viernes, 3 de agosto de 2018

DIES IRAE

Han pasado ya cuarenta y ocho horas desde el primer ataque terrorista, y no creo que lleguen más supervivientes. Seguimos en el puesto de control a la salida del túnel de la A5, y los coches incendiados se multiplican hasta el infinito, y dentro quienes no pudieron escapar. Al principio, y por la rapidez de la infección (escasos minutos después de la mordedura te convertías en uno de ellos), estábamos sin defensa. Las tropas, movilizadas por el Gobierno, tomaron posiciones alrededor de la capital, utilizando la M-40 como cortafuegos, puesto que las criaturas tenían una especial querencia a avanzar siguiendo las carreteras principales, tal vez como recuerdo de su otra vida. La población civil ha recibido la orden de parapetarse en sus casas y de no salir a la calle bajo ningún concepto, pero esa es una imposición difícil de respetar, cuando las paredes de demasiadas viviendas son de pladur y cartón piedra, en todo caso demasiado endebles para resistirse a los golpes y las ansias devoradoras de las criaturas.

Todo empezó hace dos días, en la sede central de unos importantes almacenes del Paseo de la Castellana, concretamente en el edificio de El Corte Inglés. Para quienes no lo conozcan, son en verdad tres grandes edificios, intercomunicados en varios niveles, en los que se puede encontrar de todo, desde un pela pipas automático último modelo, hasta el más reciente despropósito literario. Al ser el primer día de rebajas, se había formado un gentío en los accesos principales al edificio 1, y los encargados de la seguridad optaron por adelantar la entrada del público unos minutos, para evitar que se produjeran incidentes. A las diez menos cinco de la mañana, los tres edificios tenían las puertas abiertas, y los clientes se dedicaban a su ocupación favorita: consumir el saldo de las tarjetas de crédito.
Pero a las doce y diez de la mañana, empezó el desastre. Una densa neblina comenzó a salir por los sistemas del aire acondicionado de la séptima planta del edificio dos (la sección de música y cine), y empezó a bajar por las escaleras mecánicas. Era muy densa, y olía vagamente a medicamento para la tos. Cundió el pánico, la visibilidad era casi nula… Y empezaron las visiones… Y los primeros ataques…

Media hora después, un grupo terrorista vinculado a Al Kaeda reivindicaba el ataque, “hemos utilizado un gas neurotóxico para desenmascarar a los perros occidentales y devolverlos a la animalidad”. Enseguida se han puesto en marcha los protocolos antiterrorista, y una unidad especial de las Fuerzas Antiterroristas, equipada con trajes NBQ y sistemas de filtrado del aire, comenzaba una inspección del centro comercial. Las imágenes que iban llegando al Centro de Mando Avanzado eran escalofriantes, lo sé porque yo estaba allí. La niebla se había extendido por los tres edificios, convirtiéndose en un velo apestoso. En muchos lugares aparecían cuerpos desgarrados, trozos de carne y de sangre, como si una fiera se hubiera alimentado de ellos. También había cadáveres, centenares, muchos de ellos asfixiados por el gas, y otros muchos aplastados por las masas aterrorizadas. En otras zonas se observaban movimientos, personas que corrían veloces entre las estanterías de ropa, o que se refugiaban dentro de los probadores, como huyendo de algo que no podíamos ver. Y luego estaban ellos, los cazadores.
¿Por qué unos se morían con la niebla, otros se convertían en fieras, y un pequeño grupo resultaba inmune? No hemos tenido tiempo de hacer más estudios, pero los investigadores del CIEMAT creen que se debe a algún tipo de mutación dentro del ADN mitocondrial: si la tienes, es más posible que te conviertas en cazador… Al menos esas fueron las primeras impresiones derivadas de la autopsia y el análisis de los cadáveres de varios cazadores, capturados por el equipo de las fuerzas antiterroristas.
El Ejército de Tierra fue movilizado para rodear los edificios de El Corte Inglés y diversas torres del complejo Azca, estableciendo un triple cordón de seguridad, para aislar a los cazadores. El balance era dramático: no había supervivientes a la vista, y se calculaba que un par de centenares de cazadores habían conseguido desperdigarse por toda la ciudad. En aquél momento, nadie sabía que el enterovirus se transmitía por la saliva, y que la reacción era sumamente rápida.
A las tres de la tarde, se produjo un nuevo ataque con gases en el Centro Comercial Tres Aguas; media hora después en el Nassica; quince minutos más tarde en el H2O. Los ataques con gases se fueron produciendo acto seguido en otros siete centros comerciales de Madrid y de la periferia, demostrando que era un ataque terrorista a gran escala… Y a las seis de la tarde, durante la celebración del Clásico (Real Madrid-Barça), se produjo la hecatombe: el vertido de miles de toneladas de gas neurotóxico, que se había almacenado en los dispositivos de riego automático y de sistemas anti incendio del estadio. Si ya era difícil localizar y dar caza a los centenares de cazadores de la mañana, ¿quién podía hacer algo frente a los noventa mil espectadores enfurecidos de las gradas? El último y más devastador ataque ha sido en los túneles del Metro…

El gas era muy sencillo en su funcionamiento: o te mataba (solo en un cuarenta por ciento de los casos), o te convertía en una fiera cazadora con instintos asesinos y con capacidad de infectar a los demás por una mordedura. A las siete de la tarde, se decretó el toque de queda, aconsejándose a toda la población quedarse en sus domicilios, con lo que las calles y plazas, túneles y azoteas se convertían en el terreno de juegos privilegiado de los cazadores. La noche ha sido muy larga, los ataques se han recrudecido, y la plaga se ha extendido por doquier.
Las autoridades civiles y militares dan por perdida la capital: si no estás muerto, eres un cazador, y aunque quedan bolsones aislados de supervivientes, no podemos prestarles auxilio. No cuando las criaturas, movidas por el hambre o el instinto, se han ido agrupando en diferentes manadas y, siguiendo las calzadas de las carreteras principales (sobre todo la A-2, A-5 y A-6) pretenden expandirse por el resto de la provincia.
Menos mal que han demostrado no ser invulnerables a los fusiles de asalto HK G36 (que ha sustituido a los Cetme en el Ejército de Tierra) ni a las pistolas de combate HK USP Compact. Aquí les estamos esperando, detrás de la barricada.
No pasarán

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