
Algunas veces, la única manera de hacer frente a tu mayor miedo, a tu máximo terror, es sucumbir a él, hartarte de mirar por encima del hombro cuando estás escribiendo, de colocar los espejos en zonas donde no los veas de noche, y de no mirar nunca atrás si estás recorriendo un largo pasillo... Pero claro, algunas veces, las visiones, los espíritus, los terrores tienen algún tipo de fundamento....
"Sí, lo reconozco, tengo un terror casi patológico a los fantasmas, espíritus, aparecidos, psicofonías y cualquier otro tipo de manifestaciones del más allá... Creo firmenente en la Razón, en el triunfo del Orden sobre el Caos, en la superchería de la que se valen mediums y adivinos para engañar a los crédulos y a los débiles... Pero ya no puedo seguir más tiempo luchando solo... Necesito algún tipo de ayuda, la que sea, para hacerle frente a todo esto... Por eso he acudido a usted, Profesor..."
Mientras escuchaba las palabras del nuevo cliente, el Profesor estaba evaluando los posibles ingresos que le podría proporcionar, en función de su vocabulario, de su comunicación no verbal, de su ropa, de su grado de ansiedad... Y lo que vio en él fue suficiente para que su negro y arrugado rostro se contrajera en una sonrisa desdentada, mientras sin pronunciar una sola palabra, abría la cortina de cuentas que separaba la tienda de artículos de vudú, santería, productos de dieta y dietéticos, que constituían la mayor parte de su negocio... al menos, la más legal...
Si la pequeña tienda, ubicada en el casco antiguo de Madrid, estaba bastante polvorienta y descuidada, salvo la zona del mostrador en la que se apoya siempre el Profesor, el contraste con la habitación interior no puede ser más grande... Por las tres paredes se alzan filas y filas de estantes, con pequeñas cajas perfectamente identificadas con etiquetas de cartón atadas con cordel a su correspondiente frasco. En el rincón derecho se encuentra un incongruente sillón de barbero antiguo, al lado de un gran candelabro de bronce y de una silla de cocina de madera...En el rincón izquierdo, una mesa camilla con el inevitable faldón de pana verde, y sobre ella, en un pedestal, la típica bola de cristal, varios mazos de cartas del tarot y similares... Y nada más, pues la tercera pared está completamente cubierta por varios cortinajes negros, y en la última, un inmenso espejo antiguo ocupa casi todo el espacio disponible...
Con un ademán, mientras le señala la silla de barbero, le pide que se siente cómodamente, al mismo tiempo que sigue encendiendo velas en candelabros, botellas, sobre platos, hasta alcanzar el número adecuado: 33... De alguna manera, el humo de las velas sale de la habitación por diversos respiraderos en la parte superior de las paredes, y solamente cuando ha terminado esta parte del ritual, el Profesor se dirije a la silla de cocina, no sin haber cogido dos botellines de agua de la mesa auxiliar, y le tiende uno a su cliente, quien la abre con gesto distraído y necesita varios y profundos tragos para recuperar de alguna manera el control de su cuerpo, y los temblores disminuyen algo...
"Bien... Aunque sé perfectamente lo que le pasa -comienza el Profesor, con su discurso habitual para los clientes de clase 2 (relaciones complicadas con sus padres o con un superior jerárquico)-, usted comprenderá que contar los miedos y las necesidades es el primer tramo de la escalera que le llevará a recuperar el equilibrio perdido... Verá cómo se siente mejor..."
"Me persigue un fantasma. Aparece sobre todo de noche. En todos los espejos por los que paso... en todos los escaparates... Incluso en mi casa... He tapado hasta el espejo del baño... Lo veo en todas partes..." Aunque es la primera vez que el cliente habla, el Profesor ha calculado con precisión en dinero que puede sacarle, 1200 euros, repartidos en 4 consultas, 3 amuletos, y 10 pócimas, en su mayor parte, diuréticos, laxantes y algún pequeño alucinógeno (como el que le ha suministrado con el agua) para dar una sensación de poder...
"Bueno, me parece que usted padece un claro y evidente ejemplo de manía persecutoria, que le hace imaginar cosas que no están aquí... ¿Nota usted, por ejemplo, alguna presencia maligna, malvada o similar en esta habitación?", le pregunta para darle tiempo a la droga de actuar, bajando sobre todo sus defensas mentales, para descubrir el problema real, tal vez una homosexualidad reprimida, como cierto concejal del Ayuntamiento...
"No, le responde, es más, me siento a gusto aquí...". Comienza a aflojarse ligeramente el cuello de la camisa y el nudo de la corbata, evidenciando que el proceso ha comenzado...
"¿Le incomoda acaso el gran espejo antiguo que está frente a usted? Si quiere, puedo taparlo con la cortina... A otros clientes les incomoda bastante, sobre todo con tantas velas..." De esa manera, ha conseguido que fije la vista en el espejo, que antes parecía no haber visto....
"No... pero le repito que solo me sucede de noche... En cualquier parte, en cualquier superficie reflectante... Pero de dia, no me pasa nada...". Empieza a bajar la guardia, está por lo tanto más receptivo, más susceptible, y eso es, en el fondo, lo que busca el Profesor, un reputado chamán que se tuvo que marchar hace años de Haití por ciertas ceremonias orgiásticas que organizaba con adolescentes, y por la administración de potentes hipnóticos y narcolépticos a sus pacientes, para obtener toda la información que realmente le interesaba: nivel de ingresos, lugar de residencia, bienes, empleo... y sobre todo, la credulidad... Con sus conocimientos de psicología, de comunicación no verbal, y sobre todo de hipnosis, nunca le había faltado el dinero... Y si no hubiera sido por aquella sangrienta ceremonia de exorcismo en un suburbio de Puerto Príncipe, no tendría que haber salido huyendo del país...
"¿Puede usted describirme lo que vé? ¿Es siempre lo mismo? ¿Porqué le da miedo?... pero responda primero a la segunda pregunta", le dice mientras le sigue observando atentamente... Se trata de un alucinógeno sintético, cuyos efectos desaparecen al cabo de una hora...
"No veo casi nada... es solamente una cara... tapada por un lienzo blanco, que parece estar mojado... No hay un cuerpo realmente... Se superpone a mi cara en todas partes... No, no es siempre lo mismo... A veces, de la parte inferior, gotea sangre... Me da miedo...", le responde, comprobando maquinalmente la hora del reloj... Son poco más de las cuatro de la tarde, el tiempo suficiente para implantarle subliminalmente el deso de volver a la consulta y plegarse a su voluntad, culminar esta primera sesión, cobrar el primer pago, y prepararse para la siguiente, a las ocho...
"¿Y porqué le da miedo? ¿Acaso le dice algo? ¿Le pide que haga algo contra su voluntad?"... Con este tipo de pacientes, existe un importante componente de histeria, y él pretende localizar la causa, potenciarla, y potenciarla, para asegurar su dominio... Lo más seguro, se tratará de remordimientos por algún hecho del pasado, algún maltrato hacia su padre, o hacia un hermano... Y de eso él sabe muchísimo...
"No, contesta el cliente, es solo una presencia, que me impide ver la cara del interlocutor, o la mía, en cuanto anochece..." Con estos datos, el profesor tuvo más que suficiente, para terminar de elaborar un plan: desplumar al pardillo, esa misma noche, después de la sesión de las ocho... Por ello, con grandes y ampulosos gestos, se levanta de la silla y, usando unas afiladas tijeras, corta un mechón de pelo de la parte posterior del cráneo, y sujeta una de sus manos, mientras procede a cortarle cinco fragmentos de uñas, aportando el último toque a la superchería un corte en la muñeca derecha para obtener algunas gotas de sangre (una jeringuilla habría sido igual de efectiva, pero menos "glamourosa"), que lentamente caen dentro de un pequeño cuenco... Y entonces, entre nubes de fragante incienso, el último toque de la superchería...
"Tal vez se pregunte por qué le he tomado muestras de sangre, cabello y cenizas... Por lo que usted me ha contado, y por lo que me han confirmado los espíritus guía, usted está sufriendo un intento de comunicación desde otro plano de la existencia, realizado por un ente que intenta avisarle de algún peligro, lo más seguro de tipo físico o mental, que le sucederá por la noche. Al no poder concretar más su mensaje, la entidad, que puede perfectamente ser usted mismo desde otro plano astral, le está ocasionando un trauma... Por ello, la mejor manera no de combatirlo, sino de descifrar su significado, y sobre todo porque el mensaje es demasiado complejo, será el ponerle en contacto con la entidad, mediante un encantamiento. Afortunadamente, poseo todos los ingredientes necesarios, pero como su elaboración es muy compleja, no podré darle el remedio hasta dentro de 24 horas, y durante ese tiempo tendré que dedicarme completamente a ello, por lo que tendrá que abonarme mañana por la noche, cuando venga a la consulta, 1200 euros... En ese momento, le proporcionaré el tratamiento, acompañado de unas indicaciones terapéuticas, realizando finalmente una limpieza total de su cuerpo y de su mente... hasta mañna, pues, a las nueve de la noche... Pero recuerde que tiene que ser extremadamente puntual, y que es sumamente necesario que lo trate lo antes posible, para conectar con la entidad y conjurar el peligro..."
Y con estas palabras, sin apenas darle tiempo de pensar, la acompaño a la puerta de la tienda... Y luego, para que no se le olvidase el bebedizo, preparó las dosis: medio batido de Biomanán de fresa, dos cucharadas de nuez moscada, medio vasito de orujo, medio vasito de "Mort Subite", un vasito de vodka de garrafón, una reducción de arseniuro de silicio con las muestras biológicas (efectuada sobre cuchara de plata con un soplete de mano), y las gotas de sangre diluídas en leche de camella en polvo con agua mineral... y una dosis del cóctel de la casa, a base de narcolépticos, antipsicóticos, diuréticos... con el añadido a última hora de extracto de raíz de mandrágora... Tiempo de preparación: 10 minutos. Coste de los ingredientes: 20 euros. Facturación: 1200 euros... Un negocio redondo...
No se acuerda del cliente hasta la noche siguiente, cuando a las nueve de la noche, puntual como un reloj, y evitando a toda costa las superficies reflectantes, pero con la protección añadida de unas opacas gafas de sol, llama nervioso al timbre de la tienda... El profesor, escondiendo la revista porno debajo del libro de conjuros "made in Taiwan", se levanta del sillón de orejas, y con grandes aspavientos, le conduce directamente al sillón de barbero...
"Señor López, le dice... He conseguido terminar a tiempo la poción, pero es de una complejidad tal, que no puedo garantizar su efectividad desde el primer momento, o que se mantenga durante mucho tiempo... Sin embargo, justamente por ello, le ofrezco una sustancial rebaja: 800 euros, consulta incluída... Si no le importa abonarme la minuta por adelantado, procederemos a librarle de su fantasma..."
"¿Acepta usted cheques? Si no, iré al cajero de la esquina..."
"No se preocupe, Señor López... Acepto cheques, al menos en su caso es lo que me han dicho los espíritus guía... Muy bien... Lo primero de todo, tiene usted que relajarse completamente, escuchar los sonidos naturales de este CD grabado por los chamanes iluminados en las reservas naturales de la América profunda... (que realmente han nacido en un estudio de Taiwan) y que puedo poner a su disposición por 10 euros extra... Muy bien... cuando esté más relajado, comenzaremos el tratamiento... Tendrá usted que beberse esta compleja pócima, que he preparado de manera artesanal, aromatizándola con frutas del bosque.... Despacito, muy bien...
Ahora, en cuanto hayan pasado diez o doce minutos, se va usted a levantar, muy despacio... Tal vez empiece ya a notar los efectos curativos de la pócima (¿o serán los psicotrópicos y narcolépticos?)... Y para reforzarla, se va usted a enfrentar a sus dos grandes miedos: la máscara de la muerte, que he realizado con un tejido algonodoso de gran calidad (la funda del último jamón que me he comido... de algo tendría que servir...), para evocar con la mayor fidelidad una imagen de su atormentador que me han transmitido los espíritus... Para mejorar el efecto mojado que usted indicaba (y también para combatir una posible hipertermia por el cóctel de medicamentos), voy a mojarle la cabeza con este agua especial... Y finalmente, cuando usted se encuentre preparado, le expondré a su mayor miedo..."
Dicho esto, con otro ampuloso gesto, descorrió la cortina que cubría el inmenso espejo de molduras doradas... Al principio, a la luz de las 33 velas negras y rojas, no pasó nada... Pero al cabo de unos minutos, algo extraño empezó a suceder en el espejo... Una curiosa silueta, o mejor dicho el contorno de una cara, velada por un paño blanco, empezó a perfilarse en el centro de la superficie... y se fue agrandando paulatinamente, hasta situarse justamente frente al cliente...
El profesor, por mucho que comprobó si había alguna manera de generar aquél efecto, pues desde luego era un truco magnífico y que podría simular en otras consultas, se fue desplazando alrededor del cliente, que se había quedado paralizado por la impresión... Lo más extraño era que su imagen no se reflejaba en el espejo... Era como si el profesor no estuviera en la misma dimensión... Y también comprobó la existencia de pequeñas diferencias en el reflejo de la habitación... Las velas eran 35, y todas ellas rojas... El tapete de la mesa camilla era de color granate, y no verde... El sillón de barbero era mucho más antiguo... Las cajas con los productos químicos y los reactivos estaban selladas con lazos de terciopelo negros... El suelo era ajedrezado blanco y negro... Las lámparas eran de gas...
Durante todo este tiempo, que igual serían diez minutos que veinte o más, tanto el cliente como la máscara se quedaron inmóviles... Salvo que la máscara daba la impresión de ser más densa... y el cliente más opaco, más insustancial... En aquél momento, sonaron diez toques en el reloj de la iglesia, y mientras todavía retumbaba la última campanada, la máscara, con las fauces abiertas, se proyecta fuera del espejo y, de un solo golpe, engulle al cliente... dejando detrás solamente un revuelto de ropas, efectos personales, implantes quirúrgicos (en la cadera izquierda y en el codo derecho... y un balón intragástrico)... Como si rechazase todo lo que no era un producto de la naturaleza....
De esa manera, el cliente desapareció, engullido por la máscara del espejo... El profesor "heredó" unas ropas usadas que terminó regalando a la parroquia... Y por supuesto, tuvo que romper el cheque, pues a cliente desaparecido no le puedes sacar el dinero.... De todas formas, y aunque fuera para curarse en salud, decidió tener siempre cubierto el antiguo espejo... Y no repetir jamás la fórmula...
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