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lunes, 5 de enero de 2015

LA CENA DE LOS REYES MAGOS



Muchas veces, hay que mantenerse alejado de ciertos lugares oscuros… de ciertas casas… donde suceden “cosas malas”… y hacer caso del sentido común, de los carteles, de las señales…

Todo el mundo sabía, en la pequeña ciudad, que era mejor no acercarse al umbral de esa casa,  que pasaban "cosas raras" a quien traspasaba el jardín de cipreses y encinas, de rosales retorcidos, el camino de losas negras y blancas, o blancas y negras, las verjas de forja, retorcidas y ominosas, las fronteras de aquella casa extraña, oscura, que se alzaba entre la estación y el cementerio, entre los vapores del pantano y la nada de la jara...

Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...

Tres hombres malvados, tres rufianes siniestros, de esos que escupen en la acera, beben cerveza, eructan con fuerza, juran por "la tumba de mi mare" que ellos no han robado las monedas del cepillo parroquial, pero sueltan todo tipo de improperios, y empujan a las viejas, tres malvados, que respondían a los nombres de “Cara Cortada", "el Gitano Tano" y, el peor de todos ellos, el más maléfico del terceto, "el Nenuco Cagón", deciden acercarse a robar en aquella casa, en la noche previa de Reyes, esa noche tan especial, esperando hacer buen botín, en casa tan señorial...

Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...

"Cara Cortada", con su angelical belleza destrozada de un machetazo, desde la sien derecha a la barbilla, lleva una maza de peón caminero, negra de cabeza, larga de mango, que "encontró" junto a la vieja Estación del tren de tercera...

"El Gitano Tano", haciendo honor a su nombre, esconde en la manga una navaja, de Albacete, con medio metro  de hoja, afilada y reluciente, y que tiene grabada en las cachas la cabeza de una cabra...

El "Nenuco Cagón", un armario de dos metros veinte por casi dos metros, con un tonel por barriga, brazos de Orco y modales de Troll, no necesita nada que no sean sus músculos y sus puños para causar pavor...

Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...

Los tres rufianes se acercan a la casa, tan aislada, tan oscura, y señorial, en mitad de la noche, de las sombras, con la luna oculta por las nubes, sus pisadas mitigadas por la espesa niebla, ignorando el cartel de letras rojas, donde sin embargo, estaba escrita una Gran Verdad: "Lasciate ogni speranza voi che intrate", o para quien no domine la lengua de Petrarca, de Cicerón, más pequeño, repetía la misma frase, en español: "Abandonad toda esperanza quienes traspasen este umbral"...

Por supuesto, no hicieron caso, y el "Nenuco Cagón" casi lo parte, de un puñetazo, riendo cual borracho en aquellas extrañas horas de la noche...

Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...

Entran los tres rufianes por la fuerza, derribando la puerta de un patadón, y se quedan parados, en medio del hall, observando, con la boca abierta y la mandíbula colgante las alfombras oscuras, negras y espesas, la enorme araña de cristal, apagada, las paredes de madera, los cuadros de personas solemnes, la imponente mesa de mármol verde y granate con patas de garras de león, la escalera de caracol, amplia, majestuosa, que enlaza con los dos pisos superiores, oscuros, que permanecen en silencio, a pesar de su entrada triunfal...

A través de la quinta puerta, cuando no pueden creer su fortuna, por haber entrado en la casa, por tener tanta riqueza, por alcanzar tanta suerte en su noche de acción... Por aquella puerta, os digo, aparece Ella...

Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...

Con su largo vestido negro, de encajes y puntilla, como de otro tiempo, y su pequeño porte, pues es menuda, como salida de un cuento, de larga melena castaña oscura, que se extiende en oleadas hasta media espalda, sus cejas perfiladas, sus profundos ojos negros, sus hermosos y turgentes labios, sus pequeños senos...

Algo hay en Ella, que sin embargo, causa pavor... De haber conocido las palabras, quizás habrían pensado en una Princesa, en una Diosa, en algo hermoso... pero estos tres patanes, estos rufianes, os digo, solamente se llevaron la lengua a los labios, pensando: "Somos tres contra una, la noche se pone interesante por momentos... y aquí no hay nadie para escuchar sus gritos..."

Y casi se rifan el honor de violarla primero, de probar su carne....

Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...

Ella les mira, y les sonríe, y enseñando sus hermosos y blancos dientes, les dice, con voz suave, incitante y sensual: "Caballeros, tomen lo que quieran de esta casa... pero por favor no despierten a mis hijos..."

Los tres brutos no se lo piensan dos veces, no... Y se acercan a ella, pensando que de todas formas, si no hay más peligro en la casa, salvo una débil mujer, primero pueden saquearlo todo, luego disfrutar con ella, y marcharse, ricos, satisfechos, poderosos....

Ya están casi subiendo, de todas formas, la escalera, cuando ella les dice: "No pierdan el tiempo arriba, estimados señores... en este tipo de casas, lo de más valor se expone directamente a la luz de la luna, a la luz del sol, en el invernadero... Síganme,  por favor, que les muestro el camino...."

Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...

Y la siguen, atravesando el hall y el pasillo, por la cocina en penumbras, y salen al jardín, algo siniestro, por el sendero de piedras negras y blancas, hacia la estructura de cristal... Ella abre las puertas, les deja entrar, les acompaña al centro, se detiene...

Los tres rufianes perciben un extraño movimiento, algo, una multitud les rodea entre las sombras, seres bajitos, muy blancos, de inmensos ojos negros, los rodean por todas partes... "El Gitano Tano" exclama, aliviado:"¡Pero si son niños! ¡Nos hemos asustado de unos putos niños!¡Nosotros, tan grandes, tan fuertes, y tan malos!"…

Y se acercan a Ella, quien con la misma voz melodiosa, les dice: "Les pedí que no despertaran a mis niños... Queridos míos, aquí tenéis vuestra cena de reyes..."

Todo pasa muy rápido, se abre el cielo, la luna derrama sus rayos sobre los niños, cambiándolos, y en cuestión de segundos, aparecen los licántropos, desproporcionadamente grandes para su anterior  tamaño de niños… Hambrientos, se abalanzan sobre los tres rufianes, triturando, desgarrando, machacando, masticando, en un festín sangriento...

Mientras ella, complacida, los observa, y se lame, meticulosa, una gota de sangre...


Jamás te acerques a la casa en mitad de la nada, ni de día ni de noche, y mucho menos si hay luna  llena...Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...