Muchas veces, hay que mantenerse alejado de ciertos
lugares oscuros… de ciertas casas… donde suceden “cosas malas”… y hacer caso
del sentido común, de los carteles, de las señales…
Todo el mundo sabía, en la pequeña
ciudad, que era mejor no acercarse al umbral de esa casa, que pasaban "cosas raras" a quien traspasaba el jardín de cipreses y
encinas, de rosales retorcidos, el camino de losas negras y blancas, o blancas
y negras, las verjas de forja, retorcidas y ominosas, las fronteras de aquella
casa extraña, oscura, que se alzaba entre la estación y el cementerio, entre
los vapores del pantano y la nada de la jara...
Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...
Tres hombres malvados, tres rufianes
siniestros, de esos que escupen en la acera, beben cerveza, eructan con fuerza,
juran por "la tumba de mi mare"
que ellos no han robado las monedas del cepillo parroquial, pero sueltan todo
tipo de improperios, y empujan a las viejas, tres malvados, que respondían a
los nombres de “Cara Cortada",
"el Gitano Tano" y, el peor
de todos ellos, el más maléfico del terceto, "el Nenuco Cagón", deciden acercarse a robar en aquella casa,
en la noche previa de Reyes, esa noche tan especial, esperando hacer buen
botín, en casa tan señorial...
Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...
"Cara Cortada", con su angelical belleza destrozada de un
machetazo, desde la sien derecha a la barbilla, lleva una maza de peón
caminero, negra de cabeza, larga de mango, que "encontró" junto a la vieja Estación del tren de tercera...
"El Gitano Tano", haciendo honor a su nombre, esconde en la
manga una navaja, de Albacete, con medio metro
de hoja, afilada y reluciente, y que tiene grabada en las cachas la
cabeza de una cabra...
El "Nenuco Cagón", un armario de dos metros veinte por casi dos
metros, con un tonel por barriga, brazos de Orco y modales de Troll, no
necesita nada que no sean sus músculos y sus puños para causar pavor...
Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...
Los tres rufianes se acercan a la casa,
tan aislada, tan oscura, y señorial, en mitad de la noche, de las sombras, con
la luna oculta por las nubes, sus pisadas mitigadas por la espesa niebla,
ignorando el cartel de letras rojas, donde sin embargo, estaba escrita una Gran
Verdad: "Lasciate ogni speranza voi
che intrate", o para quien no domine la lengua de Petrarca, de
Cicerón, más pequeño, repetía la misma frase, en español: "Abandonad toda esperanza quienes traspasen este umbral"...
Por supuesto, no hicieron caso, y el
"Nenuco Cagón" casi lo
parte, de un puñetazo, riendo cual borracho en aquellas extrañas horas de la
noche...
Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...
Entran los tres rufianes por la fuerza,
derribando la puerta de un patadón, y se quedan parados, en medio del hall,
observando, con la boca abierta y la mandíbula colgante las alfombras oscuras,
negras y espesas, la enorme araña de cristal, apagada, las paredes de madera,
los cuadros de personas solemnes, la imponente mesa de mármol verde y granate
con patas de garras de león, la escalera de caracol, amplia, majestuosa, que
enlaza con los dos pisos superiores, oscuros, que permanecen en silencio, a
pesar de su entrada triunfal...
A través de la quinta puerta, cuando no
pueden creer su fortuna, por haber entrado en la casa, por tener tanta riqueza,
por alcanzar tanta suerte en su noche de acción... Por aquella puerta, os digo,
aparece Ella...
Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...
Con su largo vestido negro, de encajes y
puntilla, como de otro tiempo, y su pequeño porte, pues es menuda, como salida
de un cuento, de larga melena castaña oscura, que se extiende en oleadas hasta
media espalda, sus cejas perfiladas, sus profundos ojos negros, sus hermosos y
turgentes labios, sus pequeños senos...
Algo hay en Ella, que sin embargo, causa
pavor... De haber conocido las palabras, quizás habrían pensado en una
Princesa, en una Diosa, en algo hermoso... pero estos tres patanes, estos
rufianes, os digo, solamente se llevaron la lengua a los labios, pensando:
"Somos tres contra una, la noche se
pone interesante por momentos... y aquí no hay nadie para escuchar sus gritos..."
Y casi se rifan el honor de violarla
primero, de probar su carne....
Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...
Ella les mira, y les sonríe, y enseñando
sus hermosos y blancos dientes, les dice, con voz suave, incitante y sensual: "Caballeros, tomen lo que quieran de
esta casa... pero por favor no despierten a mis hijos..."
Los tres brutos no se lo piensan dos
veces, no... Y se acercan a ella, pensando que de todas formas, si no hay más
peligro en la casa, salvo una débil mujer, primero pueden saquearlo todo, luego
disfrutar con ella, y marcharse, ricos, satisfechos, poderosos....
Ya están casi subiendo, de todas formas,
la escalera, cuando ella les dice: "No
pierdan el tiempo arriba, estimados señores... en este tipo de casas, lo de más
valor se expone directamente a la luz de la luna, a la luz del sol, en el
invernadero... Síganme, por favor, que
les muestro el camino...."
Todo el mundo lo sabía... pero ellos no...
Y la siguen, atravesando el hall y el
pasillo, por la cocina en penumbras, y salen al jardín, algo siniestro, por el
sendero de piedras negras y blancas, hacia la estructura de cristal... Ella
abre las puertas, les deja entrar, les acompaña al centro, se detiene...
Los tres rufianes perciben un extraño
movimiento, algo, una multitud les rodea entre las sombras, seres bajitos, muy
blancos, de inmensos ojos negros, los rodean por todas partes... "El Gitano Tano" exclama, aliviado:"¡Pero si son niños! ¡Nos hemos
asustado de unos putos niños!¡Nosotros, tan grandes, tan fuertes, y tan malos!"…
Y se acercan a Ella, quien con la misma
voz melodiosa, les dice: "Les pedí
que no despertaran a mis niños... Queridos míos, aquí tenéis vuestra cena de
reyes..."
Todo pasa muy rápido, se abre el cielo,
la luna derrama sus rayos sobre los niños, cambiándolos, y en cuestión de
segundos, aparecen los licántropos, desproporcionadamente grandes para su
anterior tamaño de niños… Hambrientos,
se abalanzan sobre los tres rufianes, triturando, desgarrando, machacando,
masticando, en un festín sangriento...
Mientras ella, complacida, los observa,
y se lame, meticulosa, una gota de sangre...
Jamás te acerques a la casa en mitad de
la nada, ni de día ni de noche, y mucho menos si hay luna llena...Todo el mundo lo sabía... pero ellos
no...

