Recuerda
que aquí estarás a salvo. ¿Quién va a tener miedo, en el claro de un bosque
bajo el sol, en el dulce verano de la Toscana; o de la sacristía de una iglesia
de un pueblito cántabro; o menos aún, de la sección de lencería de unos grandes
almacenes? Son tres lugares cargados de buenas sensaciones, que te hacen sentir
a salvo, tranquilo, en paz.
¿Y en
cuanto a los demás jugadores? Esto no es un simple videojuego, es la
experiencia más completa de inmersión en realidad virtual que puedes encontrar
en el mercado, con algún pequeño añadido, para hacerla más interesante. Como
por ejemplo, el que hay mala gente, concretamente, un asesino. ¿Recuerdas
cuando hiciste la lista de tus personajes favoritos? Hoy eres Lady Marion, una
reputada caza recompensas medieval. Y entre tus antagonistas, podías elegir
entre un extraterrestre sádico, un caballero errante, un carnicero, un
pirómano, una sociópata y un descuartizador. ¡Menuda mezcla!
Una de
las peculiaridades del juego, es el traje, dotado de los más avanzados
biosensores, que aseguran, junto con el casco y los guantes especiales, la
completa inmersión dentro del mundo virtual, hasta tal punto que tu cerebro,
ayudado por la famosa pastilla roja, piensa que todo es real. Ahora mismo, te
cuesta mucho distinguir ambos conceptos. Pero si encima le añadimos el olfato,
el gusto, la experiencia es completa, total, como en las mejores pesadillas de
Fredy Kruguer.
Por eso
has escogido el escenario que más te tranquiliza, el claro en el bosque de la
Toscana, donde fuiste tan feliz en otra vida, para el final de la partida. La
suave brisa juega con tu larga melena negra, separándola en pequeños zarcillos
que parecen dotados de vida. El sol acaricia tu cara, tu cuello, tus brazos desnudos,
arrancando acerados destellos a la cota de malla que ciñe tu cuerpo. En tus
pies notas las pequeñas cosquillas provocadas por la hierba, fresca, alta,
verde y olorosa.
Delante
de ti, apoyada en un tocón de un árbol hace largo tiempo talado, se encuentra
el resto de tu armadura: los pesados guanteletes parecen estar haciéndote
señales, el casco de alto y negro penacho te promete seguridad, el escudo con
la Cruz de Lorena relumbra al sol, y tu largo e impresionante mandoble está
clavado en la tierra. Tener la salvación tan cerca debe ser enloquecedor, pero
en el fondo de tu corazón, sabes que es demasiado tarde. ¡Si estuvieras un par
de metros más cerca! En verdad, lo único que necesitas es la espada, aunque
quizás podrías plantarle cara a tu adversario con el puñal damasquinado. Tres,
cuatro pasos de veloz carrera, y serías libre de luchar por tu vida.
Sabes, me
ha sorprendido mucho la elección del personaje. Tú, un hombretón de casi dos
metros de altura, ciento veinte kilos de puro músculo duramente trabajado en el
gimnasio y en las pistas de pádel, con esa cara noble que parece tallada en el
mejor mármol de Carrara; prácticamente una versión actual del David de Miguel
Ángel, pero con el cráneo rapado… Y has escogido como avatar a una mujer de poco
más de cincuenta kilos de peso, un metro sesenta de altura, pero con grandes
dotes para el combate con armas filosas. ¿Será para sentirte al menos una sola
vez, como esa heroína que pugna por salir de tu interior, a pesar de toda tu
testosterona? Eso por no hablar del escenario, de la época: ni más ni menos que
la Baja Edad Media.
De
momento, has tenido suerte con tus otras misiones: atrapaste al peligroso
salteador de caminos en los bosques cerca de San Giminiano; eliminaste al
carnicero de Volterra, aunque esa misión de costó un poquito más; incluso
fuiste capaz de identificar y capturar al sádico descuartizador de Pisa. En tus
alforjas, guardas la mano derecha de todos ellos, como mudo testimonio de tu
éxito.
Pero
ahora, estás indefensa. A tu alcance solo tienes los escarpes, que de poco te
van a servir, contra mí, que te estoy apuntando con una ballesta. Ha sido
divertido, seguirte durante tanto tiempo, metido en el juego como cualquier
otro personaje, cambiando de una a otra existencia, de un cuerpo a otro,
siempre cerca de ti.
Y ahora,
aquí estamos, tú y yo. Solos en medio del bosque. ¿A que nunca sospechaste que
tu fiel escudera podía ser la encarnación de una peligrosa sociópata, pero en
la vida real? Y este juego es mi territorio de caza particular.
Claro,
que tampoco conocías otra peculiaridad de nuestro pasatiempo favorito: al estar
conectado con los biosensores, el casco y el resto del traje, tu cuerpo ya no
distingue la realidad de la ficción. Si te hieren, sientes el dolor. Si el
dolor es demasiado grande, entras en shock. Y si te mueres, tu corazón y tu
cerebro dejan de funcionar. Los cadáveres se acumulan en la vida real, mientras
que yo sigo eligiendo a mis víctimas con total impunidad.
¿Quién va a sospechar
de un juego de realidad virtual?
Aprovecha
tus últimos latidos. Respira una vez más. Siente el sol y la brisa. Porque has
llegado al final del camino…
¡Vaya,
esto no me lo esperaba! ¡De un solo y ágil puntapié, has lanzado la boa contra
mi cara, desequilibrándome lo justo para evitar el virote!
Pero
tranquilo, que nos volveremos a encontrar, bien dentro del juego, o en el mundo
real…
Y recuerda, que cualquiera de los personajes que te rodean, puede ser un
asesino…
