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viernes, 9 de septiembre de 2011

LA ÚLTIMA SONRISA

Tiene que estar por aquí, lo sé.... yo la vi formarse, lentamente, de sus labios... expandirse por unos segundos, saludando al mundo, y luego... caer... estrellarse contra el suelo, a quien nada le importa que así termine un sueño...

Siempre supe que este momento iba a llegar, desde mucho antes de conocernos, pero ahora, valoro más todo aquello que hemos vivido... y lo que nos hemos perdido por el camino... sonríe... y tú, sonríes... Un poquito más cerca de la muralla, que no te pasará nada... Tranquilo, que no hay peligro...

Además, si tienes miedo a las alturas, yo te doy la mano, es una foto preciosa, el sol queda muy bien en tu perilla y tu bigote entrecanos... y, por una vez, estás sonriendo... Y tienes miedo... por el viento... y yo, tu "chica", tu "novia"... tu "vida"... primero te cojo firmemente por la muñeca derecha con mi mano izquierda, que con la otra te estoy haciendo la foto... y luego, justo cuando piensas que estás a salvo, que te voy a ayudar a cruzar el cordón granate de la zona de peligro, me acerco un poco más a ti, y te doy un fuerte empujón...

Durante algunos momentos, parece que vas a recuperar el equilibrio, pero luego, la fuerza de la gravedad gana... y tu última sonrisa se cae de tus labios, yo la veo formarse, como si fuera un pequeño tesoro de cristal de roca, y se desploma desde la muralla hacia la hierba, décimas de segundo antes de que se desplome tu cuerpo...

Las murallas del castillo son muy elevadas, aunque solo hay una zona transitable con los andamios y pasamanos de madera, que es donde estamos nosotros, y el foso, escarpado, yo grito como una loca mientras caes, miro tu cara desde la almena... El guía ya nos advirtió al entrar: "No se acerquen a las murallas y a los parapetos, que son muy peligrosos... No se separen del grupo para hacer fotos... Y tengan mucho cuidado con los golpes de viento..."

Tú no gritaste al caer, ni siquiera para eso te faltó valor... Por eso, tuve que gritar el doble: "Mi novio, mi novio, se ha caído.... ¡Se ha caído!" Es tan fácil imitar el terror, o el estado de shock... Todas las mujeres se acercaron a mí, para consolarme, mientras los hombres, en tropel, menos uno que se quedó con nosotras para llamar a cualquiera que pudiera ayudarnos, bajaron corriendo hasta la base de la muralla, aunque desde lejos, el ángulo de su cuello deja claro que no hay nada que hacer, y también se te ha partido una pierna, y una muñeca... Y yo, desde arriba, lo veo todo... Me sujetan, no sea que el dolor me juegue una mala pasada... Es entonces cuando escucho su voz en mi cabeza: "Tienes que recuperarla, era para ti, mi bien más preciado, mi última sonrisa de cristal y sueños..." Y no lo comprendo: él sabe sin duda alguna que no ha sido un accidente, sino un asesinato... Y ni siquiera me pregunta por qué lo hice... Sólo se preocupa por que yo recupere su sonrisa...

Por eso tengo que hacerlo, y me bajo corriendo del andamio, y sigo corriendo hasta el pié de la muralla, y me pongo a buscarla, delante de todo el mundo, antes de que alguien pueda pisotearla y romperla... Llegan las ambulancias, y la policía, y la Guardia Civil, y me ponen calmantes, me quieren llevar al Hospital, pero yo no puedo irme... Tengo que seguir buscando... Le meto un empujón al enfermero, y otro al médico... Me tienen que poner otras dos inyecciones, muerdo a otro enfermero, le meto una patada a otro guardia... "Pobrecita, se ha vuelto histérica... Lo más seguro, tendrán que ingresarla en un hospital, hasta que se le pase el ataque"... Si ellos supieran que en verdad lo preparé todo, desde el mismo momento en que nos conocimos...

Soy una "coleccionista de sonrisas"... de últimas sonrisas... Con mi aspecto, despierto ternura, simpatía, afán de proteger, y deseo, por supuesto, mi aire aniñado y mi forma de vestir, mi aparente dependencia, siempre funcionan... Antes o después, me gano su confianza, algunas veces, incluso sin recurrir al sexo, ese pasatiempo... Por accidente, que la primera vez sí fue un accidente, al escalar en La Pedriza, descubrí que en la última sonrisa de una persona se cristalizan todas sus esperanzas, ilusiones, fuerzas, sueños, de una persona; su esencia vital en definitiva... Y yo las robo: tengo un maletín en la consigna de la estación de autobuses, es el mejor sitio, con una serie de compartimentos acolchados a la antigua usanza, con algodón en rama... Allí tengo veintisiete sonrisas, esta llevaba trabajándomela casi una semana, por eso no puedo perderla...

¿Puedes recogerla por mí, antes de que alguien la pise? Está justo debajo de esa mata de retama, en el límite de la sangre... Yo no puedo acercarme, pero si la envuelves en un kleenex y me la das luego, cuando me suelten, te contaré lo que hago con las sonrisas... y por qué son una amante tan fantástica dentro y fuera de la cama...