: un buen vaso de coñac, y Joe Cocker, cantando "You can leave your hat on"... Resulta muy excitante... Ahora se está quitando el pasador del pelo, liberando su larga cabellera rubia... Luego, se quita la chaqueta, la falda, lleva medias con liguero... Solamente lleva puesta la blusa de seda, y la ropa interior... Ha terminado... complemanente desnuda, la sigo hasta la ducha... entro con ella... la espuma cubre la mitad superior de su rostro, se está lavando el pelo, con los ojos cerrados... un reguero blanco se desliza sobre sus senos, bajo la mirada... ¡Es rubia natural! Si tuviera cuerpo, ahora mismo tendría una salvaje erección... ansío tocarla, pero ya lo he intentado, no puedo hacerlo... Se seca lentamente, Chanel nº 5, y luego, se contempla largamente en el espejo de la habitación... Completamente desnuda, bajo la luz de la luna... Es una de las mujeres más atractivas que conozco... Satisfecha con el resultado, se pone un tanga limpio y un camisón cortito de raso, y se tumba sobre la cama, curbiéndose someramente con las sábanas... Paso un par de horas observándola, recorriendo con la mirada cada centímetro de su cuerpo, aprovechando la ocasión para memorizarlo todo... Plenamente satisfecho, decido volver a mi cuerpo, usando el puente de sueños... Entro en el armario, y allí está, el puente de sueños... Pero está roto, las cuerdas cortadas penden a ambos lados del abismo... Entonces, comprendo que algo ha salido tremendamente mal..."



(Informe del especialista) "Los resultados de la anatomía patológica y de toxicología permiten comprender en parte lo sucedido. Las sustancias que le facilitó la "meiga" son un conjunto de plantas, flores y polvos, destinados a generar en el consumidor una serie de fantasías eróticas sobre la persona que desea, o con la que experimenta una fuerte fijación. El "ingrediente secreto" está formado por una pastilla de Viagra, y una dosis de PCB. Si es la única vez que se recurre a la mezcla de ambas sustancias y demás parafernalia, resulta inocuo... El mayor problema, en este caso, ha sido la anoxia: la gran cantidad de velas, en un espacio tan reducido, ha eliminado casi todo el oxígeno. La disminución del ritmo cardiaco y respiratorio inducido por las drogas, ha provocado un colapso, de difícil pronóstico... El paciente se encuentra en coma neurológico, sin causas aparentes, y necesita soporte vital... Por su juventud y estado general, no es posible efectuar un pronóstico certero: igual puede permanecer en coma para siempre, o despertarse cualquier día..."



(Pensamientos de Claudio en el Centro de Recuperación Neurológica) "Casi 4000 noches después, sigo preso, entre el cuarto de Minerva, su baño, y poco más... Ni siquiera conozco el resto de la casa... Al principio, añoraba tener cuerpo y manos, al menos para entretenerme un poco... Pero al cabo de 1000 noches, lo único que me interesaba era irme de allí... Y mucho más cuando traía algún amante ocasional a casa... ver lo que hacían me generaba una mezcla de sentimientos: ansiedad, vergüenza, envidia, asco... Ahora, está casada, su marido es un buenazo, tiene dos hijas preciosas... Pero yo me he tragado todos los nervios, las manías, las nauseas, las vomitonas, los nervios, los celos, día tras día, noche tras noche... He vivido muy de cerca los embarazos... Lo peor de todo, son las vacaciones, me quedo completamente solo en este espacio reducido... No duermo nunca... No puedo escapar... He intentado terminar con todo varias veces, lanzandome al abismo, pero como no tengo masa, floto como un pez entre dos aguas... No puedo cruzar el puente de sueños rotos... Intento hacer una cuerda trenzando cachos de hierba, pero no lo consigo, pues no tengo manos, ni cuerpo, ni voz, ni nada... Estoy condenado a mirar, a sentir, a no poder comunicarme ni hacer nada... He memorizado hasta el mínimo detalle de la habitación, he entrado en todos sus muebles, resulta curioso que hagan el amor encima tuyo, conozco perfectamente cada arruga de la algombra, de las sábanas, cada pequeña grieta del cuarto de baño.... Estoy condenado a pasar el resto de mi vida con ella... sin haberla tocado jamás... Debo permanecer en este cuarto... sin poder salir... La única liberación, temo, vendrá con la muerte, con la suya o con la mía...





Nunca cruces un puente de sueños..."