
Ver correr la sangre, a borbotones, desde un cuello cercenado, o mejor aún, desgarrado por los dientes de algún animal humano... Ese festín de sangre de vísceras de músculos de carne... El satisfactorio sonido de cada articulación al ser descoyuntada... Es una succión extraña, que no tiene igual, pues escuchas los gritos, las súplicas, apelan a tu piedad, pero no hay piedad. ¡No hay piedad para los débiles!
Hacen falta cuatro, para realizar el trabajo a la perfección... aunque detrás de nosotros, los más fuertes, se amontona el resto de la manada, para seguir desgarrando, destrozando los huesos, chupando la sangre, fuerza vital... Pero todo el ritual, todo el sacrificio, puede fallar, si la ofrenda no llega con vida al jefe, si él no arranca la lengua, los ojos, y sobre todo, el corazón palpitante, del pecho recién abierto con las herramientas de sílex... La sociedad moderna nos ha dejado al margen, y por ello, rechazamos todo contacto que no sea el estrictamente necesario para alimentarnos y cubrir nuestras huellas...
Siempre se dice, se comenta, que desaparecen personas en las grandes ciudades de todo el mudo... Mendigos, drogadictos, prostitutas, niños o adolescentes fugados, son las presas más habituales... Estamos acostumbrados a este tipo de alimentos, pero no siempre nos sienta bien lo que comemos, sobre todo con la carne de yonki... Pero nosotros ocupamos el lugar más elevado en la pirámide evolutiva, somos los mayores carnívoros del subsuelo, y donde nosotros estamos, no vive nada más... También nos comemos a nuestros muertos, a los débiles, a los heridos, a los viejos...
Somos una raza orgullosa de cazadores, de guerreros... Y nuestra fortaleza está, precisamente, en que nadie cree en nuestra existencia... Eslabón perdido, gen recesivo, mutantes por la radiación o por los productos transgénicos, por los contaminantes químicos... No importa... No usamos el fuego, pues nuestros ojos no lo toleran, y reclamamos en cierto modo un retorno a las antiguas tradiciones... ¿Que si somos humanos? No del todo... Algunos lo fuimos, y todavía hablamos, y escribimos, y dibujamos nuestra historia en los túneles de metro, en las estaciones abandonadas, en las cloacas, en lugares olvidados por vosotros los hijos de la luz...
A veces, tenemos hambre, mucha hambre, y organizamos expediciones de caza, por los túneles que conectan las distintas líneas, como por ejemplo entre la línea 6, la 4 y la 5: salimos desde los accesos secundarios, y atacamos rápidamente, en grupos de 5 o 6, y sin dejar una huella de sangre en el suelo ni en las paredes, desaparecemos... Y traemos la presa aquí... Otras veces, detenemos el tren en mitad del túnel, y mientras el conductor se come la cabeza y busca la causa, nosotros asaltamos el último vagón: son golpes de mano rapidísimos, en los que participan todos los "hombres" hábiles, y en ocasiones, nos llevamos a 10 o 15 personas de una sola vez... y los mantenemos con vida en los corrales... durante los días que sean necesarios... mientras se nos acaba de nuevo la comida...
Estamos acostumbrados a comer mucha basura humana... Mucho deshecho de la sociedad... Por eso, vuestra excursión a las estaciones fantasma de Madrid y a las catacumbas, ha sido el mejor regalo del Solsticio de Invierno que jamás hemos recibido... Participaréis de manera activa en nuestras festividades... como invitados primero, como alimento después... Por supuesto, el primero de vosotros en caer será vuestro monitor... y luego, poco a poco, todos los demás...
Siempre he tenido ganas de descubrir a qué sabe un Boy Scout...
Hacen falta cuatro, para realizar el trabajo a la perfección... aunque detrás de nosotros, los más fuertes, se amontona el resto de la manada, para seguir desgarrando, destrozando los huesos, chupando la sangre, fuerza vital... Pero todo el ritual, todo el sacrificio, puede fallar, si la ofrenda no llega con vida al jefe, si él no arranca la lengua, los ojos, y sobre todo, el corazón palpitante, del pecho recién abierto con las herramientas de sílex... La sociedad moderna nos ha dejado al margen, y por ello, rechazamos todo contacto que no sea el estrictamente necesario para alimentarnos y cubrir nuestras huellas...
Siempre se dice, se comenta, que desaparecen personas en las grandes ciudades de todo el mudo... Mendigos, drogadictos, prostitutas, niños o adolescentes fugados, son las presas más habituales... Estamos acostumbrados a este tipo de alimentos, pero no siempre nos sienta bien lo que comemos, sobre todo con la carne de yonki... Pero nosotros ocupamos el lugar más elevado en la pirámide evolutiva, somos los mayores carnívoros del subsuelo, y donde nosotros estamos, no vive nada más... También nos comemos a nuestros muertos, a los débiles, a los heridos, a los viejos...
Somos una raza orgullosa de cazadores, de guerreros... Y nuestra fortaleza está, precisamente, en que nadie cree en nuestra existencia... Eslabón perdido, gen recesivo, mutantes por la radiación o por los productos transgénicos, por los contaminantes químicos... No importa... No usamos el fuego, pues nuestros ojos no lo toleran, y reclamamos en cierto modo un retorno a las antiguas tradiciones... ¿Que si somos humanos? No del todo... Algunos lo fuimos, y todavía hablamos, y escribimos, y dibujamos nuestra historia en los túneles de metro, en las estaciones abandonadas, en las cloacas, en lugares olvidados por vosotros los hijos de la luz...
A veces, tenemos hambre, mucha hambre, y organizamos expediciones de caza, por los túneles que conectan las distintas líneas, como por ejemplo entre la línea 6, la 4 y la 5: salimos desde los accesos secundarios, y atacamos rápidamente, en grupos de 5 o 6, y sin dejar una huella de sangre en el suelo ni en las paredes, desaparecemos... Y traemos la presa aquí... Otras veces, detenemos el tren en mitad del túnel, y mientras el conductor se come la cabeza y busca la causa, nosotros asaltamos el último vagón: son golpes de mano rapidísimos, en los que participan todos los "hombres" hábiles, y en ocasiones, nos llevamos a 10 o 15 personas de una sola vez... y los mantenemos con vida en los corrales... durante los días que sean necesarios... mientras se nos acaba de nuevo la comida...
Estamos acostumbrados a comer mucha basura humana... Mucho deshecho de la sociedad... Por eso, vuestra excursión a las estaciones fantasma de Madrid y a las catacumbas, ha sido el mejor regalo del Solsticio de Invierno que jamás hemos recibido... Participaréis de manera activa en nuestras festividades... como invitados primero, como alimento después... Por supuesto, el primero de vosotros en caer será vuestro monitor... y luego, poco a poco, todos los demás...
Siempre he tenido ganas de descubrir a qué sabe un Boy Scout...
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