
de la vida... ella espera...
A varios metros bajo tierra,
bajo una pesada losa, espera...
¿Qué más le da el paso del tiempo,
si está rellena de muerte?
Lejos ha quedado la energía vital,
la enfermedad, la decrepitud...
Menos cerca se encuentra la agonía,
la desesperación, el último dolor...
la sensación de un paño que tapa,
pudoroso, su cara demacrada...
Y todo termina en medio del calor,
asfixiante, que de no estar muerto,
sin duda le mataría... extraña sensación,
despedirse así de la vida...
Cenizas de carroña y madera,
de sudario y enfermedad, recogidas,
quizás para siempre, en una urna...
negra como la desesperación...
Y desde hace varios años,
solo tiene por compañía
las cenizas de su suegro...
y un triste atadillo de huesos...
¿Cuántas horas se han pasado,
durante estos años, hablando?
¿Cuántas veces se han preguntado
por cómo estaría la familia?
Pero lo que en uno es aceptación,
paz y sosiego, lo es en el otro
odio, rabia, absurda y ciega,
por estar muerto... y ellos vivos...
Por eso estuvo rondando un tiempo,
a sus hijos, a su mujer... su vida...
mas con el paso del tiempo...
ha perdido la fuerza...
Y solo, cada 8 de noviembre,
cuando recuerdan su ausencia,
y casi celebran su cumpleaños...
las cenizas se agitan furiosas...