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viernes, 9 de abril de 2010

DAÑOS Y PERJUICIOS...

Tal y como dice el cuento, cualquier persona tiene un límite en aquello que está dispuesto a aguantar por un motivo u otro... Ya sea por convicción social, por convencimiento, por un cambio en las circunstancias, siempre puede llegar el momento de decir "BASTA"... Y cuando eso pasa, los roles se pueden invertir drásticamente... Como Claudia y Eduardo... bueno, y también Laura...
"Y esta es mi última palabra", me dijiste, al mismo tiempo que salías de casa dando un portazo, con tus aires de gallito enfurecido, y pavoneándote casi... al mismo tiempo que flexionabas los nudillos, tal vez para desentumecerlos...



Pero claro, lo que no podías suponer, es que realmente serían tus últimas palabras, al menos en nuestra casa... porque los gritos agónicos, tus "¡por piedad, estro es un error, nosotros no tenemos dinero!" o cuando decías "¡Los vecinos del tercero B, esos tienen mucho dinero!", creo que realmente no cuentan para nada...


Nunca piensas que es algo que te pueda pasar a , que vayas a repetir esquemas, que te vayan a reducir a una piltrafa lastimera, que encontrarás a alguien en tu vida que te pueda terminar destrozando, en todos los aspectos, y mucho menos que a tus treinta y pico de años vas a permitir que te masacren la vida, las ilusiones, todo...


Vale que nos casamos por tus padres, a quienes hacía mucha ilusión que nosotros también mantuviéramos la tradición familiar, en la pequeña ermita a las afueras del pueblo, junto al Prado de San Antonio... Precisamente allí, entre gramíneas y olivares (a los que soy alérgica), y con la amenaza de alguna casual avispa o abeja (que tampoco me sientan bien, precisamente...), con la voz agarrotada no solo por la lógica emoción, sino por el puro miedo (nadie se acordó de decirme que la puta ermita es famosa por sus arañas...) y tras un noviazgo de apenas seis meses, nos dimos el "Sí, quiero", solos con el cura y los testigos, mientras los doscientos treinta y siete invitados (quince por mi parte) nos aplaudían y jaleaban, coreando eso de "¡Que viva el señorito Eduardo!" y el bonito "¡Y que viva Claudia, su santa esposa... que menuda joya se lleva!"...
No, el tiempo que pasamos juntos, nunca pensé que podía conocerte tan poco... Cuando perdías los nervios y le dabas un puñetazo a la pared, sin causa justificada, pensaba que era tu naturaleza, pero que la culpa la tenía el puto Barça, cada vez que pateaba a tu santo Real Madrid... Aquella vez que te picaste con otro coche en la R-5, y que le perseguiste a más de 150 dándole luces y casi nos matamos, lo achaqué a tu trabajo como broker en el Santander... Cuando te pusiste de los nervios porque yo no quería irme de vacaciones con tu madre a la playa, otro puñetazo casi revienta la puerta del ropero...
Pero cuando ya nos casamos, desde la misma noche de bodas, comprendí que tal vez me había equivocado... tremendamente... Tú estabas borracho como una cuba, después de tantos brindis, a mí me dolía la cabeza, pero aun así, te empeñaste en consumar el matrimonio... como si no lo hubiéramos consumado antes... Cuando te dije que no me apetecía, que me dolía muchísimo la cabeza, tu respuesta fue darme un tremendo bofetón "Pa que se te pasen esos aires de grandeza", lanzarme sobre la cama, y sin molestarte ni en desvertirme o en hacerlo tú, me subiste el vestido por encima de la cabeza, te bajaste los pantalones, y a lo bruto, como el cerdo que desde luego eras, terminaste la faena en menos de dos minutos, y luego, a trompicones te volviste al banquete, para celebrar tu triunfo...
Claro, muy bonito... ¿Pero a quién le importa la novia, la recién casada? ¿Quién se molesta en averiguar si pasa algo malo?¿Quién me ayuda a levantarme de la cama, a quitarme el vestido mancillado, y me mete desnuda en el jacuzzi, y me lava suavemente la cara, la cabeza, la espalda...?¿Quién arruina su vestido cuando me empeño en abrazarla recién salida del agua, antes incluso de secarme? Por supuesto, mi amiga Laura...
Ella me ayudó después, escuchándome, consolándome, cada vez que las cosas no te salían bien el trabajo, y en vez de un beso de buenas noches, te desquitabas dándome un puñetazo en el estómago... Ella me acompañó a Urgencias la primera vez que me partiste la ceja, para certificar que me había golpeado con una puerta... Ella también se encargó de acompañarme a otro Hospital, cuando me "caí por las escaleras del sótano, y me partí las costillas"... Laura, siempre Laura, era curioso comprobar que, cuanto más imbécil, prepotente y agresivo te volvías tú, más necesidad de cariño, de apoyo, podía satisfacer con ella...

Pasaron los meses, y aunque no me prohibiste hacerlo, al final, perdí el contacto con casi todos mis amigos... entre otras cosas, porque no me apetecía que me vieran las huellas de los golpes... Yo seguía con mi trabajo de administrativa en una empresa de seguros, y tus mayores palizas, al ser los viernes por la noche, no me afectaban demasiado ni interferían con mis obligaciones laborales... A veces, yo pensaba que era culpa mía, que te había provocado por algún comportamiento, que la cena no estaba a tu gusto de sal, que los macarrones con tomate no eran tan buenos como los de tu madre...

Lo más increíble es que, al final, siempre te justificaba de alguna manera, siempre... Y me tragaba el orgullo, y las violaciones, y las vejaciones, pues de todas formas eso era lo que tú querías de tu amante esposa... Y ese era mi rol, más bien era tu saco de arena que tu compañera... Una vez más, de no haber sido por Laura, por su apoyo, sus consejos, su lealtad, no habría podido superar aquella primavera... ¿Que si yo sabía que Laura era lesbiana? Al principio no, pero de todas formas, habiendo estado juntas toda la vida, tampoco me importaba...

Posiblemente, la situación se habría mantenido así mucho más tiempo, de no haber sido por el embarazo... Y por tu puta manía de golpearme en el vientre... por el motivo habitual: no deja huellas visibles en primavera... Cualquier otra cosa, habría podido soportarla, Eduardo, menos que pusieras en peligro aquella criatura, de cuya existencia ni siquiera estabas enterado... La derrota del Madrid te hizo mucho daño... y a mí también... si no me hubiera podido escapar de la casa, un adosado con pretensiones elitistas en la Alameda de Osuna, descolgándome por la ventana del baño... Y una vez más, Laura vino a buscarme a la gasolinera... Y fue entonces cuando decidí que ya estaba harta...

Con la "oleada de robos en la zona de Barajas", de la que tanto hablaban en los periódicos, surgió en un nuevo miedo: el que asaltasen nuestra casa, se bebiesen tu colección de botellas de cerveza de importación, robasen tus preciados trofeos deportivos de toda una vida (campeonato de chapas, lanzamiento de frisbee, esquiador acuático y otras mierdas por el estilo), y de repente, empezaste a preocuparte por nuestra seguridad... Durante unos días, llamaste a varias empresas de seguridad... y por no variar, contrataste el servicio más básico posible, con la más cutre de ellas...

Por aquellas fechas, ya estábamos terminando el plan, para darte tu merecido... Y por eso, esta noche, aprovechando que los vecinos estaban fuera, han venido Laura... y su grupo de amigos... Si lo piensas fríamente, Eduardo, es lo mejor que te podía pasar... Unos desconocidos han entrado en tu casa, reventando la ventana del cuarto de baño de la primera planta... Luego, se han divido en dos equipos, y mientras uno de ellos se dedicaba al saqueo (pero sin causar demasiados destrozos, pues de todas formas, te recuerdo que son amigos...), el segundo ha subido a nuestro dormitorio de la segunda planta, donde me han golpeado varias veces con fuerza en la cara, el cuello, el pecho (pero me han parecido caricias, comparado con tus palizas), me han sentado y atado en una silla... y me han obligado a presenciar todas las torturas que te han infligido, para que les dijeras la contraseña de la caja fuerte, los números de cuenta del banco, las llaves del Ferrari...

Y se han empleado a fondo, claro...

Y tenías los brazos rotos, las rodillas descoyuntadas, los dedos de las manos aplastados por el bate de béisbol, el mismo que luego han usado para sodomizarte, mientras estabas atado, impotente, sobre la cama... y para mayor humillación, te lo van a dejar colocado a plena vista, para que esa sea tu última imagen en este planeta...

Pero ahora, cariño, tengo que terminar con esta charada... Por eso, voy a usar este revolver que me ha dejado Laura, para ejecutarte a la antigua usanza: un disparo en la nuca, y terminar la pesadilla...

Adiós, cariño... disfruta en el Infierno... Y dentro de un rato, haciendo un tremendo esfuerzo, llorando con desgarro, conseguiré arrastrarme con la silla y todo hasta el teléfono... y llamaré a Urgencias... y esperaré a que lleguen todos... para ayudarme...

Una buena venganza... inteligente... bien planificada y mejor realizada... Con un hermoso bonus: el Santander le había contratadoEduardo un jugoso Seguro de Vida, por lo que la desconsolada viuda, acompañada de su "querida amiga Laura", cobró casi un millón de euros, y pudo cambiar por completo su vida...