jueves, 28 de enero de 2010

LUNA ROJA DE SANGRE



























Desperté sobresaltado, empapado en sudor...
cuando la enorme luna roja se insinuaba
por la ventana de nuestro dormitorio...
estoy agotado, dolorido, y extrañamente lleno...
a tientas, para no despertarla, busco su cálido cuerpo,
la curva de sus senos, su blanca espalda...


Pero no llego a tocarla, pues noto algo extraño...
las sábanas están húmedas, pegajosas, quizás
por nuestras actividades previas al sueño...
pero no... el fluido tiene una textura extraña,
que me resulta muy familiar...


Y entonces, lo recuerdo todo, y mi corazón
se para un momento, para retomar su latir...


Corro entre la jara y los pinos,
como una fiera en pos de su presa...
una luna roja, inmensa, me observa desde el cielo,
tiñendo la tierra con su acechante fulgor...
corro tan rápido, que necesito agacharme,
para ir más veloz, como el viento...


A lo lejos, una silueta blanca se difumina
entre los árboles, y sé que es una mujer,
que ella es mi objetivo... mi presa...
vestida con un blanco camisón que
refleja la luna y le impide esconderse,
aunque mis ojos, con las pupilas dilatadas
al máximo, concentran cada partícula de luz,
y, por fin, ella tropieza, y la alcanzo...


Tengo hambre, de su carne blanca,
tengo sed, de su sangre roja...
rodamos por el suelo, entre la pinaza,
la sujeto, separando sus brazos...
y dejo al descubierto su níveo cuello,
sus arterias, pulsantes, me atraen, me llaman,
impulsando hacia atrás su barbilla,
y de un poderoso mordisco, lo desgarro...


El sabor cobrizo de la sangre caliente
fluye por mi garganta, saciando mi sed...
su textura, viscosa, preñada de recuerdos
de una vida que se apagaba entre mis brazos...
y su olor dulzón, lleno de promesas de un mañana
que para ella jamás llegará, pues esta noche
le arranco la vida, me sacio de ella,
y me siento poderoso, fuerte, casi inmortal....


Cuando dejo caer hacia atrás su cabeza,
cuando me separo de su cuerpo y
enjuago la sangre, su sangre, con el dorso de mi mano,
un grito brutal, salvaje, de odio y de triunfo,
se escapa de mi garganta, afirmando mi victoria,
y su muerte....


En ese momento, me despierto, sobresaltado,
empapado en sudor, con el sabor de la sangre
en mi boca, con ese olor tan peculiar en mi mente,
con los recuerdos de la cacería, tan frescos...
que no me atrevo a alzar las manos hacia el rayo de luna...
que no quiero comprobar qué fluido empapa las sábanas...
que no me atrevo a mirar a quien duerme a mi lado...
por que no la escucho respirar, por que no se mueve...
por que temo que la cacería haya sido real...
y que, en mis sueños, haya matado a mi gran amor...

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