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jueves, 24 de enero de 2019

UN TRIO GANADOR



Los viajes astrales siempre me habían parecido una mera patraña. Algo inventado por un colectivo de personas débiles, mojigatas, con ansias de superación, con vidas grises y normales, que necesitaban imaginarse otra realidad, donde sus sueños se convirtieran en algo distinto. Pero claro, lo que no podía imaginar es que a mí me tocaría vivir una de esas experiencias que tanto despreciaba, y que si no conseguía volver a tiempo a mi cuerpo, podría morir.

Todo comenzó hace apenas dos horas, en una tranquila madrugada de otoño. Yo estaba muy cansado, y se me ocurrió pedirle a Esther una de sus “infusiones especiales”, para asegurarme dulces sueños. O al menos, eso me prometió, después de darme un beso en los labios. Sus dulces y jugosos labios, su cara ovalada, y sus impresionantes pechos, fueron lo último en lo que pensé, antes de meterme en la cama.

Esther, la novia de mi mejor amiga, Rosalía, con quienes había concertado una estancia en una pequeña casita de turismo rural, en los montes de Extremadura, muy cerca del municipio de Azuaga. Que Rosalía era lesbiana era algo que yo sabía desde la adolescencia, y ya tuvo que aguantar lo suyo en los primeros meses del instituto: la llamaban de todo, “bollera” y “marimacho” eran los insultos más suaves. Claro que a mí empezaron a llamarme “maricón”, por lo que inventarnos una relación apasionada fue una gran idea.

Así, en pocas semanas, y a nuestros trece años, nos convertimos, al menos sobre el papel, en una de las parejas más sexualmente activas de segundo de la de la Eso del Cardenal Cisneros. Parece mentira hasta qué punto la gente es capaz de creerse lo que ve. Basta con unos cuantos magreos, unos besos en público apasionados, para dejar de ser los “raritos”, y convertirnos en los líderes indiscutibles, en los modelos a seguir por los demás compañeros de clase. Nuestras ausencias durante los recreos para estar a solas en los cuartos de baño de la tercera planta se convirtieron en legendarias. Y seguimos adelante con la farsa. Me gustaba sentir su cuerpo junto al mío, poder recorrerlo con las manos y los labios por encima y por debajo de la ropa, pero era más fuerte mi instinto; y en todo caso ella no estaba por la labor.

Y durante el resto del tiempo, en el Instituto, mantuvimos la farsa, durante las excursiones nos sentábamos juntos al fondo del autobús, y aquella ocasión en la que nos fuimos de acampada, me colé en su tienda, y pasamos toda la noche fumando en silencio, aunque de vez en cuando dejábamos escapar algún pequeño gemido, para nuestro público entregado, quienes a la mañana siguiente nos miraban con cara de envidia.

Hemos seguido con la farsa, puesto que todo se sabe en un pueblo pequeño, y más todavía cuando ella era la hija de la maestra, y yo el hijo del coronel de la Guardia Civil. Nuestros padres veían bien el noviazgo, “pero mira qué pareja tan buena hacen”, y nos fuimos a vivir juntos a un piso compartido en Sevilla para estudiar ella Administración de Empresas, y yo Veterinaria, en la Facultad.

Fue en segundo de carrera cuando conocí a Esteban: un auténtico flechazo, y le invité a pasar el fin de semana en casa. Rosalía salió a saludar un momento, y luego se metió de nuevo en su habitación. Pero lo nuestro no duró demasiado, apenas tres meses después, Esteban se marchó, con vagas excusas. En Semana Santa, Rosalía apareció en casa de la mano de Esther, una chica mulata con un cuerpo increíble, que se acabó instalando en nuestro piso.

Creo que fue entonces cuando descubrí mi bisexualidad, empecé a tener sueños de alto contenido erótico con Esther, intentaba sorprenderla cuando se cambiaba de ropa para ir al gimnasio (esas mallas tan ajustadas…) ya que tenía la manía de no cerrar por completo la puerta de su habitación c
uando estábamos solos en casa, y en varias ocasiones la vi al salir de la ducha, con la toalla enrollada en torno a su cuerpo de diosa… Pero las cosas cambiaron la semana pasada: Rosalía me sorprendió mirando a Esther semi desnuda (estaba saliendo de la ducha, envuelta en una mínima toalla), al volver a casa un poquito antes de lo habitual. 

No le hizo ninguna gracia, sobre todo porque vio en mis ojos la misma chispa de deseo que me provocaba Esteban unos meses antes. Y lo comprendió todo.

Esta noche, me han dado la infusión, y me he quedado dormido; pero al mismo tiempo, me he desprendido de mi cuerpo, como si mi consciencia hubiera alzado el vuelo. Al principio, me asusté, al verme dormido sobre la cama, y el delgado cordón blanco que unía mi cuerpo físico y el astral, pero he comprendido que no había ningún riesgo. Después de jugar un poco en la habitación, volando a ras de techo, he salido a dar una vuelta por el piso, y las he encontrado en la cocina. Rosalía y Esther estaban hablando tranquilamente.
-        
“-         Lo mejor es matarlo, se ha convertido en una molestia, en una barrera entre nosotras. Y ya hemos superado tantas cosas juntas, Esther, que no quiero que nadie nos separe.”
-    -               Tienes razón, amor mío. Debes perdonarme por lo de la otra noche al besarle…”
-                 - Tranquila, no lo tengo en cuenta, de sobra sé lo bien que besa… Si no fuera como soy, tal vez me habría enamorado de él hace mucho tiempo… Pero tenemos que ser fuertes, querida. Él es una molestia. ¿Le has puesto la droga en la taza? No me gustaría que se despertase en medio de su “suicidio”… Debajo de la almohada tengo su carta de despedida para sus padres, está destrozado por la ausencia de Esteban, el pobre, y la vida ya no tiene sentido para él…”
-         “Sí, ahora solo tenemos que esperar media hora más, para que esté profundamente dormido, y le podamos dar el vaso de agua con los cuarenta rohipnoles machacados, con bastante azúcar para que no le despierte el amargor…”

Y aquí estoy, despierto pero inconsciente, atrapado fuera de mi cuerpo, consciente de lo que va a pasar, pero sin poder hacer nada para evitarlo, pensando en mi vida junto a Rosalía, mientras espero a que entren las dos en mi habitación, con el vaso de agua, y la carta que dejarán en la mesilla de noche…

Puto viaje astral…


martes, 1 de marzo de 2011

EL PACTO BAJO LA CAMA...

Siempre he sabido que había monstruos escondidos bajo la cama... Siempre... Desde la primera noche que tuve que dormir sola en la casa nueva... No eran normales, aquellos crujidos, aquellos ruidos que surgían en las profundidades del armario no se debían "a la condensación de la humedad residual en el ambiente", como mi padre se empeñaba en explicarme.... Ni tampoco eran "los pasos de las hadas que velan tu sueño", aquella era la teoría favorita de mi madre... Mi abuela, más realista, pensaba que "con ponerte tapones en los oídos, basta"... Y mi querido hermano mayor... pero "mayor" por tres minutos, pues somos mellizos, hablaba de "cosas malas que vienen del espacio interplanetario"... Graciñas por tantos comentarios, tan inteligentes... Que en el fondo, no lograban tranquilizarme, puesto que yo dormía sola, en aquella tenebrosa habitación del final del pasillo... junto a la cocina, y al cuarto de baño... "Lo hacemos por tu bien, para que tengas intimidad", aquellas fueran sus palabras... y las repitieron hasta la saciedad, quizás incluso para creerlo ellos mismos... Pero siempre supe el motivo: no querían tenerme cerca... Porque yo siempre he oído cosas que los demás no podían oír... y he tenido sensaciones "extrañas"... Voces esquivas en el viento de la noche, la lúgubre canción de la luna a través del cristal, el crepitar de las estrellas en la distancia... Muchas cosas, demasiadas, por la noche...

La primera semana en mi nuevo cuarto, no pude dormir más de tres o cuatro horas... Me tapaba con las sábanas, las mantas, escondía el cuerpo contra la pared más alejada del borde... No quería acercarme al borde de la cama, ni aunque me estuviera haciendo pis... Por eso estuve mojando la cama durante tantos años... Prefería afrontar la vergüenza cotidiana de llevar los pañalitos, o que mi madre pusiera a tender las sábanas en las cuerdas del baño, antes que arriesgarme... Hasta los doce años... Según iban pasando las horas, la vieja casa exhalaba un suspiro tras otro, con la malevolencia de las décadas de abandono... o de uso continuado... Suelos de parqué, con demasiados acuchillados, tabiques de panderete que hacían difícil la intimidad con una misma, altos techos que no llevan a ninguna parte, las ventanas viejas de aluminio que nadie se ha molestado en cambiar, porque se trata de un edificio de renta antigua, en el corazón de Madrid, que constituye la mayor parte del patrimonio de unas monjitas de clausura...

Las capas de papel pintado superpuestas... la única vez en casi quince años de alquiler que nos dejaron, "a su costa", sanear el piso, quitamos trece capas... Me quedé con un trocito de cada una, como recuerdo... Yo tendría por aquél entonces once años, y me hacía ilusión que mi padre nos permitiera ayudarle con las tareas de limpieza... Aunque era periodista, siempre le gustaban los trabajos manuales, y tardamos un puente largo en preparar las paredes... Sin embargo, la casa dio un giro de ciento ochenta grados, en cuanto terminamos... Aquellas paredes, blanqueadas, parecían prolongar hasta el infinito...y más allá... el pasillo, que terminaba con la puerta de mi dormitorio, también pintada de blanco... Mi casa era una ele mayúscula, ya sabes, "L", y se organizaba en torno a dos pasillos, con un recibidor, tres dormitorios, dos cuartos de baño y un comedor... En la "zona noble" dormían mis padres y mi hermano; en el pasillo corto de la letra; y yo utilizaba el antiguo dormitorio de la criada, junto a la cocina...

Todas las mañanas, de los seis a los once años, lo único que me permitía vencer los terrores de la noche, de aquellas cosas raras que acechaban en las sombras, murmurando, gimiendo a lo largo del pasillo, era la certeza de despertarme con el olor a café recién hecho, y saber que él estaría allí, antes de las siete, desayunando tranquilo y leyendo el periódico del día anterior... Su olor a espuma de afeitar, a colonia fresquita, ese tipo de cosas que dan seguridad a una niña... Él siempre tenía un minuto para mí, para darme un beso de buenos días, llamarme "mi princesita", y acariciarme la mejilla suavemente... Durante todo aquél tiempo, nuestros desayunos se convirtieron en tradición, y me temo que él me inició en los mundos del café con leche...

A veces comentaba con mi hermano los pasos que escuchaba en el pasillo, en mitad de la noche, los extraños susurros, reconocía ante él que tenía miedo de la oscuridad, y comentaba con las compañeras del cole algunos "remedios infalibles contra el monstruo que vive debajo de la cama"... El más efectivo parecía ser llenar todo el espacio posible con cajas de todos los tamaños, para que el monstruo no pudiera entrar... La leche agria tampoco fallaba, un platito debajo, y a partir de la tercera noche, tampoco le gusta el olor.... bueno, y a mí tampoco... Luego, cuando te haces "mayor" y tienes la primera regla, los remedios cambian... la sangre menstrual contenida en una compresa, debajo del colchón...

A los doce años, descubrí que los peores monstruos no viven, precisamente, debajo de la cama... Mis padres se separaron... decían que por mi bien... pero creo que se dejaron de querer... Mi padre se fue de casa, compartimos antes de aquél momento el último café con leche, con dosis de adulto... "No te preocupes, mi amor... estarás bien... tu madre te cuidará... y tu hermano te protegerá... incluso contra los monstruos que viven  bajo el armario... Y podrás venir a verme un fin de semana al mes... Estaremos juntos... y haremos lo que más te apetezca..."

Así fue, decía la verdad... Los fines de semana a su lado (mi hermano prefería que le llevase al fútbol), eran siempre mágicos... Tenía tiempo para mí, me escuchaba, íbamos de compras... Pero sobre todo, estaba lejos del "tito Berni"... Es decir, del novio de mi madre... Se conocieron  en el gimnasio, practicando "full contact", y luego, un par de veces, entrenaron juntos en la sala de pesas... Entendámonos: mi padre es un hombre normal, con un poco de barriguita cervecera, cierta tendencia a quedarse calvo, el tono de piel de quien no ve demasiado la luz del sol, y poco más de un metro setenta de estatura, pero con una densa cultura interior... Mi madre es una rubia de bote espectacular, con labios y pómulos (y pechos) retocados, que se gana la vida como "personal shopper" y asesora de imagen para varias empresas árabes, todo ello comprendido en un cuerpo que roza el metro ochenta... Y el "tito Berni" (Bernardo, para los amigos) es un mostrenco de un metro noventa, todo fibra y músculo, que se está labrando un futuro (que nunca llega) como luchador... y que ejerce de portero de discoteca...

Mi padre siempre ha defendido a mi madre, diciendo que ella era la persona más adecuada para estar conmigo, que yo necesitaba la estabilidad de una madre en casa, y que no tendría problemas con mi hermano Sebastián, pues el siempre me protegería... Yo sabía que él se equivocaba, que mi madre le estaba poniendo los cuernos con el "tito Bernie" un par de años antes de su separación (les pillé en la cama), pero que seríamos felices todos nosotros... Evidentemente, no fue así...

Yo siempre he sido una niña guapa, alta, con los ojos super verdes, y la melena super larga y negra... Lo que no habría sido un gran problema, si además no hubiera sido la más sensible, la más necesitada de cariño, de aprecio, y con un corazón que se me salía del pecho... "Empatía", la capacidad de ponerse en el lugar del otro: ese era mi problema... La necesidad de ser aceptada... Con la adolescencia, cambié... Mis rasgos se suavizaron un poquito más, mis pechos crecieron lo justo (una 95 B), mis brazos y mis piernas se alargaron... Pero, aunque para mi padre yo seguía siendo "su princesita", algunas personas habían empezado a mirarme de otra manera...

Hacía ya varias noches que escuchaba murmullos, incluso algún jadeo entrecortado, en el pasillo... Aquellas maderas de pino, cuya voz conocía tan bien, me avisaban de que había alguien allí fuera... Al acecho... En varias ocasiones, la luz de la luna que se colaba por la parte inferior de la puerta me mostraba la sombra de los pies de alguien... y no se trataba de una fantasía de la infancia... ni de terrores nocturnos... No entendía lo que estaba pasando... Porque se estaban produciendo algunos pequeños cambios en mi entorno... Algunas de mis camisetas estaban desordenadas en el cajón del armario... Mis sujetadores no estaban precisamente en el mismo orden... O bien me faltaba algunos de mis tangas (empecé a usarlos a los trece, porque me quedaban muy bien)...

El "tito Berni" llevaba casi ocho meses viviendo con nosotros, sobre todo para ahorrarse el alquiler, y algunas noches que mi madre tenía que viajar fuera de Madrid, o no volvía por cualquier asunto de negocios, él pedía días libres, y se quedaba cuidando de nosotros... Es cierto, su idea de cuidar se reducía a pedir una pizza, beberse un par de cervezas con mi hermano, y ver una peli de guerra... Yo no participaba en sus ceremonias, me limitaba a coger un par de trozos de pizza, y sentarme en el sillón de mi padre... Parecía no existir para ellos... Pero las cosas cambiaron...

Varias noches por semana, desde que cumplí los trece, el "tito Berni" mostraba más interés por mí comodidad, por si tenía los músculos de los hombros muy cargados después de tantas horas estudiando, y me daba un masaje... o si tenía las piernas doloridas después del partido de fútbol, y me daba otro masaje... o si me dolían las lumbares, y me daba otro masaje... Lo cierto es que sus masajes eran fantásticos, pero me extrañaba un poco que casi siempre me los diera cuando no estaba mi madre en casa...

Fue un cuatro de abril, cuando por primera vez se empeñó en darme un "masaje relajante total", en la intimidad de mi habitación... Me hizo tumbarme boca abajo sobre la cama, con mi pijama de "Mafalda"... Esta vez, se puso algún tipo de aceite en la manos, y me preguntó si me importaba quitarme la camiseta, y volver a tumbarme en la cama, para que le fuera más sencillo... prometiendo no mirar... Se subió a horcajadas sobre mi culo, y comenzó la labor... Era muy placentero, sentir de esa manera el peso de su  cuerpo, el tacto de sus manos, tan cuidadas, la leve capa de aceite que iba esparciendo... Es cierto, de vez en cuando, se le iba la mano, y me rozaba el costado de un pecho, pero eso era normal, ¿verdad? En un momento dado, noté que me estaba dando el masaje con una sola mano, mientras con la otra se tocaba...

Hubo muchos masajes integrales entre los catorce y los quince años... Yo no sabía gran cosa de sexo en aquella época, algunos comentarios con las amigas, y carecía de elementos de comparación, para comprender el comportamiento del "tito"... En varias ocasiones, durante aquellos dos años, él me había tocado demasiado... A base de mucho insistir, de vez en cuando le dejaba que me diera un leve masaje en los senos, sobre todo para tenerle contento, "porque el tito Berni está siendo muy bueno contigo, y verás lo bonitos que se te ponen los pechos con mis masajes"... Admitamoslo: él era un hombre guapo, muy guapo, incluso... y a partir de cierta edad, no me importaba tanto el sentir sus manos sobre mi cuerpo... Fantasías de adolescente... Siempre fue muy gentil, muy tierno, muy dulce... Hasta aquella noche de viernes...

Mi madre estaba fuera de casa, de viaje de negocios... Mi hermano estaba pasando el finde con mi padre... Y yo me quedé sola con el "tito Beni"... Yo estaba muy cansada, habíamos jugado un partido de fútbol muy duro aquella tarde (ganamos)... y cuando él me propuso darme otro masaje, me pareció algo normal... pero las cosas cambiaron... ya no me importaba mucho que me viera en ropa interior, que no en vano llevábamos dos años de convivencia, y cuando yo comentaba el tema con mi madre, ella me respondía que "tienes mucha suerte, Beatrice, de que el tito sea tan bueno contigo, y sepa darte esos masajes en el cuello y en los hombros...", mientras sonreía de oreja a oreja... y él sonreía también... Si mi madre supiera hasta qué punto habíamos intimado... No lo sé, es posible que yo no fuera más que una niña malcriada, que está siendo el objeto de la atención de un extraño, quizás incluso está descubriendo territorios desconocidos para cualquier otra adolescente de catorce años, y tampoco le daba mucha importancia... Pero aquella noche, él quería darme un premio muy especial por mi triunfo... y terminó el masaje escalando mi monte de Venus... Lo digo así, porque una chica de catorce años sepa lo que significa un "cunilingus"... y lo único que me importaba era... que no parase... que hiciera conmigo lo que quisiera, pero que su lengua no dejase de excitarme...

Aquella noche no pasó nada más... yo me sentía culpable... por haber gozado tanto... por estar descubriendo de esa manera algunos secretos del sexo, con él... La noche del sábado, me pidió que le hiciera un francés... y accedí... Insisto, me parecía lo más normal, él llevaba dos años preparando el terreno, ampliando territorios, conociéndonos poco a poco... y no dejaba de complacerme su interés... Es cierto, nunca he sido idiota: desde la primera vez que insistió en darme un masaje sin camiseta comprendí su intención... pero mientras yo marcase los límites, los tiempos... y sobre todo, recordando el pacto...

Pasaron tres semanas... mi padre y mi hermano se fueron de acampada... mi madre, a Londres, con un cliente... y yo, a falta de pocos días para mi decimoquinto cumpleaños, descubrí el sexo... pleno... compartido... ¿Que si lo estaba deseando? Es posible, que fantasease con él... con cabalgarlo... hasta que se corriera dentro de mí... con sentirme llena... Y así fue... No me arrepiento de lo sucedido... Pero él... quizás sí lo esté...

¿Recuerdas que existen los monstruos debajo de la cama, y los que se agazapan en el armario?¿Recuerdas que existen otros mundos, otras dimensiones, y otras realidades, interconectadas?¿Y que yo he sido siempre una chica con mucha empatía? Bien...

Hace ya algunos años, al poco tiempo de mudarnos a esta casa que nos alquilan las monjitas, conseguí hablar con el monstruo que vivía debajo de la cama... Y le propuse un pacto de sangre... Él me protejería en los sueños, jamás tendría pesadillas, y mis noches serían todas azules, con pequeñas nubes blancas de esperanza... No tendría problemas con otros monstruos de distintas ubicaciones, ni en mi casa, ni fuera de ella... ni siquiera con el leviatán que se guarece dentro del plinto del gimnasio, o el de la taquilla número trece... Y a cambio, le prometí una sola cosa: que se podría llevar de esta dimensión a la primera persona con la que follase... para hacer con ella lo que quisiera...

Dentro de escasos minutos, lo sé, mi querido "tito Beni" vendrá a mi pequeña habitación, iluminado por la luna llena, para que repitamos la jugada... puesto que para hacer el amor, le gusta tener tiempo... y espacio... Estoy deseando comprobar su mirada... cuando descubra que sí hay monstruos debajo de las camas...

viernes, 17 de diciembre de 2010

PEEP-SHOW

Mirarte, desde lejos, al otro lado del cristal.. Existes, pero... al mismo tiempo, eres inalcanzable.. Permanezco inmóvil, como estatua de sal... y te miro... con deseo... a través de la cortinilla basculante, consciente de que en cualquier momento me pedirá que inserte otra moneda, o la tarjeta de crédito... Haría cualquier cosa por verte fuera de aquí, lejos de todas las miradas lascivas que se posan en tu hermoso cuerpo... y de todos los discretos, pero inequívocos gestos, de los demás asistentes... ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? Verónica Forqué se hacía la misma pregunta, cuando un jovencísimo Jorge Sanz compartía con ella el plató y su propia vida...


No es común encontrar sex-shops en Barcelona que ofrezcan un servicio de peep-shows de calidad, con señoritas (nunca señoras o damas) atractivas, y que además disfruten al tocarse, levemente, por todo el cuerpo... Demasiadas veces he pensado que aquella, precisamente aquella rubia (o morena, o pelirroja, o calva) que me dirigía miradas lascivas desde el otro lado del cristal era, precisamente, la que yo llevaba tanto tiempo buscando...

Mi peculiar égira comenzó en 2001... cuando la conocí a ella... Desiree... Una diosa, que caminaba hacia mí por el pasillo central de la iglesia, levantando con su irreverente taconeo pequeñas nubes de polvo (nota para mí mismo: tengo que limpiar más a fondo). Se arrodilló delante de mí... de tal forma que su exhuberante busto, perfumado con un par de gotas de Chanel nº 5, se inclinaba, tentador, al otro lado de la celosía... El ser un sacerdote no es un impedimento para que yo sea un hombre... ¿o habría que formularlo al revés? Y siempre es más adecuado lo que yo hago, que los otros curas, que se follan a los niños y les causan grandes problemas psicológicos...

Desiree, la Deseada, fue la primera mujer que me hizo revivir, después de una década en el sacerdocio... No deja de ser violento, que una de tus feligresas, con cierta (bien) merecida fama de "devora-hombres", te excite hasta tal punto que no puedas reprimir una triunfante erección cuando se agacha delante de ti para que le des la comunión... y tu piensas en cualquier cosa, con tal de no eyacular en los calzoncillos delante de todo el mundo... y agradeces una vez más el conservadurismo de tu profesión... que te permite llevar sotana... sigo pensando que ella se dio cuenta... y por eso me sonrió de aquella manera... Una vez finalizada la ceremonia y con las puertas del templo cerradas, me dirigí a la sacristía, donde obtuve el alivio que tanto necesitaba...

Durante varios meses seguimos con el juego de la seducción... Ella venía a confesarse los viernes, horas antes de salir de caza... Y yo le daba la absolución por adelantado de los pecados que iba a cometer...  durante toda la semana, puesto que ella se dedicaba a la prostitución de alto nivel, y su finalidad era el conseguir un marido rico, a quien no le importasen sus antecedentes... No era extraño verla en las revistas del corazón, siempre en segundo plano, de la mano de cualquier afortunado... Siempre presente, como una presencia magnética, que incluso llegó a manifestarse en mis sueños... Una vez más, tenía sueños eróticos... con ella... y me tenía que fustigar con el látigo, en la relativa soledad de mi habitación... aunque no tenía demasiado sentido el castigarme por algo de lo que, en el fondo, no me arrepentía: por experimentar deseos carnales por una hermosa mujer...

Desiree... Todavía hoy, 9 años después, recuerdo de qué manera se fueron torciendo las cosas... Para sus confesiones de cada viernes, se iba poniendo unos vestidos cada vez más exiguos, más escotados, más reveladores... le gustaba sentarse con las piernas cruzadas, y disfrutaba provocándome, haciendo que mi mente fuera consumida por pensamientos cada vez más impuros, más carnales, y más acuciantes... La imaginaba desnuda mientras le impartía la bendición... La imaginaba castigándome por los pensamientos impuros... y luego dándome placer... y follando como conejos en la sacristía, o delante del retablo, incluso sobre el altar... Se me cortaba la respiración al imaginar todas aquellas lúbricas escenas entre un cura cincuentón y su parroquiana... Y apenas prestaba atención a lo que me contaba: era demasiado fuerte su perfume en un espacio tan pequeño...

Por supuesto, lo que yo no podía imaginar era hasta qué punto a ella le pasaba lo mismo, de qué manera se sentía atraída por mí, por el padre Ramírez... Viernes por la tarde... a las cinco y media, no aparece... Son casi las ocho de la tarde, cuando la veo entrar, vestida completamente de negro y con un velo de encaje... Aunque ya ha terminado la hora de las confesiones, le indico que puede pasar, mientras ocupo mi puesto habitual... Sin embargo, ella tiene otras cosas en mente... Se las arregla para entrar conmigo, abrirse de piernas, y sentarse sobre mis rodillas... creo que a eso le llaman "lap-dance"... su cuerpo, turgente, todo curvas, no pesa casi nada... Tengo sus pechos apoyados en mi pecho, siento su calor, y que algo está sucediendo en mi entrepierna... Sin mirar, ella comienza a desabrochar los botones de mi sotana, mientras sigue con sus movimientos lascivos y provocadores, que no me dejan indiferente... Compruebo, gratamente sorprendido, el tacto de sus dedos sobre mi pene erecto... Lo demás sucede todo muy rápido... Ella se gira un poco más, y compruebo que estoy traspasando las puertas de su coño... Hace demasiados años que no me acuesto con una mujer, desde mis tiempos en la facultad de veterinaria... Desiree hace cosas increíbles con su cuerpo, tiene una agilidad tremenda... y cuando nos corremos los dos, nuestros gemidos se escuchan en la iglesia desierta...

Desde aquél viernes, ella ha venido todas las tardes, a recibir la absolución... por hacerme sucumbir a los pecados de la carne... Por supuesto, no estoy a su nivel... No puedo pagar lo que me pide, solo las dos primeras veces es gratis, las demás, me aplica un descuento de un cincuenta por ciento por consumidor habitual... Primero desaparecieron los fondos de la iglesia, para reponer ornamentos... Luego, los candelabros ceremoniales... algunas casullas antiguas... cualquier sacrificio es pequeño, con tal de satisfacer a mi ama... aprovecho incluso mi posición como capellán del hospital cercano, para recibir donaciones "in articulo mortis"... aunque para ello tenga incluso que falsificar algunos documentos... y también efectúo una colecta entre mis fieles de Nuestra Señora de ...

Cualquier sacrificio, insisto, es aceptable, para satisfacer mi lujuria... Durante un periodo de bonanza, posterior a la muerte de doña Gertrudis, una vieja alcahueta con abundantes reservas, incluso me permito el lujo de pasar un fin de semana con ella, entero, en un pequeño hotel de Barcelona... Noto que me miran con cierta sorpresa... "¿Adónde va, ese cincuentón, con una señorita que podría ser su nieta?" Si supieran que además soy su capellán...

Pero todo se acaba en esta vida, sobre todo, las cosas buenas... Una inspección rutinaria de los bienes de mi parroquia  revela que han desaparecido "numerosos ornamentos, objetos de valor procedentes de donaciones, casullas, dos crucifijos de palo de rosa del siglo XVII, una custodia en plata de primera ley, y una pila bautismal de mármol de 1679..." ¡Os aseguro que yo no soy responsable de la pila! También se comienzan a investigar ciertos fallecimientos en el Hospital, que en casi todas las ocasiones estaban relacionados con una donación de cierto capital a la iglesia...

No hubo escándalo, ni investigación en profundidad... y mis "pecadillos" fueron ocultados a la prensa y a los medios... ¿Os imagináis el escándalo que se podría organizar, alrededor de un cura putero-sumiso, que es capaz de robar a su propia congregación, para satisfacer su vicio? ¿Y si escarbasen un poco más en las muertes del hospital... y comprobasen que yo siempre estaba de guardia cuando se produjeron? ¿O que era yo quien se llevaba los objetos de valor de las habitaciones? Era tan sencillo... muy pocas personas sospechan de un sacerdote cincuentón con sotana...

Al final, me trasladaron a una congregación apartada, una de las típicas parroquias de pueblo pequeño en las que el sacerdote tiene que cultivar también un campito y alimentar a varios animales si quiere comer... Y donde las mujeres que no están decrépitas, son más feas que paridas por un perro sarnoso... No hay jóvenes aquí... ni dinero... Una vez al mes, cuando consigo reunir algo de dinero, me bajo caminando hasta la carretera principal, y hago auto-stop, con la sotana y la boina... Nunca falta el típico camionero que se apiade de ti, y te lleva hasta Barcelona... Si supiera a qué me voy a dedicar las próximas horas... Me cambio de ropa en el aseo de cualquier bar... Menos mal que siempre llevo un traje de chaqueta debajo de la sotana, cuando voy a verte...

Y entonces, me dirijo al peep-show... Ya me he aprendido los turnos y pases de memoria, y procuro organizarme bien para estar el máximo tiempo contigo... Alguien, supongo que un amante o un sumiso despechado, te rajó la cara con una botella... después de darte una paliza... en plena calle... La Policía no investigó demasiado: un ajuste de cuentas con una puta no le interesa a nadie, aunque haya quedado parcialmente desfigurada... Desde aquella tarde, hace ya cuatro años, decidiste retirarte de la prostitución como "señorita de compañía"... Y prefieres trabajar en este prestigioso sex-shop, muy cerca de las Ramblas...

Noto de qué manera me miras... te excita saber que yo me excito al verte... que eres mi único objetivo... te miro, mientras te tocas suavemente por todo el cuerpo... Y recuerdo aquellas tardes en habitaciones de hotel, o de hostales, o en la sacristía... Me reconoces incluso vestido de civil... y creo que te gusta que te haya sido fiel durante tantos años... aunque sea desde el otro lado del cristal... No sé, supongo que me gustaría verte de nuevo, en un lugar más íntimo... Si consigo reunir de alguna manera el dinero necesario, igual te vienes de nuevo conmigo, al pequeño hotel del barrio de Gracia...

Pero ya se terminó por hoy... me he quedado sin dinero... sin monedas... Cuando por fin se cierra la cortinilla, me lanzas un beso al aire, que yo recojo con la mano... A veces me pregunto cual sería tu reacción si supieras la verdad... Que fui yo quien te dio la paliza, y te rajó la cara... que estuve a punto de cortarte el cuello... pero decidí dejarte con vida... porque era lo peor para tu vanidad... Y de esa manera, me quedaba algo pendiente... contigo...

domingo, 30 de mayo de 2010

TE VEEEEOOOOOOO.....



"Te veeeeooooooo...."

Parece mentira, el terror que pueden producir estas dos palabras... Pero me siguen causando espanto, y me entran sudores fríos, incluso tengo pesadillas, cada vez que las escucho... No importa que sea en la tele, en el cine, o peor aún, en vivo y en directo, como dicen algunos... Y siempre tengo que mirar detrás de mí si estoy en la calle, o encerrarme en casa, con todas las puertas y ventanas cerradas, mientras busco la protección de la esquina norte de mi dormitorio, al mismo tiempo que pongo en mi regazo al osito Boris... y tengo al alcance de la mano la ballesta, con el virote en posición de disparo...

Y todo comenzó por una de esas estúpida cita a ciegas, que organiza una empresa de solteros, cuyo nombre no voy a mencionar... Me gustó su perfil: "Mujer pelirroja, treinta años, amante de la música (sobre todo Mecano), la pintura (El Greco, Goya) y el cine (sobre todo en blanco y negro), busca varón heterosexual para amistad o relación seria. Me apasiona viajar por todo el mundo, y comer bien (no soporto la "nouvelle cuisine"). Abstenerse signos Géminis y Escorpio." Como yo soy Cáncer, el escollo del signo estaba superado, y en lo demás... sería cuestión de verlo en detalle... Por eso, me decidí a enviarle una invitación de amistad, aunque realmente no contaba con demasiadas posibilidades...Su foto me gustó, esos ojos negros, profundos, la piel muy blanca, el pelo rojo...

Sin embargo, dos días después, me confirma su amistad, empezamos a chatear, a contarnos pequeños detalles de nuestras vidas, y parece que nos sentimos a gusto. LLega, por fin, el momento de vernos en persona... Quedamos en la cafetería de los cines Lumière, que nos pilla cerca a los dos, y donde están proyectando "Le salaire de la peur" (El salario del miedo), una de esas reposiciones interesantes que nos gustan a los dos... Es un poco más pequeña de lo que imaginaba, no llega al metro sesenta, y enseguida pienso que tendré que agacharme para besarla... También es mucho más fuerte, porque su apretón de manos casi me tritura los dedos... El pelo es, evidentemente, teñido... Pero es su mirada lo que me inquieta vagamente... Hay algo en el fondo de sus ojos que no me termina de cuadrar... Nos tomamos un refresco en la barra, que está casi desierta por la hora (las cuatro de la tarde de un lunes de mayo) y, como al parecer hay "buen feeling" entre nosotros, compramos las entradas, y entramos en la sala...

Estamos practicamente solos, y nos ponemos en la fila ocho, centrados... Yo he visto la película varias veces, y siempre me ha gustado... Por lo que aprovecho para estudiar sus reacciones: miedo, intranquilidad, malestar, tristeza... Todas ellas perfectamente justificables, menos una: odio... Odio contra el protagonista, en el momento culminante de la peli, cuando está llegando al pozo petrolífero en llamas... Cuando termina el pase, ya la conozco lo suficiente para proponerle otra cita, con película si lo prefiere... Y quedamos al lunes siguiente, en el pequeño cine estudio Doré, donde proyectan otra joya del cine: "Drácula" (la buena, la de Bela Lugosi)...

Durante el resto de la semana, seguimos chateando en los foros, hermanamos las cuentas del capapocha, intercambiamos fotos y recuerdos y canciones... Y, aunque sigo notando algo en ella que no me acaba de cuadrar, lo achaco a mi falta de experiencia con mujeres, porque he salido un poco tocado de un noviazgo demasiado largo que ha conducido a un matrimonio demasiado corto... y una separación bastante complicada... Pero creo que con Nerea, las cosas pueden ser diferentes...

La segunda cita es un éxito absoluto, y después de la película, nos vamos a dar un paseo por los alrededores del cine, y terminamos en el Retiro, disfrutando de la relativa tranquilidad de una barca en medio del lago... Anochece lentamente, y el sol refulge en su media melena, de un modo vagamente inquietante... Su esbozo de sonrisa no contribuye a hacer que me sienta más seguro... Pero cuando se sienta a mi lado y, girando suavemente el cuello, me roba un beso, creo que lo nuestro puede funcionar... Decidimos vernos ese domingo, en el Jardín Tropical de la Estación de Atocha...

Hace mucho calor, en todo caso, más del que yo imaginaba, y la neblina de los aspersores no contribuye precisamente a refrescar la atmósfera... Noto que empiezo a sudar, que la camisa vaquera se me pega a la piel, y casi puedo visualizar los gruesos goterores de sudor que se escurren a lo largo de mi espalda... y me arrepiento una vez más de no haberme puesto un calzado más cómodo, pues las botas de trabajo me están dando mucho calor... Aunque me olvido de todo cuando la veo a ella: un vestido hippy, sandalias blancas anudadas a los tobillos, y un pequeño bolso la convierten en la típica ibicenca exquisita... Dos besos en la mejilla, y uno en los labios, sellan nuestro encuentro... Es la primera vez que almorzamos juntos, y me sorprende un poco la manera que tiene de comer el sandwich mixto con huevo, con cuchillo y tenedor, que limpia afanosa antes de usarlos con una toallita desechable, igual que el borde del vaso y el cuello de la botella de Pepsi... Por lo demás, la cita transcurre con normalidad, y terminamos con un apasionado beso, de los que involucran a todo el cuerpo en un intento de fusión, que es bien acogido por los turistas...

La semana siguiente, el último domingo de mayo, viene a comer a mi casa... Preparo una lubina a la sal, una buena ensalada, y una selección de helados, pues me ha dicho que le encantan... No parece entusiasmarle el pescado ni la ensalada, pero repite varias veces el postre... lo que es curioso, parece que no le gusta comer... Terminamos en el sofá del comedor, viendo el principio de "El hombre elefante"... y luego, sobre la alfombra, me demuestra que es una auténtica tigresa... Hacemos el amor fieramente, como si nos fuera la vida en ello, y durante toda la semana tengo el recordatorio de sus uñas grabadas en mi espalda...

Una semana después, aprovechando que los dos librabamos, nos fuimos a un hotelito de turismo rural cerca de Ávila... El lugar es maravilloso, a la orilla de un pantano... La puesta de sol y el amanecer son espectaculares: las vemos juntos, desde la zona zen.. y durante el resto de la noche, no dormimos demasiado, la verdad: es como si la luna llena, o la proximidad del agua, o la cena a base de frutas exóticas, el jacuzzi caliente con vistas al exterior, en cierto modo despiertan todos nuestros instintos más primarios... incluyendo el de morder.... Una cosa son los chupetones, pero los mordiscos que me propina Nerea mientras hacemos el amor tienen más de apareamiento y de instinto, que de mimos o caricias... A la mañana siguiente, habiendo dormido lo justo para no estrellarnos con el coche, desayunamos en la Posada, y volvemos a Madrid... La dejo en su casa, un chalecito adosado en el barrio de Canillejas... pero no me invita a entrar...

Por motivos de trabajo, no nos vemos de nuevo hasta primeros de julio, y tras su llamada telefónica, me invita a ir a su casa, "siempre y cuando traigas una buena provisión de helado"... Hago un alto en una conocida heladería de la calle Alcalá, y sigo mi ruta hasta su casa... Son las cinco de la tarde cuando llamo a la puerta, pero tarda unos minutos en salir a recibirme, y cuando lo hace, me cuesta reconocerla: se ha teñido el pelo de negro, salvo unas mechas del tono anterior, y tiene aspecto de no haber dormido en unos cuantos días... De su cuerpo se desprende un inquietante olor... Pero afortunadamente, en cuanto ha guardado el helado, me propone que nos bañemos juntos a la luz de las velas... Fue un rato memorable...

La casa no es muy grande, consta de cocina (que no parece haber sido muy utilizada), un amplio cuarto de baño (con la enorme bañera de forja y patas de león), un salón práctimante vacío (salvo un equipo de música, un home cinema y una tele de plasma), un gran dormitorio en dos ambientes y un pasillo que comunica todas las habitaciones... No salimos de su casa en todo el fin de semana... salvo para comprar helado... y un poco de Betadine, pues las costumbres alimenticias de Nerea siguen siendo, como poco, extrañas: es heladívora, y frugívora... El resto de su dieta lo constituyen una amplia colección de pastillas, para suplir, creo, sus carencias alimenticias... Y me temo que mi sangre: en la noche del viernes 2 de julio, mientras retozábamos entre las sábanas negras, me dice: "¿No te importa que te corte, verdad?"... Y sin mediar palabra, saca un pequeño puñal de debajo de la almohada, y me corta en el cuello... para luego, pegar sus labios a la herida, y empezar a lamer, golosa, mi sangre... Como ella me está montando, no tengo defensa, y al intentar zafarme, ella contrae los músculos de su vagina, al mismo tiempo que me sujeta con las manos sobre mis hombros... No me queda más remedio que esperar a que se sacie...

Pero lo más extraño de aquella velada no fue precisamente eso... sino que por alguna extraña razón, no me fui de su casa... Y pasamos juntos todo el fin de semana, entre juegos amatorios, mordiscos, y grandes cantidades de helado, porque solamente dejaba la casa para ir a comprar más suministros... Al menos, tenía una buena cafetera, buenas tazas, y cosa rara, un paquete de Blue Mountain, "herencia de un antiguo novio"...

Nos separamos el domingo por la tarde, con una nueva sesión de películas en blanco y negro, helado de chocolate negro puro con frambuesas... y por supuesto, sexo... Nunca he tenido una amante más exigente, ni que me deje más agotado, que Nerea... Aunque supongo que no debería verla más veces... Porque me está siguiendo...

La primera vez, el lunes por la tarde, había conseguido aparcar el coche cerca de mi portal (nada fácil en pleno barrio de Salamanca), y me pareció verla en un portal, en la otra acera, acechando mi llegada a casa... El martes por la mañana, a las seis y media, cuando cojo el coche y me rigijo a la N-2, la veo por el rabillo del ojo... Esa misma tarde, a las dos, noto que un coche verde oscuro (el color de la inteligencia, según Robert de Niro en "Los padres de ella") me está siguiendo desde el aparcamiento de empleados de la Bosch... El miércoles, la veo al salir de casa, en el mercado, en la escuela de mi hijo (estoy divorciado), en mi portal... Allí es donde me dice, por primera vez, esas dos palabras: "Te veeeooooo...", aunque luego me da un gran beso, y se las arregla para meterse en el portal conmigo... Salimos medio desnudos del ascensor... y justamente cuando estoy metiendo la llave en la cerradura, mientras con la otra procuro mantenerla a la suficiente distancia para maniobrar, la puerta se abre desde dentro... Es Roxana, mi asistenta (tal vez debería decir "ex-asistenta"), una chica colombiana, muy guapa, que limpia casas para pagarse sus clases de actriz... Si las miradas matasen, creo que Roxana habría muerto en el acto: nunca hasta ese momento había visto tanto odio en una sola ojeada...

Unos minutos después, mientras estamos luchando en la ducha, me dice: "Te gusta mucho tu asistenta, ¿verdad? Desde luego tiene un cuerpazo, no me extrañaría nada que te la hubieras tirado ya en media casa, ¿verdad?" Vale, es cierto que en alguna ocasión, antes de conocerla bien a Roxana y a su familia, me parecía una mujer atractiva y deseable, pero son ya muchos años trabajando juntos, y así se lo dije a Nerea... aunque no pareció muy convencida... Hasta el mes de septiembre, seguimos en el mismo plan: los fines de semana juntos, en su casa o en la mía, y alguna que otra cita fogosa en cualquier parte: en los probadores de un Carrefour, el aseo de un bar de carretera, incluso un tunel de lavado automático...

Jamás, en toda la vida, había tenido semejante sobredosis de sensaciones, caricias, mordiscos, abrazos, arañazos... Un viernes de octubre, me invitó a su casa, y desde el primer momento, comprobé que estaba sucediendo algo extraño... Ella estaba vestida con una especie de camisola de color blanco, iba descalza; y en cuanto traspasé el umbral, me hizo descalzarme, me desnudó con manos expertas, y me condujo a la ducha... No, aquella vez no hubo sexo: me frotó enérgicamente con un guante de crin por todas partes (y todas son eso, todas), y me entregó una burda túnica de lino como la suya, como única vestimenta... En el salón, un brasero de picón era la única luz, pues todas las ventanas estaban cerradas, y densas nubes de incienso subían desde los pebeteros de los cuatro costados... El dormitorio también estaba en penumbras, con sábanas de lino pulcramente dobladas por las esquinas superiores, y Nerea había instalado una mosquitera desde el techo... "Este fin de semana, tenemos que purificarnos en cuerpo y alma... Yo te ayudaré..."

Seguramente puso algo extraño en los braseros, pues no recuerdo más que algunos datos confusos, de cánticos, invocaciones, algo parecido a Sacred Spirits resonando por todas las partes de la casa, ceremonias de sangre, incluyendo la decapitación de una gallina con los dientes... No recuerdo si había más gente con nosotros, aunque en diversas ocasiones percibí caras y cuerpos espectrales que nos miraban desde las zonas de sombra... Fueron demasiadas horas en blanco, incluso aunque pretenda olvidar algunas de las cosas, no puedo ni debo perdonar que me utilizase de aquella manera, que tomase el control de mi vida... Decidí que debía separarme de ella... Y así se lo dije: "Nerea, creo que debemos tomarnos un tiempo de reflexión... No me gusta entregar el control a nadie, me ha costado mucho ser independiente..."

No respondí a sus llamadas durante dos días... pero ella siguió llamándome... por la mañana, por la tarde, y por la noche... Al salir a la calle, la veo, apostada frente a mi casa... y de mi trabajo...y haciendo la compra... ¡incluso se ha colado en la consulta del dentista, mientras me estaba haciendo una endodoncia! Algunas veces, simplemente me llama... y no dice nada... Pero otras, doce "Te veeeeooooooo...". Roxana ya no viene a mi casa... Dice que tiene miedo, y con dos hijos, no le compensa lo poco que yo le pago... Viene a mis reuniones de negocios, se sienta a mi lado en el cine (un par de filas delante o detrás)... Parece que toda su vida se centrase exclusivamente en mí, que yo fuera todo su universo... He arrancado el teléfono de la pared... He cambiado varias veces de número de móvil, sin resultado: en pocas horas, la escucho de nuevo... He inhabilitado el telefonillo, para que no me siga torturando en mitad de la siesta o de la noche.... Vivo en un tercero, mas de todas formas, la sigo oyendo, o intuyendo, cuando desde el portal de enfrente me dice....

"Te veeeeeooooooo......."

lunes, 5 de abril de 2010

LO SIENTO, QUERIDA... OTRO ERA MI DESEO...

Tu sombra baila, se mueve, se desliza como una serpiente, ondula como el agua, jugando con las lamas de la persiana, con la luz de la media tarde, mientras suena Joe Cocker, quien te va indicando claramente qué partes de tu cuerpo puedes dejar cubiertas, y en tu caso, ni siquiera llevas sombrero...


Buscando nuevas experiencias para darle un poco más de ánimo, de vidilla, a nuestra relación, nos hemos preparado a conciencia, nuestros cuerpos y nuestras mentes, para averiguar, incluso haciendonos preguntas en sueños, qué tipo de fantasía era la que más nos iba a gustar... De alguna manera, has comprendido lo del baile a contraluz, con mi canción favorita, incluso has aprendido una coreografía, y te empiezas a desvestir muy lentamente, sin prisa... Incluso a pesar mío, me excito a verte, tan débil y a la vez tan fuerte, tan incitante, que logras reavivar en mí algunos rescoldos de viejas brasas... Pues por mucho que dicen que "el que tuvo, retuvo"... hay algunas cosas que mejoran con el tiempo... y un poco de ayuda quirúrgica... y tú no eres la excepción... Y me excito viendote completamente desnuda, salvo por las medias y el liguero...


Y mantendré la ilusión de tu fantasía, cariño... Me habrás visto completamente rasurado, hasta el último pelo... y vestido con la faldita de romano... y el casco... y el gladius... y las sandalias de legionario... Y de toda esa parafernalia me iré desprendiendo, mientras me acerque lentamente a la cama... Con la rosa en la mano izquierda, pues quieres sentir su tacto... y la cuerda de piano dispuesta entre las dos... Preparada para llevarte hasta el límite de la asfixia erótica, como ya hemos hecho antes en este hotel... Durante meses lo he estado preparando todo, querida... LLegando cada vez un poquito más cerca de la muerte... un poquito más entregado en el juego...


Y tal vez, esta tarde, me decida a dar el último paso... y te quite la venda de los ojos con los dientes... para leer la comprensión en tus ojos... y correrme dentro de tí, mientras tu cuerpo se retuerce con los estertores de la muerte... Y solo cuando todo rastro de vida haya abandonado tu preciado cuerpo... Levantaré el auricular, para avisar a la Recepción de un "desgraciado accidente..."


Ya sé que tú pretendías mejorar nuestra vida sexual con una pequeña fantasía... y por eso te has preparado tan duramente... Pero lo siento, querida... Otro era mi deseo...