
Algunas veces, las cosas no son lo que parecen... Y si algo no funciona como es debido, siempre es posible empeorar... Al menos, es lo que ha sucedido en la Residencia Geriátrica El Renacer...
En los folletos que se han repartido en numerosos hospitales madrileños, y en muchos ambulatorios y consultas privadas, se describe el centro como "un remanso de paz, situado en las estribaciones de Sierra de Gredos, a la orilla de un lago, y con inmejorables comunicaciones. (...) En sus instalaciones, sus seres queridos encontrarán todo el apoyo de nuestros profesionales, con una atención personalizada las 24 horas del día, y personal médico de guardia. (...) Las visitas se realizarán cada quince días, y se indicará a los parientes con la debida antelación la sala que les ha sido asignada. (...) La alimentación, personalizada para cada paciente en función de sus características específicas, será supervisada por nuestro equipo de nutricionistas. (...) Y para quienes necesiten una mayor tranquilidad, están especialmente diseñadas nuestras "Estancias de la Paz". (...) Nuestra especialidad son los grandes dependientes. No lo dude, si está buscando una atención perfecta para sus seres queridos, nuestra Residencia Geriátrica El Renacer es la mejor alternativa. (...) Condiciones especiales de financiación a su medida."
Con una gran abundancia de imágenes bucólicas, el tríptico llama la atención a numerosas personas todos los días, y más o menos una de cada tres termina contactando con la centralita, y pide más información... Como mucho, una persona de cada diez efectúa la visita guiada, concertada previamente, con la orientadora del centro... Es cierto que se encuentra bastante bien comunicada por carretera, cerca de Madrigal de la Vega, a orillas del embalse del Rosario. Para aquellos familiares que no dispongan de vehículo propio, la Residencia organiza un servicio de lanzadera con un potente todo terreno, siempre y cuando se avise con la debida antelación. El centro consta de un edificio de tres plantas, otro de dos, mas un pabellón de material, y otro de usos varios. Lo más sorprendente es que no parece una residencia de ancianos, sino más bien un hotel: hay un gran mostrador de recepción en la planta baja, y allí se encuentran dos hermosas señoritas vestidas con uniformes blancos, que toman los datos de los visitantes, y deciden, de forma algo aleatoria en principio, qué planta van a visitar, en función del día de la semana y de las necesidades específicas del presunto cliente.
En la planta baja del edificio principal se encuentran el gimnasio, escrupulosamente limpio, una sala de curas, el comedor, la capilla y el salón biblioteca, que se extienden por una superficie de 300 metros cuadrados. La primera planta, con sus 30 habitaciones, dos salas de curas, y dos bañeras de talasoterapia, se destina a los pacientes válidos; la segunda la ocupan los pacientes no válidos en 20 habitaciones, y dos salas de fisioterapia; y en la tercera se encuentran los pacientes encamados y los terminales, el botiquín, y otra sala de curas, aunque normalmente no se visita esta planta. Por supuesto, las escaleras han sido sustituidas por rampas, y hay dos ascensores de gran capacidad. El segundo edificio, de dos plantas y menor superficie, alberga la cocina, el gimnasio, y una serie de habitaciones reservadas al personal.
Durante la primera visita, solo se recorre parcialmente la planta baja, haciendo especial hincapié en la comodidad del salón y del comedor; y en la primera planta se visitan las dos primeras habitaciones, una individual, y la otra para dos personas, ambas con su cuarto de baño con ducha, puntos de apoyo para personas con movilidad reducida, superficies anti-deslizantes... En dichas habitaciones siempre están dos viejecitos encantadores, con su sillón de orejas, su bastón, sus gafas de montura de concha, que se levantan con dificultades para saludar, y afirman estar muy contentos con el trato recibido. Sorprenden también el aroma a pino de los pasillos, y las privilegiadas vistas al embalse del Rosario...
Como no se admiten las visitas sin previo aviso, cuando los escasos familiares llegan al centro se encuentran con su pariente perfectamente aseado, tal vez con un poco de sueño (cosas de la edad), bien instalado cómodamente en la biblioteca, o bien en una de las dos habitaciones que ya ha visto previamente, a la que se ha mudado recientemente por estar más cómodo. En todo momento, estará acompañado por una atractiva auxiliar vestida de blanco, que cariñosamente se apoya en los hombros del abuelo, como muestra de afecto... Por eso, los visitantes se marchan tranquilos y con la conciencia bien limpia...
Recordemos un momento las condiciones de financiación... y las características del centro, para volver más tarde a la intra-historia... La Residencia El Renacer "está pensada para facilitar las mejores condiciones de vida posibles a las personas válidas y a los grandes dependientes (...) y para que no tengan que preocuparse por el dinero, tasamos y valoramos su casa ya desde la primera visita, y también gestionamos su venta, cubriendo todos los gastos de su estancia..." Es decir, que se quedan con la casa del paciente, a cambio del tratamiento recibido, durante el tiempo necesario, y de facilitarle una pequeña cantidad para sus gastos. Ahora bien... ¿qué sucede si la vida del paciente se prolonga más de lo habitual, y se agota el dinero de la venta? ¿qué pasa si un pariente se quiere quedar con la casa del abuelo? Normalmente, gana la Residencia, pues en la letra pequeña del contrato están claramente estipuladas dichas condiciones. Dichas viviendas, por otra parte, son revisadas a fondo por la empresa de reformas (que tiene firmado un acuerdo con la Residencia), y normalmente a los dos meses del ingreso, ya se han alquilado, por habitaciones o por pisos completos, a inmigrantes ilegales (preferentemente chinos) o bien a estudiantes.
Pero sigamos con nuestra pequeña visita a las entrañas de la Residencia, justo en el momento en que salen por la puerta los visitantes, deseosos de ingresar en ella a su abuelo... En la primera planta, los dos encantadores ancianitos que estaban en las habitaciones se levantan con rapidez en cuanto se lo indican las auxiliares y también se despojan de sus ropas, que con un poco de suerte no estarán demasiado sucias cuando se las ponga otro afortunado, y se ponen de nuevo sus monos de hospital (comprados de segunda mano en el ejército) y sus alpargatas de esparto. Delante de ellos no tienen más que el largo, larguísimo pasillo, y demasiadas horas muertas por delante. En cuanto a los encantadores abuelitos que estaban disfrutando de la tele en silencio, hubiera bastado con una mirada más de cerca para darse cuenta de que están completamente drogados con Aloperidol, para que no molesten. Las demás habitaciones de la primera planta son más parecidas a celdas monásticas: una cama, un pequeño cuarto de baño con ducha, y una mesilla de noche para depositar el vaso de agua y la dentadura postiza. Son cuartos funcionales y muy espartanos. Casi todos los pacientes comienzan su estancia en dicha planta, y solo cuando empeoran se trasladan a la segunda. Allí, se practica la sujeción química o bien mediante correajes, y por ello, los ancianos permanecen la mayor parte del día atados, con los pañales puestos, levantándose tan solo una hora por la mañana, y otra por la tarde. Las visitas nunca suben a la tercera, en la que de todas formas casi no hay pacientes, salvo una decena de personas demenciadas, que se agrupan dentro de una gran sala que ocupa la mitad del espacio disponible, y que los internos llaman "el moridero"...
En su conjunto, toda la Residencia no deja de ser un gigantesco decorado... Solo hay un auxiliar por turno y planta, pero en vez de ser jornadas de seis horas, la dirección ha optado por duplicar el tiempo de trabajo, hasta doce horas. Las hermosas recepcionistas son, de todas formas, auxiliares, y en cuanto se van los visitantes, se reincorporan a su planta. La dirección ofrece alojamiento, que se detrae del sueldo, a quienes deseen quedarse a pernoctar, bien junto al moridero, bien en el edificio segundo edificio. Las salas de curas están prácticamente desprovistas de medicamentos, quitando los más básicos (pomadas anti escaras, alcohol de romero, gasas, tiritas...), y son los propios pacientes quienes deben abonar como extra sus tratamientos farmacológicos. El comedor casi no se utiliza, solamente en las ocasionales jornadas de puertas (no tan) abiertas... y con la excusa del problema de las dentaduras postizas, los pacientes son alimentados a base de potitos en comida y cena (comprados al por mayor, ocho por persona y día); mientras que en el desayuno y la merienda toman leche desnatada y galletas (también a punto de caducar). La única terapia que se aplica es la sedación, en el caso de que se muestre agresivo; y los pacientes más peligrosos, aquellos que tienen ocasionales crisis psicóticas, se recluyen en una estancia especial, que los parientes jamás conocerán, en el sótano del edificio. Vale la pena hablar del "Cuarto de la Locura"... Con una superficie de casi doscientos metros, junto al cuarto de calderas, y puerta reforzada para mitigar o hacer desaparecer los gritos, los pacientes se reparten en una treintena de camas, de mucha menor calidad que las del resto del centro, y suelen estar inmovilizados, porque muchos de ellos sufren violentos desórdenes de la personalidad, inducidos por las drogas.
La Residencia tiene por lo tanto varias fuentes de financiación: el dinero que pagan los pacientes más acomodados (que de todas formas han firmado un poder notarial, "autorizando a los gestores de la clínica a detraer las cantidades necesarias para el tratamiento"); el alquiler de los pisos de los abuelos o la venta de los mismos; la experimentación de nuevos tratamientos anti envejecimiento o destinados a la tercera edad (nuevos medicamentos genéricos, ensayos de laboratorio de productos conservantes o estimulantes...); y por supuesto, la fabricación de cristal ardiente... Por supuesto, esta última actividad es con mucho, la más rentable, ya que el producto se ha puesto muy de moda en las discotecas madrileñas. Con su sabor a coca-cola, es el hijo bastardo de medicamentos anti-psicóticos, tranquilizantes, anabolizantes, conservantes (E-666 principalmente), polvos de talco y anhídrido carbónico... y cierto componente extraño, derivado del ácido fluzósico... Durante todo el día, en el laboratorio instalado en la cocina del segundo edificio se elaboran ingentes cantidades de dicho compuesto, que se precipitan por evaporación en el primer anexo. ¿Alguien conoce una forma más eficaz de camuflar una fábrica de drogas de diseño, que un centro geriátrico, situado literalmente en el culo del mundo? Es cierto, con los ingresos procedentes de la droga, se podría haber proporcionado una mejor atención médica a los pacientes, o mayores calidades de vida... Pero entonces, no habrían sido negocios sucios, sino algo más parecido a un negocio honrado...
El 28 de octubre de 2009, a las 21:57, en la Residencia estaban: seis auxiliares, dos "cocineros", un celador-portero, veinte pacientes en el "Cuarto de la locura" (diez de ellos completamente válidos), quince internos en la primera planta, y diez en el "moridero" de la segunda planta.... Normalmente, a esas horas, la mayor parte de los internos están durmiendo, si no de manera natural, inducidos por los fármacos... Sin embargo, esta noche, nadie duerme... y muchos sangran... La culpa no fue del "cha-cha-chá...", sino de Blind Guardian...
Por una pequeña discrepancia sobre las proporciones de la mezcla del "cristal ardiente", hace dos noches que se fue Gerardo, y su ayudante se ha quedado temporalmente solo al mando de los fogones, y de las cubetas en las que se elabora el precipitado... Por desgracia, no se acuerda de las proporciones concretas, por lo que decide triplicar la dosis de ácido fluzósico y de benzodiacepinas, y de esa manera estar seguro de que los cristales tengan un efecto más duradero... Benito, el celador, que también participa en el tráfico de estupefacientes (del que no saben nada ni las auxiliares de clínica ni el médico, que se limita a prescribir Aloperidol, Loracepán y diuréticos, durante sus escasas visitas) decide que sería una buena idea probar la mezcla antes de sacarla a la calle, y puesto que él no es consumidor, al mismo tiempo que retira las tapas de los potitos, los sazona con media cucharadita de "cristal ardiente", la dosis habitual... Como todas las noches, las tres auxiliares de turno y el celador se reparten la tarea de alimentar a los residentes con los dos potitos y la jarra de agua habituales... y después, los reunen a todos los que pueden moverse en la sala de la tele...
Los gruñidos empiezan a las 21:05: Sebastián, el benjamín, intenta morder a Marga, la celadora de la planta baja, cuando cambia de cadena y pone la teletienda. Ella no se preocupa, sobre todo porque Sebastián está casi paralizado por un derrame cerebral, y eso le dificulta mucho el mover la mitad derecha del cuerpo. Ella está sola en la biblioteca, y tan concentrada en liberarse de la garra de acero que atenaza su brazo izquierdo, que no se da cuenta de que otro interno, Benigno, se ha situado detrás de ella, hasta que sus manos sarmentosas no se aferran a sus pechos. Marga, que generalmente no tiene reparos en mostrar brevemente sus encantos a los internos durante el aseo, se siente muy sorprendida por este comportamiento tan poco caballeroso... y lo que menos se puede esperar es que tras las manos venga la boca... Ella piensa en gritar, pero un tercer interno (posiblemente Odoacro, siempre tan comedido) se aferra a su cintura, y entre los tres, la tiran al suelo... Dos más echan una mano para sujetarle brazos y piernas... Y el estúpido uniforme de faldita blanca, por una vez, demuestra su utilidad... y diez internos redescubren, gracias a Marga y al "cristal ardiente", su hombría...
Otras dos auxiliares se "benefician" del mismo trato, si bien Denise, que estaba en el moridero, tiene más suerte: la asfixian antes de devorarla. Benito, el celador, se encontraba en el "cuarto de la locura", entregado a su pasatiempo habitual, atormentar a los cinco pacientes con un vaso de agua, que siempre les acerca a los labios, como si fuera a darles de beber, para retirarlo en el último momento... Mientras está atormentando a "número uno" (ya nadie se molesta en recordar sus nombre, pues de todas formas morirán allí), escucha un ruido de tela que se desgarra, pero tampoco le da mayor importancia... ni tampoco al chirrido metálico... y cuando por fin se decide a darse la vuelta, una vara de acero del bastidor de una cama le atraviesa el pecho, matándole casi al instante... Ha sido "número seis", quien se venga en nombre de todos sus compañeros, siendo el primero en orinarse en la boca del celador, y luego le escupe en los ojos aún abiertos...
También libera a todos los demás compañeros, aunque dos de ellos han muerto en las últimas horas... Armados con varas metálicas y de madera, fuerzan la puerta que da acceso al resto de la clínica, y comienzan la cacería... La presa, todo aquél que vista de blanco, y en ese momento, las 22:40, solo quedan dos auxiliares con vida, refugiadas en la tercera planta, y el "cocinero", que al final se ha decidido a probar su propia mercancía... y también está dispuesto a divertirse lo más posible mientras le dure el colocón... aunque no está lo bastante dopado para enfrentarse con alguna posibilidad de victoria a los números uno, tres, cuatro y cinco, cuyas neuronas destrozadas por los fármacos los han convertido en máquinas sedientas de sangre y de venganza...
Una vez satisfechos los instintos más primarios, el sexual y el de la caza, llega el momento de la carne y de la sangre... Hartos de tantos potitos caducados, de purés insulsos y de alimentos penosos, los internos deciden imitar a los grupos de cazadores primitivos, y llevan todos los cuerpos al patio central, amontonándolos en una esquina. Denise todavía conserva un pálpito de vida cuando empiezan a trocearla con un cuchillo romo, pero ya no le duele nada... Los internos desgarran los sillones en los que han pasado tanto tiempo atados y, con la ayuda de numerosas sillas del comedor y de la propia mesa (que han sacado a través de una ventana) sazonada con casi todos los libros y revistas que han encontrado, encienden una hoguera... En ella se asarán, por partes o enteros, todos los cuerpos (auxiliares, celador, "cocinero")... Y por una vez, se hartarán de carne y de sangre... La fiesta se prolongará hasta bien entrada la noche, porque las dentaduras postizas no están preparadas para desgarrar la carne de esta manera, y los internos parecen haber olvidado el uso de los cuchillos, que de todas formas no existen en la Residencia... aunque están recordando algunas de las cosas que se pueden hacer con trozos de cristal recubiertos de trapos, mientras Juan, antiguo carnicero, demuestra sus conocimientos de anatomía...
Lo más posible es que el baño de sangre se hubiera podido evitar con algo más de experiencia en la preparación del "cristal ardiente", con algo más de conocimiento sobre las interacciones con otros productos farmacológicos... Porque nadie les informó de un "pequeño detalle": que mezclado con productos diuréticos (como el Seguril), se convierte en un potenciador de la agresividad y provoca ataques maniaco-paranóicos tremendamente violentos...