Debo confesarte varias cosas, la primera de ellas que, en el fondo, no soporto el metro... Odio el hacinamiento de los cuerpos, los olores y mentes, los pisotones, apretones, codazos y demás incomodidades... Pero también, muy a mi pesar, debo admitir algo: que no puedo vivir sin él... Es mi coto de caza particular porque... ¿en qué otro lugar podría encontrar tanta gente, tan atareada, tan preocupada, que ni siquiera se dan cuenta de que les estás robando aquello que más atesoran? Nada, ni su dinero, su trabajo, su ropa o su familia esclavizan más, ni los hacen más fácilmente manipulables a las personas que sus emociones y sus sentimientos... El deseo y el miedo son mis objetivos favoritos, sin descartar la lujuria... Siempre he sido un ladrón bastante especial...
"Próxima estación... La Latina..."
A veces me pregunto quién o qué soy realmente... Desde que dejé de sentir (¿pero alguna vez tuve sentimientos?), me alimento de vosotros... El dolor, el miedo, el terror, la locura, la desesperación o la pasión son algunos de mis platos favoritos... Vivo de ellos, observo, vigilo y, aunque resultan mucho más nutritivos en su estado puro, no dudo en provocarlos, metiéndome en vuestras mentes... Igual que hice contigo... Es muy fácil, fíjate...
"Próxima estación... Puerta de Toledo..."
Fíjate en él... Está allí sentado, fingiendo leer un libro, cuando en realidad no puede quitarle los ojos de encima a esa belleza latina que está sentada al otro lado del pasillo... Lleva ya un buen rato mirándola, devorándola con la mirada, y no puede quitársela de la cabeza... Lo sé... Y ella también le ha visto, y piensa en él... Al cerrar los ojos, los dos sueñan con la misma escena, que se levantan de sus bancos, juntan las manos en el centro del pasillo, sus labios se rozan con un beso... Sería tan fácil darles un empujoncito... Demasiado romántico y empalagoso para mí... Verás cómo hago que ella se baje en la próxima estación, aunque todavía le faltan cuatro para la suya, porque de repente tiene la impresión de que él la mira con los ojos de un depredador... Sería tan fácil convertir esa mirada en algo más... Pero estoy ocupado contigo...
"Próxima estación... Acacias... Correspondencia con línea 3..."
Te lo dije... Ahora él se siente estúpido, frustrado, imbécil por no haberle dicho lo que sentía... Y ella respira aliviada, como habiéndose librado de un depredador.... Y todas esas sensaciones son para mí un lujazo... Lástima no haber podido insuflar algo de odio en la mirada del chico... Y haber fomentado el temor en la de la chica... Ahora él se siente dolido, despreciado, miserable, por haber desperdiciado una oportunidad de sentir... Lo siento, amigo, tus problemas ya me aburren, así que hazme el favor de cambiarte de vagón...
"Próxima estación... Pirámides..."
Es fácil meterse en vuestros cerebros y alimentar el miedo que anida, siempre, en vuestro interior... A no ser lo bastante bueno en el trabajo, lo bastante agresivo para conseguir vuestras metas, lo bastante proactivo y asertivo... Una simple mirada basta para trazar el vínculo... Veamos qué otros sentimientos tenemos en el menú del día... ¿Aburrimiento? No me interesa... ¿Tristeza? Demasiado común... ¿Locura? Eso me trae muy buenos recuerdos... Le conocí una noche, como esta... Viajaba en el último vagón, llevaba una navaja en el bolsillo y demasiada droga en el cerebro para saber lo que quería en realidad... Yo me metí en su cabeza, y le dí la idea de matar a alguien, incluso le ayudé a escoger su víctima: uno de esos camellos que rondan por los túneles de Diego de León... Aunque hubiera servido cualquier otra persona...
"Próxima estación... Marqués de Vadillo..."
Resultó muy interesante asistir al encuentro, desde una prudencial distancia... Se dirigió hacia él, tal vez su camello habitual, y sin mediar palabra, le asestó un navajazo en el pecho... y luego, otro... y otro más... ¿El resultado? Una de mis mejores y más sabrosas comidas, un agridulce cóctel de emociones en estado puro: el terror en los ojos del camello; la locura que yo alimentaba en el cerebro del yonki; el miedo a ser cogido y, por encima de todo, el sordo y húmedo rumor de la hoja clavándose una y otra vez, el aroma dulzón y embriagador de la sangre recién derramada... Llegaron los vigilantes, opuso resistencia... Los golpes llovieron sobre su corrompido cuerpo, hicieron falta cuatro de ellos para reducirle... Y yo lo vi todo, y disfruté intensamente...
"Próxima estación... Urgel..."
Recuerdo uno de mis viajes... Por aquél entonces, estaba en América, la patria de las hamburguesas, la comida basura, el ketchup y los rifles de repetición... Con sus derechos constitucionales a comprar armas de fuego, es mucho más sencillo... Le encontré vagando por las calles, y descubrí en él un asesino en potencia, intensamente frustrado por su situación laboral y familiar... Fue muy fácil: le acompañé a su casa a media tarde, incluso le ayudé a escoger las armas (un fusil de repetición y dos pistolas del calibre 45), que guardó en una bolsa de deporte, y después le seguí hasta la azotea del centro comercial...
"Próxima estación... Oporto..."
En la azotea, el aire estaba impregnado del olor a caucho recalentado y a alquitrán del revestimiento... pero al cabo de unos minutos, los superaba el aroma de la cordita y de la pólvora.. Él disparaba lenta, metódicamente, y gracias a la mira telescópica, al silenciador y a su excelente puntería (era uno de esos veteranos de la Guerra del Golfo), diez personas cayeron al suelo casi sin causar alarma... Fue una buena tarde para mí... Más de veinte muertos (casi todos ellos con el cráneo reventado), una treintena de heridos graves, otros veinte leves... Al final, cuando sus manos ya no podían casi sentir el cañón de las armas, le obligué a meterse el último revolver en la boca, y a invertir en él la última bala, mientras que las fuerzas del orden se preparaban para el asalto final...
"Próxima estación... Vista Alegre..."
Aquí, en Madrid, también he "trabajado" bastante sabes... El famoso mendigo asesino fue uno de mis alumnos más aventajados... Un par de veces se escapó a mi control, se lo contó a las monjas de un convento, a la Policía, que algo dentro de él le llevaba a torturar y a matar a sus semejantes, arrojando los restos a un pozo... ¡Nadie le creyó!... Hasta que encontraron los cuerpos, y entonces ya había dejado de serme útil... Al final, le dejé libre: me aburría su forma tosca y poco refinada de matar...
"Próxima estación... Carabanchel..."
Me alimento del odio, de la muerte lenta y agónica, del sufrimiento... En los negocios y en el sexo, también funcionan mis poderes... Me he acostado con más seres humanos de ambos sexos de los que puedo o quiero recordar, seduciéndolos en fiestas, cines, teatros, iglesias... Incluso recuerdo una chica muy joven, casi una niña, que se convirtió en una de mis mejores asesinas, porque nadie podía sospechar que tras esa apariencia angelical se podía esconder una depravada y refinada asesina...
"Próxima estación... Aluche... Correspondencia con línea 10..."
En el fondo, os desprecio, meros sacos de sentimientos, emociones y temores... Pero os necesito para alimentarme... Nunca pensé que un humano lograría meterse en mi cerebro, como tú lo has hecho... Cometiste el error de mirarme a los ojos, y desde entonces, has caído en mis manos... ¿Nunca te dijeron que es de mala educación el mirar fijamente a los ojos a la gente en el metro? Yo te enseñaré un par de cosas esta tarde... Conocerás a una de mis discípulas más aventajadas... Y descubrirás que el dolor, la tortura y el sadismo no tienen límites... Y saciaré mi hambre... Has llegado al final de tu trayecto...
