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miércoles, 15 de junio de 2011

EN EL SÓTANO...

locuranomásbienlollamaríavenganzayjusticiaysentidopoético.... Tanto tiempo pensando sola, que me olvido de separar las palabras... No puedo verlo bien, pero lo siento, los restos de mi vestido se empapan de nuestras sangres, solo se trata de ver cuál de los dos muere antes, espero no ser yo, de todas formas, estoy acostumbrada al dolor y a la desesperación, llevo casi cinco meses en el infierno... En cuanto a él, los dientes humanos pueden ser un arma formidable... cuando tienes sed y hambre...y sabes que de todas formas te estás muriendo... ¿Por qué no lo intentaría antes?

Todo parecía muy distinto al principio, cuando nos encontramos haciendo auto stop en las cercanías de Villaviciosa... Había quedado con mis amigas en Boadilla, necesitaba el dinero para empezar bien la noche, y decidí pedirle a cualquiera de los conductores que paraban en la gasolinera de la rotonda que me llevase al punto de encuentro... Pero a esas horas de la tarde, los coches eran muy escasos... Varios no me gustaron... un par de "bakalas" con la música a todo volumen se ofrecieron voluntarios, pero no me gustaba nada la manera en que me miraban... Claro que yo llevaba puestos mis leggings negros, el vestido corto, blanco y con florecitas, y unas sandalias de plataforma, además de mi famoso bolsito Tous... A mi viejo le costó una pasta, pero era perfecto para mi look, un poco a lo colegiala... y otro poco de zorrita adolescente...

Dos o tres coches más, y  apareció mi caballero andante: el típico cuarentón con pintas de profesor de instituto público, no muy alto, pelirrojo, no muy fuerte, con un Ford Fiesta verde oscuro... Cuando me acerco a él para preguntarle si puede llevarme, baja la ventanilla, huelo el típico ambientador de pino de los que te ponen en el taller, y escucho a Bob Marley... Creo que fue por eso, por la música, me hizo confiar en él... y su voz... "Si no te importa que antes hagamos una parada, será para mí un placer llevarte...", me dice... y yo le respondo que "no, qué va, no hay problema"...

Nos ponemos en marcha, al cabo de unos diez minutos, sale de la carretera y accedemos al área de servicio... "¿Te importa si paro un momento? He quedado con un amigo... No tardaremos nada... ¡Eh, Christian!", me dice, mientras mira hacia alguien que en teoría se acerca por mi lado... Me giro yo también, pero no veo a nadie... En ese momento, comprendo que se terminó mi suerte: noto un fuerte pinchazo en el cuello, y al girarme hacia él, veo que tiene en la mano una jeringuilla hipodérmica... y me desmayo...

Me despierto atada y amordazada, con cinta americana, en el maletero del coche, envuelta en una manta, y con un cojín debajo de la cabeza... La tapa del maletero no cierra bien, hay unos pequeños agujeros para ventilar hacia dentro del coche, y no entra nada de luz solar... En algún momento durante el viaje, que se prolonga varias horas, noto que ya no tengo puestos los leggins, ni las braguitas de "Hello Kitty"... Me llevo las manos a los muslos, están cubiertos de algo pegajoso... Al final, no perderé la virginidad con Ramón, al terminar el Bachillerato... Noto un cambio, hace ya tiempo que no rodamos por asfalto, debe ser una carretera secundaria, de acceso a una casa o parcela... ¡Igual tengo una posibilidad de gritar, de patalear, de ser vista por alguien!

Pero no es así... Escucho la puerta de un garaje al abrirse, el coche se para, la puerta se cierra, se abre la puerta del conductor, y mi "paladín" abre el maletero... Se inclina sobre mí, me carga como si fuera una alfombra en su hombro derecho (tiene mucha más fuerza de lo que pensaba), intento rebullirme, pero no puedo... Veo el suelo de cemento que se convierte en gres blanco (¿la cocina?), y luego abre una puerta, debe pesar mucho, y bajamos por las escaleras... En cuanto pulsa el interruptor de la luz, se encienden centenares de bombillas de navidad en las paredes, con esa frase machacona, que tendré tiempo de aborrecer: "We whish you a merry christmas, we wish you a merry christmas, we wish you a merry christmas, and a happy new year" ... No me dice nada, me tira sobre una cama que tiene las patas atornilladas al suelo, un colchón viejo y unas sábanas de dudosa limpieza... y me encadena por el tobillo a la pata izquierda...

Antes de subir por las escaleras, me dice: "Respeta las reglas, y vivirás... un poco más que tu predecesora..." Cuando llega a la parte superior de las escaleras, me dice: "Estás en un sótano insonorizado, la puerta es totalmente estanca... Dentro de un rato, hablaremos..." Y me deja allí, atada como una morcilla, sobre el colchón... No tengo ninguna referencia del paso del tiempo, la oscuridad es absoluta... pasan varias horas... y se encienden las odiosas luces... y suena la musiquita... y está a mi lado... Lleva un vestido de verano, grande... Me desata las manos, pero antes me ata con unas esposas y una cadena larga al pie de la cama... "Si haces lo que te digo, comerás, beberás, y podrás lavarte y tendrás ropa... Si no me obedeces, perderás todos los privilegios... y sufrirás... Ahora, desnúdate... ¡Desnúdate!"

Quizás tardé más tiempo del que debía, porque me dio una bofetada tan grande que me tiró contra la pared, donde mi cabeza se golpeó con fuerza... "¿Acaso piensas que hay algo de ti que ya no haya visto?¿Piensas que no aprovechamos bien el tiempo en el asiento de atrás? No has sido ni la primera, ni la última, recuérdalo... Ahora, desnúdate, y lávate, sobre todo el coño y el culo, en esa palangana... Pero no tires el agua, te servirá para ir al baño..." Y entonces lo veo, uno de esos retretes de camioneros moros... Me desnudo, hace bastante calor, creo que solo pensaba en someterme, pero al verme allí, vulnerable, a mis catorce años, se excita otra vez... "Túmbate en la cama, con las piernas abiertas...", me dice, mientras sujeta mis muñecas al cabecero con otras esposas...

Pasan las horas, me adormilé... La oscuridad es absoluta, empiezo a ver extrañas luces debajo de la escalera... No puedo calcular el tiempo que ha pasado... y de repente, está otra vez a mi lado... No puedo verlo, pero lo escucho respirar... "Gafas de visión nocturna, cariño... Nunca sabrás si estoy o no contigo... Incluso así, eres hermosa, muy hermosa... Ahora, te soltaré las manos y la pierna, lávate en la palangana, y ve al baño..." Oigo un "clik", de mando a distancia, y allí está él... Por lo menos, me deja vestirme, y para comer, me deja el contenido de una lata de sardinas en plato de plástico, media barra de pan, y una botella grande de agua... "No seas glotona, tiene que durarte todo el día..."

Y así pasaba el tiempo... violaciones... palizas... humillaciones... golpes... largos periodos de oscuridad, sin comida ni agua... y cuando él bajaba... sexo... Tres veces a la semana, me obligaba a desplazarme al rincón derecho del sótano, me ataba a dos argollas de las paredes, y me limpiaba con el chorro a presión de una manguera del calibre 25... Yo solo quería complacerle, para que se fuera pronto: tenía muy claro que nadie me iba a ayudar... Cosa rara, me bajó un tubo de lubricante íntimo, quizás porque le molestaba sentirme tan seca... y los días que estaba con la regla, no recuerdo si fueron tres o cuatro veces, me obligaba a ponerme unos espantosos pañales de abuela, y al no poder follarme (nunca le interesó el sexo oral), me golpeaba... Él trabajaba por las mañanas, quizás de comercial, o bien de profesor en un instituto, y me imaginaba la escena, observando a sus alumnas de mi edad... y excitarse recordando que yo estaba en su casa, en el sótano...

No pensaba en escaparme, sabía que no era posible, que tampoco era viable pedir ayuda, porque nadie venía jamás a la casa...  Y quizás no lo habría intentado, de no ser por el embarazo... Supongo que no debería extrañarme, pues follábamos mucho más que la mayoría de las casadas en edad de concebir, a veces tres o cuatro veces seguidas (sigo pensando que utilizaba las pastillas azules)... En otras circunstancias, y para un rollo de una noche, cualquiera sabe... Pero cuando según mis cálculos se cumplíó la segunda ausencia de regla, decidí escaparme, como fuera... No podía moverme de la cama, al menos del alcance máximo de la cadena... Si lograse encontrar un arma, algo afilado, cortante, y sorprenderle... A oscuras, durante las horas de soledad, exploraba cuidadosamente mis "dominios": la cama, el somier, el colchón, la palangana, el retrete moruno... Nuestra "relación" se había vuelto más tensa, ya no me deseaba tanto, creo que a veces, lo hacía solo por "cumplir", y con tanto tiempo sin lavarme como es debido, y comiendo latas de conservas, no debía tener muy buen aspecto... y comprendí que era cuestión de días que me matase... para salir a buscar a otra desgraciada...

Pasé mucho tiempo debajo de la cama, intentando soltar una de las piezas de aluminio que formaban la estructura... me costó varios días, y muchísimos cortes en los dedos que tenía que disimular cuando él bajaba en una de sus cada vez más espaciadas visitas... Incluso pensé en amputarme el pié, como el zorro, pero si conseguía obtener el suficiente filo a base de doblarlo, golpearlo y frotarlo contra las paredes, quizás podría hacerle el daño suficiente... o matarle...

Supe que iba a matarme en cuanto le vi bajar las escaleras... Me tumbé sobre la cama, después de quitarme la túnica lo más sexy que pude... "Venga, hagamos el amor, por última vez... Por los buenos tiempos... por cuando me enamoré de ti... porque has sido el primer hombre de mi vida, recuérdalo..." Él tenía algo escondido en la espalda, supuse que un cuchillo, no parece ser de los que usan pistola... Intenté provocarle... a dos pasos de la cama, se quitó los pantalones del chándal, y los calzoncillos... No necesitaba animarse mucho... pero yo sí necesitaba que se tumbara encima de mí... Esta vez, no esperó, no hubo lubricación, ni nada...

Se olvidó de encadenarme al cabecero... Aquella era la oportunidad que esperaba: saqué el improvisado y pequeñísimo cúter artesanal de debajo de la almohada (había probado el filo detrás de mis rodillas), y le asesté dos profundos tajos a ambos lados del cuello... La sangre empezó a manar de su cuello, mientras yo le sujetaba la cabeza contra mí, y le mordí con fuerza... Entonces noté dos rápidas puñaladas en el vientre... Es cierto, él se estaba muriendo, solo siento no haberlo hecho antes... pero yo también... Jamás podría escaparme del sótano, las llaves de las esposas estaban colgadas junto a la puerta de entrada... Por eso, le dije: "Nos veremos en el infierno... con tu hijo"...