viernes, 9 de abril de 2010

DAÑOS Y PERJUICIOS...

Tal y como dice el cuento, cualquier persona tiene un límite en aquello que está dispuesto a aguantar por un motivo u otro... Ya sea por convicción social, por convencimiento, por un cambio en las circunstancias, siempre puede llegar el momento de decir "BASTA"... Y cuando eso pasa, los roles se pueden invertir drásticamente... Como Claudia y Eduardo... bueno, y también Laura...
"Y esta es mi última palabra", me dijiste, al mismo tiempo que salías de casa dando un portazo, con tus aires de gallito enfurecido, y pavoneándote casi... al mismo tiempo que flexionabas los nudillos, tal vez para desentumecerlos...



Pero claro, lo que no podías suponer, es que realmente serían tus últimas palabras, al menos en nuestra casa... porque los gritos agónicos, tus "¡por piedad, estro es un error, nosotros no tenemos dinero!" o cuando decías "¡Los vecinos del tercero B, esos tienen mucho dinero!", creo que realmente no cuentan para nada...


Nunca piensas que es algo que te pueda pasar a , que vayas a repetir esquemas, que te vayan a reducir a una piltrafa lastimera, que encontrarás a alguien en tu vida que te pueda terminar destrozando, en todos los aspectos, y mucho menos que a tus treinta y pico de años vas a permitir que te masacren la vida, las ilusiones, todo...


Vale que nos casamos por tus padres, a quienes hacía mucha ilusión que nosotros también mantuviéramos la tradición familiar, en la pequeña ermita a las afueras del pueblo, junto al Prado de San Antonio... Precisamente allí, entre gramíneas y olivares (a los que soy alérgica), y con la amenaza de alguna casual avispa o abeja (que tampoco me sientan bien, precisamente...), con la voz agarrotada no solo por la lógica emoción, sino por el puro miedo (nadie se acordó de decirme que la puta ermita es famosa por sus arañas...) y tras un noviazgo de apenas seis meses, nos dimos el "Sí, quiero", solos con el cura y los testigos, mientras los doscientos treinta y siete invitados (quince por mi parte) nos aplaudían y jaleaban, coreando eso de "¡Que viva el señorito Eduardo!" y el bonito "¡Y que viva Claudia, su santa esposa... que menuda joya se lleva!"...
No, el tiempo que pasamos juntos, nunca pensé que podía conocerte tan poco... Cuando perdías los nervios y le dabas un puñetazo a la pared, sin causa justificada, pensaba que era tu naturaleza, pero que la culpa la tenía el puto Barça, cada vez que pateaba a tu santo Real Madrid... Aquella vez que te picaste con otro coche en la R-5, y que le perseguiste a más de 150 dándole luces y casi nos matamos, lo achaqué a tu trabajo como broker en el Santander... Cuando te pusiste de los nervios porque yo no quería irme de vacaciones con tu madre a la playa, otro puñetazo casi revienta la puerta del ropero...
Pero cuando ya nos casamos, desde la misma noche de bodas, comprendí que tal vez me había equivocado... tremendamente... Tú estabas borracho como una cuba, después de tantos brindis, a mí me dolía la cabeza, pero aun así, te empeñaste en consumar el matrimonio... como si no lo hubiéramos consumado antes... Cuando te dije que no me apetecía, que me dolía muchísimo la cabeza, tu respuesta fue darme un tremendo bofetón "Pa que se te pasen esos aires de grandeza", lanzarme sobre la cama, y sin molestarte ni en desvertirme o en hacerlo tú, me subiste el vestido por encima de la cabeza, te bajaste los pantalones, y a lo bruto, como el cerdo que desde luego eras, terminaste la faena en menos de dos minutos, y luego, a trompicones te volviste al banquete, para celebrar tu triunfo...
Claro, muy bonito... ¿Pero a quién le importa la novia, la recién casada? ¿Quién se molesta en averiguar si pasa algo malo?¿Quién me ayuda a levantarme de la cama, a quitarme el vestido mancillado, y me mete desnuda en el jacuzzi, y me lava suavemente la cara, la cabeza, la espalda...?¿Quién arruina su vestido cuando me empeño en abrazarla recién salida del agua, antes incluso de secarme? Por supuesto, mi amiga Laura...
Ella me ayudó después, escuchándome, consolándome, cada vez que las cosas no te salían bien el trabajo, y en vez de un beso de buenas noches, te desquitabas dándome un puñetazo en el estómago... Ella me acompañó a Urgencias la primera vez que me partiste la ceja, para certificar que me había golpeado con una puerta... Ella también se encargó de acompañarme a otro Hospital, cuando me "caí por las escaleras del sótano, y me partí las costillas"... Laura, siempre Laura, era curioso comprobar que, cuanto más imbécil, prepotente y agresivo te volvías tú, más necesidad de cariño, de apoyo, podía satisfacer con ella...

Pasaron los meses, y aunque no me prohibiste hacerlo, al final, perdí el contacto con casi todos mis amigos... entre otras cosas, porque no me apetecía que me vieran las huellas de los golpes... Yo seguía con mi trabajo de administrativa en una empresa de seguros, y tus mayores palizas, al ser los viernes por la noche, no me afectaban demasiado ni interferían con mis obligaciones laborales... A veces, yo pensaba que era culpa mía, que te había provocado por algún comportamiento, que la cena no estaba a tu gusto de sal, que los macarrones con tomate no eran tan buenos como los de tu madre...

Lo más increíble es que, al final, siempre te justificaba de alguna manera, siempre... Y me tragaba el orgullo, y las violaciones, y las vejaciones, pues de todas formas eso era lo que tú querías de tu amante esposa... Y ese era mi rol, más bien era tu saco de arena que tu compañera... Una vez más, de no haber sido por Laura, por su apoyo, sus consejos, su lealtad, no habría podido superar aquella primavera... ¿Que si yo sabía que Laura era lesbiana? Al principio no, pero de todas formas, habiendo estado juntas toda la vida, tampoco me importaba...

Posiblemente, la situación se habría mantenido así mucho más tiempo, de no haber sido por el embarazo... Y por tu puta manía de golpearme en el vientre... por el motivo habitual: no deja huellas visibles en primavera... Cualquier otra cosa, habría podido soportarla, Eduardo, menos que pusieras en peligro aquella criatura, de cuya existencia ni siquiera estabas enterado... La derrota del Madrid te hizo mucho daño... y a mí también... si no me hubiera podido escapar de la casa, un adosado con pretensiones elitistas en la Alameda de Osuna, descolgándome por la ventana del baño... Y una vez más, Laura vino a buscarme a la gasolinera... Y fue entonces cuando decidí que ya estaba harta...

Con la "oleada de robos en la zona de Barajas", de la que tanto hablaban en los periódicos, surgió en un nuevo miedo: el que asaltasen nuestra casa, se bebiesen tu colección de botellas de cerveza de importación, robasen tus preciados trofeos deportivos de toda una vida (campeonato de chapas, lanzamiento de frisbee, esquiador acuático y otras mierdas por el estilo), y de repente, empezaste a preocuparte por nuestra seguridad... Durante unos días, llamaste a varias empresas de seguridad... y por no variar, contrataste el servicio más básico posible, con la más cutre de ellas...

Por aquellas fechas, ya estábamos terminando el plan, para darte tu merecido... Y por eso, esta noche, aprovechando que los vecinos estaban fuera, han venido Laura... y su grupo de amigos... Si lo piensas fríamente, Eduardo, es lo mejor que te podía pasar... Unos desconocidos han entrado en tu casa, reventando la ventana del cuarto de baño de la primera planta... Luego, se han divido en dos equipos, y mientras uno de ellos se dedicaba al saqueo (pero sin causar demasiados destrozos, pues de todas formas, te recuerdo que son amigos...), el segundo ha subido a nuestro dormitorio de la segunda planta, donde me han golpeado varias veces con fuerza en la cara, el cuello, el pecho (pero me han parecido caricias, comparado con tus palizas), me han sentado y atado en una silla... y me han obligado a presenciar todas las torturas que te han infligido, para que les dijeras la contraseña de la caja fuerte, los números de cuenta del banco, las llaves del Ferrari...

Y se han empleado a fondo, claro...

Y tenías los brazos rotos, las rodillas descoyuntadas, los dedos de las manos aplastados por el bate de béisbol, el mismo que luego han usado para sodomizarte, mientras estabas atado, impotente, sobre la cama... y para mayor humillación, te lo van a dejar colocado a plena vista, para que esa sea tu última imagen en este planeta...

Pero ahora, cariño, tengo que terminar con esta charada... Por eso, voy a usar este revolver que me ha dejado Laura, para ejecutarte a la antigua usanza: un disparo en la nuca, y terminar la pesadilla...

Adiós, cariño... disfruta en el Infierno... Y dentro de un rato, haciendo un tremendo esfuerzo, llorando con desgarro, conseguiré arrastrarme con la silla y todo hasta el teléfono... y llamaré a Urgencias... y esperaré a que lleguen todos... para ayudarme...

Una buena venganza... inteligente... bien planificada y mejor realizada... Con un hermoso bonus: el Santander le había contratadoEduardo un jugoso Seguro de Vida, por lo que la desconsolada viuda, acompañada de su "querida amiga Laura", cobró casi un millón de euros, y pudo cambiar por completo su vida...

lunes, 5 de abril de 2010

LO SIENTO, QUERIDA... OTRO ERA MI DESEO...

Tu sombra baila, se mueve, se desliza como una serpiente, ondula como el agua, jugando con las lamas de la persiana, con la luz de la media tarde, mientras suena Joe Cocker, quien te va indicando claramente qué partes de tu cuerpo puedes dejar cubiertas, y en tu caso, ni siquiera llevas sombrero...


Buscando nuevas experiencias para darle un poco más de ánimo, de vidilla, a nuestra relación, nos hemos preparado a conciencia, nuestros cuerpos y nuestras mentes, para averiguar, incluso haciendonos preguntas en sueños, qué tipo de fantasía era la que más nos iba a gustar... De alguna manera, has comprendido lo del baile a contraluz, con mi canción favorita, incluso has aprendido una coreografía, y te empiezas a desvestir muy lentamente, sin prisa... Incluso a pesar mío, me excito a verte, tan débil y a la vez tan fuerte, tan incitante, que logras reavivar en mí algunos rescoldos de viejas brasas... Pues por mucho que dicen que "el que tuvo, retuvo"... hay algunas cosas que mejoran con el tiempo... y un poco de ayuda quirúrgica... y tú no eres la excepción... Y me excito viendote completamente desnuda, salvo por las medias y el liguero...


Y mantendré la ilusión de tu fantasía, cariño... Me habrás visto completamente rasurado, hasta el último pelo... y vestido con la faldita de romano... y el casco... y el gladius... y las sandalias de legionario... Y de toda esa parafernalia me iré desprendiendo, mientras me acerque lentamente a la cama... Con la rosa en la mano izquierda, pues quieres sentir su tacto... y la cuerda de piano dispuesta entre las dos... Preparada para llevarte hasta el límite de la asfixia erótica, como ya hemos hecho antes en este hotel... Durante meses lo he estado preparando todo, querida... LLegando cada vez un poquito más cerca de la muerte... un poquito más entregado en el juego...


Y tal vez, esta tarde, me decida a dar el último paso... y te quite la venda de los ojos con los dientes... para leer la comprensión en tus ojos... y correrme dentro de tí, mientras tu cuerpo se retuerce con los estertores de la muerte... Y solo cuando todo rastro de vida haya abandonado tu preciado cuerpo... Levantaré el auricular, para avisar a la Recepción de un "desgraciado accidente..."


Ya sé que tú pretendías mejorar nuestra vida sexual con una pequeña fantasía... y por eso te has preparado tan duramente... Pero lo siento, querida... Otro era mi deseo...

martes, 23 de marzo de 2010

LA GARGANTILLA NEGRA



Busco tu recuerdo entre las sombras de un aciago atardecer de invierno, y tan solo recuerdo tu perfume, tu olor a Nenuco... y a canela...



Lo que empezó siendo el típico "favor a la hermana pequeña de un amigo que quiere hacerse un book pero no tiene dinero... y como tú haces buenas fotos", se convierte en una experiencia que puede marcar tu vida entera... y un poco más...


Sí, por supuesto, fue una tarde entera, en el Parque Del Retiro, haciendo más de doscientas fotos, para escoger finalmente unas treinta... Pero la mayor sorpresa fue el conocerla... Elisa... Una hermosa muñequita rubia, menuda, exquisitamente formada, con unos increíbles ojos verde esmeralda, labios escasamente perfilados... y los dientes más blancos que he visto en toda mi vida... Eso por no mencionar sus piernas, perfectas... Realmente, con su sonrisa, iluminaba el mundo... Y todo colaboraba incluso el otoño, con los ocres y los rojos de la naturaleza, todo el entorno se había puesto de acuerdo para que Elisa estuviera radiante...


Siempre tan previsora, y dispuesta a aprovechar lo más posible aquellas horas, se había traído una maleta entera llena de ropa, para poder escoger la que más le favoreciera: el banco sobre el que la abrimos terminó pareciendo un mercadillo de ropa de segunda mano... Afortunadamente, estaba abierta una de las cafeterías junto al parque, y fueron tan majos que incluso nos guardaron la maleta detrás de la barra... Vale, no fue solo una cuestión de "ser majos", sino de los 50 euros que les ofrecí por el "favor", aunque de todas formas creo que aumentaron mucho las consumiciones... solamente por ver a Elisa...


Ella tenía un gusto increíble, un ojo para los complementos, para las texturas, para aquello que "le quedaba bien", que simplemente fue cuestión de escoger los diversos sitios, y hacer las fotos... y poco más... Recuerdo perfectamente cada modelo, aunque por supuesto tengo mis favoritos... Como aquél vestido de lino blanco, largo, con un fajín de color granate, sandalias de cuero, y un sombrero de paja, que realmente no se puso... Aquél primer plano de su torso y su cara, junto al lago, con el sol reflejándose en el agua... Otro modelo, con vaqueros, blusa de cuadros rojos y blancos entreabierta, y botas de cow-boy, apoyada contra una da las farolas... O con la falda ibicenca en azules y turquesas, y la parte superior del bikini negro... Elisa iba escogiendo cada uno de los estilos, y en cierto modo, todos los parroquianos se quedaban en suspenso cada vez que ella entraba al servicio a cambiarse... Fueron siete conjuntos, de muchos estilos... Pero el último, el que generó incluso una pequeña ovación, fue el vestido de noche azúl petróleo, de cuello barco, adornado con una gargantilla de cristal de Swaroski y pendientes a juego... Como había poca luz en el exterior, Antonio, el encargado de la cafetería encendió sus propias farolas, y aprovechando que había un poco de niebla, aquella última foto de Elisa quedó realmente espectacular...
Después de darle las gracias efusivamente por toda la ayuda prestada y deslizarle otro billete de 50 en la mano, Elisa y yo recogimos toda la ropa, la guardamos en la maleta, y ya con el sol menguante, y con su ropa de calle (vaqueros, jersey de cuello vuelto negro, chupa de cuero, y el pelo suelto), le hice una última foto de perfil, un contraluz tan forzado que solo se ve el negro, y que ilustra estas líneas... Me dió un fuerte abrazo, pegándose tan completamente a mí, que mi única intención era mimarla, protegerla, que mis casi cuarenta ños le sirvieran de refugio en sus dieciocho recién cumplidos... Quedamos en vernos cinco días después, en mi casa...
Pero nunca acudió... Y yo me olvidé temporalmente de las fotos, pues de todas formas ya tenía bastante con mi propio trabajo, como para andar preocupándome por una "muñequita linda, de cabellos de oro..." ¡Qué equivocado estaba!
Me enteré de lo sucedido una semana más tarde... Mientras se dirigía al acceso del metro de Retiro, ya en el subterráneo, uno de los presuntos "humanos" que se refugian del frío y de la lluvia en aquella zona se encaprichó de la maleta y de su contenido ("paa mi mujé", explicaría más tarde a la Policía... cuando ni siquiera estaba casado, ni tenía pareja)... Y no se le ocurrió mejor manera de conseguirlo que levantarse detrás de Elisa y, sin pronunciar una sola palabra, sujetarle la barbilla hacia arriba, y rebanarle el cuello con una antigua navaja de barbero... Y ella se quedó tendida en el suelo, en medio de un oscuro charco de sangre que iba creciendo rápidamente (le cortó la carótida y la femoral), y en poco más de tres minutos, lo que tardaron en llegar los vigilantes del metro y en llamar al 112, ella murió, rodeada por un pequeño grupo de curiosos que no sabía qué hacer... Y su asesino seguía allí, tranquilamente, acunando la maleta de Elisa, como si fuera el mayor trofeo... No se resistió al arresto, según me contaron Juan era el producto de la política de vaciar los centros psiquiátricos de los años 90, y consideraron que era apto para ser reinsertado en sociedad... a pesar de estar diagnosticado con esquizofrenia paranoide con picos de intensa agresividad... le condenaron a treinta años por el asesinato de Elisa...
En cuanto me enteré de la historia, recordé las fotos, que no había visto desde la sesión de aquella tarde, pensando en seleccionar las mejores, para entregarselas a mi amigo... Encendí el ordenador y cargué las tarjetas de memoria de las cámaras, esperando que el sistema de reconocimiento y de compensación automática de la luz sería suficiente para darle aquél tono de blanco y negro tradicional que yo deseaba obtener... Pero, cuando llevaba vistas una treintena, comprendí que, al menos esas fotos, no se las podría entregar a mi amigo... Pues en el cuello de Elisa aparecía una extraña gargantilla de color negro, que iba creciendo lentamente de foto en foto, a medida que avanzaba la tarde... Bastante asustado, pero sobre todo para descartar una sospecha que mi mente racional no podía, no quería, admitir, reconvertí las fotos a su color habitual...
La gargantilla no era negra, sino roja... Y casaba exactamente con el corte que el mendigo esquizofrénico (Juan) le había causado a Elisa con su navaja de barbero... Y a medida que iba avanzando la tarde, al aproximarse la hora de la muerte, la sangre iba resbalando desde su cuello, impregnando su ropa, foto a foto....
No sé, tal vez si yo hubiera mirado antes las fotos, por ejemplo en uno de mis ataques de perfeccionismo, aunque fuera en el visor digital de mi cámara, podría haber sospechado algo... O también podría haberla acompañado al metro... O llevarla a su casa con mi moto, no sé, cualquier cosa... Pero no hice nada... No podía hacer nada... He intentado, con la ayuda de varios amigos informáticos, retocar aquellas fotos que me gustan más, aunque sea una de cada pase, pero no es posible.... La gargantilla sangrienta sale en todas ellas...
Seguro que si miras de cerca la foto, si te esfuerzas lo suficiente, podrás ver el corte en el cuello de Elisa, y la sangre derramándose lentamente... Porque aquella fue la última foto de la tarde... Unos minutos antes de su muerte...

EL FINAL DE LA BATALLA



Negros pensamientos rondan su alma en aquella gris mañana de martes, tras ella, desesperación, soledad, tristeza, desprecio y ausencia... Frente a ella, el vacío, y la nada...




¿Sueña acaso con un mañana mejor, más cálido, más dulce o tierno, que su presente sórdido, triste y desangelado, sin amor ni odio, y sin vida?




¿Qué la espera, al cruzar ese umbral? ¿Qué necesita? ¿Qué desea? ¿Qué ansia la consume, y le hace sentir tan mal? ¿O se siente bien?




Todo sería más sencillo si tuviera un nombre… Y viene a mi recuerdo uno que hace años que no pronuncio… Silvia…




Y tampoco estaría de más una cara… Sabemos que es de piel muy blanca, por sus brazos y su fino cuello… Sabemos que el pelo es negro azabache, algo ondulado en las puntas, tal vez lo tiene liso, pero se le ha mojado durante una tormenta invernal… Y es posible imaginar el resto de su cara… Las cejas, firmes, valientes, estilizadas, y muy negras… Los ojos, no puede ser de otra manera, intensamente verdes, con cierto punto de tristeza en ellos… Por sus mejillas, tersas, sin maquillar, han corrido algunas lágrimas hace poco… y seguirán deslizándose hacia su pequeña nariz, algo respingona, que se estremece con la extraña composición de olores que provienen del otro lado… En sus labios, turgentes y exquisitos, perfilados de negro, se esboza una pequeña sonrisa de triunfo… o de tristeza… Sus dientes son como perlas… Sigamos bajando por su cuello, largo, ágil, que se podría abarcar con una sola mano… Y sus pechos, a través del encaje, parecen melocotones maduros… Su cintura es estrecha, y sus caderas, proporcionadas, tiemblan ligeramente… De sus piernas, poco sabemos, pero si guardan las mismas proporciones que sus largos y fibrosos brazos, serán largas, firmes, y bien torneadas… Y sus pies, poco más del 38, aunque con las botas que lleva, altas, de cuero negro, atadas con lazos negros, y unas medias de rejilla, es difícil hacerse una idea concreta…




¿Y qué me decís del compañero alado? Posiblemente sea un cuervo, por la forma de las alas, del pico, y también es lo más acorde con el paisaje… Aunque sea solamente en homenaje a Poe, que sea entonces un cuervo…




Sabiendo quienes son, faltan dos cosas: de dónde vienen, y adónde van… Están en el umbral de una construcción de piedra o de ladrillo, posiblemente una iglesia, una cripta, un antiguo monasterio, o tal vez una ruina, una puerta enrejada, que separa dos trozos de nada, con un muro de aire…



De su destino, nada sabemos, tal vez recurriendo a la visión del cuervo nos hagamos una idea…



Y vemos a la derecha lo que pudo ser un antiguo cementerio… en el que se halla librado hace poco una cruenta batalla, en la que han participado los vivos y los muertos… La artillería, las granadas, han destrozado tumbas y mausoleos, lanzando por los aires restos de piedra, de mármol, de forja y de cuerpos… Un soldado parece dormir, apoyado en los restos de un árbol, pero al acercarse con un planeo, vemos que le falta un brazo, y no le queda sangre en el cuerpo… Desde lo alto de una lápida, el cuervo contempla los restos de los combatientes, evaluando con cual de ellos se alimentará después… No hay ninguna pista sobre el momento, pues todos los muertos llevan el mismo uniforme mimetizado, el mismo calzado y equipo, incluyendo el casco…




Pero a la izquierda, solo hay una pared de piedra, un pequeño y angosto camino, hacia las profundidades de un precipicio, cuyo fondo está cubierto por la niebla…. Y es hacia aquella zona donde se dirige Silvia… Y empieza su descenso hacia la niebla…




La visibilidad es tan escasa, que en varias ocasiones tiene que detenerse brevemente, pero la fría piedra la acompaña en todo el descenso, hacia la oscuridad y hacia la nada… De vez en cuando, su botas dejan un breve surco rojizo sobre la superficie de piedra, en aquellas zonas donde la sangre, que con tanta prodigalidad ha corrido durante la batalla del cementerio, ha salido despedida… igual que algún que otro miembro, sobre todo manos y brazos… Es imprevisible el efecto de una granada sobre un cuerpo… ni dónde van a terminar sus partes…. Suavemente, pero con disgusto, Silvia aparta una cabeza, que se encuentra en medio del camino… Y sigue bajando…




En un momento dado, aparece un resplandor verdoso entre la niebla, y ella sabe que está llegando a su destino… En lo más profundo de la garganta, donde también se notan las marcas de la reciente batalla, se han reunido los Pastores de Almas… Y en cuanto se alcanza el número adecuado, seis hombres y seis mujeres, comienzan los ritos, y los cantos, y los movimientos rítmicos, y las voces guturales entonan un lenguaje primitivo, anterior a todos, y al mismo tiempo, aglutinador…



Y la tierra responde con un profundo murmullo…. Y se abre una sima en el fondo del precipicio… Y los muertos se alzan de los lugares donde han caído… y emprenden el descenso… entre dos o tres ayudan a quienes no pueden caminar… y olvidadas las rencillas, los soldados del nuevo ejército bajan lentamente, y saltan a lo más profundo de la sima… Cuando ya no falta nadie, ni siquiera algún trozo de un cuerpo, o el resto de un arma, cuando ya han sido enterrados de nuevo todos los cadáveres del cementerio, regresa la calma…




En las profundidades, el conjuro termina… La tierra se cierra de nuevo sobre los dos ejércitos… De la fosa común salen las almas de todos los muertos… Y emprenden su camino… Hacia el recuerdo… o hacia la nada…




Silvia y los demás pastores de almas, cumplida su misión, pero con el cansancio lógico de tantas horas de trabajo, emprenden el regreso al mundo de los vivos… Al pasar por delante del monumento al Angel Custodio, todos se inclinan, con una leve reverencia… Y se diría que la estatua de piedra, por unos segundos, les sonríe…

EL BANQUETE DE VILLA MISTERIOS


Era un cálido día del mes de junio, cuando ella me robó el corazón... literalmente...



Todo iba bien, la típica boda de "gente bien", todos felices, todos haciendo ostentación de sus enormes egos y de sus abultadas carteras, de grandes coches y operadísimas esposas, todas ellos, patéticos intentos de burlar a la muerte, y a su mensajero, el tiempo...




Y yo estaba allí, invitado circunstancial por parte de los amigos de la novia, a quienes no conocía, intentando pasar desapercibido entre tantos, pero sin pertenecer a ningún grupo, ni a nadie...




Pensando una vez más como era posible que, odiando tantísimo las bodas, hubiera picado otra vez, por la promesa de algo de compañía, algo de comida, y tal vez, conseguir que se valorase algo más mi trabajo....




Sí, muchas veces me llegaban invitaciones para este tipo de eventos erótico-festivos, pues se había corrido la voz entre los amigos de mi pericia a la hora de hacer las fotos, y de las tarifas económicas... Pero ya empezaba a cansarme de trabajar para la BBC (ya sabes, bodas, bautizos y comuniones)... sobre todo porque la mayor parte de las veces, con lo que me pagaban, a duras penas conseguía pagar los costes de materiales, revelado y copias... y además, en el álbum de la pareja siempre incluyo los negativos...




Por eso, con la ración de fotos tradicionales ampliamente cubierta, intentando sacar agraciada a la novia, lo que en este caso ha sido muy fácil, y disimular un poco la barriga del novio, ha tenido que dejar de respirar y meter la tripa para dentro en cada foto, mas de todas formas, ha valido la pena... Ya hemos pasado también el trámite de las imágenes para el recuerdo en la capilla, firmando el libro parroquial, las decenas de fotos con los amigos de una y del otro, peleándome con el fotógrafo de la iglesia (un vejete casi paralítico) y de la empresa de catering (el típico paparazzi con aires de grandeza, que ni se molestaba en enfocar)... y a quien no le importaba nada más que el dinero que iba a cobrar, en negro, por las presuntas copias y ampliaciones...


Tras el suplicio de todas las fotos de grupo, nos fuimos al caserón, Villa Misterios, en mitad de un coto de caza, donde se celebraba el convite... Granja reformada al estilo antiguo y con ínfulas de grandeza, se accedía a ella a través de una estrecha carretera, flanqueada por olivos centenarios... Sorprendentemente, se podía aparcar sin problemas, y los novios llegaron solamente una hora después que el resto de los invitados al convite, que empezó sobre las dos de la tarde... y terminaría pasadas las tres de la mañana... En medio de todo el gentío, que una vez más estaba demasiado interesado en fotografiarse con los recién casados, vislumbré a una chica, con un vestido blanco, como de otra época, de encaje, guantes también blancos, y una estola negra, que ejercía un marcado contraste con la ropa y el rostro... No sé porqué me fijé en ella... tal vez, por su expresión de desamparo, cada vez que miraba a los esposos... o por sus sollozos, que solamente contenía con el flash de cada foto...


Una vez terminada la sesión, la busqué con la mirada por la gran sala donde en breve se celebraría el banquete, pero al no poder encontrarla, me olvidé de ella... Y cuando trajeron el primer plato, una excelente rueda de embutidos ibéricos, un par de quesos de gran calidad, y las inevitables botellas de vino (Ribera del Duero, creo recordar), aquella misteriosa mujer, adolescente más bien, que lloraba en las fotos, dejó de interesarme, al menos por unas horas... Serían las seis de la tarde cuando, con el mono de nicotina, y algo achispado por las libaciones en homenaje a los esposos, pensé que sería una buena idea dar un paseo por los jardines de la finca, y conocer el pequeño laberinto del que tanto me habían hablado...


Y fue allí, precisamente, en el corazón del laberinto, donde la encontré a ella... Estaba sentada en el suelo, apoyada en un banco de piedra, con los brazos rodeando sus rodillas, y una serie de profundos, desgarradores, sollozos, transmitían más tristeza de la que podía contener su pequeño cuerpo... Como casi todos los hombres, no sé qué hacer cuando una mujer se pone a llorar, pero no se me ocurrió nada mejor que arrodillarme a su lado, y poner mis manos sobre la suya... ¡Ojalá no lo hubiera hecho nunca!


Pues al levantar la cabeza, me encontré mirando fijamente unos inmensos ojos negros, tan dilatados, que parecía no tener pupilas, y en el fondo de ellos, vislumbré los reflejos acerados de la más profunda tristeza, de la más honda desesperación...

"Has visto mi cara, mis lágrimas, mis manos, mi cuerpo... Has escuchado mi llanto... ¿Acaso no existo para nadie más? ¿Qué me pasa?", me pregunta, con aquellos ojos irreales clavados en mí...

"No sé, le respondo... Te he visto mientras hacía las fotos, y me has llamado la atención... pero ahora mismo, no puedo decirte exactamente por qué..."

"¿Acaso no soy bonita? ¿No soy hermosa? ¿No me queda bien el vestido?... Entonces... ¿por qué nadie me responde, cuando les hablo?", me pregunta, separando un poco los brazos del cuerpo... Y entonces, al ver las cicatrices de sus muñecas, los rastros de sangre en el vestido, empiezo a comprender lo que le ha pasado... Y recuerdo una vieja historia, que me contaron los novios, sobre el caserón, y la novia traicionada...

"Hace muchos años, a finales del siglo XIX, se celebró en este caserón una boda de relumbrón, entre el típico señorito madrileño, bastante tarambana, y una costurera, de la que se encaprichó una tarde en que fue a terminar el vestido de chulapa de su hermana... Laura, se llamaba la costurera... y Juan, el señorito... Cansado de tanto andar zascandileando como un picaflor, y harto de tanta señorita remilgada, el señorito se encaprichó de la costurera... y apremió a su hermana y a su madre para que le encargaran más trabajo, con tal de tenerla cerca de él... y empezar el cortejo, que por no deseado, era más bien un acoso en toda regla... Y Laura no podía permitirse el lujo de rechazar los encargos... Y cedió un poco a los apremiantes deseos de Juan: pasear de la mano por las Vistillas... tomar un chocolate con picatostes en algún café... y en cierta medida, y a pesar suyo, teminó enamorándose de él...

Pero Juan no quería amor... precisaba algo más que eso... y con tal de conseguirlo, urdió la gran farsa: montaría una boda, ofrecería a todos sus amigos un gran banquete a costa de sus padres, compartiría el tálamo nupcial con Laura... para después falsear el paño de pureza, y repudiarla a la mañana siguiente, convirtiéndola de aquella manera en una proscrita...

Y así sucedió... A la mañana siguiente, al ver su honra mancillada, al comprender que había sido cruelmente engañada por el hombre que afirmaba amarla, y sobre todo, al escuchar las tremendas carcajadas del felón, que se estaba permitiendo entre insulto y desprecio el meter mano a una de sus fulanas que hicieron de dama de honor... Laura se retiró al corazón de los jardines, y sobre el banco de piedra, con su vestido de bodas que ella misma cosió, y las zapatillas de baile negras que tanto le gustaban, se abrió las venas, pues no podía afrontar un engaño tan grande, el haber entregado su honra a un señorito imbécil y prepotente...

Y cuenta la historia que Laura sigue recorriendo el caserón, mucho tiempo después de la muerte de Juan, un estúpido accidente de caballo en el tercer aniversario de su "boda... Se dice que el noble bruto se asustó cuando una sombra blanca se interpuso en su camino... Y le susurró algo al oído... Y que desde entonces, el primer hijo varón de aquella familia, morirá siempre en extrañas circunstancias, en el tercer aniversario de su boda... Aunque en algunas ocasiones puede adelantarse... O simplemente, ocurrirle alguna desgracia mortal, si alcanza los 34 años, y todavía no se ha casado... Aunque no se conocen consecuencias si la familia solo tiene hijas, pues la maldición recaerá sobre el primer varón que nazca, sin importar el tiempo transcurrido... Por eso, siempre hay que tener mucho cuidado... Si ves a Laura... en un banquete de bodas... que se celebre en este caserón... ¿Aunque tú no tendrás miedo, verdad, Álvaro?"...


Sí.. entonces comprendí lo que estaba sucediendo... Por qué mi bisabuelo había muerto tan joven... y mi bisabuela siempre decía que "Es una suerte nacer mujer en esta familia"... Y comprendí también que mi abuelo tuviera aquél extraño accidente al bajar del Metro... Y mi padre, se mató en la ducha meses después de aquella fecha... Y en aquél momento, Laura levantó las manos, y las posó sobre las mías, mientras que con voz meliflua y melodiosa, me decía: "Es tu turno..."


Y supongo que ahora es mi turno... Por eso, intentaré que alguien me lleve a casa... y me aseguraré de aprovechar las últimas horas que me quedan antes de cumplir los 34 en revelar las fotos... para buscar aquella imagen maldita... y escribir esta historia, para prevenir a los demás varones de mi familia... y a mis hermanas... para que tengan mucho cuidado... con el fantasma de Laura... y su eterna e inmisericorde sed de venganza...


sábado, 13 de marzo de 2010

UN TRATAMIENTO NO TAN EFECTIVO


Algunas veces, la única manera de hacer frente a tu mayor miedo, a tu máximo terror, es sucumbir a él, hartarte de mirar por encima del hombro cuando estás escribiendo, de colocar los espejos en zonas donde no los veas de noche, y de no mirar nunca atrás si estás recorriendo un largo pasillo... Pero claro, algunas veces, las visiones, los espíritus, los terrores tienen algún tipo de fundamento....


"Sí, lo reconozco, tengo un terror casi patológico a los fantasmas, espíritus, aparecidos, psicofonías y cualquier otro tipo de manifestaciones del más allá... Creo firmenente en la Razón, en el triunfo del Orden sobre el Caos, en la superchería de la que se valen mediums y adivinos para engañar a los crédulos y a los débiles... Pero ya no puedo seguir más tiempo luchando solo... Necesito algún tipo de ayuda, la que sea, para hacerle frente a todo esto... Por eso he acudido a usted, Profesor..."


Mientras escuchaba las palabras del nuevo cliente, el Profesor estaba evaluando los posibles ingresos que le podría proporcionar, en función de su vocabulario, de su comunicación no verbal, de su ropa, de su grado de ansiedad... Y lo que vio en él fue suficiente para que su negro y arrugado rostro se contrajera en una sonrisa desdentada, mientras sin pronunciar una sola palabra, abría la cortina de cuentas que separaba la tienda de artículos de vudú, santería, productos de dieta y dietéticos, que constituían la mayor parte de su negocio... al menos, la más legal...


Si la pequeña tienda, ubicada en el casco antiguo de Madrid, estaba bastante polvorienta y descuidada, salvo la zona del mostrador en la que se apoya siempre el Profesor, el contraste con la habitación interior no puede ser más grande... Por las tres paredes se alzan filas y filas de estantes, con pequeñas cajas perfectamente identificadas con etiquetas de cartón atadas con cordel a su correspondiente frasco. En el rincón derecho se encuentra un incongruente sillón de barbero antiguo, al lado de un gran candelabro de bronce y de una silla de cocina de madera...En el rincón izquierdo, una mesa camilla con el inevitable faldón de pana verde, y sobre ella, en un pedestal, la típica bola de cristal, varios mazos de cartas del tarot y similares... Y nada más, pues la tercera pared está completamente cubierta por varios cortinajes negros, y en la última, un inmenso espejo antiguo ocupa casi todo el espacio disponible...

Con un ademán, mientras le señala la silla de barbero, le pide que se siente cómodamente, al mismo tiempo que sigue encendiendo velas en candelabros, botellas, sobre platos, hasta alcanzar el número adecuado: 33... De alguna manera, el humo de las velas sale de la habitación por diversos respiraderos en la parte superior de las paredes, y solamente cuando ha terminado esta parte del ritual, el Profesor se dirije a la silla de cocina, no sin haber cogido dos botellines de agua de la mesa auxiliar, y le tiende uno a su cliente, quien la abre con gesto distraído y necesita varios y profundos tragos para recuperar de alguna manera el control de su cuerpo, y los temblores disminuyen algo...

"Bien... Aunque sé perfectamente lo que le pasa -comienza el Profesor, con su discurso habitual para los clientes de clase 2 (relaciones complicadas con sus padres o con un superior jerárquico)-, usted comprenderá que contar los miedos y las necesidades es el primer tramo de la escalera que le llevará a recuperar el equilibrio perdido... Verá cómo se siente mejor..."

"Me persigue un fantasma. Aparece sobre todo de noche. En todos los espejos por los que paso... en todos los escaparates... Incluso en mi casa... He tapado hasta el espejo del baño... Lo veo en todas partes..." Aunque es la primera vez que el cliente habla, el Profesor ha calculado con precisión en dinero que puede sacarle, 1200 euros, repartidos en 4 consultas, 3 amuletos, y 10 pócimas, en su mayor parte, diuréticos, laxantes y algún pequeño alucinógeno (como el que le ha suministrado con el agua) para dar una sensación de poder...

"Bueno, me parece que usted padece un claro y evidente ejemplo de manía persecutoria, que le hace imaginar cosas que no están aquí... ¿Nota usted, por ejemplo, alguna presencia maligna, malvada o similar en esta habitación?", le pregunta para darle tiempo a la droga de actuar, bajando sobre todo sus defensas mentales, para descubrir el problema real, tal vez una homosexualidad reprimida, como cierto concejal del Ayuntamiento...

"No, le responde, es más, me siento a gusto aquí...". Comienza a aflojarse ligeramente el cuello de la camisa y el nudo de la corbata, evidenciando que el proceso ha comenzado...

"¿Le incomoda acaso el gran espejo antiguo que está frente a usted? Si quiere, puedo taparlo con la cortina... A otros clientes les incomoda bastante, sobre todo con tantas velas..." De esa manera, ha conseguido que fije la vista en el espejo, que antes parecía no haber visto....

"No... pero le repito que solo me sucede de noche... En cualquier parte, en cualquier superficie reflectante... Pero de dia, no me pasa nada...". Empieza a bajar la guardia, está por lo tanto más receptivo, más susceptible, y eso es, en el fondo, lo que busca el Profesor, un reputado chamán que se tuvo que marchar hace años de Haití por ciertas ceremonias orgiásticas que organizaba con adolescentes, y por la administración de potentes hipnóticos y narcolépticos a sus pacientes, para obtener toda la información que realmente le interesaba: nivel de ingresos, lugar de residencia, bienes, empleo... y sobre todo, la credulidad... Con sus conocimientos de psicología, de comunicación no verbal, y sobre todo de hipnosis, nunca le había faltado el dinero... Y si no hubiera sido por aquella sangrienta ceremonia de exorcismo en un suburbio de Puerto Príncipe, no tendría que haber salido huyendo del país...

"¿Puede usted describirme lo que vé? ¿Es siempre lo mismo? ¿Porqué le da miedo?... pero responda primero a la segunda pregunta", le dice mientras le sigue observando atentamente... Se trata de un alucinógeno sintético, cuyos efectos desaparecen al cabo de una hora...

"No veo casi nada... es solamente una cara... tapada por un lienzo blanco, que parece estar mojado... No hay un cuerpo realmente... Se superpone a mi cara en todas partes... No, no es siempre lo mismo... A veces, de la parte inferior, gotea sangre... Me da miedo...", le responde, comprobando maquinalmente la hora del reloj... Son poco más de las cuatro de la tarde, el tiempo suficiente para implantarle subliminalmente el deso de volver a la consulta y plegarse a su voluntad, culminar esta primera sesión, cobrar el primer pago, y prepararse para la siguiente, a las ocho...

"¿Y porqué le da miedo? ¿Acaso le dice algo? ¿Le pide que haga algo contra su voluntad?"... Con este tipo de pacientes, existe un importante componente de histeria, y él pretende localizar la causa, potenciarla, y potenciarla, para asegurar su dominio... Lo más seguro, se tratará de remordimientos por algún hecho del pasado, algún maltrato hacia su padre, o hacia un hermano... Y de eso él sabe muchísimo...
"No, contesta el cliente, es solo una presencia, que me impide ver la cara del interlocutor, o la mía, en cuanto anochece..." Con estos datos, el profesor tuvo más que suficiente, para terminar de elaborar un plan: desplumar al pardillo, esa misma noche, después de la sesión de las ocho... Por ello, con grandes y ampulosos gestos, se levanta de la silla y, usando unas afiladas tijeras, corta un mechón de pelo de la parte posterior del cráneo, y sujeta una de sus manos, mientras procede a cortarle cinco fragmentos de uñas, aportando el último toque a la superchería un corte en la muñeca derecha para obtener algunas gotas de sangre (una jeringuilla habría sido igual de efectiva, pero menos "glamourosa"), que lentamente caen dentro de un pequeño cuenco... Y entonces, entre nubes de fragante incienso, el último toque de la superchería...
"Tal vez se pregunte por qué le he tomado muestras de sangre, cabello y cenizas... Por lo que usted me ha contado, y por lo que me han confirmado los espíritus guía, usted está sufriendo un intento de comunicación desde otro plano de la existencia, realizado por un ente que intenta avisarle de algún peligro, lo más seguro de tipo físico o mental, que le sucederá por la noche. Al no poder concretar más su mensaje, la entidad, que puede perfectamente ser usted mismo desde otro plano astral, le está ocasionando un trauma... Por ello, la mejor manera no de combatirlo, sino de descifrar su significado, y sobre todo porque el mensaje es demasiado complejo, será el ponerle en contacto con la entidad, mediante un encantamiento. Afortunadamente, poseo todos los ingredientes necesarios, pero como su elaboración es muy compleja, no podré darle el remedio hasta dentro de 24 horas, y durante ese tiempo tendré que dedicarme completamente a ello, por lo que tendrá que abonarme mañana por la noche, cuando venga a la consulta, 1200 euros... En ese momento, le proporcionaré el tratamiento, acompañado de unas indicaciones terapéuticas, realizando finalmente una limpieza total de su cuerpo y de su mente... hasta mañna, pues, a las nueve de la noche... Pero recuerde que tiene que ser extremadamente puntual, y que es sumamente necesario que lo trate lo antes posible, para conectar con la entidad y conjurar el peligro..."
Y con estas palabras, sin apenas darle tiempo de pensar, la acompaño a la puerta de la tienda... Y luego, para que no se le olvidase el bebedizo, preparó las dosis: medio batido de Biomanán de fresa, dos cucharadas de nuez moscada, medio vasito de orujo, medio vasito de "Mort Subite", un vasito de vodka de garrafón, una reducción de arseniuro de silicio con las muestras biológicas (efectuada sobre cuchara de plata con un soplete de mano), y las gotas de sangre diluídas en leche de camella en polvo con agua mineral... y una dosis del cóctel de la casa, a base de narcolépticos, antipsicóticos, diuréticos... con el añadido a última hora de extracto de raíz de mandrágora... Tiempo de preparación: 10 minutos. Coste de los ingredientes: 20 euros. Facturación: 1200 euros... Un negocio redondo...
No se acuerda del cliente hasta la noche siguiente, cuando a las nueve de la noche, puntual como un reloj, y evitando a toda costa las superficies reflectantes, pero con la protección añadida de unas opacas gafas de sol, llama nervioso al timbre de la tienda... El profesor, escondiendo la revista porno debajo del libro de conjuros "made in Taiwan", se levanta del sillón de orejas, y con grandes aspavientos, le conduce directamente al sillón de barbero...
"Señor López, le dice... He conseguido terminar a tiempo la poción, pero es de una complejidad tal, que no puedo garantizar su efectividad desde el primer momento, o que se mantenga durante mucho tiempo... Sin embargo, justamente por ello, le ofrezco una sustancial rebaja: 800 euros, consulta incluída... Si no le importa abonarme la minuta por adelantado, procederemos a librarle de su fantasma..."
"¿Acepta usted cheques? Si no, iré al cajero de la esquina..."
"No se preocupe, Señor López... Acepto cheques, al menos en su caso es lo que me han dicho los espíritus guía... Muy bien... Lo primero de todo, tiene usted que relajarse completamente, escuchar los sonidos naturales de este CD grabado por los chamanes iluminados en las reservas naturales de la América profunda... (que realmente han nacido en un estudio de Taiwan) y que puedo poner a su disposición por 10 euros extra... Muy bien... cuando esté más relajado, comenzaremos el tratamiento... Tendrá usted que beberse esta compleja pócima, que he preparado de manera artesanal, aromatizándola con frutas del bosque.... Despacito, muy bien...
Ahora, en cuanto hayan pasado diez o doce minutos, se va usted a levantar, muy despacio... Tal vez empiece ya a notar los efectos curativos de la pócima (¿o serán los psicotrópicos y narcolépticos?)... Y para reforzarla, se va usted a enfrentar a sus dos grandes miedos: la máscara de la muerte, que he realizado con un tejido algonodoso de gran calidad (la funda del último jamón que me he comido... de algo tendría que servir...), para evocar con la mayor fidelidad una imagen de su atormentador que me han transmitido los espíritus... Para mejorar el efecto mojado que usted indicaba (y también para combatir una posible hipertermia por el cóctel de medicamentos), voy a mojarle la cabeza con este agua especial... Y finalmente, cuando usted se encuentre preparado, le expondré a su mayor miedo..."
Dicho esto, con otro ampuloso gesto, descorrió la cortina que cubría el inmenso espejo de molduras doradas... Al principio, a la luz de las 33 velas negras y rojas, no pasó nada... Pero al cabo de unos minutos, algo extraño empezó a suceder en el espejo... Una curiosa silueta, o mejor dicho el contorno de una cara, velada por un paño blanco, empezó a perfilarse en el centro de la superficie... y se fue agrandando paulatinamente, hasta situarse justamente frente al cliente...
El profesor, por mucho que comprobó si había alguna manera de generar aquél efecto, pues desde luego era un truco magnífico y que podría simular en otras consultas, se fue desplazando alrededor del cliente, que se había quedado paralizado por la impresión... Lo más extraño era que su imagen no se reflejaba en el espejo... Era como si el profesor no estuviera en la misma dimensión... Y también comprobó la existencia de pequeñas diferencias en el reflejo de la habitación... Las velas eran 35, y todas ellas rojas... El tapete de la mesa camilla era de color granate, y no verde... El sillón de barbero era mucho más antiguo... Las cajas con los productos químicos y los reactivos estaban selladas con lazos de terciopelo negros... El suelo era ajedrezado blanco y negro... Las lámparas eran de gas...
Durante todo este tiempo, que igual serían diez minutos que veinte o más, tanto el cliente como la máscara se quedaron inmóviles... Salvo que la máscara daba la impresión de ser más densa... y el cliente más opaco, más insustancial... En aquél momento, sonaron diez toques en el reloj de la iglesia, y mientras todavía retumbaba la última campanada, la máscara, con las fauces abiertas, se proyecta fuera del espejo y, de un solo golpe, engulle al cliente... dejando detrás solamente un revuelto de ropas, efectos personales, implantes quirúrgicos (en la cadera izquierda y en el codo derecho... y un balón intragástrico)... Como si rechazase todo lo que no era un producto de la naturaleza....
De esa manera, el cliente desapareció, engullido por la máscara del espejo... El profesor "heredó" unas ropas usadas que terminó regalando a la parroquia... Y por supuesto, tuvo que romper el cheque, pues a cliente desaparecido no le puedes sacar el dinero.... De todas formas, y aunque fuera para curarse en salud, decidió tener siempre cubierto el antiguo espejo... Y no repetir jamás la fórmula...

jueves, 4 de marzo de 2010

HOLOCAUSTO DE ALMAS



No es lo mismo "ser buena" que "estar buena"... y muchas veces, el mal acecha donde menos te lo esperas... Por ejemplo, esta jovencita, escultural y atractiva... ha condenado más almas al infierno que muchos polí-ticos... y todavía no ha cubierto su cupo...

Ahora, las cosas son mucho más sencillas que hace trescientos años, cuando ascendió al primer escalafón de sirena... Claro está, en aquellos tiempos, la imaginación era mucho más limitada, por lo que solamente se aparecía en tardes de tormenta, sobre los arrecifes que cierran la entrada a la Bahía de la Plata, que no en vano se considera incluso más mortífera y peligrosa que la Bahía de los Naufragios... La única diferencia es que Naufragios no está hechizada, y ésta sí lo está... Que nadie se engañe, la Sirenita es una hermosa bobada de la Disney, que no tiene nada que ver con la historia, ni con la navegación, ni con el mar... No hay hijas de Neptuno que se enamoren de navegantes temerarios, ni brujas del Mar que estén dispuestas a cambiar la potencia vocal por unas piernas... Caliopea, la hermosa sirena que se relaja en la arena, recuerda los viejos tiempos... Cuando los marineros encantados por la voz de las sirenas se salvaron del desastre gracias a la habilidad de Orfeo que logró con su canto tapar la música de aquellas y distraer a los Argonautas que se hubieran encallado de otro modo en los "sirenum scopuli" donde estas habitaban. O durante la Odisea, cuando Ulises preparó a su tripulación para evitar la música de las sirenas tapándoles los oídos con cera, deseoso de escucharlas él mismo, se hizo atar a un mástil para no poder arrojarse a las aguas al oír su música. Aquellos eran otros tiempos, y otros lugares, y la navegación a vela siempre representaba un mayor incentivo para cualquier demonio femenino...

Ahora, con los grandes buques que se internan en la Bahía de la Plata, casi siempre acompañados por el práctico del puerto para evitar los arrecifes, y que realizan buena parte del trayecto previo con el piloto automático, es muy difícil cumplir con el cupo de almas que esperan en el Hades, y ni siquiera para las viejas sirenas es factible rebajar las exigencias de los demonios... Pero bueno, siempre hay otras formas de atraer condenados... Por ejemplo, justo enfrente donde ella se sienta, hay una zona de remolinos, que atraen a los nadadores incautos hacia un sifón submarino, que desemboca en una caverna... Por eso, y basándose precisamente en su conocimiento del alma masculina, cada vez que algún adolescente, o incluso un cuarentón, se para delante de ella, para darle conversación o intentar ligar, Caliopea hace surgir en la mente del varón un balón de playa, que está en la zona del remolino, y con su voz dulce y hechicera, le pide que vaya a buscarlo... El desenlace es inevitable: en cuestión de minutos, la caverna tiene un nuevo ocupante, y el mar jamás devolverá el cuerpo... La última vez que buceó en ella, tuvo que generar un par de olas, para redistribuir mejor los restos, aunque dentro de poco tendrá que buscar otra caverna, con más capacidad...

Es una pena, porque le encanta aquél tramo de costa, donde hace calor todo el año, y la gente es alegre y amable.. Pero claro, por muy sirena que sea, tampoco puede quedarse todo el día en la playa, bronceandose y disfrutando de la brisa marina... Y, como no podía ser de otra manera, trabaja tres tardes por semana como monitora de aquagym para un grupo de embarazadas, y otras dos colabora en la rehabilitación de delfines que han sido dañados por las hélices... Y también, varias noches por semana, se exhibe, junto a otras nadadoras, en un club nocturno, y disfruta intensamente provocando las miradas de los varones, muchos de ellos padres de familia, marineros, militares y trabajadores de los campos de petróleo... Incluso de vez en cuando se permite noches de sexo, glorioso, incandescente, con aquellos hombres que ella seduce, y que incluso se pelean por disfrutar de sus favores...

Pero la sirena, la más hermosa, perfecta, sensual y diabólica criatura de toda la Bahía de la Plata, se aburre mortalmente... Ya ni siquiera le apetece ver cómo se ahogan los mortales y rellenan su cueva de cuerpos... Está cansada de tantas noches desiertas, de no tener familia ni ataduras... La inmortalidad le aburre profundamente, y si hay algo que desea por encima de todo, es precisamente ser reubicada en otra costa tropical, dejar de ser sirena, y convertirse en una mujer normal y corriente... Pero claro, eso es algo que tiene un precio...

Caliopea necesita provocar un holocausto de almas, y arrasar la Bahía de la Plata, para rescindir su contrato con los dioses del multiverso... Tiene que proporcionar en menos de 24 horas, la cantidad total de almas de diez años de trabajo a pequeña escala... Pero no hay problema... Esta noche, el práctico del puerto la dejará subir al superpetrolero Epsilon, para enseñarle la enorme maniobrabilidad del buque... Y al mismo tiempo, ya conoce con antelación su objetivo: el crucero Miracle of the Seas, donde más de cuatro mil personas están disfrutando, sin saberlo, de las últimas vacaciones de sus vidas...

Al final, todo fue mucho más sencillo de lo que ella pensaba: el práctico del cuerpo estaba más pendiente de su exiguo biquini que de la dirección del super petrolero... La carga estaba distribuida por igual entre petróleo y contenedores de gas... Lo que garantizaba una mayor cantidad de medidas de seguridad en el barco... Pero de todas formas, no hay medida que resulte efectiva cuando un petrolero se empotra completamente contra un crucero, partiéndolo prácticamente por la mitad... y cuando los tanques principales son rajados por las duras chapas... y por todas partes hay gritos, y llantos, y lágrimas... Aunque el infierno no se desata hasta que una lluvia de chispas y de pequeñas llamitas, procedentes de la cubierta principal, prenden una bolsa de gas que se estaba formando en el exterior de los tanques.... Las explosiones y las bolas de fuego se prolongan durante casi una hora, y ninguna otra nave se puede acercar al lugar del siniestro por los ríos de petróleo inflamados que engullen media bahía...

Aunque de todo eso, Caliopea lo disfruta tranquilamente desde su lugar habitual en la playa, pues saltó del petrolero minutos antes de la colisión, cuando ya era imposible evitar el choque... Sentada en la arena, y saboreando una piña colada, su único vicio, mientras escucha los gritos desesperados de sus víctimas, imaginando la desesperación de las madres con sus hijos en brazos, los abrazos de los amantes de todos los sexos, las miradas desesperadas cuando el Miracle of the Seas se va hundiendo lentamente, en un océano de fuego y destrucción, que dejará su impronta en toda la Bahía de la Plata durante décadas...

Caliopea sonríe, feliz de haber conseguido su objetivo, de conseguir su holocausto de almas... Igual que Imilce, aunque su barco se hizo famoso: el Exon Valdez... Y esta noche, la futura ex-sirena tiene ganas de bailar, de divertirse, de ser feliz, de dejar atrás con el amanecer su anterior vida... y disfrutar de su mortalidad el tiempo que le quede... aunque por si acaso, pasará una temporadita lejos del mar...

La moraleja de esta historia.... Nunca te fíes de una hermosa chica sobre la arena de la playa... Y menos todavía si intenta atraerte hacia el agua... Igual estás tonteando con una sirena, que intenta conseguir su cupo de almas...