viernes, 3 de agosto de 2018

JUEGO MORTAL

Tic, tac, tic, tac… El tiempo va pasando, ¿no te das cuenta? Fíjate en el reloj, los números de color rojo van creciendo, y creciendo. Y ya sabes lo que pasará cuando den las dos, ¿verdad? ¡Contesta! ¡Ay, perdona! ¡Se me olvidaba que con la mordaza no puedes hablar, ni decir nada! Pero comprenderás que no te la puedo quitar, porque no estoy segura de si vas a poder gritar, no sea que protesten los vecinos, y les dé por llamar a la Policía. Porque no queremos que nos interrumpan, ¿verdad, cariñito?
Ante todo, la educación, como diría mi madre, que en paz descanse. Permíteme que me presente, y luego te diré lo que va a pasarte, aunque alguna prueba ya te habrán dado los pequeños “juguetitos” que tienes a tu derecha, sobre la mesita baja: unas tijeras de podar, un bisturí, un sacacorchos de los metálicos, unas agujas de calceta, esa cajita con la manivela es una dinamo capaz de producir una descarga eléctrica de lo más dolorosa, una esponja y un barreño pequeño llenos de agua, y por último, pero no menos importante, una bolsa de plástico. ¿Te gustan mis juguetitos? ¡Menudo regalo de cumpleaños, querido!
Ya has visto que no me asusta la sangre, si no, no habría podido arrancarte las uñas de la mano derecha con los alicates, cariño. ¡Qué momentos tan hermosos hemos pasado! ¡Y la cara que se te ha puesto, cuando has abierto los ojos, y ya no estabas en tu casa, ni en tu cama, si no amarrado en un antiguo sillón de ginecólogo!
No creas que ha sido fácil sacarte de tu piso, aunque abrir la puerta con el juego de ganzúas ha sido muy sencillo, así he podido entrar de madrugada. Al verte tan guapo, tan rubio, tan perfecto (no sabía que dormías desnudo), casi me he arrepentido de lo que iba a hacerte… Una simple inyección de somnífero (lo robé en la clínica veterinaria donde trabajo de voluntaria los fines de semana) ha bastado para dejarte a mi merced. Luego, te he metido en la maleta Samsonite con ruedas que compré hace quince días en las rebajas del Corte Inglés, y directa al ascensor. El taxi me esperaba en la puerta del edificio, qué práctico el pedirlos desde el móvil con la nueva aplicación; el chófer incluso me ha ayudado a meter la maleta en el maletero. ¿Sabes cariño?, es una suerte que seas tan pequeño, o habría tenido que cortarte las piernas. ¿Te imaginas la cara de tus padres, si mañana entran en tu habitación, y encuentran tus piernecitas en medio de un gran charco de sangre?¡Pobrecitos!

¡No me mires así!¡No estoy loca!
Hace ya mucho tiempo que comprendí una cosa. Hombre bueno, hombre muerto. Y los peores sois vosotros, los pre-adolescentes. Con diez, con once años, con doce años, descubrís el sexo, las drogas, la violencia, hay que daros una lección antes de que sea demasiado tarde.
¿Ahora me recuerdas, verdad?¡Pues deberías! Quizás  una pequeña descarga eléctrica en los genitales te ayude… Antes vamos a mojarlos con la esponja, para que te dé más gustirrinín…
¡Cerdo, guarro! ¿Cómo te atreves a mearte? ¡Es que sois todos iguales! ¡Casi me salpicas la cara! Y encima eres un poco viciosillo, ¿verdad? ¡Si te has empalmado y todo! Pues vamos a darte un motivo. Sé que te gustan las mujeres, me he fijado en cómo miras a tus compañeras de clase, cuando piensas que ellas no te ven… Y eso que son solo unas niñas… Por lógica, yo debo gustarte más…
¿Qué, ahora me recuerdas bien? Sí, soy tu profesora interina de ciencias sociales. Aquella a la que llamabais “la buenorra”, aunque está claro que con el mono de plástico y la mascarilla y el gorro, no podías reconocerme… ¿Quieres ver más? ¿Quieres verme desnuda? ¡Pues mírame! ¡Disfruta con el espectáculo, porque igual será lo último que veas!

No, Adrián, no te creas que es la primera vez que lo hago, ni será la última. Me gusta demasiado la carne fresca, el sexo no consentido, la violencia, el castigo. Porque os merecéis todo lo que os hago, ¡malditos bastardos pre-adolescentes!
Vale, es posible que tú no me hayas echo nada, pero lo has pensado. Me gusta exhibirme ante vosotros, provocar vuestras miradas en clase, hacer que os deis la vuelta en los pasillos con tal de verme el culo, y esas posturas tan graciosas que ponéis para vislumbrar mis pechos. Me hace sentir poderosa, y en casa, muchas veces me masturbo mientras veo vuestras fotos, y pienso en lo que me gustaría haceros uno a uno…
Pueden pasar un par de meses, mientras la tensión va subiendo en mi interior, hasta que llega el momento de entrar en escena… Entonces, escojo mi presa entre los alumnos de otro instituto en el que haya estado de interina, hago mis planes, busco la dirección en internet, incluso me paseo por el barrio; y una noche cualquiera, me meto en su casa, los secuestro, y me convierto en su profesora “muy particular”…
Veo que sigues excitado, claro, nunca has visto a una chica guapa desnuda, ¿verdad? Pues mira, vamos a contribuir a tu educación sexual. Lo que te voy a hacer se llama “francés”, y consiste en meterse el miembro del varón en la boca, y estimularle hasta conseguir que eyacule. Yo soy de las que se lo beben todo, es mi alimento favorito…
¡Ah, qué rico estaba!
Casi es una lástima tener que matarte, pero sin ello no estaría completa mi cruzada. “Hombre bueno, hombre muerto”, ¿Recuerdas? Si mi tío Esteban y sus amigos no se hubieran dedicado, durante varios años desde que cumplí los doce, a violarme en grupo con la complicidad de mi madre, igual no os tendría tanto asco… Pero tienes que aprender la lección: el sexo es malo para la salud.

Por eso, ahora, seguiremos jugando con las tenazas, la dinamo, verás lo que duele el sacacorchos cuando te lo clavan en un testículo, la sensación de ahogo que provoca la bolsa hermética en la cabeza, y al final, cuando den las ocho de la mañana, te mataré, trocearé tu cuerpo (ya tengo mucha experiencia) y lo meteré en bolsas de basura dobles, antes de distribuirlo por varios contenedores de la ciudad. Y el toque del maestro: antes de tirar la última bolsa cerca de la Comisaría, te inyectaré en el culo la muestra de esperma congelado que compré en la clínica de fertilidad, así seguirán pensando que hay un gay loco que mata a niños en la ciudad…
Pero tranquilo, que todavía son las seis y media, y nos queda mucho tiempo para divertirnos… Tic, tac… Tic, tac…

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