Tic,
tac, tic, tac… El tiempo va pasando, ¿no te das cuenta? Fíjate en el reloj, los
números de color rojo van creciendo, y creciendo. Y ya sabes lo que pasará
cuando den las dos, ¿verdad? ¡Contesta! ¡Ay, perdona! ¡Se me olvidaba que con
la mordaza no puedes hablar, ni decir nada! Pero comprenderás que no te la
puedo quitar, porque no estoy segura de si vas a poder gritar, no sea que
protesten los vecinos, y les dé por llamar a la Policía. Porque no queremos que
nos interrumpan, ¿verdad, cariñito?
Ante
todo, la educación, como diría mi madre, que en paz descanse. Permíteme que me
presente, y luego te diré lo que va a pasarte, aunque alguna prueba ya te
habrán dado los pequeños “juguetitos” que tienes a tu derecha, sobre la mesita
baja: unas tijeras de podar, un bisturí, un sacacorchos de los metálicos, unas
agujas de calceta, esa cajita con la manivela es una dinamo capaz de producir
una descarga eléctrica de lo más dolorosa, una esponja y un barreño pequeño
llenos de agua, y por último, pero no menos importante, una bolsa de plástico.
¿Te gustan mis juguetitos? ¡Menudo regalo de cumpleaños, querido!
Ya has
visto que no me asusta la sangre, si no, no habría podido arrancarte las uñas
de la mano derecha con los alicates, cariño. ¡Qué momentos tan hermosos hemos
pasado! ¡Y la cara que se te ha puesto, cuando has abierto los ojos, y ya no
estabas en tu casa, ni en tu cama, si no amarrado en un antiguo sillón de
ginecólogo!
No
creas que ha sido fácil sacarte de tu piso, aunque abrir la puerta con el juego
de ganzúas ha sido muy sencillo, así he podido entrar de madrugada. Al verte
tan guapo, tan rubio, tan perfecto (no sabía que dormías desnudo), casi me he
arrepentido de lo que iba a hacerte… Una simple inyección de somnífero (lo robé
en la clínica veterinaria donde trabajo de voluntaria los fines de semana) ha
bastado para dejarte a mi merced. Luego, te he metido en la maleta Samsonite
con ruedas que compré hace quince días en las rebajas del Corte Inglés, y
directa al ascensor. El taxi me esperaba en la puerta del edificio, qué
práctico el pedirlos desde el móvil con la nueva aplicación; el chófer incluso
me ha ayudado a meter la maleta en el maletero. ¿Sabes cariño?, es una suerte
que seas tan pequeño, o habría tenido que cortarte las piernas. ¿Te imaginas la
cara de tus padres, si mañana entran en tu habitación, y encuentran tus
piernecitas en medio de un gran charco de sangre?¡Pobrecitos!
¡No me
mires así!¡No estoy loca!
Hace
ya mucho tiempo que comprendí una cosa. Hombre bueno, hombre muerto. Y los
peores sois vosotros, los pre-adolescentes. Con diez, con once años, con doce
años, descubrís el sexo, las drogas, la violencia, hay que daros una lección
antes de que sea demasiado tarde.
¿Ahora
me recuerdas, verdad?¡Pues deberías! Quizás
una pequeña descarga eléctrica en los genitales te ayude… Antes vamos a
mojarlos con la esponja, para que te dé más gustirrinín…
¡Cerdo,
guarro! ¿Cómo te atreves a mearte? ¡Es que sois todos iguales! ¡Casi me
salpicas la cara! Y encima eres un poco viciosillo, ¿verdad? ¡Si te has
empalmado y todo! Pues vamos a darte un motivo. Sé que te gustan las mujeres,
me he fijado en cómo miras a tus compañeras de clase, cuando piensas que ellas
no te ven… Y eso que son solo unas niñas… Por lógica, yo debo gustarte más…
¿Qué,
ahora me recuerdas bien? Sí, soy tu profesora interina de ciencias sociales.
Aquella a la que llamabais “la buenorra”, aunque está claro que con el mono de
plástico y la mascarilla y el gorro, no podías reconocerme… ¿Quieres ver más?
¿Quieres verme desnuda? ¡Pues mírame! ¡Disfruta con el espectáculo, porque
igual será lo último que veas!
No,
Adrián, no te creas que es la primera vez que lo hago, ni será la última. Me
gusta demasiado la carne fresca, el sexo no consentido, la violencia, el
castigo. Porque os merecéis todo lo que os hago, ¡malditos bastardos
pre-adolescentes!
Vale,
es posible que tú no me hayas echo nada, pero lo has pensado. Me gusta
exhibirme ante vosotros, provocar vuestras miradas en clase, hacer que os deis
la vuelta en los pasillos con tal de verme el culo, y esas posturas tan
graciosas que ponéis para vislumbrar mis pechos. Me hace sentir poderosa, y en
casa, muchas veces me masturbo mientras veo vuestras fotos, y pienso en lo que
me gustaría haceros uno a uno…
Pueden
pasar un par de meses, mientras la tensión va subiendo en mi interior, hasta
que llega el momento de entrar en escena… Entonces, escojo mi presa entre los
alumnos de otro instituto en el que haya estado de interina, hago mis planes, busco
la dirección en internet, incluso me paseo por el barrio; y una noche
cualquiera, me meto en su casa, los secuestro, y me convierto en su profesora
“muy particular”…
Veo
que sigues excitado, claro, nunca has visto a una chica guapa desnuda, ¿verdad?
Pues mira, vamos a contribuir a tu educación sexual. Lo que te voy a hacer se
llama “francés”, y consiste en meterse el miembro del varón en la boca, y
estimularle hasta conseguir que eyacule. Yo soy de las que se lo beben todo, es
mi alimento favorito…
¡Ah,
qué rico estaba!
Casi
es una lástima tener que matarte, pero sin ello no estaría completa mi cruzada.
“Hombre bueno, hombre muerto”, ¿Recuerdas? Si mi tío Esteban y sus amigos no se
hubieran dedicado, durante varios años desde que cumplí los doce, a violarme en
grupo con la complicidad de mi madre, igual no os tendría tanto asco… Pero
tienes que aprender la lección: el sexo es malo para la salud.
Por
eso, ahora, seguiremos jugando con las tenazas, la dinamo, verás lo que duele
el sacacorchos cuando te lo clavan en un testículo, la sensación de ahogo que
provoca la bolsa hermética en la cabeza, y al final, cuando den las ocho de la
mañana, te mataré, trocearé tu cuerpo (ya tengo mucha experiencia) y lo meteré
en bolsas de basura dobles, antes de distribuirlo por varios contenedores de la
ciudad. Y el toque del maestro: antes de tirar la última bolsa cerca de la
Comisaría, te inyectaré en el culo la muestra de esperma congelado que compré
en la clínica de fertilidad, así seguirán pensando que hay un gay loco que mata
a niños en la ciudad…
Pero
tranquilo, que todavía son las seis y media, y nos queda mucho tiempo para
divertirnos… Tic, tac… Tic, tac…
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