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viernes, 3 de agosto de 2018

AL OTRO LADO DEL ESPEJO

¡Qué cansancio! La función de esta tarde ha sido agotadora. Cada semana me va costando más meterme en el personaje de Hamlet. Ese diálogo con la calavera de Yorik necesita mucha intensidad, me trae tal vez demasiados recuerdos.
Pero la gente no parece darse cuenta. Menos mal que al fin he terminado. Busco el desmaquillador, lo empapo en unos algodones y comienzo a frotar mi rostro. En el espejo, poco a poco, vuelvo a ser persona, vuelvo a ser yo, pero a medida que mis rasgos reaparecen, se insinúa una sombra junto a ellos. No es más que un reflejo. Si le doy la espalda, desaparece. ¡Pero si soy yo! Es como si mi reflejo tuviera entidad propia y quisiera decirme algo… Aunque la imagen que me devolvía el espejo era de alguien mucho más oscuro y peligroso, que intentaba salir a la luz.

¾ ¿Quién eres?
¾  Lo sabes muy bien. Y aquí estamos.
¾ Sí. Por fin nos vemos las caras. Tanto tiempo oyendo hablar de ti, que incluso llegué a pensar que eras real.
¾ Y lo soy, de alguna manera.
¾ No lo creo. No del todo. Es imposible que existas.
¾ ¿Qué más quieres que haga? ¿Qué salgamos a la calle, y mate a la primera persona con la que nos encontremos? ¿Usando las manos desnudas, o mejor aún, solamente los dientes? Hace mucho que no bebo sangre…
¾ Eso es fácil. Matar es muy sencillo. No es una prueba de tu existencia.
¾ ¿Qué prefieres entonces? ¿Algún milagro, al estilo de los que hace el vecino de arriba? Resucitar a los muertos es muy sencillo… Es un truco que se enseña en primero de demonología.
¾ ¿Y por qué no lo hacéis más a menudo? Si tan sencillo es…
¾ Perdona que te corrija, pero lo hacemos. Lo único es que, cuando resucitan, han cambiado en su interior. Son los típicos casos de muertes extrañas, cuando cesa incluso la respiración o el pulso durante unos segundos. Y luego vuelven a la vida. Los doctores no lo entienden. No lo pueden explicar. Pero sucede. Con mucha más frecuencia que antes, desde que se decretó el fin del mundo.
¾ Dame una prueba entonces. Un nombre, y te creeré.
¾ ¿Te acuerdas de Àgatha, tu querida compañera de estudios? Ella sabe muy bien lo que se siente después de la muerte. Hace ya cuatro meses que intentó suicidarse, combinando barbitúricos y alcohol. Durante seis minutos, estuvo clínicamente muerta. Los médicos hicieron lo posible por resucitarla, pero fui yo quien la salvó. Ahora tiene que devolverme el favor, cuando se lo pida. Vida por vida. Y es la tuya la que vendrá a buscar esta tarde.
¾ ¿Por qué yo? ¿Ahora, que estoy cumpliendo con Tu Tarea, divulgando Tus Enseñanzas? ¿Ahora, que te puedo ser útil en verdad, mandas a uno de tus discípulos a eliminarme?
¾ Así es como tienen que ser las cosas. Vida por vida. Muerte por Muerte. La única diferencia es que a ti te estoy dando la posibilidad de defenderte. Te he revelado el nombre del ejecutor. Sabes que es ella. Incluso has aceptado quedar con ella, después de tanto tiempo sin veros, más de diez años, y de repente permites que vuelva a entrar en tu vida. ¿Recuerdas cómo y por qué os separasteis?
¾ Yo quería tener un hijo. Me sentía preparado. Y ella era la mujer adecuada. Dulce. Tierna. Cariñosa. La madre perfecta. Durante un tiempo estuvimos hablando del tema, a ella parecía hacerle ilusión de repente. Pero cambió de idea. Desapareció de mi casa.
¾ ¿Y si te dijera que tuvo a tu hija? ¿Si te confirmara que la vendió a una pareja rica de gays de Barcelona? No tuvo ningún remordimiento, es más, tu hija fue solamente una inversión: casi treinta mil euros, a cambio de una criatura berreante y apestosa. Se despreciaba a sí misma por tenerla, pero sus fuertes convicciones religiosas le impedían abortar, incluso después de haberse ido de tu casa durante el primer mes del embarazo. La cuidó como negocio. Carne de tu carne, sangre de tu sangre.
 ¾ No te creo.
¾ Pregúntaselo a ella cuando venga, dentro de cinco minutos. Pero recuerda también que ella viene a matarte. No le des la menor ocasión. No me importa cómo lo hagas, aunque el sabor de la sangre caliente siempre me ha gustado…
¾ ¿Y qué pretendes demostrarme con ello? ¿Acaso una prueba de tu maldad? Matar es sencillo, ¿o hace falta que te recuerde las tumbas sin nombre en los cimientos del Teatro? Disfruté, sí, intensamente, con cada muerte. Adolescentes que se metían en el camerino una vez terminada la función, dispuestas a llevarse a casa un recuerdo de su Gran Ídolo, de su Estrella, y que en vez de eso se convertían en un suculento desayuno. Sus cuerpos, una vez desangrados y deshuesados, terminaban en el cajón congelador; y sus huesos, ropas y cabezas, enterradas en los cimientos. Dieciséis tengo escondidas. ¿Por qué Àgatha iba a resultar diferente, más difícil de matar?
¾ Porque tú la sigues queriendo. A pesar de todo. Incluso teniendo en cuenta lo que te he dicho de la venta de tu hija, sigues pensando en ella. Es tu punto débil. Y a mí no me gusta la debilidad. Me interesas más como Profeta, hablándole al mundo de mi próximo reinado. Total, ¿qué más da, un cuerpo de más o de menos, en los sótanos del Teatro? Fíjate si te lo he puesto fácil, que la he convencido para venir aquí, a tu camerino. Ya debe de estar a punto de llegar a la puerta de invitados… Es ella o tú. Tengo que llevarme un alma esta noche. Me da igual cual sea. Pero recuerda, hace mucho tiempo que no pruebo la sangre… Ahora te dejo tranquilo, aunque lo estaré viendo todo desde el otro lado del espejo.

La presencia del espejo desaparece. Al fin estoy solo. Creo que ha vuelto a pasarme lo mismo que en las otras ocasiones en las que olvidé tomar la medicación. Vuelven las visiones catastróficas, los diálogos surrealistas con entidades extrañas, incluso conmigo mismo. ¿Qué busco en las profundidades del espejo? ¿La verdad? ¿Qué verdad? Me saca de mis ensoñaciones la voz Braulio y sus palabras me hacen dudar más que nunca sobre si el carácter de mis alucinaciones.

¾ ¿Señor García? Lamento mucho molestarle a estas horas, pero es que tiene usted una visita. Dice llamarse Àgatha, y ser una vieja amiga…
¾ Perfecto, Braulio. Puedes dejarla pasar. Y tranquilo, yo me ocuparé de ella, y de cerrar el teatro. Muchas gracias por todo.

Àgatha. Al final ha venido. Ya sé lo que debo hacer. Noto la sed, en lo más profundo de la garganta…