lunes, 13 de junio de 2011

NUESTRAS VOCES EN EL VIENTO...

"No... amor mío...", luego, un pequeño estruendo, luego otro, el olor a pólvora y a cordita... Un amargo dolor en el pecho... otro en la cabeza... y la caída, a cámara lenta, en la piscina... y se terminó... Todo... nuestra vida, para empezar... y luego, nuestro amor... Era lo más lógico, lo sé... La única manera de conseguir que la compañía de seguros pagase algo... y tú rehicieras tu vida... con el otro...

Es cierto, cuando te mueres, en aquellos segundos o minutos que yo pasé desangrándome y luchando por respirar en la piscina, toda tu vida pasa por delante de tus ojos... y a veces, puede ser una tragedia... otras, una comedia... y en mi caso, una larga sucesión, pero no de momentos hermosos, sino de engaños... y mentiras... ¡Cómo pude ser tan imbécil, para creerme lo de tus reuniones fuera de casa hasta la madrugada, o aquellas noches en las que volvías oliendo a tabaco de pipa, y a "after shave"! ¡Y los fines de semana, con los "cursos de formación" en varios Paradores, sobre todo el de la Sierra de Gredos! ¿Y aquella vez, cuando encontré en tu bolso la tarjeta de una encantadora posada junto a un embalse, cuando se suponía que era una "reunión de trabajo"?

Está claro, cuando uno nace imbécil, muere imbécil... Como vivimos en Velilla de San Antonio, y yo trabajo desde casa (soy novelista y blogger), me encargaba de los dos niños, de traerlos y llevarlos al cole, las cuentas, los seguros, la intendencia... mientras tú aprovechabas a fondo tus grandes dotes como relaciones públicas, para ir prosperando de intermediario con los medios, "personal manager assistant" de algunos personajes poco recomendables... y también de blanqueo de capitales... Aunque, por supuesto, eso no me lo decías, pero resultaba evidente, por tu nivel de ingresos... Como aquella mañana, en la que compraste por un precio ridículo este chalé, siendo la tuya la segunda puja, pero la única con los fondos necesarios (más tarde me enteré de que amañaste la subasta, con un par de comisiones y un "servicio especial" al licitador)...

A veces, me preguntaba qué hacía una mujer de tu atractivo, con tu enorme belleza, personalidad y capacidad de convicción, con una persona como yo, un "hombrecillo gris", cuyo mayor valor en esta vida era amarte con locura... Por eso, no sospeché nada cuando nos hiciste el seguro de vida y el testamento, a los niños y a mí... Carmina, tan llena de vida, con sus seis añitos... y Victor, el hombrecito de la casa, con doce... Tu corazón debe ser una masa gris, podrida y agusanada, para haber tramado este plan...

Dentro de nada, llamarás a la Policía, no sin antes pegarte un tiro en la pierna y otro en el estómago, pero en el punto preciso para que el daño sea mínimo, y que las ambulancias lleguen a tiempo para salvarte "in extremis"... Primero te pusiste los gruesos guantes de cocina, luego te agachaste detrás de Carmina, para no verle la cara, y le rebanaste el cuello, de izquierda a derecha, con un afiladísimo cuchillo para sushi... Victor te costó un poco más: estaba leyendo en su cama... Luchó, casi te arañó, mientras intentabas asfixiarlo con la almohada, subida a horcajadas sobre su cuerpecito... pero al final, lo conseguiste, mientras sus patadas, sus golpes, se volvían más débiles... y tú, cacho guarra, te ponías caliente con la muerte de tu hijo... y le disparaste en plena cara a través de la almohada...

Yo no me enteré de nada... Estaba en el sótano, mirando el jardín por la claraboya, imaginando mil mundos de tinta, en los que tú eras mi reina, y yo el rey... Me hiciste salir con una excusa cualquiera, que había un bicho muerto en la piscina, una zarigüella o algo parecido... No me diste explicaciones: un tiro en el corazón, otro en la cabeza, los dos mortales por necesidad... Caí a la piscina... Y al morir, lo comprendí todo... Y me enteré de todo...

Llevabas más de dos años acostándote con tu jefe, quien era tu socio en algunos de tus negocios inmobiliarios, como la compra y venta de terrenos y de chalés durante los últimos años; el servicio de blanqueo de dinero mediante la construcción de torres de pisos en Benidorm (a todo lujo, con lo que incluso reportaban beneficios a los inversores)... Decís que os amáis, que todo fue por amor, incluso mi muerte y la de tus hijos... Por que no querías dejar cabos sueltos, ni sentimentales, ni de ningún otro tipo...

¿Cómo se valora la muerte de un niño, de un hijo, según las compañías de seguros? Muy sencillo: en función de su juventud: cuando te restablezcas de tus heridas, recibirás ciento cincuenta mil euros por la muerte de Carmina; doscientos cincuenta mil por la de Victor; cerca de un millón por la mía; doscientos cincuenta mil por tus heridas... y piensas demandar a la compañía de seguros por el mal funcionamiento de la alarma perimetral (que tú saboteaste la noche anterior), nunca quisiste cámaras en casa... por vulnerar la intimidad.

Y tú, la pobre viuda desgraciada, contarás a la Policía y a los investigadores de la Brigada que al llegar a casa, extrañada por no ver a los niños, miraste por todas partes... No pudiste evitar abrazar a tu hija, tan pequeña, tan desvalida con su peto vaquero y sin sandalias, te manchaste con su sangre... Luego, seguiste el camino hacia el cuarto de tu hijo, pobrecito, y lo viste allí, en su cama, asfixiado... y también lo abrazaste, con lo que sus epiteliales llegaron a tu cuerpo... No consiguió arañarte, ¿recuerdas? y seguías con los guantes puestos cuando le mataste... pero será muy difícil justificar el rastro de tu flujo sobre él...

Y luego, por supuesto, la teoría del intruso... "Mientras me dirigía al jardín, escuché dos explosiones atenuadas, pensé en petardos... pero no lo eran... llegué a tiempo para ver a mi marido caer en la piscina, con un gran charco de sangre diluyéndose en el agua... Y allí estaba él, un tipo rubio, muy alto y muy flaco, con una gran pistola entre las manos... Intenté gritar, pero el horror me lo impedía... Luego, me disparó dos veces... Llevaba guantes... y tiró la pistola a la piscina... No, por supuesto que no le he visto en toda mi vida... Es una de las peores experiencias que he tenido nunca..."

No, querida, no... No tienes la menor idea de lo que es experimentar el terror, el más puro y más abyecto... Porque en la muerte, me encontré con tus hijos... y todos nosotros tenemos cuentas corrientes contigo... Solo para empezar, cada vez que te folles a alguien, sea quien sea, y hagas lo que hagas, verás siempre la cara y el cuerpo de tu difunto hijo, deteriorado por la putrefacción, o bien tal y como estaba cuando lo mataste... Pobrecito, habrá que darle gusto en algo, puesto que le robaste la adolescencia... y cualquier tipo de experiencia sexual... Cada vez que te mires en un espejo, será Carmina, la dulce y desvalida niña, quien te preguntará "¿Por qué?", con la sangre resbalando por el cuello, como jamás te atreviste a verla... y también en cualquier superficie reflectante, pronunciando tu nombre con la garganta rajada... En cuanto a mí, apareceré a tu lado, siempre... y notarás mis gélidos dedos, mi respiración en tu nuca, te despertarán mis ronquidos...

Estaremos siempre contigo, querida... Siempre... Arruinaremos tu vida, tu trabajo, tus amistades, tus relaciones sociales, tu romance, tus inversiones, todo... Unos te considerarán loca... Otros, perturbada... Algunos imbéciles dirán que eres una pobre viuda confundida por el duelo... También iremos a por tu jefe, pero con él tendremos piedad: sólo le volveremos loco... antes de matarle...

Pero solo tú sabrás la verdad... solo tú conoces tus pecados... y ni siquiera en la locura encontrarás consuelo, porque estaremos más cerca y más dentro de ti... y siempre, mientras vivas, escucharás nuestras voces en el viento...

Y, por supuesto, cuando mueras te llevaremos con nosotros, a lugares tan sórdidos y peligrosos, donde tu sufrimiento no tendrá fin... donde el día y la noche son iguales, y el dolor permanente... Tienen un lugar especial allí abajo, para gente como tú...

Y entonces, y solo en ese momento, podremos ser libres de volver al Purgatorio... pues al vengarnos de los dos, al llevaros a la locura y a la muerte, no tendremos derecho al cielo...



1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho. Esta muy intenso el relato, llega un momento en el que no puedes despegar la mirada de las letras, a veces veía el rostro compungido del hombre al sospechar y hacer a un lado sus ideas ciegas.
    Besos ;)

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