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miércoles, 3 de noviembre de 2010

DAME TUS MANOS

Ayúdame... Lo leo en tus ojos, en tu boca... esa media sonrisa canalla ha desaparecido, y solo se manifiesta... el miedo... Es normal que tengas miedo... yo estoy aterrado... la única diferencia entre los dos... es que tú estás dentro... y yo estoy fuera...


Cuando la empresa nos invitó a todos los empleados a participar en unas jornadas de deportes de equipo en la Sierra de Guadarrama, estuviste a punto de no venir... sobre todo, por no estar con nosotros, tus antiguos compañeros de trabajo... gracias a los cuales escalaste en la empresa... Eras el portavoz del grupo, y te llevaste todo el mérito, los laureles... y nosotros fuimos lo bastante imbéciles para permitir que te salieras con la tuya... Siempre has sido un "trepa"... pero haberte tenido como responsable directo de nuestro departamento de marketing ha convertido nuestra existencia en un auténtico infierno...

 "Beneficios"... "prospects"... "resultados"... "primas de productividad"... Esas palabras eran las únicas que realmente te importaban... Si como compañero eras bastante aprovechado y mediocre, como jefe has demostrado ser un auténtico tirano... En cuanto uno de nosotros no era lo bastante productivo, lo metías en tu "lista roja", de la que era muy difícil salir... Yo entré en ella la semana pasada...

Nunca has sido muy sociable... por eso, me ha extrañado mucho que en última instancia cambiases de opinión... Pero te has incorporado al equipo de los árbitros... por lo que no te has deslizado en tirolina, ni has construido una torre estilo "casteller"... ni tampoco has participado en la batalla de globos de agua... ni en la fiesta de la camiseta mojada... En el fondo, te has aburrido muchísimo... pero has ocupado tu lugar... el más bajo entre los mandos intermedios... a los pies de tu adorado amo: el Director General...

Con la llegada de la noche, nos hemos cambiado de ropa en las tiendas de campaña, para estar más a gusto, y dar comienzo a la cacería, una interesante competición de habilidad y fuerza, en la que tú ocuparías un lugar de capital importancia: el de presa... Por supuesto, los demás directivos están informados de nuestro deseo de "hacerte participar en nuestras diversiones"... Pero ignoran que hace una semana, hemos estado preparando el terreno de la cacería... con pozos de tirador... trampas de lazo... superficies muy resbaladizas... tramos donde el agua del arroyo que hemos represado supera la altura de un hombre... trampas de barro... Y todo ello, ubicado dentro del mismo valle, que tienes que atravesar de un extremo al otro, para alcanzar la salvación... En el fondo, solo queremos que te sientas tan acosado, tan limitado en tus movimientos, tan observado, como nos hemos sentido nosotros durante tantos meses...

La luna está en cuarto creciente... y te hemos dejado una linterna... mientras que nosotros estamos equipados con gafas de visión nocturna, y bates de béisbol de juquete... Si te alcanzamos en cualquier parte del recorrido... bueno... eliminaremos contigo parte de estrés, de la ira, que se ha acumulado en nosotros... y de alguna manera tiene que salir...

Lo has hecho muy bien, desde luego, mucho mejor de lo que nosotros esperábamos... y solo has caído en la última trampa... que para tu inmensa desgracia está pensada para cazar osos... En el fondo hay una cierta cantidad de estacas de madera, muy afiladas... Te agarras, precariamente, a un matojo de retama... que está cediendo... Y tiendes las manos hacia mí... mientras te resbalas hacia abajo... Los dos estamos tan manchados de barro, después de tantas horas de persecución, que cuesta mucho distinguir tus manos de las mías, ¿verdad?

Y con la lluvia, dispongo de pocos segundos para decidirme... Literalmente... tengo tu vida en mis manos...

Y no tengo demasiado claro qué hacer con ella...

jueves, 28 de enero de 2010

LUNA ROJA DE SANGRE



























Desperté sobresaltado, empapado en sudor...
cuando la enorme luna roja se insinuaba
por la ventana de nuestro dormitorio...
estoy agotado, dolorido, y extrañamente lleno...
a tientas, para no despertarla, busco su cálido cuerpo,
la curva de sus senos, su blanca espalda...


Pero no llego a tocarla, pues noto algo extraño...
las sábanas están húmedas, pegajosas, quizás
por nuestras actividades previas al sueño...
pero no... el fluido tiene una textura extraña,
que me resulta muy familiar...


Y entonces, lo recuerdo todo, y mi corazón
se para un momento, para retomar su latir...


Corro entre la jara y los pinos,
como una fiera en pos de su presa...
una luna roja, inmensa, me observa desde el cielo,
tiñendo la tierra con su acechante fulgor...
corro tan rápido, que necesito agacharme,
para ir más veloz, como el viento...


A lo lejos, una silueta blanca se difumina
entre los árboles, y sé que es una mujer,
que ella es mi objetivo... mi presa...
vestida con un blanco camisón que
refleja la luna y le impide esconderse,
aunque mis ojos, con las pupilas dilatadas
al máximo, concentran cada partícula de luz,
y, por fin, ella tropieza, y la alcanzo...


Tengo hambre, de su carne blanca,
tengo sed, de su sangre roja...
rodamos por el suelo, entre la pinaza,
la sujeto, separando sus brazos...
y dejo al descubierto su níveo cuello,
sus arterias, pulsantes, me atraen, me llaman,
impulsando hacia atrás su barbilla,
y de un poderoso mordisco, lo desgarro...


El sabor cobrizo de la sangre caliente
fluye por mi garganta, saciando mi sed...
su textura, viscosa, preñada de recuerdos
de una vida que se apagaba entre mis brazos...
y su olor dulzón, lleno de promesas de un mañana
que para ella jamás llegará, pues esta noche
le arranco la vida, me sacio de ella,
y me siento poderoso, fuerte, casi inmortal....


Cuando dejo caer hacia atrás su cabeza,
cuando me separo de su cuerpo y
enjuago la sangre, su sangre, con el dorso de mi mano,
un grito brutal, salvaje, de odio y de triunfo,
se escapa de mi garganta, afirmando mi victoria,
y su muerte....


En ese momento, me despierto, sobresaltado,
empapado en sudor, con el sabor de la sangre
en mi boca, con ese olor tan peculiar en mi mente,
con los recuerdos de la cacería, tan frescos...
que no me atrevo a alzar las manos hacia el rayo de luna...
que no quiero comprobar qué fluido empapa las sábanas...
que no me atrevo a mirar a quien duerme a mi lado...
por que no la escucho respirar, por que no se mueve...
por que temo que la cacería haya sido real...
y que, en mis sueños, haya matado a mi gran amor...