Han
pasado ya cuarenta y ocho horas desde el primer ataque terrorista, y no creo
que lleguen más supervivientes. Seguimos en el puesto de control a la salida
del túnel de la A5, y los coches incendiados se multiplican hasta el infinito, y
dentro quienes no pudieron escapar. Al principio, y por la rapidez de la
infección (escasos minutos después de la mordedura te convertías en uno de
ellos), estábamos sin defensa. Las tropas, movilizadas por el Gobierno, tomaron
posiciones alrededor de la capital, utilizando la M-40 como cortafuegos, puesto
que las criaturas tenían una especial querencia a avanzar siguiendo las
carreteras principales, tal vez como recuerdo de su otra vida. La población
civil ha recibido la orden de parapetarse en sus casas y de no salir a la calle
bajo ningún concepto, pero esa es una imposición difícil de respetar, cuando
las paredes de demasiadas viviendas son de pladur y cartón piedra, en todo caso
demasiado endebles para resistirse a los golpes y las ansias devoradoras de las
criaturas.
Todo
empezó hace dos días, en la sede central de unos importantes almacenes del
Paseo de la Castellana, concretamente en el edificio de El Corte Inglés. Para
quienes no lo conozcan, son en verdad tres grandes edificios, intercomunicados
en varios niveles, en los que se puede encontrar de todo, desde un pela pipas
automático último modelo, hasta el más reciente despropósito literario. Al ser
el primer día de rebajas, se había formado un gentío en los accesos principales
al edificio 1, y los encargados de la seguridad optaron por adelantar la
entrada del público unos minutos, para evitar que se produjeran incidentes. A
las diez menos cinco de la mañana, los tres edificios tenían las puertas
abiertas, y los clientes se dedicaban a su ocupación favorita: consumir el
saldo de las tarjetas de crédito.
Pero a
las doce y diez de la mañana, empezó el desastre. Una densa neblina comenzó a
salir por los sistemas del aire acondicionado de la séptima planta del edificio
dos (la sección de música y cine), y empezó a bajar por las escaleras
mecánicas. Era muy densa, y olía vagamente a medicamento para la tos. Cundió el
pánico, la visibilidad era casi nula… Y empezaron las visiones… Y los primeros
ataques…
Media
hora después, un grupo terrorista vinculado a Al Kaeda reivindicaba el ataque,
“hemos utilizado un gas neurotóxico para desenmascarar a los perros
occidentales y devolverlos a la animalidad”. Enseguida se han puesto en marcha
los protocolos antiterrorista, y una unidad especial de las Fuerzas
Antiterroristas, equipada con trajes NBQ y sistemas de filtrado del aire,
comenzaba una inspección del centro comercial. Las imágenes que iban llegando
al Centro de Mando Avanzado eran escalofriantes, lo sé porque yo estaba allí.
La niebla se había extendido por los tres edificios, convirtiéndose en un velo
apestoso. En muchos lugares aparecían cuerpos desgarrados, trozos de carne y de
sangre, como si una fiera se hubiera alimentado de ellos. También había
cadáveres, centenares, muchos de ellos asfixiados por el gas, y otros muchos
aplastados por las masas aterrorizadas. En otras zonas se observaban
movimientos, personas que corrían veloces entre las estanterías de ropa, o que
se refugiaban dentro de los probadores, como huyendo de algo que no podíamos ver.
Y luego estaban ellos, los cazadores.
¿Por
qué unos se morían con la niebla, otros se convertían en fieras, y un pequeño
grupo resultaba inmune? No hemos tenido tiempo de hacer más estudios, pero los
investigadores del CIEMAT creen que se debe a algún tipo de mutación dentro del
ADN mitocondrial: si la tienes, es más posible que te conviertas en cazador… Al
menos esas fueron las primeras impresiones derivadas de la autopsia y el
análisis de los cadáveres de varios cazadores, capturados por el equipo de las
fuerzas antiterroristas.
El
Ejército de Tierra fue movilizado para rodear los edificios de El Corte Inglés
y diversas torres del complejo Azca, estableciendo un triple cordón de
seguridad, para aislar a los cazadores. El balance era dramático: no había
supervivientes a la vista, y se calculaba que un par de centenares de cazadores
habían conseguido desperdigarse por toda la ciudad. En aquél momento, nadie
sabía que el enterovirus se transmitía por la saliva, y que la reacción era
sumamente rápida.
A las tres
de la tarde, se produjo un nuevo ataque con gases en el Centro Comercial Tres
Aguas; media hora después en el Nassica; quince minutos más tarde en el H2O.
Los ataques con gases se fueron produciendo acto seguido en otros siete centros
comerciales de Madrid y de la periferia, demostrando que era un ataque
terrorista a gran escala… Y a las seis de la tarde, durante la celebración del
Clásico (Real Madrid-Barça), se produjo la hecatombe: el vertido de miles de
toneladas de gas neurotóxico, que se había almacenado en los dispositivos de
riego automático y de sistemas anti incendio del estadio. Si ya era difícil
localizar y dar caza a los centenares de cazadores de la mañana, ¿quién podía
hacer algo frente a los noventa mil espectadores enfurecidos de las gradas? El
último y más devastador ataque ha sido en los túneles del Metro…
El gas
era muy sencillo en su funcionamiento: o te mataba (solo en un cuarenta por
ciento de los casos), o te convertía en una fiera cazadora con instintos
asesinos y con capacidad de infectar a los demás por una mordedura. A las siete
de la tarde, se decretó el toque de queda, aconsejándose a toda la población
quedarse en sus domicilios, con lo que las calles y plazas, túneles y azoteas
se convertían en el terreno de juegos privilegiado de los cazadores. La noche
ha sido muy larga, los ataques se han recrudecido, y la plaga se ha extendido
por doquier.
Las
autoridades civiles y militares dan por perdida la capital: si no estás muerto,
eres un cazador, y aunque quedan bolsones aislados de supervivientes, no
podemos prestarles auxilio. No cuando las criaturas, movidas por el hambre o el
instinto, se han ido agrupando en diferentes manadas y, siguiendo las calzadas
de las carreteras principales (sobre todo la A-2, A-5 y A-6) pretenden expandirse
por el resto de la provincia.
Menos
mal que han demostrado no ser invulnerables a los fusiles de asalto HK G36 (que
ha sustituido a los Cetme en el Ejército de Tierra) ni a las pistolas de
combate HK USP Compact. Aquí les estamos esperando, detrás de la barricada.
No pasarán
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