
Negros pensamientos rondan su alma en aquella gris mañana de martes, tras ella, desesperación, soledad, tristeza, desprecio y ausencia... Frente a ella, el vacío, y la nada...
¿Sueña acaso con un mañana mejor, más cálido, más dulce o tierno, que su presente sórdido, triste y desangelado, sin amor ni odio, y sin vida?
¿Qué la espera, al cruzar ese umbral? ¿Qué necesita? ¿Qué desea? ¿Qué ansia la consume, y le hace sentir tan mal? ¿O se siente bien?
Todo sería más sencillo si tuviera un nombre… Y viene a mi recuerdo uno que hace años que no pronuncio… Silvia…
Y tampoco estaría de más una cara… Sabemos que es de piel muy blanca, por sus brazos y su fino cuello… Sabemos que el pelo es negro azabache, algo ondulado en las puntas, tal vez lo tiene liso, pero se le ha mojado durante una tormenta invernal… Y es posible imaginar el resto de su cara… Las cejas, firmes, valientes, estilizadas, y muy negras… Los ojos, no puede ser de otra manera, intensamente verdes, con cierto punto de tristeza en ellos… Por sus mejillas, tersas, sin maquillar, han corrido algunas lágrimas hace poco… y seguirán deslizándose hacia su pequeña nariz, algo respingona, que se estremece con la extraña composición de olores que provienen del otro lado… En sus labios, turgentes y exquisitos, perfilados de negro, se esboza una pequeña sonrisa de triunfo… o de tristeza… Sus dientes son como perlas… Sigamos bajando por su cuello, largo, ágil, que se podría abarcar con una sola mano… Y sus pechos, a través del encaje, parecen melocotones maduros… Su cintura es estrecha, y sus caderas, proporcionadas, tiemblan ligeramente… De sus piernas, poco sabemos, pero si guardan las mismas proporciones que sus largos y fibrosos brazos, serán largas, firmes, y bien torneadas… Y sus pies, poco más del 38, aunque con las botas que lleva, altas, de cuero negro, atadas con lazos negros, y unas medias de rejilla, es difícil hacerse una idea concreta…
¿Y qué me decís del compañero alado? Posiblemente sea un cuervo, por la forma de las alas, del pico, y también es lo más acorde con el paisaje… Aunque sea solamente en homenaje a Poe, que sea entonces un cuervo…
Sabiendo quienes son, faltan dos cosas: de dónde vienen, y adónde van… Están en el umbral de una construcción de piedra o de ladrillo, posiblemente una iglesia, una cripta, un antiguo monasterio, o tal vez una ruina, una puerta enrejada, que separa dos trozos de nada, con un muro de aire…
De su destino, nada sabemos, tal vez recurriendo a la visión del cuervo nos hagamos una idea…
Y vemos a la derecha lo que pudo ser un antiguo cementerio… en el que se halla librado hace poco una cruenta batalla, en la que han participado los vivos y los muertos… La artillería, las granadas, han destrozado tumbas y mausoleos, lanzando por los aires restos de piedra, de mármol, de forja y de cuerpos… Un soldado parece dormir, apoyado en los restos de un árbol, pero al acercarse con un planeo, vemos que le falta un brazo, y no le queda sangre en el cuerpo… Desde lo alto de una lápida, el cuervo contempla los restos de los combatientes, evaluando con cual de ellos se alimentará después… No hay ninguna pista sobre el momento, pues todos los muertos llevan el mismo uniforme mimetizado, el mismo calzado y equipo, incluyendo el casco…
Pero a la izquierda, solo hay una pared de piedra, un pequeño y angosto camino, hacia las profundidades de un precipicio, cuyo fondo está cubierto por la niebla…. Y es hacia aquella zona donde se dirige Silvia… Y empieza su descenso hacia la niebla…
La visibilidad es tan escasa, que en varias ocasiones tiene que detenerse brevemente, pero la fría piedra la acompaña en todo el descenso, hacia la oscuridad y hacia la nada… De vez en cuando, su botas dejan un breve surco rojizo sobre la superficie de piedra, en aquellas zonas donde la sangre, que con tanta prodigalidad ha corrido durante la batalla del cementerio, ha salido despedida… igual que algún que otro miembro, sobre todo manos y brazos… Es imprevisible el efecto de una granada sobre un cuerpo… ni dónde van a terminar sus partes…. Suavemente, pero con disgusto, Silvia aparta una cabeza, que se encuentra en medio del camino… Y sigue bajando…
En un momento dado, aparece un resplandor verdoso entre la niebla, y ella sabe que está llegando a su destino… En lo más profundo de la garganta, donde también se notan las marcas de la reciente batalla, se han reunido los Pastores de Almas… Y en cuanto se alcanza el número adecuado, seis hombres y seis mujeres, comienzan los ritos, y los cantos, y los movimientos rítmicos, y las voces guturales entonan un lenguaje primitivo, anterior a todos, y al mismo tiempo, aglutinador…
Y la tierra responde con un profundo murmullo…. Y se abre una sima en el fondo del precipicio… Y los muertos se alzan de los lugares donde han caído… y emprenden el descenso… entre dos o tres ayudan a quienes no pueden caminar… y olvidadas las rencillas, los soldados del nuevo ejército bajan lentamente, y saltan a lo más profundo de la sima… Cuando ya no falta nadie, ni siquiera algún trozo de un cuerpo, o el resto de un arma, cuando ya han sido enterrados de nuevo todos los cadáveres del cementerio, regresa la calma…
En las profundidades, el conjuro termina… La tierra se cierra de nuevo sobre los dos ejércitos… De la fosa común salen las almas de todos los muertos… Y emprenden su camino… Hacia el recuerdo… o hacia la nada…
Silvia y los demás pastores de almas, cumplida su misión, pero con el cansancio lógico de tantas horas de trabajo, emprenden el regreso al mundo de los vivos… Al pasar por delante del monumento al Angel Custodio, todos se inclinan, con una leve reverencia… Y se diría que la estatua de piedra, por unos segundos, les sonríe…
¿Sueña acaso con un mañana mejor, más cálido, más dulce o tierno, que su presente sórdido, triste y desangelado, sin amor ni odio, y sin vida?
¿Qué la espera, al cruzar ese umbral? ¿Qué necesita? ¿Qué desea? ¿Qué ansia la consume, y le hace sentir tan mal? ¿O se siente bien?
Todo sería más sencillo si tuviera un nombre… Y viene a mi recuerdo uno que hace años que no pronuncio… Silvia…
Y tampoco estaría de más una cara… Sabemos que es de piel muy blanca, por sus brazos y su fino cuello… Sabemos que el pelo es negro azabache, algo ondulado en las puntas, tal vez lo tiene liso, pero se le ha mojado durante una tormenta invernal… Y es posible imaginar el resto de su cara… Las cejas, firmes, valientes, estilizadas, y muy negras… Los ojos, no puede ser de otra manera, intensamente verdes, con cierto punto de tristeza en ellos… Por sus mejillas, tersas, sin maquillar, han corrido algunas lágrimas hace poco… y seguirán deslizándose hacia su pequeña nariz, algo respingona, que se estremece con la extraña composición de olores que provienen del otro lado… En sus labios, turgentes y exquisitos, perfilados de negro, se esboza una pequeña sonrisa de triunfo… o de tristeza… Sus dientes son como perlas… Sigamos bajando por su cuello, largo, ágil, que se podría abarcar con una sola mano… Y sus pechos, a través del encaje, parecen melocotones maduros… Su cintura es estrecha, y sus caderas, proporcionadas, tiemblan ligeramente… De sus piernas, poco sabemos, pero si guardan las mismas proporciones que sus largos y fibrosos brazos, serán largas, firmes, y bien torneadas… Y sus pies, poco más del 38, aunque con las botas que lleva, altas, de cuero negro, atadas con lazos negros, y unas medias de rejilla, es difícil hacerse una idea concreta…
¿Y qué me decís del compañero alado? Posiblemente sea un cuervo, por la forma de las alas, del pico, y también es lo más acorde con el paisaje… Aunque sea solamente en homenaje a Poe, que sea entonces un cuervo…
Sabiendo quienes son, faltan dos cosas: de dónde vienen, y adónde van… Están en el umbral de una construcción de piedra o de ladrillo, posiblemente una iglesia, una cripta, un antiguo monasterio, o tal vez una ruina, una puerta enrejada, que separa dos trozos de nada, con un muro de aire…
De su destino, nada sabemos, tal vez recurriendo a la visión del cuervo nos hagamos una idea…
Y vemos a la derecha lo que pudo ser un antiguo cementerio… en el que se halla librado hace poco una cruenta batalla, en la que han participado los vivos y los muertos… La artillería, las granadas, han destrozado tumbas y mausoleos, lanzando por los aires restos de piedra, de mármol, de forja y de cuerpos… Un soldado parece dormir, apoyado en los restos de un árbol, pero al acercarse con un planeo, vemos que le falta un brazo, y no le queda sangre en el cuerpo… Desde lo alto de una lápida, el cuervo contempla los restos de los combatientes, evaluando con cual de ellos se alimentará después… No hay ninguna pista sobre el momento, pues todos los muertos llevan el mismo uniforme mimetizado, el mismo calzado y equipo, incluyendo el casco…
Pero a la izquierda, solo hay una pared de piedra, un pequeño y angosto camino, hacia las profundidades de un precipicio, cuyo fondo está cubierto por la niebla…. Y es hacia aquella zona donde se dirige Silvia… Y empieza su descenso hacia la niebla…
La visibilidad es tan escasa, que en varias ocasiones tiene que detenerse brevemente, pero la fría piedra la acompaña en todo el descenso, hacia la oscuridad y hacia la nada… De vez en cuando, su botas dejan un breve surco rojizo sobre la superficie de piedra, en aquellas zonas donde la sangre, que con tanta prodigalidad ha corrido durante la batalla del cementerio, ha salido despedida… igual que algún que otro miembro, sobre todo manos y brazos… Es imprevisible el efecto de una granada sobre un cuerpo… ni dónde van a terminar sus partes…. Suavemente, pero con disgusto, Silvia aparta una cabeza, que se encuentra en medio del camino… Y sigue bajando…
En un momento dado, aparece un resplandor verdoso entre la niebla, y ella sabe que está llegando a su destino… En lo más profundo de la garganta, donde también se notan las marcas de la reciente batalla, se han reunido los Pastores de Almas… Y en cuanto se alcanza el número adecuado, seis hombres y seis mujeres, comienzan los ritos, y los cantos, y los movimientos rítmicos, y las voces guturales entonan un lenguaje primitivo, anterior a todos, y al mismo tiempo, aglutinador…
Y la tierra responde con un profundo murmullo…. Y se abre una sima en el fondo del precipicio… Y los muertos se alzan de los lugares donde han caído… y emprenden el descenso… entre dos o tres ayudan a quienes no pueden caminar… y olvidadas las rencillas, los soldados del nuevo ejército bajan lentamente, y saltan a lo más profundo de la sima… Cuando ya no falta nadie, ni siquiera algún trozo de un cuerpo, o el resto de un arma, cuando ya han sido enterrados de nuevo todos los cadáveres del cementerio, regresa la calma…
En las profundidades, el conjuro termina… La tierra se cierra de nuevo sobre los dos ejércitos… De la fosa común salen las almas de todos los muertos… Y emprenden su camino… Hacia el recuerdo… o hacia la nada…
Silvia y los demás pastores de almas, cumplida su misión, pero con el cansancio lógico de tantas horas de trabajo, emprenden el regreso al mundo de los vivos… Al pasar por delante del monumento al Angel Custodio, todos se inclinan, con una leve reverencia… Y se diría que la estatua de piedra, por unos segundos, les sonríe…
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