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jueves, 28 de enero de 2010

RECICLAJE EXTREMO: ¡¡NOS LOS COMEMOS!!!


Macabro descubrimiento en un restaurante chino

Un grupo de inspectores de Sanidad, escoltados por diversas unidades de la Policía Nacional, de la Policía Municipal, y con la colaboración de varios forenses, que ya colaboraron en la investigación del 11-M, han irrumpido esta mañana en el local del señor Wei Lun, ubicado en la calle Divino Pastorcito, y en una pequeña nave industrial del polígono de Las Mercedarias. La preocupación de una madre por lo que comían sus hijos fuera de casa ha destapado una espeluznante trama, digna de cualquier novela de Robin Cook, donde la realidad supera la ficción. Los cuerpos de seguridad y las unidades forenses no descartan realizar nuevos hallazgos en Madrid, Barcelona, Sevilla y otras ciudades españolas.

La preocupación de una madre. En sus primeras declaraciones ante la Policía, Mar C. explicaba de esta manera lo sucedido: "A mi familia, siempre nos ha gustado mucho la comida china, y por eso, solemos comer en el restaurante Palacio de Hokaido casi todas las semanas. Y como nos gusta mucho el cerdo en salsa agridulce y la ternera con pimientos, bueno, la pedimos siempre... Lo que empezó a extrañarme, fue lo diferente que era la carne de una semana para la otra: unas veces, blanca y jugosa; otras, rosada y entreverada; otras, más bien seca... ¿No es extraño que la misma comida, tenga unas texturas y sabores tan distintos?" Seguro que a todos nos ha pasado algo parecido. Pero Mar C. decidió ir un poco más lejos, cuando unos análisis de sangre detectaron en su hijo de 6 años una sustancia, el ácido fluzosico condensado, que solamente se utiliza para tratar determinados casos de cirrosis hepática en los ancianos. "Tanto el analista, como el médico y el personal de laboratorio no podían comprender aquellos resultados. Se repitieron las pruebas, con otros marcadores (como el de la diabetes melitus o el del dengue), y también dieron positivos. Por precaución, nos hicieron las pruebas a mi marido y a mí, y hemos dado positivo en otras patologías. Mi hija pequeña, que todavía toma papillas y biberón, está sana."

Buscando coincidencias. Mar C. sigue explicando que "nosotros llevamos un régimen de vida un poco extraño, sobre todo de comidas, pues mi marido, que trabaja en un laboratorio de genética, y yo nos solapamos para que la pequeña Andrea no esté sola en casa, y mi hijo Pablo come casi siempre en el colegio. Sin embargo, algo debemos tener en común, para que todos presentemos el mismo cuadro..." Y efectivamente, tras varios días de reflexión, ha surgido un punto, una coincidencia: los tres comen siempre en el mismo restaurante chino, y salvo pequeñas variaciones, repiten el menú. Rodrigo G., el marido, dice lo siguiente: "Siempre pensé que lo de los chinos era solamente una leyenda urbana, que no era posible que hubieran muerto solamente 8 chinos en Madrid desde el año 89, que eso de que jamás hay perros ni gatos en las cercanías de un restaurante oriental era una mentira, pero ahora... no estoy tan seguro..." Para intentar comprender lo que les estaba sucediendo, incluso se pusieron a experimentar con distintas recetas de comida china, que sacaron directamente de internet, pero independientemente del cuidado que pusieron en respetar las dosis, pesar los ingredientes, e incluso macerar previamente la carne, nunca sabía igual que en el restaurante Palacio de Hokaido.

Por fin, una prueba tangible. "Mi niño se había pasado casi dos semanas en Observación del Hospital de la Princesa, y lentamente, con diversos procedimientos químicos, consiguieron disminuir primero, y eliminar después, todas aquellas toxinas extrañas de su organismo. Con mi marido y conmigo, fue más sencillo..." Se imponía hacer algo concreto para despejar las dudas, y como todo apuntaba al restaurante (hoy clausurado), Mar y Rodrigo volvieron a comer allí una vez por semana, como siempre... aunque ya no se comían toda la ternera ni el cerdo, y en cada ocasión guardaban diversas muestras en pequeños tubos de ensayo, que posteriormente Rodrigo analizaba en su trabajo. "Se trataba, explica Rodrigo, de aprovechar mis conocimientos y las instalaciones del laboratorio en el que trabajo para localizar los marcadores específicos del ácido fluzosico, que resulta muy perjudicial para los niños. Pero nos encontramos con algo muy diferente: la clave no estaba en los marcadores, sino en el origen de la carne."
Hacia la carne. Rodrigo sigue explicando su investigación: "Durante tres meses, no obtuvimos resultados concluyentes... si bien es cierto que comprobamos que la carne que nos vendían como cerdo y ternera, no era precisamente de aquellos animales, más o menos en un 45 % de las muestras, encontramos marcadores genéticos de perro, gato, rata y caballo. Esto podría ser un problema para Sanidad y Consumo, pero no explicaba la enfermedad de nuestro hijo." Sin embargo, hace quince días, los marcadores del ácido fluzosico y de otras sustancias, como las benzodiacepinas, y otras derivados farmacéuticos dieron positivo. Llevados por la curiosidad, y sobre todo por que no parecía tener la misma textura que los otros tipos de carne analizados, Rodrigo decide buscar los marcadores genéticos de otra especie distinta: la Humana. Y el resultado de las tres últimas muestras obtenidas es positivo. "Casi me faltó tiempo para tapar las muestras y guardarlas en la nevera del laboratorio, unas incontenibles arcadas me hicieron vomitar en la misma pila. ¡Habíamos estado comiendo carne humana!"

Comunicado a la Brigada Especial. Comer carne humana en un restaurante chino, como si fuera cerdo o ternera (lo de las ratas, perros y gatos no fue ninguna sorpresa): otra leyenda urbana que aparentemente se cumple. El problema era demostrarlo a las autoridades. Por eso el matrimonio acude al Sargento Aníbal Bueno, de la Brigada Especial, compañero del equipo de bolos La Mostoleña. "Al principio, pensé que me estaban gastando una broma. ¿Carne humana en un restaurante chino? ¡Menuda leyenda urbana! Pero claro, conociendo a Ricardo desde hace tantos años... El caso es que decidí realizar una nueva prueba en nuestro laboratorio genético... y también ha dado positiva en los marcadores pertinentes, y la prueba de ADN ha sido taxativa: se trata de carne humana, de un varón, de entre 60 y 70 años, que padecía un proceso canceroso en fase terminal." El doctor Moreno, que ha realizado la prueba, se muestra tajante: "Es la confirmación de una leyenda urbana... Ahora, tenemos que localizar y detener a los culpables, cueste lo que cueste."

Las primeras investigaciones. Sí, una de las muestras ha dado positivo, pero al no haber sido tomada siguiendo los protocolos de custodia de las pruebas, era necesario investigar, y obtener más datos en el Palacio de Hokaido. Y hacerlo sin despertar sospechas. Por ello, se piden refuerzos a diversas Comisarías alejadas de Móstoles, pues se trata de someter por una parte al local a un seguimiento continuado, y por eso es tan importante que haya caras nuevas, pero no tantas como para despertar sospechas. "Normalmente, explica el Sargento Aníbal Bueno, procuramos que haya siempre cuatro o cinco policías, comiendo solos o por parejas. Las muestras se etiquetan bajo la mesa, con los nombres de los agentes, el plato que han tomado, y son transportadas por un motorista al laboratorio de la Brigada. En las dos semanas que llevamos trabajando, hemos encontrado los tipos de carne habituales, incluyendo serpiente en los rollitos primavera, y rana en la familia feliz". La falta de resultados, combinada con una fuerte acidez, y el miedo a estarse comiendo a un semejante, hace mella en el equipo de investigación. Uno de los miembros abandona el grupo por motivos de conciencia, otro descubre el veganismo como alternativa vital (y su salud mejora considerablemente), y un tercero pone tanto cuidado en apartar todas las partículas de carne de su plato, que pone en serio peligro la operación. "Es un infierno, pensar que te puedes estar comiendo a otra persona, afirma Claudia Marquez, en cuanto terminaba de comer, me metía los dedos en la garganta, para vomitarlo todo... Nunca más volveré a comer en un chino".

28/X/2009: Los primeros resultados. Por fin llega el momento que todos temen y esperan a la vez: las muestras de la ternera con pimientos son indudablemente humanas, la Brigada puede proceder. Son las seis de la tarde cuando, pertrechados con una orden de registro firmada por el Juez Herrero, diez agentes y tres forenses asaltan el local, por las dos puertas a la vez. En su interior, solamente se encuentran con un viejo cocinero chino bastante sucio, y la hija del propietario. Ninguno de ellos habla español, por lo que interviene el intérprete de la embajada, que ha sido convocado esa misma tarde. Al principio, la conversación es amistosa, pero en cuanto se menciona el tema de la carne, el cocinero, identificado como Wei Tan, se pone visiblemente nervioso, e intenta impedir el acceso de los agentes a la cocina y a la despensa. Aparentemente, todo está en orden en la cocina... pero en la despensa, una nevera, ubicada detrás de la puerta y disimulada por varias cajas de verduras, encontramos lo que parece ser carne humana deshuesada. "Enseguida hacemos las fotos. La carne se encuentra en malas condiciones, pues la nevera no funciona demasiado bien, y presenta varias zonas medio descompuestas. En el acto, procedemos a detener al cocinero y a la hija del propietario, y los trasladamos a la Brigada." Mientras tanto, los forenses que han trabajado "in situ" ofrecen un primer diagnóstico concluyente, facilitado por el hallazgo de una mano, parcialmente roída, en el congelador. Posteriores análisis en el Laboratorio confirman los datos preliminares: en el restaurante Palacio de Hokaido se sirve a los clientes carne humana.

Teorías y explicaciones de la embajada. Por el temor de que no sea un caso aislado, el Juez Herrero decide decretar el secreto de sumario, detener a todos los implicados (el cocinero, la hija del dueño, el dueño, su hermano, su nuera y su cuñado) y sustituir a todo el personal del local por agentes especiales. Al no disponer ni de cámaras frigoríficas ni de sala de despiece, resulta evidente que la carne humana proviene de otro lugar, y el descubrirlo se convierte en la máxima prioridad. Una de las cosas que más ha llamado la atención al equipo es que, "desde 1988, solamente hayan muerto en Madrid 8 ciudadanos chinos, cuando teniendo solamente en cuenta el tamaño de la población oriental, las estadísticas calculan que en dicho periodo tendrían que haber fallecido como poco 140 personas. ¿Dónde están esos cuerpos? ¿Por qué los chinos solamente se mueren por accidentes de tráfico, o bien en los hospitales? ¿Dónde están sus tumbas?". Contactamos telefónicamente con la Embajada China, Liu-Pi, el asesor cultural nos atiende, pero sus explicaciones no son convincentes: "nuestra raza está acostumbrada a volver a morir a nuestro país, por eso, cuando se notan enfermos o viejos, ellos mismos, o la familia, les pagan el último viaje, para que puedan reposar en la tierra de nuestros ancestros." Cuando le preguntamos sobre por qué no hay chinos de edad avanzada en Madrid, la respuesta es ambigua: "es nuestra elección como raza seguir los ritos de nuestro país". Sobre los problemas con la documentación, alegaba: "somos muy parecidos, es cierto, pero todos nosotros tenemos papeles. Muchas veces, cuando llevamos diez años o más en el país, nos cambiamos el nombre, por otros más sencillos de pronunciar, y por eso en los cementerios hay muchos Pepe López, que en verdad son chinos con otro nombre. Eso explica la aparente baja tasa de mortalidad."

El confidente y la nave de despiece. A estas alturas de la investigación, lo más importante era localizar la sala de despiece, y desmantelar la red, labor muy complicada por el hermetismo de la sociedad china. Era necesario encontrar un confidente, en este caso, el dueño del restaurante, Wang Ma, se prestó a colaborar con nosotros, y nos permitió encontrar una pequeña nave industrial, en la localidad de Azuqueca de Henares, que se dedicaba a hacer sopas chinas de sobre y pienso para mascotas. Los efectivos de la Policía Nacional rodean todo el perímetro, estableciendo un cordón de seguridad eficaz. Después de atravesar la pequeña oficina, donde nos atiende el gerente, llegamos a la zona de elaboración de los alimentos. Veinte operarios, con máscaras, batas, gorros y guantes estériles, apenas si levantan la mirada mientras nos dirigimos a la parte posterior. Dentro de la última sala, nos espera una visión que parece rescatada de cualquier Círculo del Infierno de Dante. En el centro, una mesa de autopsias, con su sistema de desagüe, y con rastros de sangre, parece ocupar toda la estancia. Una serie de cubos de plástico duro, de tamaño comunidad, ocultan en su interior un macabro secreto: el primero está lleno de zapatos de mujer, el segundo, de hombre; el tercero, de ropa de mujer, el cuarto, de hombre; el quinto, de manos y pies cortados; el sexto, de entrañas lavadas; el séptimo, cabezas cortadas; el octavo, de pelo humano.

Confesiones y resultados. Ante la extrema crueldad de los hallazgos, varias unidades del forense se desplazan a la nave, al mismo tiempo que diversos furgones policiales son utilizados para llevarse a todo el personal de la empresa, en cuanto terminen los interrogatorios. Al haberse conectado los inhibidores de frecuencia desde el primer momento, y con el corte de la línea telefónica, la nave ha quedado completamente aislada, y los investigadores realizan su labor. Al principio, nadie sabe nada de lo que pasa en la sala del fondo, ni lo que hacen varias noches por semana, ni comprenden los cambios en el color y la textura de las sopas, o la función de los cubos... pero al final, el gerente confiesa: "Casi siempre, recibimos los cuerpos por la noche, entre las dos y las tres de la madrugada. Generalmente, son tres o cuatro cadáveres al mes, pero con la proliferación de los trabajadores esclavos, hay que busca alguna manera de deshacerse de los cadáveres... y al mismo tiempo, obtener un cierto beneficio económico... Aquí lo aprovechamos todo: las ropas, se lavan, arreglan y esterilizan, las que están bien, se venden, las otras, para los esclavos. Los zapatos, lo mismo, aunque en las fábricas clandestinas, no necesitan zapatos. El pelo es muy interesante, pues permite multitud de aplicaciones creativas, pero sobre todo, lo teñimos, y lo usamos para forrar los Furbises falsos." Como el Sargento precisa más datos, le pregunta por el uso de los cuerpos :"Las cabezas, los pies y las manos, primero los hervimos, para sacar todo el jugo, y luego los trituramos, los mezclamos con algas, hierbas y restos de las sopas, para elaborar piensos para mascotas, son muy alimenticios..." Teniendo en cuenta que se trata de una instalación relativamente pequeña, es fundamental organizarse bien: "Lo más importante es la rapidez, pues aunque la carne la pongamos a macerar durante diez días antes de distribuirla, hay que deshuesarlos previamente, y para eso hace falta ser un consumado descuartizador/cirujano." Y, por supuesto, no toda la carne es igual: "Los cadáveres se dividen en varias categorías, fijándonos sobre todo en la edad y el sexo. Para algunos rollitos primavera, lo mejor son los senos de mujer; para la ternera con pimientos, los muslos de hombre; para algunas sopas, las tripas bien lavadas y maceradas son perfectas; si se trata de plato de la casa, cualquier carne sirve; el pato con piña o a la naranja no se puede falsificar; pero cualquier otro plato que lleve, por ejemplo, pollo, normalmente se obtiene del brazo... Cuanta más edad, más barata es la carne. Por eso, precisamente, la adobamos con muchas especias, para ocultar su sabor... Y con los huesos, una vez descarnados, los trituramos, y mezclados con grasa de los mismos cuerpos, se obtiene la famosa Pomada del Tigre..."

Las investigaciones continúan. Dos meses después de la primera redada, las investigaciones siguen su curso, puesto que la existencia de esta pequeña red no justifica la tasa ridícula de defunciones de ciudadanos chinos en Madrid y en España. La Brigada Especial sigue al mando, pero recibiendo la plena colaboración de los restantes Cuerpos de Seguridad. De momento, se han desmantelado otras dos redes en Madrid, una en Barcelona, y tres en Sevilla. Diversos inspectores de Sanidad están realizando análisis de ADN en los principales restaurantes chinos, y aproximadamente en el 30 por ciento de los casos se ha detectado carne humana en el menú. La mayor preocupación que se plantea es de tipo sanitario, pues no se ha discriminado entre cuerpos sanos y enfermos, por lo que se pueden descartar que aparezcan determinadas patologías asociadas a la edad o a las enfermedades de los difuntos en los consumidores. Se ha decretado, por lo tanto, una alerta sanitaria nacional, y se ruega a las personas que hayan comido en restaurantes chinos u orientales, que se realicen las pruebas pertinentes en los Centros de Salud. La situación es preocupante, pues en diversos restos se han encontrado trazas de Yersinia Pestis y de viruela, y no existen datos actualizados sobre la posibilidad de transmisión de ambas enfermedades mediante la ingesta de carne humana contaminada. Las investigaciones de la Brigada siguen su curso.








EVIDENTEMENTE, CUALQUIER PARECIDO ENTRE LOS NOMBRES, LOS LUGARES, LAS TÁCTICAS DE DESPIECE O EL RECICLAJE DE LOS CUERPOS CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA. SIMPLEMENTE, HE DADO OTRA VUELTA DE TUERCA A UNA LEYENDA URBANA... Y YO COMO MUCHO EN EL CHINO DE MI BARRIO...


HELENA Y LOS STRIGOI



Dentro de 10 minutos estallará la bomba... El tiempo justo para contarte lo que me ha pasado en los últimos nueve días... Por eso te mando este correo, para que estés avisado... para que avises a los demás... y para que creas.. Son las últimas palabras de un moribundo, y lo único que deseo es llevarme conmigo a todos los que pueda... y devolverlos al Infierno...

Todo comienza hace nueve días, cuando por culpa de un accidente en la M-40, me quedo atrapada en mitad de un atasco monumental. En la radio dicen que se ha producido un choque brutal entre un autobús escolar y un camión que transportaba vigas de acero a una obra cercana. Como la carga estaba mal asegurada, las vigas han salido despedidas, atravesando muchas de ellas el autobús como si fuera mantequilla... "Todavía no hay datos oficiales sobre la causa del accidente, repite el locutor con su voz cansada, pero se cree que el autobús no ha respetado el límite de velocidad, por lo que se ha estrellado contra el camión, que se había detenido bruscamente al invadir su carril otro vehículo. Aunque tampoco se conoce el número definitivo de víctimas mortales, se teme que superen la veintena, incluyendo al conductor. La M-40 permanecerá otra hora más cortada, puesto que el transporte escolar se ha quedado atravesado en la calzada. Los cuerpos de Bomberos, Policía Nacional y Guardia Civil han desplazado numerosos efectivos a la zona del accidente..."

En ese momento, aburrida de escuchar por tercera vez en diez minutos las mismas noticias, y completamente parada en una marea de coches por la que se abren paso, a duras penas, las ambulancias, cambio de emisora, encuentro una de música clásica, y me pongo a observar a quienes me rodean. Entonces los veo, primero es una persona aislada, detenida en el arcén, luego llega otra, y luego otra, y otra más... y según nos vamos acercando al lugar del accidente, su número crece... Creo haber visto más de 30 personas, y me pregunto cómo han llegado a ese punto tan aislado de la carretera... adonde no llegan ni el metro, ni los autobuses... Aunque son personas normales, como tú y como yo, noto algo extraño en ellos... ¿Será por sus ropas? ¿Por su forma de mirar fijamente los restos del autobús? Cuando por fin rebaso el lugar del accidente, suspiro aliviada, puesto que, por unos momentos, me ha parecido que uno de ellos alzaba la mirada y la clavaba en mi coche...

Dos días más tarde, un chico ha saltado a la vía del metro delante de mí. El convoy entraba en ese momento en la estación, y el conductor no ha tenido tiempo de frenar. El impacto le ha cortado ambas piernas, y también le ha triturado un brazo (el derecho, creo). El dolor es espantoso, y no le pueden sacar de debajo de las ruedas hasta que no llegue una grúa especial. La circulación está interrumpida en la línea 5, en Núñez de Balboa. Con esa curiosidad morbosa que todos los humanos tenemos hacia el sufrimiento ajeno, me pongo a observar a mi alrededor... Entonces los veo... Es un grupo un poco más pequeño que en el accidente de la M-40, pero allí están, con sus ropas de colores apagados, como si fueran el negativo de una vieja foto... Sobre todo, le reconozco a él: alto (casi dos metros), muy rubio, con los ojos azules muy pálidos, labios que parecen esbozar una sonrisa cruel... Durante unos minutos, nuestras miradas se cruzan, y me parece ver en ella un sentimiento extraño... ¿hambre? ¿ansias? ¿empatía? ¿dolor? No consigo identificarlo, y de repente, con un último fulgor verde, interrumpe el contacto visual, y se concentra en lo que está pasando en las vías, y deja de mirarme... Respiro aliviada, y decido ir al trabajo en autobús, pues necesito aire fresco después de semejante experiencia...

Al día siguiente, le veo. Está allí, detenido al pie de la Torre de Colón, mirando al cielo con aire ausente, como esperando que pase algo... Nunca hemos estado más cerca, y de manera inconsciente, pienso en la ropa que llevo puesta: un traje de chaqueta azul oscuro con raya diplomática, blusa de seda blanca, zapatos negros de tacón, y gabardina Burbery... y por supuesto, sin pulseras ni collares ni anillos, tan solo unos pequeños pendientes con diamantes engarzados... Por el rabillo del ojo, compruebo que la sonrisa del desconocido se vuelve más sincera, al mismo tiempo que mira hacia arriba... Inconscientemente, imito sus gestos, y eso me salva la vida... pues un cuerpo se estrella en la acera, a escasos centímetros de donde yo estaba... Por la altura, el cadáver parece rebotar contra el suelo, y la cabeza estalla con un ruido sordo, y la sangre me salpica los pantalones... Cuando miro a mi alrededor, compruebo que el desconocido ya no está solo, otras veinte o treinta personas nos rodean, con la misma mirada ausente, y un extraño brillo verdoso en los ojos... Durante unos segundos, todos se vuelven hacia mí, con la mirada perdida, y me parece que incluso sonríen, pero quizás todo ha sido un producto de mi imaginación... Una vez más, se repite el ritual: forense, sanitarios, policías, servicio de limpieza... me toman declaración como testigo... Busco al resto del grupo del Rubio (así le llamo), pero todos han desaparecido...
Las desgracias parecen acumularse a mi alrededor... el miércoles voy a las fiestas de mi barrio, y subo a la noria... se queda parada en lo más alto... y desde ese lugar privilegiado, veo lo que sucede en la Montaña Rusa... Un convoy, por exceso de velocidad, por el mal estado de las vías (es la atracción más veterana), o por haberla montado sin las debidas precauciones, se sale del carril, y se estrella contra el suelo , como si fuera un episodio de CSI... En ese momento, compruebo que no estoy sola en la barca de la noria: el Rubio aparece a mi lado, y me llevo un susto de muerte... sobre todo porque sabe cómo me llamo... y porque escucho su voz en mi cabeza, sin que él mueva los labios...
"No te asustes, Helena, puesto que si quisiera matarte, ya llevarías muchos meses muerta... Esa es nuestra función, nuestro pequeño vicio: nos alimentamos de la muerte, del dolor, de los sentimientos extremos que preceden el segundo final... Nunca matamos directamente... pero estamos allí en las grandes y en las pequeñas tragedias, y cuanto mayor sea el sufrimiento, más alimento... Normalmente, no nos veis, pero de vez en cuando, cuando nuestro número disminuye en una ciudad o en un país, nos dejamos sorprender... Pues necesitamos a otro... Por eso te escogimos a ti, Helena... Por la oscuridad que late en tu corazón... Por la manera en que te fascina la muerte, cada vez que se cruza en tu camino... Ni siquiera has pestañeado, cuando has visto que los vagones se estrellaban contra el suelo, ni cuando la cabeza de la niña ha quedado aplastada por el cuerpo de la madre, ni tampoco al ver las manchas de sangre negra que se esparcían por el suelo, salpicando a la gente... Tú eres como nosotros, te puedes convertir en un "strigoi" del sufrimiento, creo que en tu cultura nos llaman "vampiros", pero solamente nos alimentamos del dolor, de las emociones negativas, del sufrimiento... Tal y como tú has hecho ahora... Tienes dos días para pensártelo, aunque nos seguiremos viendo antes de tu inevitable transformación... Allí nos veremos todos, para darte la bienvenida, a las siete de la tarde..."

Acto seguido, desapareció... y con él, toda su corte... Es cierto, nos hemos vuelto a ver, la primera en una residencia de ancianos, donde vive mi abuela, que ha salido ardiendo, y donde han muerto seis personas, mientras que otras 20 han resultado intoxicadas con el humo... Allí estaba el Rubio, con toda su gente... Ayer, un limpia ventanas sin contrato se precipitó al vacío desde un octavo piso en Alcobendas, cercas de mi trabajo, y también le vi caer... Ya son las siete menos dos minutos, he quedado con el Rubio en esta gasolinera... Tanto conocimiento de los humanos, tanta experiencia, tanto afirmar su superioridad... ¿y no es capaz de darse cuenta del dolor de una madre? Sí, es cierto, la niña cuya cabeza reventó contra el asfalto al despeñarse la Montaña Rusa era mi hija, pero las dosis masivas de tranquilizantes que estoy tomando para superar la separación de mi marido me ayudan a permanecer tranquila, impasible, frente a la adversidad...

Lo mismo no sirve de nada lo que voy a hacer ahora, el volarlos con un artefacto casero, el haber añadido otras cargas en los pilares de la gasolinera, igual es una pérdida de tiempo... Pero tengo que intentarlo, porque me parece inmoral que este tipo de "strigoi" se alimente de nuestro dolor, de nuestro sufrimiento, tal y como vi a uno de ellos alimentarse con la agonía de mi hija... Si tengo un poco de suerte, y la tendré, comenzaré mi viaje y mi caza... ¿Soy la única que puede verlos, escucharlos? No lo creo... Una experiencia tan cercana a la muerte como la mía, el intento de suicidio con barbitúricos y alcohol, me permite descubrirlos... Aquí empieza mi viaje...