¡Qué
cansancio! La función de esta tarde ha sido agotadora. Cada semana me va
costando más meterme en el personaje de Hamlet. Ese diálogo con la calavera de Yorik
necesita mucha intensidad, me trae tal vez demasiados recuerdos.
Pero
la gente no parece darse cuenta. Menos mal que al fin he terminado. Busco el
desmaquillador, lo empapo en unos algodones y comienzo a frotar mi rostro. En
el espejo, poco a poco, vuelvo a ser persona, vuelvo a ser yo, pero a medida
que mis rasgos reaparecen, se insinúa una sombra junto a ellos. No es más que
un reflejo. Si le doy la espalda, desaparece. ¡Pero si soy yo! Es como si mi
reflejo tuviera entidad propia y quisiera decirme algo… Aunque la imagen que me
devolvía el espejo era de alguien mucho más oscuro y peligroso, que intentaba
salir a la luz.
¾ ¿Quién eres?
¾ Lo sabes muy bien. Y aquí estamos.
¾ Sí. Por fin nos vemos las
caras. Tanto tiempo oyendo hablar de ti, que incluso llegué a pensar que eras
real.
¾ Y lo soy, de alguna manera.
¾ No lo creo. No del todo. Es
imposible que existas.
¾ ¿Qué más quieres que haga?
¿Qué salgamos a la calle, y mate a la primera persona con la que nos
encontremos? ¿Usando las manos desnudas, o mejor aún, solamente los dientes?
Hace mucho que no bebo sangre…
¾ Eso es fácil. Matar es muy
sencillo. No es una prueba de tu existencia.
¾ ¿Qué prefieres entonces?
¿Algún milagro, al estilo de los que hace el vecino de arriba? Resucitar a los
muertos es muy sencillo… Es un truco que se enseña en primero de demonología.
¾ ¿Y por qué no lo hacéis más a
menudo? Si tan sencillo es…
¾ Perdona que te corrija, pero
lo hacemos. Lo único es que, cuando resucitan, han cambiado en su interior. Son
los típicos casos de muertes extrañas, cuando cesa incluso la respiración o el
pulso durante unos segundos. Y luego vuelven a la vida. Los doctores no lo
entienden. No lo pueden explicar. Pero sucede. Con mucha más frecuencia que
antes, desde que se decretó el fin del mundo.
¾ Dame una prueba entonces. Un
nombre, y te creeré.
¾ ¿Te acuerdas de Àgatha, tu
querida compañera de estudios? Ella sabe muy bien lo que se siente después de
la muerte. Hace ya cuatro meses que intentó suicidarse, combinando barbitúricos
y alcohol. Durante seis minutos, estuvo clínicamente muerta. Los médicos
hicieron lo posible por resucitarla, pero fui yo quien la salvó. Ahora tiene
que devolverme el favor, cuando se lo pida. Vida por vida. Y es la tuya la que
vendrá a buscar esta tarde.
¾ ¿Por qué yo? ¿Ahora, que
estoy cumpliendo con Tu Tarea, divulgando Tus Enseñanzas? ¿Ahora, que te puedo
ser útil en verdad, mandas a uno de tus discípulos a eliminarme?
¾ Así es como tienen que ser
las cosas. Vida por vida. Muerte por Muerte. La única diferencia es que a ti te
estoy dando la posibilidad de defenderte. Te he revelado el nombre del
ejecutor. Sabes que es ella. Incluso has aceptado quedar con ella, después de
tanto tiempo sin veros, más de diez años, y de repente permites que vuelva a
entrar en tu vida. ¿Recuerdas cómo y por qué os separasteis?
¾ Yo quería tener un hijo. Me
sentía preparado. Y ella era la mujer adecuada. Dulce. Tierna. Cariñosa. La
madre perfecta. Durante un tiempo estuvimos hablando del tema, a ella parecía
hacerle ilusión de repente. Pero cambió de idea. Desapareció de mi casa.
¾ ¿Y si te dijera que tuvo a tu
hija? ¿Si te confirmara que la vendió a una pareja rica de gays de Barcelona?
No tuvo ningún remordimiento, es más, tu hija fue solamente una inversión: casi
treinta mil euros, a cambio de una criatura berreante y apestosa. Se
despreciaba a sí misma por tenerla, pero sus fuertes convicciones religiosas le
impedían abortar, incluso después de haberse ido de tu casa durante el primer
mes del embarazo. La cuidó como negocio. Carne de tu carne, sangre de tu
sangre.
¾ No te
creo.
¾ Pregúntaselo a ella cuando
venga, dentro de cinco minutos. Pero recuerda también que ella viene a matarte.
No le des la menor ocasión. No me importa cómo lo hagas, aunque el sabor de la
sangre caliente siempre me ha gustado…
¾ ¿Y qué pretendes demostrarme
con ello? ¿Acaso una prueba de tu maldad? Matar es sencillo, ¿o hace falta que
te recuerde las tumbas sin nombre en los cimientos del Teatro? Disfruté, sí,
intensamente, con cada muerte. Adolescentes que se metían en el camerino una
vez terminada la función, dispuestas a llevarse a casa un recuerdo de su Gran
Ídolo, de su Estrella, y que en vez de eso se convertían en un suculento
desayuno. Sus cuerpos, una vez desangrados y deshuesados, terminaban en el cajón
congelador; y sus huesos, ropas y cabezas, enterradas en los cimientos.
Dieciséis tengo escondidas. ¿Por qué Àgatha iba a resultar diferente, más
difícil de matar?
¾ Porque tú la sigues
queriendo. A pesar de todo. Incluso teniendo en cuenta lo que te he dicho de la
venta de tu hija, sigues pensando en ella. Es tu punto débil. Y a mí no me
gusta la debilidad. Me interesas más como Profeta, hablándole al mundo de mi
próximo reinado. Total, ¿qué más da, un cuerpo de más o de menos, en los
sótanos del Teatro? Fíjate si te lo he puesto fácil, que la he convencido para
venir aquí, a tu camerino. Ya debe de estar a punto de llegar a la puerta de
invitados… Es ella o tú. Tengo que llevarme un alma esta noche. Me da igual
cual sea. Pero recuerda, hace mucho tiempo que no pruebo la sangre… Ahora te
dejo tranquilo, aunque lo estaré viendo todo desde el otro lado del espejo.
La
presencia del espejo desaparece. Al fin estoy solo. Creo que ha vuelto a
pasarme lo mismo que en las otras ocasiones en las que olvidé tomar la medicación.
Vuelven las visiones catastróficas, los diálogos surrealistas con entidades
extrañas, incluso conmigo mismo. ¿Qué busco en las profundidades del espejo?
¿La verdad? ¿Qué verdad? Me saca de mis ensoñaciones la voz Braulio y sus
palabras me hacen dudar más que nunca sobre si el carácter de mis
alucinaciones.
¾ ¿Señor García? Lamento mucho
molestarle a estas horas, pero es que tiene usted una visita. Dice llamarse
Àgatha, y ser una vieja amiga…
¾ Perfecto, Braulio. Puedes
dejarla pasar. Y tranquilo, yo me ocuparé de ella, y de cerrar el teatro.
Muchas gracias por todo.
Àgatha.
Al final ha venido. Ya sé lo que debo hacer. Noto la sed, en lo más profundo de
la garganta…