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viernes, 13 de julio de 2012

EN LA CIUDAD...

Cada noche, o al menos con demasiada frecuencia, me asalta el mismo sueño... oscuro y difícil de describir, carente de sentido narrativo, pero que no deja de tener una cierta lógica espacial... En este sueño recorro, pero como si estuviera haciendo un viaje astral, en distintas alturas, y más bien como una mirada pura e incorpórea, o casi como una cámara de televisión que como un ser viviente, una ciudad inmensa... La ciudad no tiene límites visibles, tiene una topografía monótona y repetitiva, dividida en formas geométricas más que en barrios, y animada de una circulación intensa...
Millares de seres van y vienen, entran y salen de edificios idénticos, ascendiendo por largas avenidas rectilíneas, bajando bajo la tierra a través de las bocas de metro para volver a la superficie en otro lugar, de manera incesante y sin objetivo aparente...

Si yo, o más bien esa mirada incorpórea en la que me había transformado, bajaba desde las alturas para mirar de cerca aquellas avenidas, comprobaba que aquellos hombres y mujeres no se distinguían los unos de los otros por ningún rasgo en particular, todos tenían la piel blanca, los ojos azules, pálidos, perdidos... ojos color cielo, pero que parecían no ver...

La ciudad está recorrida por numerosas vías (de tren, de metro, quién sabe...), por las que se desplazaban unos pequeños trenes (parecidos al metro ligero de Madrid), que se paraban en determinados puntos, para vomitar un flujo de pasajeros que siempre eran reemplazados, hasta donde se perdía la vista...

Durante las noches siguientes, llegué a entrar en algunos de esos edificios, que tanto me habían llamado la atención por su uniformidad... Largas filas de personas se movían entre inmensas mesas comunes, donde servían extraños alimentos de aspecto poco apetitoso, y las letrinas, comiendo y defecando como si fuera lo más natural del mundo... Sobre largas filas de literas, las personas hacían su vida, fornicando a la vista de los demás, con total indiferencia... y nacían niños en las salas de los hospitales colectivos... Los niños jugaban en las calles, de vez en cuando alguno de ellos era atropellado por los trenes, pero a nadie parecía importarle... Y cuando los niños habían crecido lo suficiente, salían a ocupar su lugar entre las filas de aquellas personas anónimas de ojos azul cielo y pieles blancas, en aquella ciudad casi ideal entre la que no existían los sentimientos, ni los miedos... La ciudad de la ausencia de sentimientos y de problemas, porque tampoco había lugar para las ambiciones ni los miedos...

Poco a poco, en los distintos viajes, a base de observarlo todo desde distintos puntos de vista, se desprendía una especie de orden de aquél maremagnum en apariencia indescifrable: imperceptiblemente, una cierta cantidad de personas terminaban siempre estando en el mismo lugar, y entraban al fin dentro de algunas de aquellas edificaciones sin ventanas en las que se acostaban en las literas, para morir sin una palabra, sin mirar atrás...

Unos especialistas de la muerte, vestidos de gris oscuro venían entonces y cogían a aquellos que podían contribuir todavía a mantener el extraño ritmo de la ciudad, luego, sus cuerpos eran quemados dentro de unos grandes hornos que servían al mismo tiempo para calentar el agua caliente distribuida por las canalizaciones; sus huesos, o lo que quedaba de ellos, eran triturados y utilizados luego como material para construir nuevas casas o pavimentar las calles; el humo procedente de los crematorios se alza en el cielo gris, mezclándose con el de las chimeneas de las fábricas vecinas, como formando un río lento y solemne...

Y en aquél momento del sueño, cuando me elevaba de nuevo en el cielo gris, mirando desde arriba la extraña ciudad, conseguía distinguir un cierto equilibrio en lo que estaba mirando: la cantidad de nacimientos, en los paritorios, igualaba el número de defunciones... Y la sociedad se auto-regulaba, se auto-reproducía, dentro de un equilibrio perfecto, siempre igual pero siempre en movimiento, sin producir ningún excedente y sin sufrir ninguna disminución o modificación...

Y al despertar, me parecía evidente que aquellos sueños, extraños, perturbadores pero al mismo tiempo serenos y desapasionados, representaban la ciudad perfecta, que había alcanzado la perfección, la auto-regulación, funcionando perfectamente.... Pero al mismo tiempo perfectamente inútil, porque a pesar de este movimiento de personas, de trenes, de calles y de largas avenidas...

Desprovista de sus oropeles, de sus ansias y de su vana agitación, la vida humana se resumía más o menos de la misma manera: fornicar, nacer, morir, desaparecer... Una vez que se habían reproducido, perdían su utilidad, al haber cumplido la obligación de la especie, más o menos siguiendo la consigna del "creced y multiplicaos"... Y en cuanto a la finalidad de los seres humanos, de los extraños y apáticos habitantes de la ciudad perfecta que noche tras noche se ofrecía a mis cansados ojos, no era otra que levantarse cada mañana y proseguir con la rutina...

Pero si se observaba todo aquello de forma desapasionada, como yo creía poder hacerlo, la inutilidad de todos aquellos esfuerzos era evidente, igual que la reproducción misma de sus habitantes, porque no servía a otra cosa que para mantener en marcha el mismo esquema...

Y entonces me planteaba una pregunta... Si toda aquella ciudad, con su rígida organización, su violencia absurda, el reaprovechamiento macabro de las materias primas, su jerarquía meticulosa, no sería más que una metáfora, una "reductio ad absurdum", de nuestra vida cotidiana.... como habitantes involuntarios de una gran ciudad como Madrid o Barcelona...

En la ciudad...

domingo, 19 de diciembre de 2010

LA NOCHE DE JACK...

Caminar, en silencio, por la larga calle de la ciudad desierta... Solamente tus pasos y su eco te permiten darte cuenta de que sigues vivo... Eso, y el vaho que desprende tu respiración... Nadie, absolutamente nadie, se atreve ya a pasear por las calles de tu pequeña ciudad de provincias, desde que el primer cadáver fue descubierto...

Es una noche cualquiera, de invierno, de este año, aunque podría haber sido de cualquier otro, puesto que incluso el tiempo parece haberse detenido para siempre, gracias a los desvelos del Ayuntamiento y de la concejalía de Turismo y Espectáculos... Todos aquellos objetos que atentaban contra la atemporalidad han sido retirados desde las cabinas de teléfonos (que de todas formas nadie utiliza, con los móviles de última generación implantados directamente en la laringe), las pintadas, todos los carteles de los comercios... Incluso los productos han sido camuflados: donde pone "Guarnicionería", y detrás de un escaparate lleno de sillas de montar, fustas y polainas de cuero, se esconde un modernísimo concesionario de máquinas de café; y tras el cristal de una "Taberna" se camufla una discoteca de primerísima fila... Los propios escaparates, con la tecnología de realidad virtual, permiten que siempre sea el mismo año, 1888, y que propios y extraños tengan una visión distinta de la realidad... La modernidad escondida por la tecnología punta... Los propios habitantes de la ciudad, y siempre por el ansia turística, se visten con ropajes clónicos del siglo XIX, y se desplazan en monociclos, velocípedos, o coches de caballos... aunque los animales hayan sido sustituidos por robots hace diez años, por culpa de las emisiones de gas metano y los restos orgánicos...

Es por lo tanto una ciudad fabril del siglo XIX, pero ubicada en el corazón de España... Hasta el año 2013, el Ayuntamiento, agobiado por las deudas, la elevadísima tasa de desempleo no se planteó la posibilidad de aceptar la propuesta de International Thematic Parks & Fun (Parques Temáticos Internacionales & Diversión): comprar la ciudad entera, y a todos sus habitantes, por una cantidad desorbitada... a cambio de convertirse en el primer parque temático temporal, incluyendo a todos los humanos que deseasen quedarse... Durante dos años enteros, los especialistas en ILM y los más prestigiosos decoradores de Hollywood y de Cinecitá, asesorados por un equipo de especialistas en la sociedad victoriana, se dedicaron a elminar cualquier recuerdo del siglo XXI: bocas de riego, parkings, asfalto, cabinas de teléfonos, comercios... para devolverle a New London (el "original nombre" que le pusieron) todo el esplendor perdido... Mientras tanto, los habitantes disfrutaron de unas cómodas vacaciones de dos meses al año, y el resto del tiempo, aprendieron a comportarse, pensar, actuar y trabajar como en aquellos tiempos... Resurgieron por ello profesiones olvidadas, como el sereno, el aguador, el matutero (bueno, esa no había desaparecido)... Desaparecieron de puertas afuera todos los avances tecnológicos de los siglos XX y XXI... Mientras que un ingenioso sistema de ventanas inteligentes, el mismo que se aplicaba a los escaparates, permitía que los visitantes sintieran que formaban parte del siglo XIX... adaptando lo que sucedía dentro de las casas, al aspecto original...

Se trataba por lo tanto, del mayor, y más complejo, parque temático de inserción total de todo el mundo... Un trocito de la Inglaterra victoriana, incrustado en el corazón de Soria... No faltaban, por supuesto, personajes tan interesantes como las taberneras, los vendedores de pescado, las fulanas, los cocheros (los taxis fueron sustituidos por faetones y otros coches de caballos), los limpiabotas, los obreros... y toda una larga colección de oficios rescatados del olvido... Una ciudad entera, viviendo a caballo entre tos épocas... y convertida en un gran negocio... sumamente rentable... De cuatro a seis meses, es la media de tiempo de espera para poder acceder a las instalaciones, y sumergirte durante una semana y media, realizando un viaje en el tiempo... Una experiencia única, sobre todo cuando los adelantos tecnológicos posteriores a 2050 han convertido el planeta entero en una inmensa masa de megalópolis, sin personalidad, ni autenticidad, ni carácter propio...

New London no deja de ser el último reducto, aunque sea falso, del romanticismo, de los ideales perdidos, de los trabajos de siempre... y de una vida más sencilla... aunque no menos peligrosa... Las máquinas de niebla y de contaminación consiguen preservar la autenticidad del ambiente... Algunas calles y callejones, debidamente iluminados por los especialistas con farolas de gas, tienen un ambiente tétrico desde el atardecer... Las oleadas de visitantes y de residentes se han ido retirando de las calles, las tabernas se convierten, una noche más, en el centro neurálgico... Esta noche, el gran Carusso ha dado un recital en la Ópera, uno de los proyectos más emblemáticos, sobre todo por la tecnología de realidad virtual que permite reconstruir la actuación a partir de una serie de fotos y de grabaciones originales...

Tus pisadas son las únicas que se escuchan en la calle desierta... A lo lejos, los bancos de niebla se van espesando, contribuyendo a crear una atmósfera extraña, en la que te sientes a gusto... Eres el hijo de la noche... La máxima estrella... La razón del éxito del parque temático... Porque esta noche, matarás a otra mujer, escogida al azar... Es lo que se espera de ti... Que asesines y descuartices, con el mismo estilo que el Maestro... Que adoptes sus métodos, y seas más inteligente que los policías, vestidos como agentes del New Scotland Yard...

Porque tú eres la estrella... el carnicero... el descendiente de Jack El Destripador... Y te gusta hacer bien tu trabajo... Tal vez, esta noche te dediques a disfrutar, mirándoles, regodeándote con tu poder... Quizás prefieras aprovechar estas horas para leer un buen libro en tu casa, o tomar unas copas en cualquier taberna... Todo es posible... porque tú eres la estrella...